martes, 5 de mayo de 2009

Liturgia sacrificial en el Athos

El Athonita, escuchando los reclamos populares, responde sobre el carácter sacrificial de la Misa. El estilo es informal (viene bien con el blog) porque era, originalmente, un mail con destinatarios individuales. Con su permiso lo hago público para seguir aportando a la cuestión.


Cristo ¿muere o no Muere sobre nuestros altares?


El gran, en verdad grande, mérito de Tomás de Aquino en esta cuestión es su aguda distinción entre el mundo sacramental y el de la naturaleza. Distingo que no aísla entre vidrios sino que cultiva, permitiéndole generar una suerte de capacidad visual para diferenciar lo uno de lo otro.

Una cosa son los acontecimientos ocurridos sobre el Gólgota “de una vez para siempre” y otra, el acceso a eso mismo, desde la realización sacramental. Como decían ya antes que él, el mundo sacramental es un universo desconocido habitado por Alguien a quien conocemos bien.

“Lo” sacramental es –casi- lo más impenetrable de la cuestión.

No qué ocurre sino cómo ocurre.

Por eso este Christus Passus es Mysterium fidei. No vuelve a ser inmolado. No se presenta (por la epíclesis) glorioso sobre el altar para que el sacerdote lo vuelva a sacrificar allí. No. Accedemos, en cada Misa, al único Sacrificio. Pero de un modo real y no simbólico o ficticio. Y en este realismo, a lo que accedemos es a Aquel que traspasamos. Y matamos. Y pende muerto del Madero para nuestra salvación. A “eso” accedemos: no de modo natural sino sacramental.

Lo crucial, para disipar un poco la bruma, es distinguir la presencia sacramental del mundo concomitante. Esta es la gran intuición en juego. Ya que, si es por la concomitancia (por aquello de que lo indivisible no puede darse dividido) claro: donde está su Cuerpo está su Sangre y viceversa (razón por la cual cayó en desuso la comunión bajo ambas especies), y donde están ellas, está su Alma y Divinidad; y donde está Él, están su Padre y el Espíritu de Ambos.- Y donde está la Cabeza está todo su Cuerpo místico...

Respecto a nuestra pregunta importa la primera concomitancia: si el alma es concomitante a la Presencia Real, pues entonces está vivo y no muerto.

Pero el “mundo sacramental” nos pide atender a su presencia ‘in se’ antes de generar ese dominó de concomitancias.

Y entonces accedemos ‘in recto’ a que sobre el Altar, lo que se nos ha hecho presente es el Cuerpo partido y la Sangre vertida de Cristo.

Lo uno sobre la patena; lo otro –separado- en el cáliz.

Y esa presencia es de la Víctima sacrificada; es el Sacrificio consumado.

(Es mérito de Trento –siguiendo al Doctor Común- esto de enfatizar la distinción entre el sacramento y la concomitancia, para evitarnos –a la fe y a la piedad- aglutinarlo y confundirlo todo,,, y que el fiel terminara –en ese mareo- diasporando su piedad, atendiendo –por caso- a estarse llevando a la boca a la mismísima Virgen María, o al Espíritu Santo... o como se acentuó luego, estarse llevando a la boca al señor de bigotes que tengo hincado en el banco de al lado... Pues todo esto es “verdad”, pero POR CONCOMITANCIA, lo cual hay que subrayar, aunque uno no pueda terminar de vislumbrar qué miércoles termine de significar esto...).

Por graficarlo de algún modo: “detrás” del sacramento queda la Persona; “en el frente” queda el Cuerpo y la Sangre. Por eso Santo Tomás, logrando equi-distanciarse del hiperrealismo y del simbolismo, reafirma con vehemencia y trazo nítido que la Misa trata de un auténtico Sacrificio, de una Inmolación real, pero no natural sino sacramental. Y de ahí –y sólo de ahí- que sea incruento y que no sea nuevo, sino el mismo. Y que en nada modifique a la Persona inmutable de Jesucristo.

Pero ajustando el foco sobre lo estrictamente sacramental, sobre el ara de nuestro altar, y sobre nuestras lenguas, se hace presente Cristo tal como se encontraba su Cuerpo y su Sangre sobre el Calvario a la Hora Nona, al consumarse el Sacrificio. O en brazos de María, al ser bajado de la Cruz: esa es “la” Piedad.-

Ese “estado”, que naturalmente (en su presencia natural) sólo se prolongó un día y medio, justamente ha sido perpetuado –bajo otro modo de presencia- en el Sacramento del Altar.
Sólo durante ese día y medio sacramento y persona han coincidido de un modo absoluto, siendo ambos Sacrificio. Tras ello, sólo el Sacramento prolonga este estado.

Como se devanaba en las Disputatios medievales sobre el tema, si un Apóstol hubiera celebrado la Misa el Viernes Santo por la noche o el sábado, cuando su Cuerpo y su Sangre aún estaban separados y su Alma había descendido al infierno, pues hubiera celebrado válidamente y hubiera hecho presente sacramentalmente lo mismo que traemos presente sacramentalmente nosotros, sobre nuestros altares hoy día. Lo que hubiera sido distinto es justamente cómo hubiera operado el dinamismo de la concomitancia, pues el Alma no hubiera “reaccionado” al Sacramento como lo hace hoy... (Cf. ST III, 81, 4 ad3).-

Por todo esto hay que decir con el Dr. Aquino que Christus, secundum quod est sub hoc sacramento, pati non potest, potest tamen mori (81,4,ad1).-

Y estas tres palabritas finales conforman todo cuanto intentaba decir desde el principio. E –insisto porfiadamente- de estas tres candorosas palabritas pende todo el argumento litúrgico para que la Misa no se transforme en una jocosa fiestita de cumpleaños...

Notable es, por ejemplo, como el Luteranismo –al menos en sus primeros siglos- no negaba la presencia real de Cristo en la Eucaristía: tan sólo negaba esto que parece estar en juego: negaba lo actual del sacrificio.

Pero hay doble consagración. Y a la Iglesia eso le ha bastado para estar segura, aún a tientas y entre la bruma de un universo sacramental que le es incomprensible, está segura, digo, de que en la Santa Misa, la Iglesia sacrifica.

Pues (sed etiam) sabe que lo que Ella come y bebe fluye ex latere Christi... Costado que mana del Cristo muerto, del Adán dormido.-

Pero claro: Cristo Muerto y Cristo Vivo no son dos contrarios a ofrecer en simétrica y espejada unidad, como bien se objetó. No puede cerrar por ahí la cosa. Pues su Vida es triunfo sobre la muerte.

Insisto en este distingo: el acto mismo de morir del estado muerto: esto para entender –por ejemplo- los tiempos verbales del Prefacio comentado: murió, fue sacrificado, y ahora vive. La acción pasada es pasada en tanto refiere al acto mismo, pero no en su consecuencia sacrificial, que perdura hasta la Parusía.

Lo que cabe decir del estar muerto y vivo a la vez, es que hay que animársele al ‘simul’ en vez de pensarlo o imaginarlo como dos elementos complemen-tarios. Tal vez no haya sido feliz decir que son siquiera opuestos a coincidir, salvo que coincidir sea superponer (cual filminas) y no juntar o acercar.

Es una sola la condición del Degollado Vivo. Y es Misterio, claro.

Lo enseñaba la Cristología con esmero al insistir que el Cuerpo yacente del Señor no era cadáver, sino el Cuerpo Muerto del Dios Viviente.

Muerto, porque el alma humana estaba separada de él.

Vivo, porque la divinidad no se le despegó.

Tal vez por eso, volviendo a la Liturgia, tenga el Rito Oriental (al menos el bizantino) esa curiosa tradición de colocar durante todo el Tiempo pascual el epitafio (ese ícono-lienzo que se sacó en procesión el Viernes Santo por la noche, donde está pintado el Cristo Muerto, descendido de la Cruz y entregado a su Madre), digo, que el epitafio se coloque durante toda la Pascua sobre el altar y sobre él se extienda el corporal y se celebre la Misa...

Hay un librito, tan ínfimo en tamaño como inmenso en su contenido, de un abad benedictino inglés, Dom Vonier, llamado “Doctrina y Clave de la Eucaristía”. La obra es del año 40 y hay una versión castellana, del año 1946, editada en Baires por Emecé. Y dice el monje en la página 128: “Cristo, que dio su Cuerpo y su Sangre a los Apóstoles durante la última Cena, estaba íntegro y total en la cabecera de la mesa pascual. El Cristo cuyo Cuerpo y Sangre se ofrece sobre nuestros altares está íntegro y total en el Cielo. Pero el Cuerpo y la Sangre de la Eucaristía representa a Cristo en el estado en que, lejos de encontrarse íntegro y total, estaba lacerado y separado de su sangre, sobre la Cruz, en el momento de su muerte. El Cuerpo eucarístico y la Sangre eucarística de la última Cena, por lo tanto, eran la representación o –para ser más precisos- la presentación del Cristo que sería desgarrado al día siguiente, y no del Cristo que ocupaba la cabecera de la mesa. El Cuerpo eucarístico y la Sangre eucarística de nuestros altares son la representación –y aquí la palabra, etimológicamente analizada, es exacta- no del Cristo que está en los cielos, sino del Cristo que agoniza y muere en el Calvario.”

Espero que estos devaneos aporten algo.

Aunque es saludable nunca olvidar: si lo entendemos, entonces no es Dios. En este sentido, más que la Pietá famosa, sea la de Rondanini —con su expreso acento inconcluso— la que nos grafique mejor el Misterio —en mi caso literaliter— entre manos.


El Athonita


30 comentarios:

Eduardo Mangiarotti dijo...

En mi caso, hago un breve aporte bibliográfico: me ayudaron a entender y valorar la dimensión sacrificial dos autores: F. X. Durrwell (con "El Espíritu Santo en la Iglesia" y "Cristo nuestra Pascua") y Albert Card. Vanhoye (con toda su obra sobre Hebreos y con su hermosos librito "Tanto Amó Dios al mundo. Lectio Divina sobre el sacrificio de Cristo").

Natalio Ruiz dijo...

Muy profundo y sabroso. Es para meditar un rato sobre varios puntos.

Mientras tanto, dos cositas:

La primera, ya abusando de la amabilidad monástica, ¿se podrá profundizar mínimamente el análisis de la palabra "representación" en el sentido del post?

La segunda, un aporte interesante a estos temas en: http://la-buhardilla-de-jeronimo.blogspot.com/2009/05/la-revelacion-se-hace-liturgia.html

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

El Athonita dijo,

Muy bueno lo de Bux.- Aunque no coincido con su propuesta de que parte de la Misa sea de cara al pueblo y la otra, de cara al ábside: me resulta (si bien una transición pastoral interesante), litúrgicamente aparatoso e indeciso.
Pero valoro mucho su “libertad” para seguir pensando con frescura cómo modular la expresión litúrgica, sacando de lo antiguo y de lo nuevo, como se arremangaron muchos de los Padres y Peritos del Concilio. Su recurso constante a recobrar el amor que los Padres del Concilio tuvieron por desempolvar la costumbre y exhumar lo Antiguo es genial. Es como decirle a los más progresistas: “¡no se aferren a lo que hay: sean libres para rescatar cosas añejas del arcón de la Iglesia! ¡No sean tradicionalistas!!! No le tengan tanto miedo al cambio!!!” Ingenioso el Tano,,,

Como creo que ya acoté —pero en un living y con un vinito en la mano, ha de valer repetirse— digo, cuánto me gusta acercarme a esos años inmediatamente posteriores al Concilio. El último lustro de los ’60.
Es muy interesante intentar tomarle el pulso a la Iglesia viva y pensante, que con la Sacrosanctum Concilium recién sacada el horno, debatía con entusiasmo su puesta en práctica. Son hombres libres. Sin venenos ideológicos. Sin contrareformismos ni contra-contrareformismos. Sólo piensan en el “dictum”, en qué modo lo diga mejor,,, y con el arcón de la Tradición desparramado entero sobre la mesa.-

Como quien —tras un robo— revisara el tape (ahora se debe decir “historial”, supongo) de la cámara de seguridad, creo de gran provecho retroceder la cinta de nuestra inmediata historia eclesial para rastrear en cuál de las rotondas le erramos al camino, en qué ‘momento’ entró el ladrón.
Y entonces percibe uno que tanto durante los debates conciliares, el documento conciliar, y la hermenéutica inmediata, la Casa seguía en orden: el tesoro no había sido saqueado aún,,,

Así volví a leer en estos días una Maison-Dieu del ’66 (Nº 87) sobre el Canon de la Misa, a la luz del -aún humeante- Nº 50 de la SC. Y allí escriben los grandes: Bouyer, del Oratorio; Botte (OSB), Gelineau (quien después publicara esa joya sobre el canto sacro, explicando cómo el gregoriano ‘expresa’ lo inefable del misterio), Jungmann y Ligier desde la Compañía, y claro, Vagaggini, decano del Anselmiano, quien ya nos había regalado unos pocos años antes el valioso “Sentido teológico de la Liturgia”, traducido al toque por la BAC (muy de paso: traduce y prologa esta obra de Vagaggini, el Padre Bonaño —un santo y agudo monje de Silos— y su primera frase da escalofrío,,, leída ahora, a 40 años: que el entusiasmo por la renovación litúrgica –loable- ha de ir muy acompañada por su “sentido teológico” si no quiere evaporarse en un frenesí pasajero, o peor, fraguarse sin raigambre dogmático.
Vuelvo a la Maison-Dieu para decir tan sólo que el artículo de Botte tiene que ver con lo que estamos charlando: y con qué candor e ingenuidad dice el monje que sí, que por qué no ampliar las anáforas, pero que si se trata de rescatar anáforas prexistentes (Hipólito, Basilio), todo bien, pero ninguna podría acentuar el aspecto sacrificial como lo hace el Canon romano, desde el siglo IV. Que la de san Basilio, obligados estarían en recortarla por todas partes para que no se torne tan larga, lo cual sería válido, siempre que no perdiera sus bellas referencias al Sacrificio.
Ayer, al caer la tarde, iniciando un Taller de Iconografía, recé la Plegaria III, y no pude dejar de ofrecer la Misa por este viejo monje de la imponente abadía belga de Mont-César.

Ath.-

ps: cuando pueda, trato de decir algo sobre el “representar” en su acepción litúrgico-mistagógico.-

El Carlista dijo...

Qué bella forma de tratar acerca de lo esencial de la Misa sin rodeos ni beaterías.

Felicitaciones por el blog. Siempre fue bueno, pero está cada vez mejor.

Anónimo dijo...

Olvidaba: gracias Edu, por tu saludo. Acá te esperamos!
Ya que lo nombrás a VanHoye,,, lindo proceso el suyo: es muy interesante seguir su sutil viraje en estas cuestiones,,, como le ocurrió a de la Potterie o al mismo Balthasar. Admiro en todos ellos la honestidad y libertad para "buscar" sin fijaciones mentales ni pasionales.

abrazo,
ath.-

Natalio Ruiz dijo...

¡Gracias Carlista por la visita y el comentario!

En cuanto al blog, como bien dice, mejoró desde que aportan otros desde más alto...

Respetos.

Natalio

Cristián Dodds dijo...

Estimado Athonita:
Me gustó mucho su explicación (me había llegado ya pro mail), y le agradezco mucho que haya accedido a refutarme los argumentos. Me doy por satisfecho, y me obligo a mí mismo a leer un poquito más...
y a bloguear menos, tal vez.
Gracias a Ud. Natalio, y ya estoy pergeñando la ocasión para una quaestio diputata pero bien regada por el fruto de la vid.

Pablo dijo...

El Athonita de niño practicaba en la plaza de San Pedro :)

Aquí la prueba:

http://cnsblog.files.wordpress.com/2009/03/soccer-game1.jpg

Sigue haciendo goles...

Natalio Ruiz dijo...

Una explicación de por qué el Athonita acierta que roza el tema que estamos tratando.

http://totumrevolutm.blogspot.com/2009/05/monje-1.html

Respetos.

Natalio

Terzio dijo...

¿La Iglesia "sacrifica" o la Iglesia "ofrece el Sacrificio"?

Porque esta es la distinción, tan evidente, me parece.

El "Sacrificio" ya ha ocurrido; pero la Iglesia sigue ofreciendo la misma Hostia inmolada. El Sacramentum/Mysterium actualiza en el altar el Sacrificio para que pueda ser ofrecido "in Persona Christi" como alabaza, adoración, impetración y propiciación, y finalmente comunión y prenda de vida eterna.

Insisto en el valor expresivo del prefacio IIIº de Pascua.

'

Anónimo dijo...

Me gusta mucho este Blog y aprendo mucho. Me resulta un árbol frondoso y con segura raigambre. Ni puro ramerío moderno, ni pura raíz tradicionalista. Me hace acordar a lo que dijera el Papa hace poco, después del Huracán del levantamiento de excomuniones:

“No se puede congelar la autoridad magisterial de la Iglesia al año 1962, lo cual debe quedar bien claro a la Fraternidad. Pero a algunos de los que se muestran como grandes defensores del Concilio se les debe recordar también que el Vaticano II lleva consigo toda la historia doctrinal de la Iglesia. Quien quiere ser obediente al Concilio, debe aceptar la fe profesada en el curso de los siglos y no puede cortar las raíces de las que el árbol vive.”

Lo felicito Natalio: su “posicionamiento” (y el de sus colaboradores) en el Mare Magnum eclesial me resulta perfecto, preciso, luminoso; y lo que es más interesante: ayuda y alienta a caminar. “Orienta”, en todo su sentido.

Un lector diario

Natalio Ruiz dijo...

Gracias lector diario!

Si bien por un lado los comentarios elogiosos afectan la modestia, también dan ánimos para sentir que lo que se hace sirve para algo.

En cualquier caso, es evidente que lo que ha dado un poco de altura al asunto son los aportes desde lo alto del monte Athos, el terzio sevillano, las niñas del jardín, el amigo rosarino, el máximo Milko, etc.

Respetos agradecidos.

Natalio

Natalio Ruiz dijo...

En particular, en estos últimos litúrgicos me olvidaba también de los religiosos de San Isidro entre otros tantos.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

El Athonita dice,

El amigo Terzio-sevillano me sospecho que lo que ha hecho es tirar un excelente centro, perfecto para un golazo de cabeza.
Lástima que no sé cabecear.
Si no: sería un golazo.

Digámoslo ramplonamente entonces: creo que la Iglesia sacrifica.
El argumento más simple sería armar –con más tiempo del que dispongo- un inmenso mosaico de citas donde Tradición y Magisterio emplean esa expresión. Me acotaré a 7 nomás, si es que las encuentro ya. Se me viene aquello de san Ignacio de Antioquía, de camino al martirio: “Ya que el altar está preparado, dejadme sacrificar”, claro que lo dice por él, por su propio sacrificio, pero es claro también que lo dice reverberando el sentido eucarístico...

Más valioso sería, ya lo creo, sin recurso al argumento de autoridad, explicar por qué efectivamente, la Iglesia sacrifica la Víctima pascual.
Pero ya que no creo pueda con esto segundo,,, vayan las citas.

1. La Divina Liturgia de san Juan Crisóstomo —para dejar de lado, por un momento, las idas u vueltas del rito romano— cuenta con el tremendo signo/gesto de punzar con una suerte de lanza-miniatura el Costado derecho de la Hostia ya consagrada. Justo –al escribir el post- iba a agregar este detalle para mejor ejemplificación del Sacrificio, y me quedó en el tintero. Ahora viene al pelo, pues más que tornar patente que hay sacrificio, expresa elocuentemente que la iglesia sacrifica la Víctima. No sólo la ofrece ya sacrificada.
Mientras atraviesa la Hostia, dice el celebrante quedamente: como oveja muda, llevada al matadero... Tras lo cual (resumo algo), dice la rúbrica, sacerdos sacrificat illum in modum crucis, dicens: "Immolatur Agnus Dei, qui tollit peccatum mundi, pro mundi vita et salute.”

2. San Agustín, comparando —hacia el final de “La Ciudad de Dios”— los ritos, los aras, los sacrificios de los infatuados paganos con los nuestros, dirá que el sacerdote que sacrifica no los invoca (a los mártires) pues es para Dios para Quien sacrifica, y no para ellos, aunque sacrifique en la capilla de estos bienaventurados. Y el sacrificio es la oblación del sacrosanto y verdadero Cuerpo de Cristo.” (LXXII, C.10)

3. Uno de esos personajes del Medioevo que se los tragó el tiempo, fue John Colet. Un clérigo inglés del 1500, agudo exégeta en Oxford.
Más allá de algunos desaciertos, tiene un tratadillo, diseñado para apalear al clero díscolo, sobre todo respecto a sus abusos litúrgicos. Se llama: De sacramentis Ecclesiae.
Y centra el inglés uno de sus focos en que la Iglesia sacrifica, en tanto que es agente, como que presenta el sacrificio, en tanto que es paciente. Es el doble sub-munus del Sacerdote a quien le es propio sacrificar y presentar la ofrenda sacrificada.
4. Ricardo de san Víctor, hablando de asunto que a Natalio le gustaría mucho (sobre la asamblea toda como cuerpo sacerdotal) dirá –sin detenerse en lo que nos compete aquí- que el sacerdote non solus sacrificat, non solus consecrat, sed totus conventus fidelium qui astat, cum illo consecrat,cum illo sacrjficat.
Si dice que ‘no solo’ (con y sin tilde) sacrifica, significa que ‘también’ sacrifica. (argüiría Tollers...)

5. Godescalco aborda la cuestión al preguntarse si el sacerdote es quien sacrifica o es el Padre el que santifica lo ya sacrificado (utrum uidelicet sacerdos qui sacrificat an Pater qui sacrificata santificat)... muy jugosos los temas que de ahí se derivan, pero no ahora.-

6. San Alfonso María de Ligorio, para el gusto más moderno: “no puede negarse que quien asiste a la Misa sacrifica junto con el sacerdote.” (Instrucción sobre los Sacarmentos, III, 2, 12)

7. La famosa sesión XXII de Trento sobre el Sacrificio eucarístico: “Y por cuanto en este divino sacrificio que se hace en la Misa, se contiene y sacrifica incruentamente aquel mismo Cristo que se ofreció por una vez cruentamente en el ara de la cruz”.

Queda en débito el por qué liso y llano, sin autoridades.
Importará mostrar —como hace Aquino, por caso (III,22,2)— que la muerte de Cristo es sacrificio por su propia voluntad (y no por voluntad de los que le dieron muerte). Y que ello es lo vuelto-a-hacer-presente:
a): la inmolación de la Víctima,
b): la Víctima inmolada,
c): y el ofrecimiento de la Misma.
Todo a cargo del mismo sujeto, que es Cristo mismo. De ahí que valga emplear el reflexivo (se sacrifica), claro que si es por eso, también es Él mismo Quien “se” ofrece y no yo.-

Ya que hay altar, ¡dejadme sacrificar!

el Athonita

Anónimo dijo...

((Con esto se abre otro tema sabroso, que es el del Ofertorio: no puede éste nunca ser previo a la inmolación de la Víctima. De ahí que proprie loquendo, el Ofrecimiento al Padre se realiza en el Per Ipsum, siendo –en cambio- lo que solemos llamar ‘Ofertorio’ más bien la ‘presentación de las ofrendas’... Lo digo desde el Novus Ordo, claro.-))

Ath.-

Natalio Ruiz dijo...

Creo que el Athonita se iba solo con la pelota, había dejado atrás (o lo dejaron ir) a su marca personal y sólo bajaban aplausos de la tribuna cuando Terzio apareció y de un zapatazo mandó la pelota al corner.

En lo personal, a mi no me cierran las citas porque, como bien señala y resalta el post, se pueden encontrar montones de citas para las "concomitancias" sin que les quiten su carácter de tales.

Es decir, que mientras no esté la explicación a mí, por lo menos, no me cierra la cuestión. Entiendo que el asunto puede pasar por lo de los últimos párrafos que hacen referencia a que es la misma Víctima la que se inmola, el sacerdote actúa en la Persona de Cristo, etc. Pero aún así me parece que le falta una vuelta de rosca.

En cuanto a lo del ofertorio, no sé si terminé de entender por lo que no sé si termino de estar en acuerdo o en desacuerdo (desde mi supina y arrogante ignorancia, se entiende). Ocurre que entiendo que en el ofertorio se "ofrece" lo que se va a sacrificar y se determina el sentido y alcance del mismo Sacrificio. Es decir, se determina Qué se ofrece, a Quién se le ofrece, cómo se le ofrece, por qué se le ofrece, etc. Por otra parte, si el "ofrecimiento" se realiza en el Per Ipsum (que no entiendo que se ofrezca lo ya sacrificado) no entiendo para qué es la benidición de las ofrendas. Por otra parte, tampoco entiendo entonces qué son las ofrendas. Porque si yo estoy ofreciendo un sacrificio entiendo que se ofrezca la Víctima inmolada pero si me limito a bendecir el pan y el vino parece que más que para un sacrificio me estoy preparando para una cena. E cosi via.....

Digo, como para que el Athonita no se la lleve tan fácil.

Respetos.

Natalio

Natalio Ruiz dijo...

Y también me quedó lo de la palabra "representación" para cuando pueda.

Si le cansan los requerimientos recuerde que es una gran obra de misericordia el "enseñar al que no sabe"...

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

Athonita:
Lo que usted cita en el punto 7 de su comentario anterior surge de un Concilio dogmático.
No es una mera opinión autorizada, por ende, allí se zanja el tema.
Allí se habla "del divino Sacrificio QUE SE HACE EN la Misa".
Entonces: se sacrifica nuevamente en cada Misa (de forma incruenta), como usted mismo lo mantiene en esta entrada.

Natalio Ruiz dijo...

Estimado anónimo:

Nadie niega que el sacrificio se "haga" en la misa ni que, justamente, consista en un sacrificio.

Lo que se está discutiendo es si la Iglesia "sacrifica" ella u ofrece el sacrificio de Cristo que otro Sacrifica. No sé si me explico.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

Athonita dice,

Mi pregunta —acepto que es flojo eso de contestar con una pregunta— es: si la Iglesia no sacrifica, ¿quién sacrifica?
Claro que si la respuesta es “Cristo mismo” no estaríamos en desacuerdo; a lo que agregaríamos al toque: como que es el ipsísimo Él, Quien hace de Víctima y Quien la ofrece al Padre.
Cuando se dice que Él es “Sacerdote, Víctima y Altar” nos suele quedar claro lo primero y segundo,,, ¿pero cuál es el munus en juego respecto a lo tercero?
Creo que es lo que estamos tratando: el acto mismo de sacrificar.
Y este Acto es netamente Suyo.

Tal vez importe entonces afilar acá la naturaleza de la Iglesia. Ella es –a la vez- Esposa de Cristo y Su Cuerpo. (Desde la teología esponsal paulina esto no necesita desdoblarse). Pero a nuestros efectos sí importa el desdoblamiento: pues como Esposa no sacrifica a su Esposo, sino que lo ofrece y lo come. Pero en cuanto es su Cuerpo y puede actuar en lugar de su Cabeza, es el sujeto causal (eficiente instrumental, insisto) del Acto sacrificante.

No otro sacrificio, claro está ya.
Sino el mismo y único en que Cristo “da Su vida porque quiere”.
Se inmola. Es nuestro Pie Pellícane...

Si elegí la Piedad de Miguel Ángel para “ilustrar” el post, no era porque sí nomás. Ni tampoco su toma vertical.
El conjunto Madre-Hijo expresa de un modo patente el Misterio en cuestión: Cristo Entregado, en manos de su Iglesia, que lo entrega para la Vida del Mundo. (Algunos “ven” un Cáliz derramado desde arriba,,, yo suelo ser medio miope y torpe para estas gestálticas...).-

Como acotara Cristián al inicio de este debate, la fractio panis, como nombre eucarístico es elocuente. También lo es la fractio in se como ‘momento’ interno del desarrollo litúrgico. Es el equivalente a la punción bizantina ya comentada. Partirlo, al son del Agnus Dei, es –creo yo- la instancia litúrgica más nítida en nuestro Rito latino de esta Actio sacrificial. Que –insisto- no realizamos en nombre de la Iglesia sino como Iglesia, en nombre de Cristo.
(La Liturgia Siria canta, al momento de la Fractio “verdaderamente así fue sacrificado el Verbo de Dios en su Carne...”).-

Muy de paso (aunque ya sé que no está en tela de juicio si hay o no Sacrificio), pero me quedó en el tintero: bella la etimología de “patena”. Y qué horror que más de un catequista explique que proviene de la palabra “panera”...

De todos modos, estoy abierto a más opiniones, pues coincido con Natalio, las citas aportadas –aún la dogmática- no zanjan a las claras en qué sentido se lo esté diciendo.- ¿Qué dirá, por ejemplo, Durrwel o Van Hoye? Eduardo podría aportarnos desde ese wing...

Que se abra el debate, che,,, mientras Natalio descorcha otro vinito, en este Viernes no-penitencial en que hacer fiesta por la gloriosa y siempre virgen Morenita de Luján, con sus diminutas manos juntas y suplicantes, que secretamente sostienen y mueven al mundo...

Athonita

Anónimo dijo...

quede para más luego lo del Ofertorio, pa' no mezclar.-

Ath.-

Natalio Ruiz dijo...

Creo estar de acuerdo con el último comentario, donde el que sacrifica es Cristo mismo, justamente es víctima y víctimario, cordero y pontífice, etc.

Lo de la Iglesia me parece verdadero como cierta concomitancia (siguiendo la línea del post).

Quedará entonces lo del ofertorio para otro momento.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

esto está ES-PEC-TA-CU-LAR!!!!!
Que no se corte!!!!
Que no se enfríe!!!

Porque se me hace que somos muuuuchos los que pasamos por acá siguiendo silenciosamente cada planteo, cada respuesta, cada objeción, cada retruque.
Aprendiendo no solamente los contenidos; aprendiendo también cómo se puede dialogar serenamente, con altura, fineza y agudeza.
Gracias por el tiempo invertido.
Gracias por esta pastoral bloguera.
A todos: gracias!

Inés

ps: espero con ansia que se retome lo del ofertorio... o lo del espacio sagrado... o lo que sea!!!

Natalio Ruiz dijo...

Gracias Inés por la visita y el comentario! Sea bienvenida como lectora e invitada a participar en los debates, aportes y otras "concomitancias". Incluso si quisiera aportar en forma de post, por no tener blog, hágalo al mail del perfil.

Son complicados los tiempos por los deberes de estado de cada uno que nos consumen. En especial, y por lo que pude pispear, el Athos en estos días va a estar Athos-igado.

En cualquier caso, antes que lo del ofertorio, el Athonita nos debe la explicación de lo de "representación" en la liturgia.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

el athosigado Athonita dijo,

Espero que el orden de los factores no altere los ánimos.
Pospongo lo de la representación. Sobre todo, porque hace días que busco un texto que me vendría como collar al cuello y no lo encuentro,,,
Me animo —pues tengo las herramientas más a mano— a meter algo de cuchara con lo del Ofertorio, aunque más me gustaría escuchar el parecer de los demás.

Siempre me llamó la atención que en el texto de la narración de la Institución eucarística, se haga mención y se detenga un poco el imaginario sobre la acción de Cristo de tomar el pan en sus santas y venerables manos. Y aunque de inmediato el relato siga de largo sobre lo que “hace” luego con este pan tomado, este gesto “in se” denota portar una carga significativa propia y específica. Mt, Mc y Lc, no menos que 1Cor 11, no ahorran la expresión: tomó-separó un pan (de los demás)...
En los formularios orientales (vigentes o antiquísimos) el relato aquí se arremolinaba más aún. Por caso, la anáfora de san Basilio dirá “ habiéndolo tomado en sus santas y venerables manos, y habiéndolo mostrado y ofrecido a Ti, Dios y Padre Suyo...” (La Misa de Jerusalén, o anáfora de Santiago, lo expresan con parecido acento).

Pareciera de aquí desmembrarse el Ofertorio, para darle entidad propia a este gesto previo al acto de transubstanciar.
Hay un separar. Un “consagrar” en un sentido más amplio al de la transubstanciación.

Este pan, aún con minúscula, ya es ofrenda a Dios. Está entregado a Dios. (De ahí que si alguien tirara o despreciara el pan y el vino ya presentados, cometería sacrilegio).
Y este pan, claro que sí, ya constituye un sacrificio. En el sentido amplio –pero real y preciso- de significar el ofrecimiento a Dios de un don.

Este “accepit panem” es donación, entrega, dedicación a Dios de la ofrenda separada. De ahí que desde muy antiguo fuera acompañado el gesto de una elevación (mediana, a la altura del pecho del celebrante: usque contra pectus levat, dice un Misal cluniacense del 1068; y ya lo decía Amalar en el 820).

Pero, ¿qué ocurre?
Hacia el siglo XII –desde París, pero luego por doquier- se fue anulando esta costumbre. Y no por dejadez; sino por expreso empeño pastoral de la Iglesia, alarmada por cierta deformación de la piedad popular: los obispos explicaban su prohibición diciendo que movía a los fieles a venerar bajo latría lo que aún era creatura; que mejor, se reservara el ‘ostendit populo’ para después de la consagración. (Así lo anota Jungmann en un sabrosísimo artículo del año 60 llamado justamente “accepit panem”).

Lo cierto es que en la Pascua judía, se toma(ba) la copa y se eleva y muestra, en nítida oblación y ofrenda al Señor, y así lo hereda Hipólito en su Traditio apostólica. Dira Jungmann que “es muy probable que el Señor mismo en la última Cena elevara el Cáliz en actitud de oblación.”

Relevado esto, pienso: que ciertamente el Ofertorio ayuda en la dicción a subrayar el carácter sacrificial de la Misa, como que reafirma la orientación direccional del asunto: ad Patrem. Pero parece importante para la gramática del Misterio acentuar de un modo nítido que este pan y este vino no son la Ofrenda agradable, la Ofrenda capaz de revertir nuestra suerte, la Ofrenda que nos da la Salvación. Que ha de hacerse Presente Cristo, para “re-presentar-se” como Cordero inocente, Víctima propiciatoria, y realizar el Ofertorio eficaz.

Como enseña Suarez, hay que ver en el ofertorio “quaedam dedicatio materiae sacrificandae per futuram consecrationemo”...

Cito a Guéranger: “el pensamiento del sacerdote (durante el Ofertorio) va más allá del momento presente: desde ya piensa en la Hostia que estará sobre el altar en el momento de la consagración, Hostia que es la única verdadera Ofrenda... esto explica por qué en todas las oraciones del ofertorio, como en las que preceden a la consagración, la Iglesia ose emplear términos que no pueden convenir sino por anticipación a los elementos primitivos del sacrificio eucarístico.”

Y agrego esto, magnífico, de Cabasilas, quien se pregunta por qué los elementos no son inmediatamente consagrados (ofrecidos en sacrificio dirá él). Y se responde, repasando el modo en que la Ley Antigua realizaba inmolaciones y a su vez le presentaba a Dios ofrendas. Y que Cristo ha hecho ambas cosas. “En efecto, se ha hecho Víctima hacia el fin de su vida mortal, cuando fue inmolado para Gloria del Padre. Pero se dedicó a Dios desde el principio, fue para Él una ofrenda preciosa, como primicia del género humano... He aquí por qué las oblatas, no son inmediatamente ofrecidas en sacrificio. Eso vendrá más tarde. Primero son dedicadas, son presentadas, como regalo a Dios, y así nombradas.”
Dirá luego: “El Cuerpo del Señor ha sido separado por el mismo Cristo Sacredote; ha sido presentado, propuesto y ofrecido a Dios, y finalmente sacrificado. Es Él mismo en Persona quien realiza, sucesivamente estas cosas, hasta llevar finalmente su propio Cuerpo a la Cruz donde inmolarlo.”

No me digan que el texto del grande y último Padre Griego (+1390) no se precioso.
Claro, que ya entonces –y aún hoy- la Liturgia oriental no realiza esta primera dedicación sobre el altar del sacrificio, sino en la “prótesis”, donde el pan común se “transforma” en oblata, apta para iniciar el sacrificio.

En fin. “Ofertorio y Consagración —dirá Alfredo Sáenz, en un librito sencillo pero muy completo sobre “El Santo Sacrificio de la Misa”— son dos momentos proporcionalmente comparables a la Encarnación y la Cruz.”

De ahí mi comentario inicial. Tan sólo, como aquellos obispos del XII, creo bueno distinguir la presentación de las ofrendas —que cada vez cobra más fuerza popular, mayor despliegue litúrgico, mayor actuosa participatio— de la Ofrenda ofrecida en el Per Ipsum.

el Athonita

Anónimo dijo...

Pregunto, sin saber: la fórmula actual (Novus Ordo) del ofrecimiento (bendito seas Señor, Dios del Universo, por este pan...), ¿es talmúdica o pertenece a la tradición cristiana? ¿Es de la Didajé? ¿O pertenece a la Pésaj en tiempos de Jesús (y por tanto habrían sido sus palabras en la última Cena?

Leí una vez en otro blog (un tal Ludovicus) que decía que no, que era cosa del Talmud y que era un horror que eso se usara en la Liturgia católica.
¿Qué pueden decirme al respecto?

Y pregunto también: ¿por qué se mezcla el agua con el vino en ese momento? ¿eso es moderno o fue siempre así?

Francisco

Pablo dijo...

Francisco:

Copio algo que se publica en la página www.germinansgerminabit.org, aunque espero que nuestro monje goleador, el Athonita, confirme o deseche la crítica al nuevo ofertorio:

El “Veni Sanctificator”

En el Misal de 1962, justo después del “In spiritu humilitatis” encontramos esta oración que procede del Misal de Store, mezcla de ritos occidentales que se llama generalmente rito irocelta y data de principios del siglo IX. Lo llevaban los monjes irlandeses cuando recorrieron toda Europa fundando monasterios, como por ejemplo, San Galo. Formaba parte del Misal de la Curia Romana y por eso entró en el Missale Romanum de San Pío V. Es una oración fabulosa porque junto al movimiento ascendente de oblación y ofrecimiento, esta se coloca en dirección opuesta: movimiento descendente. Es como una “epíclesis menor”, es decir una invocación al Espíritu Santo para que derrame su virtud santificadora y consagrante. Emparenta así ideológicamente con las famosas fórmulas de las oraciones eucarísticas orientales. Resulta pues muy discutible su desaparición con el Novus Ordo de 1969.

Misal de 1969

Así ha quedado el Ofertorio con la publicación del Misal del 69. El aspecto más llamativo resulta el carácter responsorial de cada “presentación” de las ofrendas. A destacar también la pérdida del carácter oblativo del ofertorio convirtiéndose en una “bendición a Dios” (no de las materias sacrificiales) por los dones que nos procura. Lo más discutible: haber despreciado toda la historia del ofertorio en los ritos cristianos para echar mano del texto de unas “berajás” judías tomadas de las “Berajot” de la Pascua Judía. (Pessah). Pongo a disposición los textos al final de este capítulo.
Cordiales saludos.

Terzio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Terzio dijo...

No me gusta el fútbol: Me gustan los toros.

Evidentemente, la acumulación de ilustres citas y citandos podría haberse evitado con una sola: El "Orate fratres ut meum ac vestrum Sacrificium..." etc.

Pero, adviértase que tanto en esta oración como en el "Veni Santificátor..." el concepto "sacrificio" aparece con cierto matiz implícito que denota un sacrificio "consummatum", marcado con el "hoc" sin que el "preparatum" sirva de condicional de futuro.

Quiero decir que el offerre sacrificium es lo propio, que es lo que ocurre. Porque el Sacrificio, así como todos los Misteria Vitae Christi, ha ocurrido 1 sóla y definitiva vez. La repetición/actualización sacramental es siempre incruenta, aunque la Hostia/Víctima del Sacrificio sea Una y la Misma. Precisamente porque es Cristo la Hostia y el que actualiza la identidad entre el Calvario y el Altar, la Cruz y la Misa, todo operándose en Él mismo (idem Sacérdos, Altáre et Agnus) ; una identidad óntico-sacramental que realiza/ofrece aquel mismo Sacrificio (idem) in Persona Christi (el "inmolatur et sumitur" de la Secreta/oración sobre las Ofrendas de la Misa del día de Epifanía) por medio de la Iglesia/ el ministerio sacerdotal.

Por eso prefiero decir "la Iglesia ofrece el Sacrificio" a decir "la Iglesia sacrifica", ya que lo subsiguiente sería completar la frase diciendo "sacrifica...a Cristo".

La Iglesia ofrece el Sacrificio de Cristo (o si se prefiere a "Cristo Sacrificado" o, como insiste la liturgia, a "Cristo nuestra Pascua"). Porque el Sacrificio ya está realizado-consummatum.

Por otra parte, no habría que olvidar la participación de la Iglesia en ese Sacrificio de Cristo--> cuando celebra y ofrece, la Iglesia "se sacrifica" con Cristo y se ofrece con Él.

De las otras cosas que aparecen en el comentario (lanza de los ortodoxos e instrumentos liturgicos, iconografías y comentarios de autores etc.) es preciso distinguir lo "alegórico" del propio y estricto uso litúrgico y ajustarlo a su valor en cuanto tal. De forma general, primero ha sido el uso/instrumento y después la alegoría; por ejemplo, en el caso de la lanceta de la liturgia greco-ortodoxa me parece obvio que es una necesidad en razón de la materia (pan fermentado) para facilitar la fracción/el corte de las partículas de la Comunión, y la "alegoría" vino después.

La identificación de las partes de la Misa (y hasta de las oraciones ante-Misam y los ornamentos sacerdotales etc.) a los momentos de la Pasión y Misteria Vitae Christi en general, es una devota y espiritual interpretación de la Misa, pero alegoría.

(disculpas por tardar en comentar, pero desde el último comentario no he vuelto al blog).

Natalio Ruiz dijo...

Gracias Terzio por la visita y el comentario!

Si les parece, seguimos en los comentarios al que vino porque es una continuación de esto.

Adelanto que no sé si estoy de acuerdo ya tampoco con Terzio.

Respetos