lunes, 1 de junio de 2009

¡Sopla los huesos para que vivan!

El Athonita (con su permiso, espero) viene a sacar de su letargo al blog en que enfermedades (más!!!, esto de los hijos....) y el laboro lo habían enfrascado.

Viene con Pentecostés muy a cuento de varios temas del blog, el último, los judíos y sus fiestas, el recurso a la literatura para el Coronel, etc.

Respetos.

Natalio

Pentecostés es Fiesta de origen judío. Como casi todo lo que hereda el cristianismo. Sigue siendo un ‘punto’ muy escurridizo, difícil de afinar, ese sutilísimo desafío por asumir lo antiguo y llevarlo a su plenitud. Ni tirarlo por borda, como pretendían algunos, ni simplemente darle continuidad o salpimentarlo con el bello ejemplo y enseñanza del Rabbí Jeshuah. Ni lo uno ni lo otro: el desafío es, sin recortarle ni coma ni tilde, asumir la transformación íntegra y diametral de todo el bagaje de la Ley Vieja.
Complicado, sin duda. Es un típico “sí pero no” tan propio de lo cristiano.

Lucas, o mejor dicho, la Sapiencia y Providencia divinas, podrían haber optado por cualquier otro día la efusión del Espíritu Santo, que Jesús resucitado venía prometiendo, incluso antes de su Pascua.
Y no: había de ser en fiesta judía. Y bien prevista. Para que sobre su “materia” pudiera nimbar la Voz del Maestro rugiendo su melodioso “a vosotros se os dijo... pero yo os digo”.

¿Qué era el Pentecostés judío? Es el Shavuot, la Fiesta de las Semanas, que se festeja una semana de semanas (7x7) después del Pesaj, la Pascua. Y más allá del origen agrícola (coincidía con el final de la cosecha, iniciada con la Pascua), ya en tiempos de Jesús tenía un corte más cultual y de ejercicio espiritual. Así como la Pascua hacía memoria de la liberación de la esclavitud en Egipto y el prodigioso cruce del Mar Rojo, a los cincuenta días, el epicentro conmemorativo se hará en torno a la entrega de las Tablas de la Ley a Moisés en el Monte Sinaí. Es la Fiesta de la Torah, la Fiesta de la Ley.
¡Dios ha tenido a bien no librarnos a la buena de la ceguera y capricho del Hombre, a la buena del desierto sin demarcaciones; no. Dios nos ha regalado una hoja de ruta, nos ha entregado Su Ley!
Y eso celebraban y repasaban los judíos cada año para Pentecostés. Entre medio de un gran despliegue folklórico, de ofrecimiento de dones (los frutos de la cosecha) y gran jarana popular, lo central y más serio del asunto radicaba en que desde la mañana hasta la noche todos los rabinos, ante multitudes peregrinadas a Jerusalén, les recordaban la Ley. No sólo el Decálogo, claro, sino con minuciosa parsimonia, repasaban una por una, toda la normativa vigente. Los 614 preceptos. Y el judío observante, aprovechaba la ocasión anual para renovar desde lo más profundo de su espíritu el propósito, la “determinada determinación” por tratar a los manotazos de cumplirlos...

Y es en este preciso contexto que hay que instalar nuestra Fiesta. Para que acontezca al modo de esas oberturas, que se inician con estruendo y cierto desorden musical, y en un momento determinado se alinea la armonía y emerge límpida la melodía que ha de traspasar toda la obra.
Así, con los 614 preceptos cacofonando de fondo, llega nuestra semana de semanas, nuestro cierre de cosecha, nuestra Pascua terminada, para celebrar la Ley Nueva, plenitud y revolución de la Antigua.

Fiesta de la Ley debía seguir siendo. Pero no de la Ley de piedra: que se recibe en piedra, se lee desde la piedra y endurece en el corazón como piedra... que se procura con esfuerzos pétreos, se revisa con mirada dura y se machaca a las generaciones siguientes con igual pedregura...
Acabamos de pedirlo en la Secuencia: “flecte quod est rígidum”. Es decir, que venga el Espíritu para tornar maleable, dúctil lo endurecido, la esclerosis espiritual, la atrofiante rigidez.

No más piedra. Es la hora del viento, del agua y del fuego: tres imágenes intensas de lo dinámico, lo vívido que en su torbellino vence a lo estático y rígido...
Dionisio le ha ganado a Apolo.
De chicos jugábamos al “piedra, papel o tijera”: me encantaba cómo el inerme papel le ganaba a la piedra... De igual modo, que el viento y el agua erosionen a inmensos peñascos, en principio inconmovibles, inmutables, es cosa de admirar.
Así el delgadísimo papel-Biblia impregnado de la Voz de Dios, del Soplo divino, nos envuelve el corazón de piedra... y lo puede. Lo enciende y lo derrite.

Es la Hora del Ruah. Y llega para soplar no en cualquier lado, sino sobre los 614 preceptos. Viene a derretir la anquilosada Ley Vieja, Ley pétrea.
Sobre sus alas de águila, nos trae la grácil y graciosa Ley nueva.
Pero, ¿nueva en qué?
Podemos creer con demasiada prisa que lo novedoso es que se termina la circuncisión, la prohibición de comer alimentos con sangre, la obsesión por no caminar más de tantos pasos en día sábado, y tanto otro precepto agobiante. Podemos creer que lo central del “cambio” es cuantitativo: la abolición de los insoportables 614. Una suerte de Glasnost religiosa.

Y no.

Curiosidades o ironías de la vida y de las religiones: pues en el cristianismo vivimos regidos por mucho más que 614 preceptos. Desde el ayuno eucarístico, con minutos y segundos, hasta condiciones para padrinos de bautismo, pasando, claro está, por toda la moral. O la minuciosa normativa de encaje que explica por qué hoy, al coincidir Pentecostés con la Visitación, la segunda queda anulada, sin traslado, ni mención ni nada.
No. La Ley Nueva no es ni menos rigurosa ni menos minuciosa.
Es, más bien, un cambio de textura: papel mata piedra... aire, agua y fuego por tierra.
O para decirlo con menos alegoría: este Fuego divino ha venido a oxigenar la Ley divina transfigurándola en dos cuestiones cruciales: deja de ser un referente externo para pasar a ser un foco interno, autopropulsado.
Es la novedad de una Ley de Dios “activada” en nuestros propios corazones, desde donde arde, sopla, susurra, fluye...
Esa es una de las buenas noticias. La otra: que está límpidamente orientada hacia Dios. No se encorva sobre uno mismo. No corre riesgos de tullimiento, de arremolinarse sobre el propio divague humano: es una flecha encendida, directa, derecha, rajante sobre el Corazón de Dios. Como un girasol, viene “programada” para movernos elásticamente buscando el sol, “coram Deo”.
La Ley nueva viene con “heliotropismo” incorporado...

Es decir: procede de Dios y se orienta a Dios.
Él nos empuja y hacia Él nos empuja. Como se nos anunció recién: “Dios obra todo en todos” (1Cor 12,6).

La gran novedad de la Ley nueva es sin duda ésta: no si son 614 o 1752 los preceptos. Si no que sea Dios mismo Quien los empuja desde lo más hondo de nosotros mismos. Dios no sólo nos “alienta” como un entrenador arenga desde el borde de la cancha a su equipo: Dios nos Sopla su propio Aliento de Vida, para que de modo operativo nos mueva hacia Él.

Sí, Pentecostés es la Fiesta del Aliento mismo de Dios, entregado como Ley. Aliento tibio, vivo, suave, sutil. Pero a la vez —¡qué bellos son los ‘a-la-vez’ del Misterio!— voraz, tremendo, arrollador: capaz de tornar líquida una piedra o mejor aún, capaz de darle forma, de modelarla. La Voz del Señor... mece las casuarinas, retuerce las encinas y descuaja los cedros... la misma, la indómita, la impredecible Voz de Dios.

Si algo se hace añicos en Pentecostés es la enquistada y crónica tendencia del Hombre a la auto-ayuda. Y no sólo desde manuales ordinarios de supermercado: también desde la más sofisticada “dirección espiritual”, puede uno seguir acumulando consignas, propósitos, desafíos a desplegar a brazo partido desde el propio esfuerzo.
Esas “tablas de piedra” o “tablitas de grilla” en que ir tildando día a día mis avances o retrocesos en el gimnasio espirituculturismo, hoy son incinerados al Fuego, al Viento, al Aire divino que sólo nos pide desplegar las velas de nuestra diminuta barca para recibir el empuje divino.

La dicotomía Ley Vieja-Ley Nueva cuenta con otra presentación: un díptico escénico que es central a nuestra Fiesta: Babel-Cenáculo.
Solemos creer que el claroscuro, el contraste, se genera entre la confusión de lenguas en Babel y el milagro del “cada uno entendía en su propia lengua” de la mañana de Pentecostés. La Tradición y la Liturgia acentúan mucho esto.
Y es válido. No obstante —me atrevo a decir— tanto lo uno como lo otro son una suerte de “efecto colateral” del centro escénico de ambos acontecimientos. El epicentro de Babel no es otro que la pretensión humana de construir por sus propios medios el acceso a lo divino, la torre al Cielo. Postal grotesca y patente del cotidiano empeño con que los humanos —de ataño y de hoy— procuramos construirnos la propia santidad, apilando ladrillos sobre ladrillos...
Y en espejo, el epicentro del Cenáculo es la humilde plegaria de María y los Apóstoles, en pura receptividad, en plena apertura, para acoger la efusión del Cielo descendido a nuestros corazones.
Cielo que es Dios mismo.
Cielo que es ley y pulso de Dios grabados en nosotros.
No más piedra sobre piedra. Ha perimido la Era de piedra y se ha inaugurado el Eón ígneo, los tiempos de Fuego y Luz, de Espíritu y Verdad.

Por eso, convenía que el Nuevo Sinaí coincidiera con la antigua fiesta de la Ley, con el añejo Pentecostés. Para que siguiera siendo Fiesta de la Ley: de la incandescente ley de la Gracia soplada en nuestra entraña.

Pero veamos, al cerrar el Tiempo Pascual, el Tiempo de Jesús Resucitado, un detalle más.
¿Quién sopla esta Ley de Gracia? ¿De qué Boca proviene este Aliento divino?
De Cristo.
Desde el Padre, por el Hijo, nuestros corazones petrificados por la estéril Ley del deber-ser, son hábilmente derretidos, para recobrar su ductilidad, su maleable verdor y candor y ser así empujados e imantados por Dios mismo. De ahí que —aunque pueda resultarnos traspolado en la cronología de los hechos— se nos lea hoy el Evangelio en que Jesús sopla sobre sus Apóstoles. Un gesto algo extraño, que algunos pocos íconos muy antiguos han ilustrado: Cristo, el eterno Pantocrátor, con la boca henchida de Pneuma, derramando su Aliento sobre los suyos...

Muchas imágenes se ofrecen —desde el imaginario bíblico o desde la Tradición cristiana posterior— para expresar “esto” tan sutil, tan inefable, tan misterioso. Creo que en esto sí vale decir que es cuestión de gustos. Yo hago público el mío: no hallo en la Tradición una imagen más bella, más elocuente, más ajustada para expresar el descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y sobre cada uno de nosotros... que Aslan, el Gran León, Creador de Narnia, Hijo del Gran Emperador de allende los Mares, entrando a paso firme y delicado al jardín de la bruja blanca, donde millones de ciudadanos de Narnia se hallan cautivos, petrificados en forma de estatuas. Aslan ha vencido a la muerte poco tiempo atrás y ahora “derrite” uno por uno a estos cautivos, soplando suavemente sobre ellos.
(Digamos muy de paso, que el Dios Dioniso —nos cuenta la mitología griega— hijo del Zeus inmortal y de Sémele, mujer mortal, apodado también Eleuterio y Baco (libertador y embriagador) cobra, a la hora del combate, la forma de rugiente león...).

Pues bien. La imagen que ofrece Lewis es simple. Es infantil, ciertamente. Pero nos expresa con una exactitud inusual el misterio teológico más hondo: el Espíritu de Jesús, que desciende sobre nosotros, para despetrificarnos. Para devolvernos la ductilidad al Impulso divino: grabando a fuego en nosotros la ley del Heliotropismo.

El Athonita

39 comentarios:

Natalio Ruiz dijo...

Acosado por las enfermedades, sólo llego a preguntar ¿porque 614 y no 613 preceptos?

Respetos pentecostales.

Natalio

Mary Lennox dijo...

Con Cariño desde el Claustro de los exámenes otra imagen de Jack:
" -Niña -dijo Aslan, en tono más suave que el que había usado hasta ahora-, quizás no entiendes tan bien como crees. Pero el primer paso es recordar. Repíteme, en su orden, las cuatro Señales.
Jill trató, pero no las recordó muy bien. Entonces el León la corrigió y la hizo repetirlas una y otra vez hasta que se las supo perfectamente. Fue muy paciente en esto, de modo que cuando lo logró, Jill se armó de valor para preguntarle:
- ¿Y cómo voy a llegar a Narnia?
-Sobre mi aliento -dijo el León-. Te soplaré al este del mundo, así corno soplé a Eustaquio.
-¿Lo alcanzaré a tiempo para darle la primera Señal? Aunque supongo que no importará. Si ve a un viejo amigo, es seguro que irá a hablar con él, ¿no es cierto?
-No tienen tiempo que perder -dijo el León-. Por eso debo enviarte inmediatamente. Ven. Camina delante de mí hasta el borde del acantilado. , Jill se acordaba muy bien de que si no había tiempo que perder era por su culpa. “Si yo no me hubiera puesto a hacer estupideces, Scrubb y yo estaríamos juntos, Y él habría oído todas las instrucciones igual que yo”, pensó. Así que hizo lo que le decía. Era angustioso tener que volver al borde del acantilado, sobre todo que el León no caminaba a su lado sino detrás de ella, sin hacer ningún ruido con sus patas tan suaves.
Pero mucho antes de que llegara cerca del borde, escuchó tras ella la voz que decía:
-No te muevas. Voy a soplar dentro de unos instantes. Pero primero, recuerda, recuerda, recuerda las Señales. Repítelas para ti misma cuando despiertes por la mañana Y' cuando te acuestes en la noche', y cuando te despiertes en medio de la noche. Y aunque te sucedan cosas muy extrañas, no dejes que nada aparte tu mente del cumplimiento de las Señales. Y segundo, te hago una advertencia. Aquí sobre la montaña te he hablado muy claro; no lo haré así generalmente allá en Narnia. Aquí sobre la montaña el aire es claro v tu mente está clara, cuando vayas bajando a Narnia el aire se hará más espeso. Ten mucho cuidado de que no confunda tu mente. Y cuando encuentres allá las Señales que aquí has aprendido, no serán en absoluto lo que tú esperabas que fueran. Por eso es tan importante que las sepas de memoria y que no te fijes en las apariencias. No olvides las Señales y cree en las Señales. Ninguna otra cosa tiene importancia. Y ahora, Hija de Eva, adiós...
La voz se había ido haciendo más suave al final de este discurso y ahora se apagó del todo. Jill miró hacia atrás. Para su gran asombro, vio el acantilado a más de cien metros de distancia ya, y al León corno un punto de oro brillante al borde del precipicio. Ella había esperado con los dientes y puños apretados la tremenda explosión del aliento del León; pero fue tan tenue que ni supo cuándo salió de la tierra. Y ahora no había más que aire a miles y miles de metros debajo de ella.
Sintió, miedo, pero sólo por un segundo, pues, por una parte, el mundo allá abajo se veía tan lejano que parecía no tener nada que ver con ella, y por otra, flotar sobre el aliento del León era maravillosamente cómodo. Descubrió que podía tenderse de espalda o de bruces y darse vuelta para donde quisiera corno cuando estás en el agua (siempre que sepas flotar). Y como se movía al mismo ritmo que el aliento, no había viento y el aire era deliciosamente tibio. Era muy distinto a estar en un avión, porque no había ruido ni vibración. Si Jill hubiese subido alguna vez en un globo podría haber pensado que esto era algo semejante, pero mucho mejor, Cuando miró hacia atrás se dio cuenta por primera vez del verdadero tamaño de la montaña que acababa de abandonar. Le extrañó que una montaña tan enorme como esa no estuviera cubierta de nieve y hielo. “Supongo que esa clase de cosas es diferente en este mundo”, pensó Jill. Luego miró hacia abajo; pero estaba a tal altura que no pudo saber si flotaba sobre tierra o sobre mar, ni tampoco a qué velocidad iba."
Las cronicas de Narnia Libro IV: La silla de Plata.
Mary

Coronel Kurtz dijo...

Excelente, as usual, lo del Athonita.

Justamente lo que dice en el penúltimo párrafo es lo que quería significar.

Ah, amigo Natalio, le debía la cita (mire que me hizo releer la I, q. 1 toda enterita -- pero si Castellani se vanagloriaba de quedarse ciego traduciendo la Suma, yo no me voy a quejar de quedarme hasta las 2 de la mañana buscando la cita). Está en I, q.1, a.9, ad 3: "Tal como escribe Dionisio en el c.2 de Hierarch. Cel. : Es preferible que lo divino se transmita en la Escritura bajo el ropaje simbólico de cuerpos viles que de cuerpos nobles. Y esto por tres razones... La segunda, porque este modo de conocer es el más adecuado para hablar de Dios en esta vida; *pues nos es más claro lo que El no es que lo que es*. Por eso, las imágenes tomadas de lo menos parecido a El nos llevan a considerarlo por encima de lo que nosotros podemos pensar y decir." Pero en la tercera descubrí algo que en otras lecturas de la Suma anteriores había pasado y que ahora se me hace parecido a lo que decía Castellani acerca de recuperar la doctrina del arcano: "La tercera, porque, así, lo divino queda tapado para ojos indignos."

Suyo,

Anónimo dijo...

Oh Natalio! No imaginé esto. Por doble motivo: porque el texto no lo merecía; pero más aún, porque el tema del mal venía prometiendo. Los ritmos de entradas y comentarios —pienso— no tienen por qué estar en consonancia con el frenético ritmo de la blogósfera.

Es interesante y de esponjosa miga la respuesta que tengo para ofrecer a su pregunta sobre los 614 en vez de 613. Muy interesante. Y es esta: que me equivoqué. Y no me diga que no: el error responde y explica muchas cosas; muchas más de las que sospechamos.-

Mary: gracias por el texto! Dan ganas de rescribir la homilía, corrigiendo los preceptos y agregando este flotar sobre el aliento felino...

Mi Coronel: le perdono el halago. Y le agradezco la cita (aunque no fuera su destinatario inicial). Me viene como collar al cuello. Es que, no hace mucho, almorfando con un encumbrado Eclesiástico, con múltiples doctorados y cargos, objetaba él —o para ser más justo— menospreciaba la imagen elegida por Lewis: identificar a Jesucristo con un león es como muy rebuscado, demasiado forzado o postizo. Y toda mi artillería lo encañonó al perlado esgrimiendo la similitudo,,, en vez de argüir desde la dissimilitudo. ¡Gracias!

el Athonita

Anónimo dijo...

digo yo, ¿no hay modo de que el número de comentarios aparezca arriba de todo del post y no al pie? Eso de tener que barrer todo el texto para enterarse es de lo más incómodo,,,

Ath.-

Natalio Ruiz dijo...

No me gusta como queda pero el Athos habla y Natalio escucha (y cambia). Más de uno los va a estar buscando...

Gracias Coronel por la cita, en la que estamos de acuerdo y a ello me refería. En cualquier caso me parece que la tercera depende de lo anterior, cuesta hablar en positivo porque no hay por dónde empezar. En cualquier caso, y ya que andamos con Castellani en estos temas, creo que es en Cristo y los fariseos donde dice algo como que al tema del mal se puede acceder sólo hasta cierto punto... (me va a tardar la cita porque no tengo a mano el libro).

Hermoso texto Mary! Así da gusto el recurso a la literatura!

Igual me quedan temas del post pero no tiempo, ya veremos....

Respetos.

Natalio

Natalio Ruiz dijo...

Me olvidaba. Monje, no se haga el humilde que la cuestión pasa también por reconocer humildemente los dones de la Multiforme Gracia.

No abandonamos el tema del mal, es sólo una pausa (aunque no tanto si se va al fondo de la cuestión).

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

Es verdad que seguimos en tema...
Gracias por el cambio de formato con la ubicación del nº de comments.-

btw, ya que me corrigieron lo del 614, corrijo ahora yo: de obsesivo nomás que soy, me quedó flotando del texto de Lewis esto de que la soplaría hacia el Este. Y me acordé de Gandalf que decía ir a cualquier lado, menos al Este... Vaya a saber en qué "derecha" europea estaría pensando Tolkien... pero me sonaba que este viaje de Jill tampoco era para el Este... y fui al texto, y efectivamente ahí se lee que "I will blow you into the west of the world as I blew Eustace."

Y aunque muchos lo prefiriéramos dejar al revés, ha de primar la verdad. Aunque claro, como dice Natalio, tal vez exageremos en la pesquisa hermenéutica de textos literarios...

Ath.-

Natalio Ruiz dijo...

Bueno, ahora me dejan con la cuestión en la mente: ¿por qué no al Este? No necesitamos reiterar lo que es el Este aquí... Exégetas, por favor, ahora sí, aclaren el punto.

Con relación a lo de 613 y 614 mitzvot la pregunta no era meramente formal. Ocurre que varios rabinos cabalistas al interpretar cuestiones numéricas toman la cantidad más la unidad resultante de la cantidad para explicar cosas. Por ej., en el caso, podrían decir (aunuqe nunca lo ví con esta aplicación y es lo que me llamó la atención): hay 613 mitzvot pero la sumatoria de ellas es uno por tanto las mitzvot son 614. Algo así es el texto talmúdico del diálogo de Cristo con el escriba sobre el "amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a tí mismo", donde se dice (Akiva seguro pero también me parece que lo dice Hilel) que es el resumen que unifica. Los 613 constituyen en sí otro que es el 614.

Si bien la cuestión numérica tiene un rastro en los neopitagóricos y gnósticos tiene muchas aplicaciones doctrinales en el mismo sentido.

En fin, demasiado...

Respetos.

Natalio

Coronel Kurtz dijo...

No sé bien porqué eso de al Este no en Lewis y Tolkien. Pero es curioso que el cap. 3 del excelente libro de John Senior, "The Death of Christian Culture", es justamente "Eastward Ho! – Hum", algo así como "Hacia el Este es aburrido".

Eduardo Mangiarotti dijo...

Como todo lo que baja desde el Athos, sin desperdicio. Agrego una perspectiva más a la relación Cristo-Espíritu, que tan necesario es seguir subrayando (¡pues tantas veces sajamos el misterio!): también es cierto que Cristo es la Palabra enunciada "en el Espíritu Santo". Como dice San Juan Damasceno, el Espíritu es "el enunciador del Verbo", o en términos de Balthasar "El exegeta del Hijo". Es el que nos introduce en la ronda de la Trinidad (para seguir con estas imágenes que por infantiles no son menos ciertas). El Espíritu nos da a Cristo para que a su vez este nos dé al Espíritu.

Mary Lennox dijo...

Muchachos:
¡De nada por el texto! No puedo hablar de Tolkien porque no lo conozco tan bien como a las Crónicas (y la interpretación politica desde que la escuche no me convence...) Pero con Respecto al Este en las Crónicas, sí puedo hablar.
Aslan es Él que viene del Este como "El Sol que nace de lo Alto" Y Sopla a Jill hacia el Oeste donde está el mundo. En Narnia, cual si fuera Buenos Aires, si uno mira hacia el Este puede divisar el Origen del Sol y ver donde nace, y así remontarse hasta el propio origen. En el Mapa de Narnia, si Tornamos al Libro III (yo uso la cronología original no la nueva) y viajamos en el Explorador del Amanecer derecho hacia el Este, hacia el Fin del Mundo llegaremos a las montañas que dividen al País de Aslan, de nuevo miramos al Origen y miramos de nuevo al Sol que nace de lo alto. ¿Tambien tiene un sentido similar el que los altares y las Iglesias esten ubicadas ad Orientem? pregunto a los sabios Liturgos. Así al menos en Narnia el Este tiene un significado de origen y de cielo, tiene el significado de las Tierras de Cristo, por ende en Lewis tiene el significado de las Tierras Reales.
en fin es una pequeña exegecis a las corridas antes del Examen.
¡Me encomiendo a sus oraciones para hoy y el viernes!
Se despide desde las 7 colinas al este del Atlantico
Mary

Natalio Ruiz dijo...

Me dejó pensando el Padre Eduardo con su comentario... Pero voy a seguir pensando internamente todavía.

Con relación a lo de Tolkien y sus intencionalidades políticas no creo que pasar por ahí el asunto. No soy exégeta autorizado, ni soy exégeta, ni estoy autorizado, ni he leído más que un par de veces el Hobbit y El Señor de los anillos más algún que otro cuento, pero no me parece. Una de las cosas que no me gustó de la película (entre otras) fue, justamente, una "politización" que no creo que estuviera en el original. Pero hablo desde la ignorancia en un ámbito plagado de Tolkenianos.

Ya que estamos, también me gusta la profundización del tema este/oeste en la compaginación de los textos citados por Mary y el Athonita por un lado y la que trae el Coronel (no colombiano que no sé de dónde lo saqué) sobre lo "aburrido" del este.

Y también me queda para cuando pueda pensarlo mejar algunos otros comentarios sobre el post. En particular lo del espirituculturismo y los cuadritos... (estuvo genial la imagen).

Respetos.

Natalio

Coronel Kurtz dijo...

A propósito de lo que dice el P. Eduardo, los otros días descubrí en una de las secuencias de Pentecostés una frase que había pasado de largo otras veces, dice (de memoria) que el Espíritu fecundó las aguas para que haya vida. Además de la obvia referencia a Gn 1,2 y una curiosa coincidencia con lo que dice la ciencia respecto a que la vida se dio primero en el agua; me quedé con la palabra "fecundar". Y luego leyendo lo que dijo el Papa en Pentecostés, "el Espíritu Santo es el alma de la Iglesia y sin Él, la Iglesia quedaría reducida a un gran movimiento histórico, una compleja y sólida institución social, quizá una especie de agencia humanitaria", me dio que pensar que la esterilidad de nuestras obras puede estar en que no invocamos el Espíritu Santo sobre ellas. No sé, divagues. Quizá, no.

Una aclaración, el capítulo ése de Senior que nombré no se refiere justamente al Oriente en sentido de Cristo, sino que analiza la deriva de los escritores modernistas (Flaubert, Baudelaire, Pound, etc.) que saliendo del hastío que les provocaba su situación burguesa (el famoso "ennui"), terminaron en la exaltación de la nada y en la aniquilación del ser tras pasar por el filtro de las religiones y filosofías orientales.

Anónimo dijo...

Lo primero es lo primero: ¿cómo va la salud de las pequeñas Ruiz? ¿Y cómo anduvieron los exámenes de la algo menos pequeña Mary?

Lo del Este/Oeste tiene miga, claro que sí. Más con el debate Litúrgico de fondo. Habría modo de engordarlo con más referencias literarias (¡si “Ens” nos diera una mano!! o Pater Eduardo, tan cargado de letras también!).-
Recuerdo muy vagamente algo de Claudel sobre andar en el sentido del sol y nunca en su contra, barrer en su mismo sentido el tiempo y el espacio, de Este a Oeste.
Y algo de Yeats acerca de las hojas de otoño que caen tan cerca de la raíz, como el Ocaso se arrima al Saliente...
Como dice el Coronel: divagues.-

Combinando lo de Eduardo con lo de Kurtz, se me viene a la memoria eso tan insistente en la glosa monástica del siglo XII al hablar de la Lectio divina, apartándola de ser malentendida como un momento de estudio y acercándola al vértigo del Misterio: el Espíritu fecunda el alma contemplativa, preñándola del Logos, que crece en el seno del orante, hasta la estatura plena. ¡Esos son “mi madre”, dirá Cristo en aquel pasaje que Borges confesaba como el mayor abismo del Evangelio...
Sin esta fecundación –parafraseando al Papa- nuestra lectura del Evangelio se reduciría a lo más a un acto intelectual eminente, en vez de ser un acto Bio-Lógico de transmisión genuina de Vida, y Vida divina.

El Espíritu –temo repetirme, pues insisto en esto con obsesiva recurrencia- hace el “milagro” de que una frase del Evangelio, cualquiera (por caso, “cuando oren digan Padre”, o “al que te abofeteé la derecha, preséntale la izquierda”) de ser una consigna, un imperativo categórico, un mandato que he de acoger e intentar cumplir, pase a ser una Palabra creadora, poderosa (Rom 1,16) que hace lo que dice. El mismo Dios que dijo “fiat lux” “dice” ese versículo sobre nuestras amorfas aguas revueltas, y hace así brillar su luz en nosotros preñándonos de vida evangélica, que bien “guardada”, pasa a latir con pulso propio en nosotros.
Creo que es Elredo el que dice que la Historia del cristianismo se reduce a hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, que por la Lectio divina se preñan del Logos eterno hasta el Gran Parto que como dice san Pablo, será la Parusía.-

el Athonita

Anónimo dijo...

Edu: ¿lo del ES como exégeta del Hijo es de Balthasar? Juraría haberlo visto en los Padres, pero puede que no,,,

Ath.-

Anónimo dijo...

Esto seguro que es de Balthasar, y muy sabroso, al menos a mi paladar:

“Antes hubo monjes. En Oriente y Occidente. Sobre el monte Athos, en Clairvaux y en Ranft, en Kief y en Optina. Experimentaron y sabían. Dieron indicaciones. Su luz era pan. Venían desde lejos y de muy adentro hasta los umbrales de la puerta, donde su experiencia manaba palabras regaladas.”

Ath.-

Natalio Ruiz dijo...

Bueno. De todo junto se puede unir la idea de mi comentario.

A las ideas del post, del Padre Eduardo y del Coronel se le puede unir la de gimnasio de espírituculturismo con los cuadritos para completar cada actividad.

En primer lugar aclaro que ese tipo de espiritualidades son mi antítesis, soy demasiado vago y despiolado como para andar completando cuadritos diariamente (por no decir que estarían todos en blanco).

En segundo lugar aclaro que la idea que retrata el post en cuanto exageración es notablemente perjudicial.

Ahora, y sin compartirlo por una cuestión de... "gusto", no la veo "absolutamente" (simpliquiter locuendo) mala.

Tiene mucho que ver con lo que se dice del Espíritu y justamente en la espiritualidad judía aparece también la "figura" (no como persona, evidentemente) del Ruaj Elohim (Espíritu del Señor) como "plenificando" o dando vida a las obras.

Es decir, usando una imagen similar de Buber y Castellani (todo se mezcla en este espacio), las obras sin el Espíritu (con minúscula para los judíos porque, en el caso de las obras particulares no es, propiamente, el Ruaj Elohim) es como contemplar un grupo de bailarines sin escuchar la música: una cosa entre fea, mala y ridícula.

Ahora, cuando el Espíritu la vivifica, es algo realmente bueno y lindo.

Toda la espiritualidad judía (incluyendo el fariseísmo "bueno" y el malo, o Hille y Shammai) parte un poco de esa idea. De ahí radica el hecho de que al hacer "tefilín" comiencen por el brazo y luego por la cabeza. La idea es: primero obramos, cumplimos y rezamos y luego nos planteamos el conocer el sentido, las verdades, etc. En otras palabras, primero se obedece después se pregunta.

San Pablo también pone la cuestión en términos de gimnasia...

En fin, creo que sin exagerar y sin imponerlo (porque es una espiritualidad) puede dar frutos.

Respetos.

Natalio

Natalio Ruiz dijo...

Perdón por no contestar a la pregunta. Gracias a Dios las niñas están saliendo de sus respectivas enfermedades.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

No estoy seguro, pero creo que discrepo con Ud. Natalio.
Creo que arremeter con la letra sin el espíritu, para luego recibirlo, puede llegar a ser intrínsecamente malo. Antropológicamente malo, torpe, disléxico.
El quomodo de la Virgen en la Anunciación plantea otro orden de factores.
No avanzaría en el devaneo de esta aporía dicotomando sobre el binomio obedezco-pregunto o pregunto-obedezco. Más bien, creo que la propuesta evangélica es: abro mi ser entero (mente, corazón y brazos) para recibir el pneuma y el logos, que con la venia de mi ‘fiat’ hacen en mí según lo que dicen y soplan.

Tal vez lo esté entendiendo mal. Pero me nace recordar aquello de Castellani: el fariseísmo no es una instancia intermedia entre el paganismo y el cristianismo, sino la antípoda de éste: la antireligiosidad, su mayor perversión. La letra sin espíritu no es una suerte de instancia ‘in fieri’: es, más bien, un engendro perverso y peligroso. Como quien pudiera pensar en un monstruo con nuestra misma carga genética pero sin alma espiritual... una bestia inteligente.

En términos de oración, por caso, y caso que me incumbe, la aplicación de su punto de vista —insisto: si no le interpreto mal— sería: que aprendan los niños o neófitos las oraciones de memoria, en su materialidad, y las reciten secamente con empeño y constancia. Y poquito a poquito, que vayan sabiendo qué significan y sobre todo, vayan acomodando el espíritu a la voz.
No lo aconsejaría jamás así. Es como proponer un “vicio” que luego habrá que desterrar..., aunque algún vicio, según qué geometría maneje, pueda parecer a mitad de camino entre la nada y la virtud.-
Y aunque no es mi faena, tampoco aconsejaría demasiado a un bailarín practicar su paso sin la música, o como dice Marta Archerich: jamás, jamás ensayar una mano sin la otra...
Me parece crucial que lo uno y lo otro —exterioridad e interioridad, forma y fondo, letra y espíritu, fuerza y gracia— fragüen juntos en el corazón virgen y dócil.
Que aborde el Hombre de entrada la armonía conjunta.
Que selle a fuego y de entrada la indisociabilidad de lo uno con lo otro.
Que se le grabe el fraseo sincompado de ambas digitalizaciones (por seguir con lo del piano).-
Me parece que es la famosa “concordancia” entre mente y voz de san Benito.

Hay un comentario magnífico de Gilberto de la Porrée a aquello de los dos Hombres que plantea san Pablo: el carnal y el pneumático. Lo interesante es que el primero puede ser muy espirituoso y el segundo muy concreto y práctico, pues no está ahí la distinción. Es carnal quien vive de la sola letra o del sólo espíritu (un sentimental, por ejemplo); y es pneumático quien vive de la concordancia, de la doble hylemorfía en juego.
Doble por esto de que la letra/obra necesita de un sentido (logos, o Logos) y de un aliento (ruaj o Ruaj).-

Hay más miga en juego, ya lo sé.
Escucho...

Athonita

Anónimo dijo...

No estoy seguro si hay otro pasaje, pero lo de la gimnasia de san Pablo, siempre me pareció referido al fin y no al medio: que unos corren por una corona que se marchita mientras nosotros, por la inmarcesible.
De todos modos: no estoy contra la gimnasia espiritual, claro que no. Los hábitos se adquieren por repetición de actos. El debate complejo es horadando el acto mismo: si cabe que sea seco o necesita de logos y pneuma.

Ath.-

Natalio Ruiz dijo...

Acá no se puede bajar la guardia un instante porque te llenan la cara de dedos.

A ver. Vamos por partes como dijo Jack el destripador.

Que la letra mata y el espíritu vivifica no lo discuto. La letra sola mata, es indudable.

El asunto está en qué es el espíritu.

La niña que encabeza el blog tiene 2 años y medio. Reza el Padre Nuestro, el Ave María y al Ángel de la Guarda. ¿Entiende algo de lo que dice? Nada.

Ella entiende “que” reza aunque no entiende “qué” reza. Su papá le dice que así se habla con Jesús y ella habla así con Jesús. ¿Reza sin espíritu, con la sola letra? Sí y no, sí o no, depende el ángulo. Reza con amor porque papá le dice que así se habla con Jesús (aunque también le habla por su cuenta). Ella ama lo que el padre le dice que ame, ella habla lo que el padre dice que hable aunque su amor no tenga “espíritu” propiamente. Sin embargo ella entiende que a Jesús le gusta que ella le hable de ese modo y está contenta porque hablando así papá y Jesús entienden y están contentos.

Más burdo todavía. El nene que dice una palabra usada por mayores y los grandes se ríen no entiende la palabra pero entiende que si la dice los grandes reirán y la repite. Algo así pasa con la oración (corrija ud. Que es el especialista).

Hillel le ganó a Shimmai (letra sola) y los fariseos entendían que debían “llenar” sus obras. ¿Con qué? Ellos la llenan con amor. Por eso en el ejemplo de Tefilín si bien empiezan por el brazo lo hacen también porque ese trozo de Torá queda a la altura del corazón. Si Dios dice que no como chancho, no como chancho y después me fijo por qué no como chancho. ¿Está vacío? No, no como chancho por “Amor a Dios”.

El que cumple el cuadrito (jamás lo hice ni intenté) puede cumplirlo por amor con “espíritu filial”. Y su obra puede valer por ese amor auqneu le falte el “verdadero espíritu”. Muchas veces rezo el rosario sin el espíritu adecuado, muchas veces llamé a mi, entonces, novia “sin espíritu” o tenía gestos “sin espíritu” pero en el fondo tenían el espíritu si quiere “residual”: porque amo.

En fin, no sé si logro explicarlo.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con el ultimo comentario de Natalio. Creo que el amor se demuestra " amando" aunque no simpre se " sienta " Y que en este camino de seguimiento, como en el amor, no simpre el espiritu se siente, pero siempre está, como el sol !!!

Anónimo dijo...

Estimado Natalio: vengo disfrutando de su blog desde hace un tiempo como simple lectora atenta, interesada y sorprendida por el nivel y variedad de los comentarios que suscitan los temas propuestos. Mi intención es seguir de este lado del blog ya que no podría aportar ni una letra iluminada, pero hay una referencia del Athonita a Dionisos que me abrió un signo de interrogación. Es la asociación que hace del Pneuma del Logos con esa figura desmesurada, liberadora, sí, pero de fuerzas oscuras, desordenadas e irracionales. Dionisos vence a Apolo? Más lo veo como que el Espíritu vence a Dionisos y eleva a Apolo a categoría divina, hombre libre de las anclas atrofiadas de su ego, abierto al Cielo y a su herencia "naturalmente sobrenatural".
Pediría más luz sobre el tema al Athonita.
Gracias.

CR

Natalio Ruiz dijo...

Bienvenidos Anónimo (le recomiendo algún seudónimo para identificarlo de algún modo) y Cr!

Cr, no dude en participar. Si sólo pueden hablar quienes tienen letras iluminadas nos tenemos que callar varios.

No se reprima, participe. Sienta esta como su casa.

Respetos para ambos.

Natalio

Mary Lennox dijo...

¡Pues hombre que tiene Razón Natalio!
¡Uno no se puede ir a dormir tranquilo que en 5 horas te arman un zafarrancho! Pero bueno despúes de rendir y aprobar (10 en todas) a uno le da sueño y la noche se hizo pa' dormir.
Distingamos como dice nuestro querido Gordito:
1)Las etapas de la vida
2)Los momentos de la vida
No señores no son lo mismo.
En el 1 se dan distintos niveles de desarrollo: el primero en la vida espiritual es hacer las cosas de oídas que así es como está comenzando la pequeña Ruiz y como uno comienza en la fe sea niño o neófito. Después poco a poco se empieza a hacer propio lo que uno recibió de oídas, aquello empieza un poco con la comprensión, pero se complementa con el amor. Sin embargo ésta apropiación, este descubrir guiado por el Espíritu no termina hasta que la vida termina.
Después dentro de estos niveles están los momentos de la vida, lo que Lewis en "las Cartas del Diablo a su sobrino" llama ondulación:

"Mi querido Orugario:
¿Con que tienes "grandes esperanzas de que la etapa religiosa del paciente esté
finalizando", eh? Siempre pensé que la Academia de Entrenamiento se había hundido desde que pusieron al viejo Babalapo a su cabeza, y ahora estoy seguro. ¿No te ha hablado nadie nunca de la ley de la Ondulación?
Los humanos son anfibios: mitad espíritu y mitad animal. (La decisión del Enemigo de crear tan repugnante híbrido fue una de las cosas que hicieron que Nuestro Padre le retirase su apoyo.) Como espíritus, pertenecen al mundo eterno, pero como animales habitan el tiempo. Esto significa -que mientras su espíritu puede estar orientado hacia un objeto eterno,
sus cuerpos, pasiones y fantasías están cambiando constantemente, porque vivir en el tiempo equivale a cambiar. Lo más que pueden acercarse a la constancia, por tanto, es la ondulación: el reiterado retorno a un nivel de que repetidamente vuelven a caer, una serie de simas y cimas. Si hubieses observado a tu paciente cuidadosamente, habrías visto esta
ondulación en todos los aspectos de su vida: su interés por su trabajo, su afecto hacia sus
amigos, sus apetencias físicas, todo sube y baja. Mientras viva en la tierra, períodos de riqueza y vitalidad emotiva y corporal alternarán con períodos de aletargamiento y pobreza.
La sequía y monotonía que tu paciente está atravesando ahora no son, como gustosamente supones, obra tuya; son meramente un fenómeno natural que no nos beneficiará a menos que hagas buen uso de él."
Es en estas bajadas donde en la obediencia libre de nuestra voluntad está el Espíritu Santo, por el mismo hecho de ser una obediencia libre, por amor en el momento en el que sentimiento ya no estaba. El Espíritu Santo vivifica estas obediencias y esta continuación de la carrera, porque es Amor, y la ley nueva, es una ley de Amor, de Gracia, de libertad.
En la lectura de Pentecostés dice San Pablo:
"En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad,
mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley"
Y primero había dicho que si Nos guía el Espirítu no estamos bajo la influencia de la ley. Creo, a mi pobre entender, que es justamente porque las obras de Espíritu no están en contra que no se está bajo la influencia de la ley sino bajo la plenitud de aquella. Recuerden que Cristo había dicho que no venia a abolir sino a dar plenitud. Así uno cuando es niño hace las cosas de niño, de oídas; de grande las hace propias por el amor que Dios le infunde, amor que en los momentos y las noches sin luna ilumina nuestras pequeñas y mortales obras.
En fin creo que da para más pero sería un comentario muuuy largo y me llaman a comer.
Mary

Eduardo Mangiarotti dijo...

Quizás (hago un aporte) una precisión que ayude a ver esto en una clave más integral (que al fin y al cabo es un rasgo bien del Espíritu, integrar y armonizar, sin disolver tensiones sino equilibrándoles, como lo hace cuando trazamos la línea horizontal de la señal de la cruz). El Espíritu no es simplemente "interioridad" (el amor que anima las obras), sino que busca siempre una exteriorización. Y viceversa: la acción externa también puede estar "llena de Espíritu" y llevarnos a la oración, a la alabanza, al silencio.
De otro modo, corremos el riesgo de pensar que hay más "espiritualidad" en un rato de oración personal que en nuestra liturgia, siempre cargada de gestos, palabras y acciones. Pero el Espíritu se manifiesta de un modo y de otro (de modo objetivo y subjetivo dirá V. Balthasar). El Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús, y por tanto, siempre encarna, exterioriza, plasma. La actividad también puede estar llena de Espíritu, como podemos tener el caso opuesto: un pensamiento o un acto sumamente racional, interior y hasta profundo, carente, sin embargo, de espiritualidad.

P.D.: Con respecto a la pregunta del Athonita, sé que Balthasar desarrolla la imagen del Espíritu Exégeta del Hijo, aunque no puedo recordar si él a su vez la toma de otro (dada su vasta erudición, es probable que haya sido así). Habría que releer la Teológica III, pero lamentablemente no está en mis manos en estos días.

Natalio Ruiz dijo...

Esto es lo bueno de los "dia-logos", se complementan mutuamente.

Entre los de Mary (¡Felicitaciones!) y el Padre Eduardo han espcificado más parte de lo que quería expresar.

Y es que, en definitiva, en la oración somos como el niño que no termina de entender la palabra (menos el por qué) que hace reir tanto a los mayores pero la repite porque le gusta hacerlos reir.

Y en particular, volviendo, es lo que creo que pasa con la liturgia donde repetimos palabras y gestos legados por la Tradición "porque nuestros padres nos han dicho" que así agradamos (lo hacemos reir) a Dios. Por más que estudiemos, discutamos, etc. nunca llegaremos a la profundidad del significado y el sacramento lo celebran igual (aunque admito que, eventualmente, con distinto provecho) el liturgista y el párroco de campo.

De nuevo, creo que hay espiritualidades "más de un modo" o "más del otro" y, aunque una pueda ser más madura que la otra, no creo que ninguna sea "simpliquiter locuendo" (en absoluto) mala.

Respetos.

Natalio

Ruth dijo...

Estimado Natalio, yo también digo (¿o decía? Hace mucho que no hablo del tema…) como Ud.: “A mí las tablitas no me van, pero para otros están bien, porque conozco personas que las usan y van muy bien”. Pero cuando pienso qué es lo que no me gusta, a veces creo que no se trata meramente de una cuestión de gustos.

Si tuviera que resumir en una frase por qué las aborrezco diría: porque llevan a la desesperación; en el mejor de los casos. ¿Por qué? Porque ahí están marcados SOLO nuestros actos, en ningún casillero entra el Amor, el Logos o el Pneuma. Y si el Amor de Dios entra, para llenar los cuadraditos, será un Amor encuadrado, limitado, asfixiado. Que en el mejor de los casos asfixiará, ahogará el alma para que grite angustiada la pregunta de apóstoles: Y así ¿quién podrá salvarse? A lo que Cristo responde: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. Y querer llevar la vida espiritual en tablitas es imposible; la tablita engaña registrando sólo la parte humana, y lleva a la desesperación porque para el hombre es imposible, o lleva a la satisfacción de creer que con nuestras fuerzas la alcanzamos. Por eso creo que el desesperar de las tablitas esperando en Dios para Quien todo es posible, es mejor.

Meter a Dios en la tablita me recuerda la homilía athonita que hablaba de meter a Dios en una maceta: ahí el Verbo no puede acampar. (Ver: http://caminante-wanderer.blogspot.com/2008/07/sobre-macetas-y-praderas-y-la-develacin.html )

Athonita, permítame dejar el link de su homilía de Miércoles de cenizas: http://caminante-wanderer.blogspot.com/2009/02/in-cinerum.html Ahí los lectores pueden encontrar más sobre ese milagro que convierte el mandato en palabra creadora. Colma el alma de esperanza.

Buen fin de semana para todos!

Anónimo dijo...

Coincido con Eduardo. (Creo que todos lo hacemos). Sospecho que a eso apunta el comentario medieval de Gilberto: el hombre carnal puede vivir en sus pensamientos o sentimientos y el espiritual ha de vivir encarnado. Anfibio, como aporta Mary desde Lewis.

La objeción de CR: interesante. Sabrá Ud. que la mitología griega se nutre de diversas fuentes (Heródoto, Apolodoro, etc.), no siempre coincidentes. Según uno preste más atención a una fuente que a otra, las prefiguraciones del Misterio cristiano se nitifican o desdibujan.
Creo que lo importante es manejarse en esto con soltura y libertad, tomando lo que sirve y dejando lo que no (sobre la distinción entre parábola y alegoría). Por caso, el uso que la Tradición ha hecho de Orfeo para hablar de Cristo sobra como auctoritas para entender esto, pues bien sabemos que de este hijo de Apolo con la musa Calíope sólo nos “sirven” 4 o 5 rasgos, por cierto magníficos.
Respecto a Dioniso y Apolo, creo que es un esfuerzo válido exprimirlos desde lo cristiano, sobre todo después de la falsa denuncia de Nietzsche, respecto a que lo nuestro es netamente apolíneo.
No sé si satisfago su inquietud. Coincido con Natalio: no se reprima, converse tranquila, que acá siempre hay buen clima.

Ath.-

Anónimo dijo...

Ahora sí, el tema de fondo: la letra asesina, la letra que mata. No hay con qué ni tamizar ni matizar la contundente sentencia paulina. Y por suerte, con Ruiz estamos de acuerdo en esto. La letra sola ni siquiera es la materia prima dispuesta a acoger la forma. Porque el problema de la letra es que ya tiene forma: forma carnal. La letra no es lo a-morfo a informar lenta y paulatinamente. La letra es lo de-forme. Es veneno.

Pero me urge aclarar esto, que tal vez fue confuso de mi parte: la Morphé que ha de animar a la Palabra —a la oración vocal, por caso— no es una suerte de concentración mental ni información doctrinal. Es Pneuma y Logos, ambos divinos. Que han ido con el Padre, los Tres, a hacer morada en el corazón de la pequeña Ruiz (recuerdo bien la foto de su bautismo en el blog; si supiera cómo se hace, dejaría aquí el link).

La pequeña Ruiz no está en una suerte de estadio incipiente, germinal de plegaria, que ha de ir desarrollando conforme a las etapas de la vida. Ella reza de un modo cabal, vertiginosamente puro y pleno. Ella sola mueve secretamente el mundo. Porque su Padrenuestro, su Avemaría y su conversación con Dios están plenamente, sin obstrucción alguna, atravesados por el Cristo Orante y por los gemidos inefables del Paráclito. No es letra desanimada que de oídas ha de ir repitiendo hasta poder entender qué significa, como un bailarín, en seco, repite ese salto.
Ella danza la ronda trinitaria (¿era de san Hipólito eso, Edu?), como ninguno de nosotros —reumatizados por el pecado— sabríamos hacer.
He rezado hace poco con un grupo de chicos y chicas Down (adultos, en su mayoría). Y confieso que no pude no quebrarme ante esta casi palpable certeza...

No sabe qué reza pero sí que reza.
Por eso su plegaria es cristalina. Perfecta.
San Pablo diría “ya no oro yo, es Cristo que ora en mí.”
Pilar dirá: “todavía no oro yo, es Cristo quien aún ora en mí.”
Entre el niño y el místico, nosotros, en pleno proceso de expropiación.

De mi objeción anterior (“que aprendan los niños o neófitos las oraciones de memoria, en su materialidad, y las reciten secamente con empeño y constancia”) tal vez no fue claro que el meollo de lo que NO aconsejaría está en el único adverbio: secamente. Claro que han de aprenderlas de memoria (pero han de memorizarlas por su mismo ejercicio, ojo), y rezarlas materialmente, y ha de ser con empeño y constancia... pero no, nunca jamás SECAMENTE. Es decir: nunca jamás sin estar realmente rezando, que es lo que Pilar tiene claro como el aire que respira.

Lo del NO a la grilla es más complejo. Tal vez sea difícil de objetar doctrinalmente. Tan sólo diría desde lo empírico: no funciona. La persona queda vinculada (por no decir religada) al cuadrito más que al Dios vivo. Y el cuadrito es ella misma (de ahí que pueda fácilmente mover al narcisismo). Y aunque todo esto estuviera bien purgado y aceitado: cuadricular la expectativa que Dios tiene sobre mi vida, sobre mi día, sobre este minuto,,, no sé, me resulta un poco astringente. Ahí sí: apolíneo, ¿no lo cree CR?

Athonita

Anónimo dijo...

No había leído lo de Ruth: TAL CUAL!!!! Coincido plenamente. Suelo decirle a los tablófilos (no todos son tablólatras, reconozco): está bien, trato hecho. ¿Querés contabilidad? ¡Hacé contabilidad! Pero aseguráme que vas a llevar con igual minucia y justicia las dos columnas: la del debe y la del haber. Que no vas a dejar de asentar ni una sola Gracia recibida...

Natalio: el ejemplo litúrgico: PERFECTO! Todo este tema tiene un link interesante, pero temo se nos prenda fuego: la edad de la primera comunión...

ath.-

Eduardo Mangiarotti dijo...

Athonita, Independientemente del autor de la imagen, el concepto de perijóresis tiene dentro de sí el de "danza en ronda". En Greshake hay más desarrollo sobre el tema, si mal no recuerdo

Natalio Ruiz dijo...

Como parecía al comienzo resultó ser una cuestión de matices.

No obstante, para aclarar el mío y ser verdaderamente honesto, les cuento de dónde me viene.

Siempre he sido un fanático contradictor de los cuadritos y, más en general, de la espiritualidad que lo causa y lo rodea. En mi ambiente veía cuadritos y cuadriteros a diestra y siniestra (de diversos “tipos”).

Con el tiempo, un día me descubrí sentado en un primer banco rezando: “te doy gracias Señor porque no soy como ese de allá en el fondo que sólo viene porque tiene la obligación de pasar a saludarte en el lugar que visite, te doy gracias porque no te adoro todos los días como él durante 15 minutos, te doy gracias porque no comulgo todos los días como él, te doy gracias porque no rezo y medito el Evangelio todos los días como él, te doy gracias porque no tengo la necesidad de andar mortificándome para ser mejor….” Y me di cuenta de que algo estaba mal.

¿Me puse a hacer cuadritos? Jamás. No puedo espiritualmente primero porque soy vago y asistemático y segundo porque estoy convencido de que ese tipo de espiritualidad no va conmigo.

No obstante, creo que para tiempos como los actuales y velocidades como la del mundo cotidiano (no la del Athos, evidentemente), puede ser de ayuda o utilidad para el que tenga ese “tipo de espiritualidad”. Indudablemente mientras que esté bien hecho, con espíritu y contenido.

Algo similar me hizo acercarme a los judíos para entender más la cuestión. No podía creer que fuera una religiosidad tan primitiva como la que resulta de la caricatura que occidente moderno hizo del fariseísmo. Y al acercarme descubrí que la crítica al fariseo de caricatura encubre un modo más oculto y más dañino de fariseísmo. Entendí que las críticas de Cristo iban mucho más allá de lo que la interpretación “fácil” nos hace ver y encontrar a muchos “fariseos”.

Bueno, se me va demasiado largo pero da para seguirla mucho (puede dar para varios post).

Respetos.

Mary Lennox dijo...

Mi estimado Athonita:
Yo no dije que un niño o un neófito no rezaran en serio solo que estaban en el primer escalón, que recibían la fe de oídas, pero nunca que no creyeran... o que no rezaran... hay una diferencia muuuuuuy grande entre decir "está en el primer escalón" a decir "está fuera de la escalera". La vida espiritual es una paradoja que mantiene en tensión (como nos gusta este aspecto) tiempo y eternidad, las oraciones siempre son oraciones sea al comienzo o sea al final, eso es algo que uno lo puede ver en la vida y en la historia de los santos, lo que no quita de que haya etapas y de que haya un desarrollo; no nacemos perfectos, somos anfibios como dice Lewis y nos movemos en el tiempo por mas instantes que haya en nuestras vidas y necesitamos perfeccionarnos, de a poco "piano piano si arriva lontano" dicen por acá. Eso no quita que nuestra oracion no sea verdadera en cualquiera de los estadios, los que cambiamos somos nosotros. ¿Se acuerda cuando Lucy se encuentra de nuevo con Aslan y le dice que lo ve más grande, y Él le responde que la que está más grande es ella? lo mismo sucede en nuestra vida espiritual, no es que al principio no lo vemos en serio, como Lucy ella lo veia y amaba en verdad desde el principio, pero cada vez vamos creciendo más, cambiando, aumentando gracias a la Gracia y gracias al Amor y por eso como Lucy lo vemos más grande. Es eso lo que esta dentro de las etapas, que queria distinguir porque parece que se confunde el momento de sequedad con la etapa de la vida espiritual y son cosas diversas que van juntas aldi là (aparte) de la perfeccion o la realidad de nuestro contacto con Dios en la oracion.
Sobre los cuadritos: pueden ayudar si uno piensa lo que son... una agenda y nada más; un ayuda memoria pa personas que necesitan, como Neville Longbotom un recordatorio, pero pueden ser desastrosos pa las personas obsesivas y escrupulosas; que en los papeles son las que en realidad no los necesitan y usan desesperadamente. Ese es el problema de los cuadritos un medio que se transforma en un fin es como usar las rueditas de la bici cuando ya se sabe andar.
En fin me despido con un cariño a todos
Mary

Anónimo dijo...

mary, me parece que el atonita justamente le objeta que el niño esté en el primer escalón. para él porlo que entiendo, el niño está en el último escalón: es el que mejor reza. Después viene el reuma... Me agrada el planteo, pues tengo niños y ahora entiendo mejor que mas que enseñarles a rezar debo aprender de ellos. gracias atonita. jorge

Mary Lennox dijo...

Jorge:
Claro que de un niño se puede aprender mucho, pero ahí está la paradoja, lo que asombra a la razón, esto no quita que haya estadios y etapas, lo que hace es hacerlas más ricas. No hay que pensar las moradas como como una cuadricula o como etapas delineadas de acuerdo a la edad... eso nunca sucede. Yo nada más hablaba de no confundir el estado de animo con las moradas.
En fin eso era todo amigos
Mary

Natalio Ruiz dijo...

Mientras acá discutimos quién reza y cómo reza, quién obra y cómo obra Don Parresio reavivó una polémica inconclusa en Liturgia Sacerdotal: ¿La Iglesia es casa de Dios o casa del Pueblo de Dios?

Yo retomé el tema en esos comentarios pero es un recordatorio para el monje y el seminarista que nos deben el debate electoral...

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

Está bien. Acepto el duelo.-
En un orden absolutamente práctico y no de escritorio, el tema acaba de pasar por mi cabeza, en busca no de razones últimas sino de un juicio práctico: estamos haciendo remodelaciones en el templo del monasterio, y está solemnemente consagrado, con crisma en todos sus muros, conforme lo manda el Rito. Y veía a los obreros salir campantes con carretillas llenas de escombros y pensé: ¿eso se tira así nomás o es cosa santa?
Por las dudas, lo mandé enterrar con decoro.-

Respecto al devaneo en curso y todo lo que hemos revuelto entre todos, a mí al menos, me queda como lo más espeso y sabroso de esta sopa la interesante distinción entre saber qué rezo y saber que rezo. Me hizo acordar al padre Ferro (pobre viejo, lo tengo cerca ahora y ya no gruñe como antaño; es un tierno) que solía decir quod sit et quod sit, acentuando con aparatosa mueca una u otra palabra para enfatizar la esencia o la existencia del ente.
Y aquello de Balthasar en Oración contemplativa, sobre la tensión del orante ante el amado, fluctuando con lúdica libertad en disfrutar qué (o cómo) sea el Amado, y el vertiginoso factum de que Sea, ahí, sin más, ante mí.

La plegaria tiene un esse propio, que es divino. Es vínculo, sin más. Como dice san Juan Clímaco: “No se aprende a ver: es un efecto de la naturaleza. Del mismo modo, la belleza de la oración no se aprende por la enseñanza de otro. Ella misma hace de Maestro de sí misma, pues es Dios; y Éste da el Don de Sí a quien reza.” (Escala, Grado 28).

Feliz Octava de la Trinidad (¿?). Semana de la inhabitación trinitaria.
Que el Dios que es Oración —amoroso y atento Vínculo de Tres— nos avive, mueva y realice la plegaria de cada día.

el Athonita