viernes, 10 de julio de 2009

NO ACLARES, QUE OSCURECE

EL PELIGRO DE DESPRESURIZAR EL MISTERIO
Cada sombra es una esperanza; cada luz prendida, un desengaño
Vindicación de la Magia, Alejandro Dolina

“Hay cosas que sólo se perciben a media luz”.
La frase pertenece a una de esas novelas intensas del inmenso Tolstoi: Resurrección. Aunque cabe decir, sin riesgo a estar exagerando, que la máxima resuena como un pedal de fondo de la Literatura occidental completa. Cambiándole apenas una o dos palabras, puede estar en boca del Zorro del Principito, del Padre Brown de Chesterton, de algún cura borracho de Graham Green, en un poema de Dante, Rilke o Claudel y cómo no, en boca de los hombres sensibles de Flores: esos muchachos porteños que el desopilante Dolina pone en pugna contra los Refutadores de Leyendas.
La penumbra, el entrevelamiento, no sólo como clima o atmósfera, sino también como una táctica cognitiva para acceder a ciertas realidades a las que ni la nocturna oscuridad, ni la estridencia cenital favorecen.

¿A qué me refiero con “ciertas” realidades?
A todo aquello que es más de lo que es.
Es decir, que cuenta con un frente y un fondo; cálido y frondoso traspatio al que no se accede más que desde el prolijo frente.
Claro, en verdad de todo lo real podemos decir que cuenta con forma y figura hasta la sepultura... pero hay cosas y cosas. O mejorado: hay traspatios y traspatios.
Fácil es sospechar las razones por las que la oscuridad entorpece el acceso. Pero, ¿qué daño puede infligirle el mezzogiorno? Titila el cursor mientras me debato entre dar la fatigosa explicación filosófica o decirlo en sombras... Tal vez de entre las cosas que sólo se perciben a media luz esté la misma explicación de que hayan cosas que sólo se perciben a media luz...
Pues digamos entonces tan sólo que la luz meridiana, esa de la hora sin sombras, desluce por completo el encanto del traspatio en juego.
Un niño soplando un panadero; un anciano absorto en sus propias manos, hamacándose al crepúsculo; el asombro ante un regalo inmerecido; un potrillo en la punta de un cerro mirando quedo el planeo de aguiluchos; el aroma a tierra mojada y el dominó de recuerdos que destraba; la henchida gota de lluvia colgada del alambrado; el extraño silencio previo a una nevada... son más que eso. Y a ese “más” sólo se accede a media luz. O mejor, ese “más” sólo esplende a trasluz.

Bien. Y yo proclamo, sin más preámbulos: el Cristo viviente, Señor y Dios nuestro, presente y presenciable en medio de nosotros, es una de esas “cosas” que sólo lucen a media luz.

Pero retrocedamos algunos casilleros para tomar envión desde el terreno firme de las rocosas verdades teológicas.
Dios, Realidad infinita, ha resuelto darse a conocer. Y no parcialmente sino del todo. Todo Dios cognoscible en la Carne de Uno de la Trinidad.
Este desafío divino no es menor. ¿Cómo hacer para que este Universal concreto, Infinito preciso, sea “entregable” de un modo completo y cabal a la percepción del diminuto microbio humano? Para san Juan Damasceno, por ejemplo, no hay milagro más grande que éste. Y dirá, hablando de la deslumbrante Transfiguración en el Tabor, que ese episodio es de algún modo el intervalo, la escueta interrupción del auténtico milagro, que es el del resto de la vida oculta y pública de Cristo: el milagro continuo de lograr conservar en serena opacidad el indomable refulgir de su flamígera condición divina.

Y Dios, en su asombroso ingenio, le puso nombre a este milagro continuo: se llamará Misterio.
¿Qué es el Misterio? No es lo recóndito, lo inaccesible, la recámara secreta intratrinitaria donde Dios custodia bajo siete llaves ciertas intimidades divinas que no está dispuesto a revelar. No. Misterio es la salvífica Voluntad divina resuelta a darnos a conocer el bagaje completo de su Ser, sin recortes ni censuras.
Lo que sí: “comprimido”. Es —nos guste o no— el único formato factible.
A esta increíble y asombrosa compresión de información —inevitable para hacer posible la transferencia de datos al diminuto disco humano— se le ha llamado en la Escritura y la Tradición: “el Misterio”. Invalorable destreza divina que hace capaz de apretar el Océano completo en un dedal sin dejar en la cuenca una sola gota.

Y acá entra en escena una de las confusiones más ramplonas en que se ha enredado nuestra generación eclesial.
Y es considerar como sosias del misterio, lo misterioso.
Minúsculo malentendido (parvus error in principio), que se tornó con las décadas descontroladamente inmenso (magnus in fine).
La raíz del malentendido es evidente: un mal ejercicio de etimología. Pero también —convengamos— por rozarse ambos conceptos en cierto segmento. Veamos.

Lo misterioso dice secreto. Alude de algún modo a una intención de ocultamiento, a un querer esconder, a una privación deliberada de divulgación. Lo misterioso, por tanto, es lo contrario a lo transparente, a lo diáfano, límpido y franco.
Pero lo diáfano, límpido y franco son características propias del Misterio, que es —digámoslo una vez más— la genuina e ingenua, cristalina y abierta expresión de un Dios sin disimulos. Lo que ocurre es que el Misterio es una realidad infinita, y por eso mismo, sin contornos; y por eso mismo, inasible. Es un objeto sin fondo. Y en esto es que se acerca al concepto de misterioso. Pues, al igual que éste, no se termina de conocer. Pero a diferencia abrupta con éste, tal fenómeno se da no en virtud de una intención de ocultamiento por parte del sujeto sino en virtud de lo ilimitado del objeto.

Lo misterioso encripta deliberadamente su diminuto objeto.
El Misterio expone abiertamente[1] su inmensidad.

“Os he dado a conocer Todo...” dice el Señor (Jn 15,15). Pero este “Todo” eficazmente entregado, precisa de un delicado “descompresor” que complete el milagro y haga contundentemente posible que el Hombre conozca a Dios.
Y a esto es que llamamos —con la complicidad de todas las artes bellas— la insustituible “media luz”.
La media luz, como un demorado goteo de cristales, derrama suavemente las gigantescas Verdades divinas, en el inerme y minúsculo corazón humano, cual si fueran levísimas hojas de otoño zigzagueando su cauto aterrizaje.

El Misterio —ampliando la gama de analogías— es como la belleza con que un niño puede ser candoroso, transparente y tan a la vez tímido y callado. La franqueza de ese niño equidista notablemente del desvergonzado y desinhibido farabute, cuanto del chico raro y retorcido, intrigante y rebuscado, cargado de oscuros secretos y mentiras.
El Misterio, como luna llena de Pascua, equidista en su estilo lumínico tanto de la estridencia solar como de la noche cerrada.
El Misterio, como dice el Señor, es la pascua del ver: “me verán... me dejarán de ver... me volverán a ver” (Jn 16,16).

*****
El Concilio, en su acorde inicial (SC 1), blanqueando de entrada su nítido y límpido propósito de incrementar, vigorizar (áugere) la vida de los cristianos, decide arrancar por una punta crucial: la Liturgia de la Iglesia, a fin de desempolvarla[2] y promoverla en orden a este “áugere”. Y dirá sin dilaciones que el meollo, la brújula, para ejecutar este “instaurandam atque fovendam” consistirá en repensar cómo expresar el Misterio, que es “Mysterium Christi”. Desglosado un poco, pormenorizan los Padres conciliares: cómo expresar esa maravillosa tensión paradojal entre lo humano y lo divino de la Iglesia, que también es en sí misma Misterio; cómo expresar y articular la plena dependencia y referencia de lo visible —que abunda en su fisonomía terrena— al orden invisible, al cual se ordena y subordina[3] como lo hace lo humano respecto a lo divino, su presencia terrenal respecto a la Jerusalén Celestial.
Cómo —diríamos desde lo ya dicho— descomprimir correctamente el Misterio en el corazón del hombre de hoy. Procurando evitar los dos fracasos posibles: que falle el proceso y el destinatario se quede con un “punto rar” absolutamente ininteligible; o bien, que se descomprima correctamente, pero el desopilante peso destroce el disco, y se cuelgue todo y este pobre hombre se quede sin revelación ni sistema.

Prosaica analogía me ha salido. Volvamos más bien a la analogía estética, pues desde la Belleza se entiende bastante mejor cómo es esto de velar y revelar en graciosa y lúdica dinámica. O bajemos, mejor aún, a los hechos contundentes...

¿Qué distingue al “Ecce quam bonum” del “Toma mi mano hermano”, o el “Ubi Caritas” del “Como Cristo nos amó”? ¿Tan sólo –más allá del idioma- un detalle de estilo, de ritmo musical?
No. Hay algo “más”. Y este plus es la media luz, la penumbra en que lo sacro se revela y vela a la vez, en un inatrapable juego de amor, que nos deja “pagando”; que deja al alma —diría fray Juan, en preciosa onomatopeya— en un no sé qué que queda balbuciendo.

La confundida pretensión pastoral de los años setenta, afanada en “echar luz” sobre el Misterio, a fin de sacarlo del supuesto oscurantismo en que la Iglesia vieja encriptaba las verdades de la fe, fracasó.
Los polvos del oscurantismo se tornaron lodos iluministas. Y —como remataría Jesús— el final de ese hombre fue peor que al principio...
¿Qué pasó?
Prendimos todas las reflectoras que encontramos a mano sobre el inerme ícono de Cristo. Buscando —ciertamente, y valga decirlo con todas las letras— ponerlo en relieve, ofrecerlo sin escatimosos recortes, sin disimulos ni claves, a la lectura franca, desnuda y abierta de todos fieles.
Pero arruinamos el cometido.
Lo saturamos de luz y le rompimos el encanto. Sí, dije bien: el encanto.
Pues se trata de eso: de un encantamiento que ejerce el Misterio cuando se le permite manifestarse por sí mismo, sin iluminación artificial, sin traductores simultáneos, ni subtitulados, ni comentadores ni aclaradores.
Como le dice Lewis a Malcolm, cuando la descripción (del Misterio) cobra la forma de algo minuciosamente bueno y logrado, se torna inexorablemente falsa.

Y algo de esto nos pasó.
El suave susurro, el manso y sereno silbo del Misterio, fue ahogado por la estridencia de lo que se nos había tornado una obsesión: explicarlo todo.

¡No lo aclares que oscurece! parece suplicarnos hoy el Misterio mismo, cuando interferimos su estilo comunicacional, su exquisita “media luz”. Pues no se cumple en esto lo del dicho popular: lo que abunda no daña. Aquí, lo que sobra, estorba. El exceso no es un simple desecho prescindible, sino que genera su efecto contrario. Como el confianzudo genera desconfianza; como el pacifista desata agresividad; como el exceso de ruido deja sordo y el silencio dilata la capacidad auditiva.
Así, quien procurando alejarse de una religión mistérica, oscurantista, iniciática, promueve un acercamiento excesivo al Misterio, un acostumbramiento, una desmedida “familiaridad”... corre el riesgo de que se le cumpla el Evangelio del domingo pasado (Mc 6,1-6).

Jesús es taxativo: nadie es profeta en su tierra. Lo interesante y no siempre reparado es que el impedimento no es coyuntural. Esta imposibilidad de hacer milagros en Nazareth no obedece a una obstinación puntual y casual de los nazarenos de turno. De ahí que el Señor traiga a colación la inexorable profecía. La excesiva familiaridad no favorece la fe de nadie; no favorece —objetivamente— el acceso al Misterio.

El misterio es como la belleza: se da a quien se le acerca en puntas de pie, y se repliega ante quien la aborda con atropello. El Misterio, al igual que la Belleza —que es Nombre divino— fascina y cautiva en la sola y justa medida en que provoca. Y provoca porque se muestra y oculta a la vez. En la misma medida en que se expone franca y límpidamente, lo expuesto produce la inconfundible experiencia de haber un “más” siempre inasible, como lo es el horizonte, que por más que lo corramos, se corre con nosotros. Y esa experiencia de haber siempre un “más” inatrapable... cautiva, encanta, nos mantiene en vilo, atónitos, enamorados.
Quien, en medio de este proceso, nos prenda abruptamente la luz, nos quiebra el clima y nos arruina el encuentro.

Y me pregunto demorado: eso que la penumbra es a la visión, ¿qué será respecto a la escucha? Pues hay un hablar y un callar; tajantes ambos. ¿Pero qué se dice del orden del verbal cuando éste logra instalarse en ese umbral de bronces y cobres de aurora? San Benito dedica un capítulo entero a este tópico: De Taciturnitate. Y sí, es eso mismo: el taciturno no es ni el mudo ni el locuaz. Es el que habla, piensa y hasta reza “a media voz”. Como contempla “a media luz”.

En esto anda la Iglesia. Procurando reencontrarse con la mistagogía. Para restituir el encantamiento perdido.
Sí: perdido. No es bueno engañarnos más en esto.
Así como le hace daño al país el autismo del gobierno negando la inflación, negando haber equivocado el rumbo, y trastocando los números del Indec; tampoco en la Iglesia nos sienta bien insistir en una supuesta “primavera” en que fructificaría el Concilio, cuando en el año 50 iban a Misa 13 millones de católicos y hoy sólo van un millón setecientos mil...
Algo pasó. Algo hicimos mal.
Y si bien difícilmente ese “algo” admita el singular y sea un complejo conglomerado de asuntos, me atrevo a ubicar en la cumbre del ranking a esta cuestión: desencantamos el Misterio, cuyo poder de fascinación corría enteramente por cuenta propia. Queriendo aclararlo, lo oscurecimos todo.

Si hay un camino de retorno —como parece estar abocado a diseñar nuestro amado Papa Benedicto— éste ha de tener como eje transversal la recuperación del sentido del Misterio.
Dicho en positivo: nos urge aceitar una auténtica mistagogía.
Dicho en negativo: nos urge acallar a los ruidosos explicadores. Y esto, en todos los órdenes: al exégeta que quiere apabullarnos y “desencantarnos” la Lectio divina con su fruncido criticismo histórico, habrá que decirle —amablemente—: ¡no aclare, que oscurece! Al moralista o director espiritual que quiere cuadricularnos en tablitas y planillas de cálculo el estado de gracia y pecado en que nos hallamos, habrá que decirle —insisto: amablemente— ¡no aclare, que oscurece! Al animador litúrgico, empeñado en atorarnos con sus minuciosos guiones y carteles, habrá que decirle —con no menor amabilidad— ¡no aclare, que oscurece! E via dicendo...

Y entonces, cuando todas las nerviosas voces se apacigüen, y las estridentes luces se entrevelen, y el Misterio desnudo y abierto quede nimbando en sereno susurro ante el Hombre actual, éste podrá hacer la experiencia que han hecho todas las generaciones: constatar que Dios no estaba ni en el trueno ni el huracán, ni en el chirrido de trompetas ni en el tremolar del orbe... sino en la brisa ligera que vela y desvela la amorosa identidad del Dios auténtico, tan íntimo y cercano como inatrapable. Y entonces, la cosa andará, porque, como dice el Principito: Quand le mystère est trop impressionnant, on n'ose pas désobéir.



el Athonita




[1] “Yo he hablado abiertamente al mundo” (Jn 18,20). Este denso adverbio “palam” o “parresía” admite espantosas traducciones. Lo abierto como modalidad es un modo muy logrado de decirlo en castellano sin contaminar el concepto con lo explícito, lo desinhibido o lo exhaustivo. Abierto —cuando de Cielo se trata— incluye el rasgo de inconcluso.
[2] Valga acotar que el verbo orfébricamente escogido por los Padres conciliares es el verbo “instauro” que dice refrescar, restablecer, revitalizar, renovar, volver al origen; no “reformar” como se suele traducir torpemente.
[3] Visibile ad invisibile ordinetur eique subordinetur (SC 2).

65 comentarios:

Santopoco dijo...

Quedé maravillado, mi estimado Athonita.

Una aparente paradoja empezaría con la siguiente pregunta: ¿pero Cristo no es la Luz que brilla en las tinieblas?

Quizás un comienzo de solución sería hacer la distinción. ¿Para descubrir al Hijo de Dios hay que entrar en la semi penumbra clara del Misterio pero, lo que se descubre ahí es la Luz que iluminará el conocimiento y el amor hacia toda otra realidad (incluyendo el autoconocimiento y el amor a uno mismo)?

No sé si he sido claro en mi pregunta. Estoy en asueto sanitario.

Le desea Paz y Bien,

S.

Serafina dijo...

Qué buena lectura de la realidad. Estoy totalmente de acuerdo y como catequista llevo años buscando afinar el instrumento, un punto que no ilumine demasiado ni que oscurezca del todo y que no sea un "ni"...Escribí lo sgte que creo que está en bastante sintonía.
"Con relación al método de catequesis, podríamos considerar dos realidades: 1- En los últimos años, gran parte del pensamiento teológico tendió hacia lo abstracto e intelectual. Como resultado de esto la catequesis abandonó el elocuente lenguaje de las imágenes, favoreciendo las definiciones teológicas y las explicaciones. Este enfoque trajo como consecuencia que el
“ Anuncio” fuera definido o explicado y presentado a los niños sólo desde la perspectiva intelectual, como quien da sólo información. Por eso es importante encontrar un método que transmita todo el contenido del anuncio religioso y no lo limite, ya que el contenido es el Misterio de Dios que es infinito.
2- Proponer un método que ayude a conocer y amar al Señor Jesús. Un método que asegure la objetividad que se nos pide y que evite el riesgo de empobrecer la Palabra de Dios con nuestras palabras".
El texto que acabo de citar está en el contexto de una búsqueda del "cómo" presentar una catequesis que cumpla con el objetivo de la misma que es poner a la persona no sólo en contacto sino en intimidad con Jesucristo. ( CT 5)
Y la propuesta es hacer una catequesis mistagígica, basada en los signos litúrgicos entre otras cosas.

Mi opinión es que hay que tener muy buena cintura para saber definir lo que es definible, por aquella frase del " que de las cosas encierra el secreto de como vivirlas" y saber callar a tiempo y darle el protagonismo a otro tipo de lenguaje, que es bien expresivo, elocuente y tiene un impacto diferente y me animo a decir que mas completo...
Pero también es cierto que el hombre de hoy no sólo ha perdido el sentido del lenguaje en general sino que también ha perdido la capacidad de reverencia para acoger la realidad que se nos manifiesta a través del lenguaje simbólico.
El tema da para largo y para mucho... Me parece bien seguir la reflexión que en el fondo es volver a preguntarnos "Iglesia que dices de Ti misma"... con todo lo que eso implica.
Serafina

Parroquia dijo...

Acuerdo con usted, estimado athonita, en que como Iglesia, andamos "flojos de papeles " en cuanto a la graduación luminica con la cual adentrarnos en el Misterio. Creo que el "quid " está en nuestro encuentro en penumbras con la Luz, que es Cristo y que como expresa Santoco " iluminará el conocimiento y el amor. Se trata , creo, de ser creativos pero SOLO desde el encuentro personal con el Todopoderoso, que es el único que nos puede des-asnar y a traves del Espíritu que " os enseñara todo "
Es solo una pincelada post-prandial y pre-siestal

Anónimo dijo...

Estimado Athonita y cía: el tema (si así puede llamarse) del Misterio siempre me ha llamado mucho la atención y por eso les acerco un pequeño fragmento del celebérrimo articulo "Sobre el concepto de Misterio en la teología católica" de Rahner (Escritos de teología tomo II, creo).
Me parece que líneas más líneas menos coinciden en muchas cosas. Les recomiendo vivamente que lo lean completo. Tiene algunas partes escabrosas muy propias del alemán pero no teman... es cuestión de animarse.
Finalmente Rahner dixit:
"El misterio es lo que se entiende de por sí. Ya dijimos que el misterio es lo que no se puede remontar. Gnoseológicamente y existencialmente es la amenaza y la paz bienaventurada del hombre. Puede provocar su protesta porque le obliga a abandonar la mansión limitada de la claridad aparente de los datos de sí mismo para salir a lo que carece de caminos, "aunque es de noche"; parece que fatiga al hombre sobremanera, que le plantea exigencias excesivas y de dimisiones gigantescas, que le impulsa apremiantemente al dilema de arrojarse a la aventura inútil e incansable de trabar relaciones con lo infinito o, desesperando de ella, y, por esta razón, amargado de verdad, a parapetarse en la estrechez asfixiante de su finitud penetrada.
Y, sin embargo, el misterio es la única paz para quien se confía a él, para quien le ama humildemente, para quien se entrega a él sin angustia, con cabeza y corazón. El misterio es la luz y tranquilidad eternas.
Mientras se mida la altura de un conocimiento según su "comprensión" y se crea saber lo que es claridad y comprensión -aunque en su verdad última no se sabe de ningún modo-, es decir, mientras se crea que la comprensión que analiza y reduce, que deduce y domina es más y no menos que la experiencia de la incomprensibilidad divina, más que el dominio bienaventurado por la misma luz inaccesible, que justamente cuando se da a sí misma aparece como inaccesible, no se ha entendido nada del misterio y nada de la verdadera esencia de la gracia y de la gloria."
Mejor, avancemos a tientas.
el Fennian

Eduardo Mangiarotti dijo...

Me encantó la reflexión, con esa prosa jugosa y barroca característica del athonita (A mí la metáfora cibernética me encantó, será más prosaica pero tiene su chispa, o quizás es simplemente que soy un posmoderno tecnoadicto).

Ahora, tengo que permitirme (con el mayor de los respetos) disentir con el diagnóstico sobre la pérdida del sentido del misterio en el post-concilio. Me parece que hubo un poco de todo, y me pregunto si tanto sentido del misterio había antes. Por lo menos de las conversaciones con mi párroco (hombre realmente versado en liturgia, no como yo), no fue tan así ni una cosa ni la otra.

Es un matiz para seguir charlando. Más allá de eso, creo que es necesario seguir trabajando esa dimensión mistagógica, que no siempre se riñe con algunas expresiones más contemporáneas de la liturgia. Yo trabajo mucho con jóvenes y no deja de sorprenderme como resignifican muchos elementos muy tradicionales de la liturgia y los incorporan a sus encuentros de oración (como el lavatorio de pies, la adoración eucarística, el incienso, etc.). Creo que ciertamente ha habido elementos de la Ilustración en ciertas aplicaciones de la reforma posconciliar: simplificación excesiva, explicación excesiva... pero hay que andar con cuidado para no cortar trigo y cizaña al mismo tiempo, que al fin y al cabo fue el error de varios en la reforma, ¿no es cierto?

Aprovecho para agradecer el comment del dueño de casa en mi último post. Su visita es un honor, como siempre.

Anónimo dijo...

Yo no tengo la formación adecuada,
para opinar del asunto. y como tampoco toco ningún instrumento puedo decir que toco de oido. Pero si quiero hablar desde el Corazón:
Muchas veces el encanto se pierde cuándo vivimos de forma natural, acontecimientos que son sobrenaturales.Creemos que el pan DEBE multiplicarse todos los días, o DEBEMOS ver con claridad, lo que la teoría cristiana nos enseña.
Me "Encanta" cuando no es la teoría sino de la experiencia nace una especie del destello del Misterio.
Y en la Oscura Noche, muchas veces lloro mi falta de Claridad y del instrumento que no refleja ni un porcentaje de tanta Luz Gratuita.
Hay días que necesito aclaraciones, porque me quedo en un silencio, sin respuesta.
Pero hay días que disfruto de la penumbra,de caminar descalzo en mi casa sin luces, de memoria, porque la vela interior está encendida y muestra el sendero.
Si hay algo que me apasiona del Misterio, es que me Invita, me seduce para llevarme al desierto y hablarme al Corazón.
Jamás lo he visto como una luz cegadora que tapara mi Libertad.
Por eso Athonita el encanto se pierde sobretodo a mi parecer cuándo hablan de Abrazos en vez de abrazar, hablan de pupilas dilatadas o contraidas y no Miran,
Gracias por volverme con palabras, hacia la Palabra, gracias,revelar algo del Misterio y volverlo a guardar, y sobretodo, Gracias por invitarme a conocerlo más.

Mendoza desde Madrid

Mary Lennox dijo...

"Y todo a media luz
crepúsculo interior
que suave terciopelo
la media luz de amor..."
Canta el tango y parece que el Athonita se inspiró en Corrientes 348 (por la cantidad de veces que repite “y todo a media luz”); pero dejando las bromas y el otro tipo de amor que se refiere aquel tango, podemos pensar que la media luz nos lleva a la intimidad del corazón con el Misterio. En esto disiento con Rahaner, en la media luz no andas a los tropezones sino que tenés la medida justa de luz para distinguir a tu amado pero a la vez la oscuridad necesaria para lograr la intimidad con él. Por eso pensaba que el velo del templo se rasgó y no desapareció, ya que al rasgarse nos da la posibilidad de pasar a la intimidad de Él y conocerlo, pero permaneciendo Misterio, conservando la solemnidad y la sutileza que hacen a su belleza.

Saludos desde Juncal 1224

Mary
P.S.: Que va ser volví a Buenos Aires volví al Tango, si perdonaron la comparación informática van a perdonar a Libertad Lamarque¿no?
Mary

el Athonita dijo...

¡Qué lindo ver el living lleno de gente y gente tan querida!!! Lo gracioso y trágico del caso es que el dueño de casa no está... y con Santopoco hemos de hacer de anfitriones... ¿habrá que darle “respetos” a cada uno como hace Natalio? Yo no sé ni dónde este buen Ruiz guarda sus vinos y quesos para empezar a armar el copetín...
Doy un amplio saludo a todos, en esta bella mañana de san Benito. E iré –-si me dan algo de tregua— ofreciendo diálogo a algunos de los aportes, todos intensos y sabrosos. Y variados!!! Mary: fijate si encontrás en algún rincón el aparato de música, así ponemos a Lamarque, mientras Santopoco –que conoce mejor la casa- da con los vinos y desencorcha alguno. Prometo a la noche hincarle el diente al “caliginis radium” (rayo de tinieblas) que plantea Santopoco, al cuestionado Rahner (¡agarráte Catalina!!!, diría Libertad), al CT de Serafina, a los polvos y lodos del pre y pos Concilio, y al velo rasgado, que tan bien supo comentar san Anselmo al hablar del entrevelamiento que nos atañe,,, y a lo que vaya saliendo en la conversación.

Respetos, diría el Ausente

Santopoco dijo...

Entre tranquera y tranquera, Natalio encontrará algún lugar con wi fi. Siempre lo encuentra.

Descorcho el último Frascati que nos queda y espero, en el día del Santo de Occidente, las "hincadas" (o quizás dentelladas) de el Athonita.

S

Ruth dijo...

¡Bellísimo post, Athonita! ¡BELLÍSIMO!

Me disculpo con Natalio y los demás amigos porque me es (casi) imposible hablar de la Liturgia sin referirme al Oriente. Pero las mujeres son así: cuando están enamoradas no pueden no hablar de su amor; sepan perdonar mi enamoramiento oriental.

En mi opinión, el Rito Bizantino (y pienso en el ruso porque es el que más conozco) se expresa continuamente a media luz. El iconostasio es un muro que oculta u oscurece el Santuario, pero los íconos son ventanas por donde entra la Luz. Cada ícono de Cristo está en penumbras, porque no es la oscuridad hebrea que no representa a Dios, ni el realismo fluorescente que muestra sólo un hombre. La Divina Liturgia es cantada, evitando el opaco silencio propio de la oración personal, y también la nítida estridencia del hablar cotidiano.

Coincido en que hoy hay un exceso de luz, pero a veces tengo la impresión de que inmediatamente antes del Concilio la Liturgia se encontraba en una penumbra sin encanto. La luz del atardecer es una de las más bellas del día (para mí, la más bella), pero un segundo después de que el sol se pone, aunque se pueda hablar de "luz crepuscular", ya no es la penumbra del sol que atraviesa las nubes, sino la penumbra de la noche; perdió el encanto que enamora.

¡Muchas gracias, Athonita, por la reflexión a media luz!

euge dijo...

Hola!

Bueno, la verdad es que me quedé muy emocionada con lo que leí. No tengo la versación de los que opinan aquí. Sólo puedo hablar desde mi mettiez que es la Música. Y cuento por qué me dediqué y me sigo dedicando a ella con pasión y sin pausa. Siempre me impactaron los sonidos, por ellos mismos. Empezar a estudiar con una disciplina rigurosa implicó muchas veces dejar el asombro de lado. Digo: si uno está escuchando PARA saber qué pasa con la armonía, la estructura formal, la sintaxis, la instrumentación, etc. evidentemente se pierde lo que hace poquito empecé a redescubrir(gracias a la docencia): la maravilla de sentarse absolutamente despojado de toda esa artillería analítica y escuchar "ignorantemente" sintiendo. Así, los catorce minutos del 1º movimiento de la Sinfonia Eroica de Beethoven (por citar un "ejemplito" de los que usé para castigarme)se volvieron una increíble sucesión de los más diversos estados de ánimo!
Creo que con este relato también estoy diciendo que "el que aclara oscurece" y también podría decir "el que aclara, enfría". Enfría porque, tratando de poner cada cosa en su lugar mediante una explicación minuciosa, no dice (porque sería una cachetada a la objetividad científica) lo que alguien que ignora todo eso expresaría: MAGNIFICO, EXTRAORDINARIO, EMOCIONANTE. Aunque no sé si me enredo sola en lo que cuento, porque la verdad es que -como buen ratón de biblioteca- sí me gusta saber cómo es constructivamente una obra. PERO -ahora que lo pienso- creo que es para enmudecer aún más preguntándome cómo se puede ser tan original y emotivo ubicando notas en una estructura tan lógica y "predecible".
Esto en cuanto al creador, pero ¿qué pasa con el intérprete?. Hace poco escuché a uno de los más grandes guitarristas en vivo, en un curso. Durante la última clase de esa tarde tocó una pieza original para violín, La "Chacona en rem" de Bach. Luego de esa interpretación que erizaba la piel y llegaba directo al alma, se sucedió lo único posible: el silencio absoluto durante por lo menos diez minutos, a pesar de que nos dirijíamos a tomar la mediatarde como indicaba el cronograma. El silencio era fruto del impacto, nadie quiso NI PUDO hablar. Luego vino un comentario brillante de una de las alumnas (una profesional ya): es que Pablo (así se llama el guitarrista) es tan humilde que es como que la música pasa a través de él. Y sí, creo que esa es la cuestión. Lograr el delicado equilibrio entre expresarse desde uno mismo -con sus emociones y vivencias- y al mismo tiempo dejar que el oyente llegue al creador, sin filtro, en ese fantástico viaje espacio-temporal que la música posibilita. Poder llevar al oyente del sonido al silencio, porque sin silencio no hay música. Y no tener la necesidad de más reconocimiento del que merece ser simplemente el canal de transmisión.
No sé si lo anterior sirve como analogía. Lo que sí sé es que "rogando, pero con el mazo dando" quisiera con todas mis fuerzas ser ese canal en lo artístico y en lo espiritual.
Gracias por la invitación al espacio!! Espero no haber abusado de la confianza ni de las retinas de nadie con tanto caracter ja!

Un abrazo,
María Eugenia.-

el Athonita dijo...

Bien. No voy a cumplir todo lo que dije esta mañana. Entre otras cosas, porque no quiero atorar ni acaparar. Mejor, esto de sumar bocados de cada uno al asunto.
De modo que me ciño a dos ideas, de los mil links que permite este diálogo: lo primero es lo de la auto-expresión del Misterio. Tanto en su “qué” como en su “cómo”. Digo, porque se presta el post a sospechar que la media luz sea un punto lumínico a “fabricar” nosotros. Y temo que eso sería una impostación más, una artificialidad más. La penumbra es la atmósfera natural en que el Misterio “per se” se da y se expresa.
Cuando Pseudo Dionisio salió con aquella coincidencia de opuestos, planteando el Rayo de tinieblas, y un milenio después, san Juan de la Cruz retomó el asunto, ambos se esmeraron en acentuar esto que digo: es el Misterio mismo el que oscurece toda lumbre e ilumina toda tiniebla; es la Sabiduría de Dios secreta, que en secreto es arrullada a quien sabe esconderse con Ella. Y así, la Catequesis, la Liturgia, la Dogmática y Moral, más que inventar un modo han de apostarle al modo intrínseco del Misterio y deponer toda inventiva propia.

Lo de secreto y escondido tiene su flor de límite en castellano, por aquello que ya dije de la intención de ocultar. El idioma alemán juega con notable ventaja —y varios se aprovechan de eso, también Rahner en el mismo artículo que cita el amigo Fennian— pues “verborgen” dice sin intenciones, algo al resguardo, algo cobijado, guardado, sin ese toquecito intrigante que nos destilan los términos castellanos.

Se ve que Natalio no engancha el wi fi... si supiera que le estamos desvalijando la bodega!

el Athonita dijo...

Ah, no puedo acostarme sin aclararle al querido Padre Eduardo y a Ruth que coincido en que el preconcilio no fue un tiempo de gloria como algunos nos quieren vender. Y en lo que nos atañe, sin duda no promovió el Misterio. El ejemplo más patente es el casuismo moral, tan ajeno al Misterio de la Gracia, o la imaginería decadente... pero incluso en Liturgia se suele decir con gracia que “Toma mi mano hermano” y “CristoJesús en Ti la patria espera” equidistan con geométrica precisión del Veni Creator. Ambos son estridentes y carecen de “pneuma” con su machacante métrica. Como Beethoven (perdón Eugenia!!!) y su siempre predecible resolución. De ahí mi intento por decir que los lodos son los mismos polvos prediluvianos...

Anónimo dijo...

Se me ocurre que son coincidencias no fortuitas, sino previstas y provistas: y es la carta de la Flannery que copia Hernán González (Esperando nacer) en su último post ( http://hjg.com.ar/blog2/ ) sobre el exceso de interpretación, tan en sintonía con el post del Athonita.
Sí inscribo en el orden fortuito —aunque asombroso— que la escritora termine sin más: estoy atonita. Y como remata el dicho: ser o estar no admite distingos entre los gringos.

Creo que nos tienen rodeados... y atonitados. Deo gratias!

FRM

Serafina dijo...

Me gusta esta charla con variados ángulos del tema en cuestión.
Me enriquece.
Como catequista no intento inventar un nuevo método de catequesis sino el modo para no estorbar la transmisión del mensaje o para no opacarlo, siguiendo con el signo elegido. El athonista dijo alguna vez que intentar explicarlo mejor, refiriéndose a la Eucaristía, sería un grave y soberbio error. Coincido.
En lo personal las "aclaraciones" cuando son buenas, me empujan a "más"... y me permiten poner en categorías mentales lo que tal vez haya experimentado a otro nivel y me dejan un gustito de certeza y de unidad del ser.
La capacidad de asombro y de admiración, ( contrario a familiar) son el paso obligado para entrar en el Misterio... qué quiero decir con esto, que puedo asombrarme viendo un amanecer y volver a asombrarme cuando estudio el tema cientificamente. Esta aclaración no oscurece.
Creo que coincidimos que todo exceso es malo.
De chiquita, mi abuelo que era almirante, me decía que para la marina "aclarar sin causa" a un superior era motivo para quedarse encanado, es decir, quedarse adentro y no salir el fin de semana, me lo decía cuando yo quería aclarar ante alguna travesura sin que nadie me haya preguntado nada. Volviendo al Misterio, a la catequesis, la liturgia, etc, aclarar sin causa es lo que oscurece y el "sin causa" es haber entorpecido o impedido el encuentro con Dios. Lo que hay que acallar son los ruidos explicadores “falsos” o todo lo oscurece la Verdad.
Sólo puedo hablar desde mi ángulo que es ser, en primer lugar parte de la Iglesia y como tal desde la catequesis, y qué decir.... sin querer tirar la primera piedra, veo que la gente en general incluídos los catequistas, saben mas lo que dice la traductora de la Virgen de Salta que lo que dice Benedicto XVI, proponen una lectio sin importarles que dice “ en si” el texto, vamos directo a lo “sentiiiimos” y luego cantamos algo que sea emocionanteeeee. El sacerdote no reza el kyrie con los niños porque ellos son todos “buenos”, el pésame es preconciliar, el “yo confieso también” , han cambiado la palabra “pecado” por alguna menos “agresiva” ... faltita, errorcito... diablo, infierno, no se mencionan, así la gente no se nos va para la competencia... la imagen del buen pastor es anacrónica... y así podría multiplicar los ejemplos “oscurecedores” de la Verdad. Es la balanza que intenta equilibrar a la Iglesia de mediados del siglo pasado, donde ahora mencionar al Papa, al Magisterio, etc, es ser un conservador medieval y en el fondo un posible “oscurecedor” de los nuevos aires eclesiales. De ahí el intento, no por inventar un nuevo modo de expresar el Misterio, sino de hacerlo lo mas fiel a la Verdad.
Desde esta realidad, me engancho a decir palabra por palabra “ nos urge aceitar una auténtica mistagogía”.
No tomo vino. habrá alguna gaseosa?
Serafina

Anónimo dijo...

Yo quiero preguntar algo: Misterio, ¿es la condición de la realidad divina “in se” o “quoad nos”? Y si fuera respecto a nosotros, ¿esto es provisional o definitivo? ¿Con la visión beatífica se termina el Misterio? Y si fuera constitutivo objetivo del Ser mismo divino, me pregunto ¿Dios es Misterio para Dios?

Agradezco me ofrezcan algo de luz (o penumbra) sobre esta cuestión.

Y tengan a bien servirle una gaseosa a la dama... disculpándome de paso por haber llegado con las manos vacías.

JJTM

Eduardo Mangiarotti dijo...

Yo me prendo con la gaseosa. Con respecto a la pregunta de JJTM, me animaría a decir que en aspectos tan desbordantes, es poco lo que podemos llegar a aventurar. Me animo, sí, a decir lo que afirmaba Gregorio de Nisa cuando, explicando que nuestro camino espiritual aquí es "de comienzo en comienzo", siempre profundizando en nuestro incursión en lo indecible. Pero esto no se detiene con la visión, sino que el cielo será también el entrar cada vez más profunda y eternamente en el misterio.
Creo que en esto el amor de aquí es quien más nos ayuda a entender: uno por un lado se siente en paz y por otro sabe que siempre hay más por darse y recibir. Si así es acá... ¡cuánto más allá!

Cristián Dodds dijo...

Respetados comensales de Don Natalio:
Alzo mi voz no para refutar al Athonita (¿nos regaló una foto de su celda?) ni para hacer leña de Rahner, sino para repudiar la gaseosa que algunos han osado introducir: eso sí que corre el riesgo de profanar la cuestión. Al que no le guste el vino que tome agua. ¡In vino veritas!
El presidente del Club del Vino del Seminario de San Isidro.

Yo sin decir nada mañana mismo se abre la tranquera de la dicha y me interno en mi sanctasantórum (¿A nadie le conté con qué se soborna al ángel de la espada de fuego que custodia el paraíso?). Serán cinco días de ocio y de encuentro con Dios en Ayacucho. La envidia es cosa malsana. Hasta la otra semana, damas y caballeros.

Santopoco dijo...

Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.

S. Juan de la Cruz

julio bellomo dijo...

Siempre es un placer (verdadera "gula" intelectual) leer en el poco tiempo que me deja el trabajo, los comentarios del Athonita.
Algunas ideas que me surgieron al pasar:
-siempre he pensado que Dios está en la "suave brisa" y no en la estridencia.
-Y que Dios está presente en la "cotidianeidad" de los grises momentos de nuestro acontecer.
¿Porqué entonces lo buscamos en alambicados razonamientos, largos (y muchas veces inoperantes) planes evangelizadores o catequísticos?
-¿No será que la presencia en las celebraciones de los años 50 de un número de fieles -(lo que recuerdo no me parece demasiado brillante, en especial con pocos hombres de pie en el fondo de la Iglesia y una multitud de ancianas en los bancos)- era en realidad una expresión del "deber kantiano" con una pizca de protestantismo infiltrado?
-Y se me aparece la contradicción que señalaba Chesterton como característica de lo cristiano....
-Y entonces, si San Ignacio nos enseñaba a encontrar el Espíritu en lo claro ("pleno de luz"), no será que llamamos claro a lo "racional", cuando la razón es sólo una pequeñísima parte del acceso al Misterio.
-¿No será que nuestras Celebraciones muestran poco de ese "ambiente" que caracteriza a las obras de arte, porque -más allá de la música y de los "grititos"-, fallamos en la comunicación, esencial a la Trinidad?
-"Comunicación" que se genera en el verdadero compartir de nuestro ser, más allá de músicas, palabras o gestos (aunque obligadamente los incluya)
Me parece que me estoy pasando de irracionalismo....
Mejor lo dejo aquí
Un abrazo a todos

el Athonita dijo...

Qué bueno todo. Todo suma.
Complejo asunto el que trae JJTM. Coincido con Eduardo en que es desbordante y que prima la desemejanza. Habría que derivárselo a Fennian, ya que Rahner —si mal no recuerdo— arranca ese capítulo justamente en torno a estos distingos.

Sospecho que debe abrirse un abanico de respuestas factibles según qué convengamos en llamar Misterio. Lo digo así de “relativista” pues dentro de la Patrística misma entiendo hay diversidad de nomencladores al respecto. Ni hablar, hoy.

El basamento bíblico es sin duda 1Cor2 con su misteriosa y escondida Sophían Theú (Sabiduría de Dios). Ahí parece tener una valencia soteriológica (“destinada desde siempre para gloria nuestra”; “lo por Dios preparado para los que le aman”). Claro que acto seguido eso destinado y preparado no es algo “de” Dios sino Dios mismo: lo más íntimo del mismo Dios, que el Espíritu sondea en sus infondables abismos.
De modo que de alguna manera yo me atrevo responder “sí a todo”.
Incluso a la osadía final: Dios misterio para Dios (suena a Adrienne von Speyr).

Habría que distinguir tal vez la “economía del Misterio” como la llama Ef 3,9 (y que es un poco el sentido en que lo aplico en el post como descompresor del punto rar, donde Misterio dice divina voluntad salvífica, divina voluntad reveladora) de Misterio inmanente, Dios en sí. Pues son El mismo aunque no lo mismo (CTI+Balthasar versus Rahner).

Bouyer —en su Diccionario— explica cómo todos los misterios se concentran en el único Misterio de la Cruz (que es la Sabiduría a la que refiere in recto san Pablo en Corintios); pero que a la vez expresa todo el Misterio interno de Dios mismo y se vuelca sobre la vida eclesial en la diversidad de Misterios (embudo de doble boca). Pensar, de paso, que desde san Cirilo y san Máximo (los grandes Mistagogos), Misterio y Sacramento dicen lo mismo: son el entrevelado desvelamiento de lo invisible.

Demasiada cosa, no?
Me quedaría con la insinuación de JJ: que Dios no termina jamás de conocerse a Sí mismo, y que sea “esa” la eterna Delectatio intratrinitaria...

Anónimo dijo...

Un bocado chico a lo que dice el señor Julio respecto a los números del INDEC de la Iglesia. Evidentemente no se puede ponderar ni discernir los procesos bajo tablas numéricas (sería avalar la cuadratura del Misterio). Pero –qué querés que te diga— me suena un poco loco, ante números apabullantes como lo son la MASIVA deserción religiosa, salir con que los de antes estaban pintados, era todo una patraña de viejas, una filfa, pura espuma kantiana... Son 13 millones contra uno y medio,,, y eso sin contar que se bautizaron unos 300 millones de católicos en la segunda mitad del siglo...
Como dice Athos (el de los mosqueteros de Dumas): algo salió mal.
Me parece que es hora de que lo digamos todos al unísono,aunque sigamos disintiendo y debatiendo hasta vayasabercuándo las razones y soluciones. Pero el fracaso pastoral está ahí, sobre la mesa: dimos vuelta al cura porque verle la caripela podía “ayudar”, sacamos los latines y enchufamos la lengua vernácula, porque entender la letra podía “ayudar”, metimos guitarras, bombos y panderetas, Dulce Doncella y Este es el tiempo de América,,, canjeamos el “Padre Fulano” por “Hueso, Beto, Pepe o Cholo”... y se nos vaciaron las iglesias.

No sé por qué lo vinculo (ilícitamente sin duda) a los defensores del gobierno de Alfonsín... cuando uno trata de refrescar números contantes y sonantes de la hiperinflación en que nos dejó (por evitar la cuestión moral, más difícil de discutir con incrédulos), te salen con que ojo, que medió un complot, que no todo era así.-

Gustavo

ps:la prosa del padre Athos es exquisita. Un manjar. El problema es que genera adicción. Una espantosa adicción. NO sé si hay algún blog o foro de autoayuda donde tratar esto, pero tal vez seamos varios los que estemos en este brete: cuando uno ha ido a Misa al Athos y luego por x razón no puede ir, el síndrome de abstinencia es bien complicado.

Anónimo dijo...

¡Que animada tertulia! Realmente un gusto.
Tal y como bien recuerda Athonita el P. Rahner repasa sucintamente los temas por los que pregunta JJTM. Quiero aclarar que por estos días no tengo acceso al artículo impreso en papel y por lo tanto he tenido que manotear de aquí y de allá conforme el Sr. Google me lo permite. Con esto me disculpo si la traducción no es muy feliz o si los pasajes seleccionados no son los más iluminadores, pero valga igual hacer equilibrio sobre los hombros de este gigante para otear un horizonte más amplio.
Respecto a la visión beatífica Rahner dixit:
“Con otras palabras, el Dios de la visión inmediata es justamente el Dios de la infinitud absoluta y, con ello, de la incomprensibilidad misma. La visión beatífica, por tanto, consiste justamente en la presencia, que ya no puede imaginarse, de lo inexpresable, de lo sin-nombre e indecible como tal, porque precisamente cuando se tiene al Absoluto y Simple en la cercanía inmediata de su propio ser es cuando menos se puede distinguir entre lo que se comprende de él y lo que queda incomprendido. La actualidad más alta del conocimiento no es la remoción del misterio o su atenuación, sino la vigencia definitiva y la cercanía absoluta del misterio permanente”.
Respecto si Dios es misterio para sí mismo Rahner no lo aborda sistemáticamente pero hay dos momentos bien claros en su meditación, en el primero nos dice:
“El misterio se considera siempre como algo que es misterioso para una facultad cognoscitiva determinada y finita, suponiendo siempre tácitamente que Dios no puede ser para sí mismo “misterio”, por ser la noesis noeseos, el ser-cabe-sí, absolutamente claro, del ser absolutamente esclarecido.”
En el segundo enuncia varias preguntas que dejan la puerta explícitamente abierta para considerar si “analógica y eminentemente” se puede decir que Dios es misterio para sí mismo, pone este tema en relación con la perijóresis trinitaria pero no avanza por este camino, ¿será lo que el Athonita llama eterna Delectatio intratrinitaria?. En lo personal tendría que buscar en otros textos del teólogo, me queda como “tarea para la casa”.
Permítanme por último amenizar entre vinos y quesos con algo de música: http://www.youtube.com/watch?v=_2RPNdF7nZg los que sepan de música digan si es o no una buena interpretación. Que disfruten.
El Fennian

Anónimo dijo...

—(Un comensal del montón, arqueándose sobre la mesa ratona de los Ruiz, tratando de embocarle a un queso, al coincidir con otro contertulio en idéntica labor, le dice a media voz): ¿dijo “gigante”?
—(el segundo, simulando secarse la boca con la servilleta, le aporta con igual tono): ¿sabrá Fenny del enanismo que le diagnosticara Ratzinger al austríaco? —(Y ya en voz alta, sirviéndole noblemente vino al mismo Fennian, remata): Lo único gigante con que cuenta Rahner es su ego.

el Athonita dijo...

Ché, Gustavo, paráunpoco con el vino! Mirá que hasta en el ciberespacio hacen pruebas de alcoholemia. Si das con el foro de autoayuda, avisáme, que tengo algo fuerte que decir ahí.
Y gracias por recordarme Dulce Doncella y Tiempo de América: no miento que hace 20 años que no los escucho. Para la ducha son ambas muy pegadizas y simpáticas. Ese “llegar a vos, yalalalalá” o el “¡sí señor!” que había que apurar ante el “este es tu tiempo, Señor”... tienen ese sabor a adolescencia setentista, ¿no?
Pero hubo una tarde de abril, en que Dios nos regaló un Mago Blanco, experto en llevar a la Esposa de Jesucristo a la madurez.

Anónimo dijo...

Los elocuentes ejemplos que aporta el Athonita para graficar la diferencia entre la fascinante penumbra y la estridente iluminación, se ven notablemente actualizados en este mismo living: los dos escuetos renglones de Santopoco, citando a mediavoz al Doctor místico... en abrupto contraste con la espumosa rimbonbancia de un Rahner afectado y gritón.

FRM

Anónimo dijo...

El epígrafe de Dolina y su mención en el cuerpo del texto me deja pensando en él: ¿alguien sabe bien-bien quién es este personaje radial tan ajeno a nuestra fe y a la vez tan agudo y sensible a muchos de nuestros tópicos?
Tanto en Crónicas como en Bar del infierno he encontrado variadas menciones a nuestro tema: los famosos “refutadores de leyendas” como insoportables racionalistas empecinados en desencantarnos el Misterio. ¿Alguien lo ha estudiado más a fondo? ¿se le pasará por la cabeza el vínculo con nuestro debate teológico-litúrgico?

Andrés

Anónimo dijo...

Como buen viejo, retomo intervenciones viejas. Y es a la señora de la catequesis, Querubina creo se llamaba: le recomiendo un libro, preciado libro, abocado al tema que a Usted le preocupa e incumbe: cómo catequizar desde el Misterio, sin impostaciones ni improvisaciones. Se llama “El Caso auténtico”.

CHS

Eduardo Mangiarotti dijo...

Me permito una cosita con respecto al P. Rahner. Sin decir que estoy de acuerdo con todo lo que dice, criticarlo así al pasar me parece un poco injusto con un autor que, como el mismo Ratzinger en sus tiempos de Cardenal afirmó, "no era ningún hereje" y cuya voluntad de permanecer en el dogma de la Iglesia es incontestable. Yo no soy un experto en Rahner ni mucho menos. Pero de lo que he leído (que es algo, ni tanto como quisiera ni como el autor se merece) extraigo muchos elementos sumamente valiosos. Me parece que hay muchos balthasarianos entre los parroquianos del blog. Yo he tenido una formación teológica más cerca de esa clave, pero también la suerte de poder leer a Rahner y descubrir, guiado por profesores de distintas cepas teológicas, que es necesario leer a ambos y completarlos para encontrar un equilibrio (como hace el Card. Kasper, por poner un ejemplo). Digo todo con mis respetos a Cornelio Fabro y demás. Pero creo que cualquiera que lea sus artículos sobre el sacerdocio, sobre el corazón de Jesús, sus oraciones, etc... descubrirá a un hombre de Iglesia, de Jesús y profundamente enamorado de su ministerio teológico y sacerdotal. Pido mis disculpas, pero me pareció necesario poner un contrapeso, sin querer para nada romper el clima de diálogo de la casa.

Anónimo dijo...

Padre: el retorno (o intento de retorno) a los latines, ¿tiene que ver con esto de bajarle un poco la luz al Misterio o nada que ver?

un hijo suyo (espiritual, valga aclarar).

julio bellomo dijo...

Uno se achica un poco (bastante) ante tanta sapiencia filosófico-teológica, pero como laico aficcionado, diletante, terrenal e inimputable(por la edad) me arriesgo a agregar bocado a bocado.
Mi comentario anterior contenía alguna idea que intentaba contrarrestar un airecillo que, me pareció, flotaba: algo así como "antes estaba todo bien y vino la nueva ola y todo se arruinó-"algo salió mal-"
Y estimular así a que no nos quedemos en la crítica de una multitud de aspectos que tal vez sean cuestionables, ni en la evaluación del número de participantes en la Liturgia, sino en cómo se encara la evangelización del mundo "neopagano" (al decir de Ratzinger), en el cual los laicos nos movemos.
"Evangelización" que incluye el aprendizaje permanente de la Liturgia.
Mundo "neopagano" que es "neopagano" no por el "tachín-tachín" posconciliar, sino por muchísimo más y más antiguo que eso (incluídos Kant, Nietzche y ¿poqué no?, cierto monofisimo de la primera mitad del siglo XX....y etc, etc,etc....)
Y "evangelizar" es también mostrar la verdadera luz de la media luz del Misterio. Mediante los medios lícitos (Apostólico Romanos, en nuestro caso) que la diversidad de comunidades piden. Y en especial, y por encima de todo, por la irradiación de la luz que la Gracia otorga (Como dice Urs, es el "ser" y no el "hacer" el que se impone)

Pasado este rato en agradable companía, vuelvo a mi trabajo (la comida no la vi)
Un afectuoso saludo
Julio

P.D.: a Alfonsín, ¡ni me lo "nuembren"; me corre frío!

jack tollers dijo...

Permiso, ya sé que nadie me invitó y que no soy del todo querido por aquí... pero, bueno, traje una botella de whisky, no sea que esto se oscurezca demasiado.

Bien el Athonita, por fin escribiendo bien (y más claro que oscuro).

Pero hay cosas allí que me dejan atónitos.

La primera parte, bucólica si se quiere, está perfecta. Pero la aplicación a lo que sucedió con Vaticano II suscita algunas complicaciones.

Y la primera es que se puede confundir la media luz con las medias tintas.

Por algo en la Escritura Cristo resplandece sin sombra ninguna, como que Él es la Luz. Para lo que quería decir, el Athonita tenía problemas para hacer pie en la Biblia, eh.

Quizá lo mejor habría sido recurrir a los "disfraces" de Cristo, que no lo reconocen los de Emaús, ni la de Magdala, etc. Eso sería equivalente, me parece, a una especie de "media luz" ¿no?

Pero vamos a los bifes. En efecto, Vaticano II quiso "aclarar" el ritual, las rúbricas, la liturgia, y se oscureció todo. Con humo de Satanás también, no olvidemos la doble denuncia de Paulo VI.

Pero, claro, hay que ver que "la luz" que usaron fue la racionalista-cartesiana, que el propósito era celebrar para el pueblo (por eso le dieron la espalda a Dios) y que Rahner, el gran fautor de este despelote propició durante no menos de cuarenta años "la svolta antropologica" que es, como bien señaló Fabro, la madre del borrego.

Es curioso observar que la única cosa del Concilio que todo el mundo observó, como con telepatía, al unísono, al pie de la letra... no tenía letra. Lo de celebrar "versus populum". Y entonces se pusieron a aclarar que en realidad no era "transubstanciación", sino "transfinalización", ocultaron el sacrificio, levantaron la noción de "las mesas de la historia" e infinitas macanas más.

Pero ¿Rahner? Aquí me veo obligado a citarlo a Castellani de memoria. En una de sus Domingueras Prédicas habla de aquel venerable teologazo. Cuenta que dedicó un número de su revista "Concilium" al problema del ateísmo. Que había más ateos y que la culpa principal la tenía el catolicismo romano. A Castellani le parece que es cargarnos la romana en exceso, que las fastidiosas distinciones germánicas son difíciles de seguir, pero que en general están bien, aunque de remedios ni hablar. Complicadísimos e inaplicables.

Pero luego, ¿no va y termina diciendo que el cura Brochero decía que una buena homilía no puede terminar sin un chiste? ¿Y, lo que es peor, no va y cuenta uno?

"Cae un marido por su casa y le dice a su mujer: "Aumentaron los tapados de visón". La mujer contesta: "Ya sé, ya sé que no me querés".

Y luego la aplicación: Rahner dice que hay más ateos por culpa de la Iglesia Católica, y la Iglesia contesta: "Ya sé, ya sé que no me querés".

Eso está a media luz.

Pero ciertamente que no a medias tintas.

Valeas,

Jack Tollers.

P.S. ¿Antes del Concilio? No tiene mayor importancia, porque estos que hicieron el Concilio eran de antes... y no entendieron nada. Repetían automáticamente lo que les habían enseñado (generalmente más mal que bien), eran fariseos, o "vendedores de ceremonias mágicas"... y, como dice Bruckberger, "doble agentes" (querían laburar para Dios y para el mundo).

Anónimo dijo...

La verdad: las sensaciones son variopintas… pero la saliente debe ser muy parecida aquella que sintiera Mickey Mouse (espero el ejemplo no incomode a nadie, si así fuera pido formales disculpas) cuando en Fantasía pone a funcionar una magia que se sale fuera de control y el mismo es incapaz de poder dominar. ¿Por qué lo digo? Porque nunca me imagine que citar a rahner (la minúscula indica voz baja) levantaría tanto polvo. No es mi intención “defender” a rahner, quizás lo de gigante fue un exceso pero también es cierto que aquí no hace falta explicar lo que es un argumento ad hominem en lo que al ego (afectado y gritón) de rahner se refiere. Me parece sumamente juiciosa la intervención del P. Eduardo. Recuerdo las sabias palabras de un viejo Ent tolkeniano: “siempre y jamás son palabras muy largas para decirlas a la ligera”, ¿podríamos decir lo mismo de cualquier juicio excesivamente categórico? Como en todo debe haber muchos casos en que sí y otros en que no.
En fin, propongo retomar el hilo de la cuestión: ¡el Misterio!, que los apellidos no se interpongan en tan augusta velada.
el Fennian

Santopoco dijo...

Si vamos a la vida espiritual individual: ¿Tendrá algo que ver este "hilo del misterio" con la escala espiritual (la vía unitiva)?

En particular, la "noche oscura", ¿será el primer indicio de maduración del alma (la primera comprensión...) porque es la primera vez que toma conciencia de la dimensión del misterio de Dios y su Plan?

S.

p.s. Qué bueno que llegó el whisky.

el Athonita dijo...

Cuánta ropa nos va quedando tendida! Imposible atender a todo.
Coincido con Fennian en que Rahner nos sacó del centro del asunto. Mejor, dejémoslo en paz. Muy buena la frase del viejo Ent!!! No creo que al jesuita le faltara amor a la Iglesia, pero sí que se rascaba la oreja derecha con la mano izquierda. Como dice pater Edu, sus textos de piedad son muy sabrosos: su meditación sobre el Cor Iesu —por caso— me ha gustado y ayudado desde el noviciado.

Brevemente: a lo de los latines diría que NO; que su valencia no proviene de allí. Curiosamente el Motu Proprio insiste en que el Uso Antiguo sólo es legítimamente empleable por comunidades que dominen la lengua latina.

Lo de Dolina a mí también me interesaría saber más,,, coincido plenamente con Andrés, pero no sé nada.

el Athonita dijo...

A mi amigo Jack: celebro tu paso por este living. La posible confusión entre la media luz y las medias tintas es real; lo que no es claro —ni a media luz ni a media tinta— es dónde las ves confundidas en mi texto...

Me parece válida la avidez que mostrás por el positivismo bíblico. Por suerte —o Gracia— el Athonita rara vez logra hacer pie en la Biblia. Tal vez todo el post no pretendía decir más que eso: en el “in Altum” no se hace pie y lejos de ser un problema, se goza de ello, cómo no.

La penumbra en que la Luz del Mundo revela el Misterio divino está revelada,,, pero en penumbra.
La nómina completa de citas bíblicas que le avalan podés encontrarlas en el bendito librito que cita CHS —El Caso auténtico—. Es medio bodrio a mi gusto, pero en este punto casualmente viene al dedillo, pues abunda en aparato bíblico sobre el tema que te urge biblificar.
La cita de Elías con Dios en la brisa suave es la cita crucial (1Re 19,12), creo yo. Y de parte de nuestro Señor, a mi gusto al menos, el Evangelio del otro día: Cristo anuncia el Misterio del Reino a sus discípulos “a oscuras (skotía) y al oído (eis to ous)” (Mt 10,27).
Y del Corpus paulino —donde la chorrera de citas fatiga— me quedaría con el famoso “ainígmati” de 1Cor 13,12, con que abordamos el Misterio como en un espejo, confusamente, desdibujadamente: en penumbras.

Ah, y sabés dos cosas bien sabidas: que no me gusta ni el whsiky ni Castellani: y ambos por razones bastante parecidas: la estridencia.
Igual, te abrazo con ganas. Y espero te quedes un rato. El vino de los Ruiz es bueno,,, mejor que el Vasco Viejo seguro.

el Athonita dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
el Athonita dijo...

Olvidaba este texto crucial, de entre los no-pie evangélicos a la media-luz: y es la pregunta de los discípulos: Maestro, ¿por qué hablas en parábolas? La respuesta es penumbrosa: para darles a conocer a ustedes el Misterio del Reino de los Cielos, “pero a ellos no”. (Mt 13,10-13). “Ellos” son los que quieren “atraparlo” (Jn 9,39). El dictum parabólico habilita este darse y replegarse del Misterio según se trate del sincero o del falso (siendo Dios sincero con unos, y astuto con los otros, dirá el Salmo 17,27).

Y sí, como bien aporta Tollers, las apariciones del Resucitado. Emaús y Tiberíades —por poniente o saliente— se esmeran en dibujar toda la escena “a media luz”, ya sea de aurora o crepuscular.

Anónimo dijo...

Me da igual que lo diga Brochero, Castellani o este buen señor del whisky: descoincido absolutamente con que una buena homilía haya de terminar con un chiste. Decir esto es casi un perogruyo.

Tal vez no esto: cómo la Iglesia es casi tan redonda como el mundo. Y así, la izquierda y la derecha, partiendo hacia horizontes opuestos, se topan y coinciden. Si algo tienen en común progres y tradis es esta espantosa obsesión por ser "cancheros", "tipos piolas".

Me parece a mí que se alejan con notable simulitud del "tapeinos" evangélico... del Evangelio de hoy, por no ir más lejos.

Volviendo a lo de Elías, cabría parafrasear: y Dios no estaba ni en el globo y aplauso litúrgico, ni en el chiste desde el ambón, ni en el cura de chomba ni en el de sotana a drede deshilachada y medio desbocada, ni en canchereada ni fanfarroneada alguna: Dios estaba en la ingenuidad del simple.

Al menos, ahí lo he encontrado yo.

Y aunque al Athonita no siempre lo entienda, doy fe: en el pseudoAthos (o Athos americano), la simpleza de los monjes habla de Dios, sin estridencias.
Como el profeta Daniel: son niños ancianos.

Gustavo

ps: don Julio: ahora lo entiendo mejor! Para aburrimiento de todos, estamos de acuerdo!

julio bellomo dijo...

Antes de irme de esta agradable companía, porque se hace tarde, les dejo una pregunta que me surgió anoche, mientras contaba a mis hijos durante la cena, las maravillas y entreveros de este blog, donde surge lo Católico, es decir lo universal.
Y, por supuesto, no voy a responder la pregunta, sino a dejarla flotando.
Los indiferentes (tal vez bautizados illo tempore, y hoy parte del neopaganismo), que lean todo este blog, ¿dirán "Miren cómo se aman"?
Porque si la respuesta es "no" o "ni", seguirán sin entrar en la media-luz, atraídos por la seudoluz (esa seudoluz, que es como la de los atractivos y luminosos aparatos a los que se dirigen los bichos, para ser incinerados por la electricidad).
Y lejos, por lo tanto, del Misterio.
Un placer y ¡hasta la próxima!
Julio

Santopoco dijo...

Me adhiero al comentario último de Julio.

jack tollers dijo...

Amigos, tengo que irme porque el whisky (¿o será el número 67 de la Caritate in Veritate?) me ha caído mal.

Otra que Rahner, ché.

J.T.

Natalio Ruiz dijo...

Entre caballos, vinos y tranqueras saludo sin aportar.

Sólo una para jack: Si se lo quiere! y es un verdadero honor que ande por aquí... De hecho me hubiera gustado que cuando se sintió no querido o respetado lo hubiéramos charlado.

Pero no se confunda, que en algún punto no estuviera de acuerdo, o que no me gustara alguna forma de encarar o discutir un tema no significa que no lo respeto. Lo hago y mucho. Su página me resulta un verdadero rincón de tesoros sabrosos.

Vuelvo al campo y al silencio internáutico, estoy leyendo un libro de un monje...

Respetos.

Natalio

el Athonita dijo...

Apareció el dueño de casa!!! Una pena que su paso fuera tan raudo y frugal.
Pues aunque coincido del todo con Julio y Santopoco, quería hacer dos salvedades, y la primera era justamente decir que se sentía la ausencia de Natalio, quien logra generar un clima especial en su casa.

La otra salvedad que me gustaría hacer tiene que ver con la Caridad, o con las faltas a ella. Y es decir que —aunque sin duda nadie exento— no siempre la vehemencia y virulencia con que solemos debatir cosas los argentinos —fútbol, política, religión o lo que fuere— es señal de estar faltando al amor. No señor. Como que a la inversa, en apathéticas convenciones de vegetarianos adrenodeprimidos, con esmerada mesura en timbre, gesto y expresión, puede no faltar la ponzoña mortal del mal.

No nos enchinchemos, que el tema está lindo y las diferencias son la sal y pimienta de estas tertulias. ¿o no?

A los neopaganos que nos lean no les ha de quedar claro si nos amamos o no —no creo, anyway, que cuenten con elementos suficientes para concluir ni el sí ni el no—, pero sí les puede quedar claro no menudo asunto: miren cómo hay cabida dentro de un mismo Credo a matices tan variopintos! No creo que en la amplia oferta religiosa abunde esta “catolicidad” tan católica, como bien dice Julio.

Los abrazo a todos y no lo dejen ir a Jack. Un té de boldo lo repondrá.

Eduardo Mangiarotti dijo...

Tanta charla sobre vino, whisky, tés y demás bebidas me hizo pensar que en algún momento nuestro anfitrión tendrá que ofrecer alguno asado real -no virtual- donde quizás podamos encontrarnos. ¿Quid videtur vobis?

Anónimo dijo...

“Seré yo Maestro?”

Sospechando que soy nomás yo el que arruinó todo el clima, me disculpo públicamente ante toda la noble cofradía, y de modo particular al Sr. Tollers si es que aún está en el pallier esperando el ascensor.
—volvé, Jack, que Mary va a cantar unos tangos!

Gustavo

Serafina dijo...

Serafina Sr.Anónimo, no Querubina... gracias por la recomendación de la lectura del libro pero ya lo he leído y coincido en que es recomendable y bueno.
La tertulia es enriquecedora pero me sobrepasa... igual meto mi bocadillo para decir que coincido tb con el que comparó la "media luz" con las medias tintas. En principio pensé que raro este hombre " el athonita" hablando de "puntos medios" ... en fin, admito que iba sacando conclusiones antes de terminar de leer el texto completo. Tal vez la primera frase es la desconcertante
“Hay cosas que sólo se perciben a media luz”... Hice el link inmediato con otras frases como : " la noche es buena" o " sólo la tiniebla puede acoger la luz"
" Dios nace en la “noche” de Belén", etc. Pero con la pregunta del 2do párrofo empieza la aclaración y el texto aclara sin oscurecer.
Me metí a opinar como quien dice- vi luz y entré- la sensación (no de una neopagana pero si de alguien que mira como de afuera ( del grupo), sin serlo (de la Iglesia) es de un mirar para el mismo lado con pasión, vibración, búsqueda de la verdad y demás ingredientes del “amor”.
Coincido con Gustavo en que encuentro a Dios en lo simple, bueno, bello y verdadero... las “canchereadas” y demás yerbas tienen grandes chances de romper el signo y cambiar el significado, de ahí la confusión que generan, con la gravedad, de que por estos caminos si no avanzamos, retrocedemos.
Pongo el agua para el té y los dejo conversar entre hombres mientras lavo algunas copas.
Un gusto.
Serafina

el Athonita dijo...

Impecable lo de Serafina!
Hacía falta esa pincelada femenina.-

Ofrezco algo más sobre esto del “término medio”.
Todos estamos alarmados ante el masomenismo cultural: esa tibieza que el Señor llama “vomitiva”. El famoso ni muy-muy ni tan-tan, sin duda alejado de la radicalidad y entrega extrema (amor extremo como dice san Juan) propio del tono muscular evangélico.
Y no sólo “el mundo”, sino en el seno de la Iglesia también se da: una insana tendencia de algunos sectores a echarle un poco —o dos pocos— de soda a la exigencia intensa del Señor, dando por resultado un cristianismo aguado, diluido, fofo, de medias tintas...

Pero los griegos —hablando de la virtud moral— ya habían inventado esto del término medio y el cristianismo no tardó en comprarlo, porque era bueno y verdadero. Y todo lo bueno y verdadero nos va. Y porque —además— era perfectamente compatible con la búsqueda de la perfección y la radicalidad del amor sin medidas.

¿Cómo se conjugan?
Lo explicaban los escolásticos muy gráficamente: simplemente se trata de coordenadas o ejes distintos. Una cosa es la virtud al medio justo entre dos vicios opuestos y extremos, que se darían al Este y al Oeste de este justo medio. Pero en el eje perpendicular —de Sur a Norte— el cristiano avanza del cero hacia el infinito, creciendo en la medida del amor, que es amor sin medida, sin límite.- Así avanza, por el medio, adquiriendo virtudes, que son incipientes primero, crecidas luego, y heroicas si sigue avanzando hacia delante.
Por eso yerra fiero quien, procurando fustigar la mediocridad, la mezquina tibieza, le pifia al eje en cuestión y se las agarra con el equilibrio que toda virtud precisa, cual funámbula entre ambos extremos viciosos.

Ahora bien, analogice loquendo, esto que se dice del orden moral cabe decirse del orden cognitivo: penumbra como justo medio entre la oscuridad y la luz estridente, avanzando de Sur a Norte de Misterio en Misterio, hacia la Verdad completa. Como los “fotismoi”, los iluminados, sacados de las tinieblas a la luz, siempre creciente, hacia la Luz sobre toda luz.

¿La enredé? Capaz que sí.
No sé por qué se me hace que Edu Mangiarotti puede mejorarme la presentación... O Santopoco, en dos trazos, con algún Dicho de luz y amor del santico de fray Juan...

Gerardo dijo...

Permiso... Llego algo tarde, pero supongo que estoy a tiempo todavía.
Debo empezar por reconocer que hace una hora y pico que vengo leyendo post tras post, porque recién hoy pude ponerme a leer el texto y los comentarios... y me entusiasmé con lo acalorado (posiblemente debido al vino) aunque respetuoso (probablemente debido a quienes son los interlocutores) del debate.
La verdad es que yo no soy tan versado ni en filosofía ni en teología. Sólo quería compartir mi punto de vista desde el único lugar que me cabe aquí: la humildad de mi pequeña experiencia.
Me gustó mucho el texto "A media luz". Encierra una verdad grande. Creo, efectivamente, que el Misterio se aprecia unicamente con esa luz tenue que permite adentrarnos en él y perdernos en él. Sin embargo creo que hay que ser prudentes cuando nos metemos en el debate pre/pos conciliar. Cuando sin más desdeñamos tal cancioncita o lo positivo de algunas cercanías y ciertas metodologías. Lo digo un poco en consonancia con el p. Eduardo: "Yo trabajo mucho con jóvenes y no deja de sorprenderme como resignifican muchos elementos muy tradicionales de la liturgia y los incorporan a sus encuentros de oración", dice él... y yo sonrío. Porque yo mismo vine a tener ese puntapié inicial que desembocó en un proceso de conversión que todavía llevo (o que me lleva) adelante, en un grupo juvenil que a simple vista tiene más de "Dulce doncella" que de profundización a media luz en el Misterio. Pero las apariencias engañan muchas veces.

Gerardo dijo...

A ver si me explico mejor. Yo estudio ciencias sociales y hay algo respecto a esto que hace rato vengo rumiando. Se me ocurre que se puede plantear este debate en los mismo términos en que se plantea el debate entre la modernidad y la posmodernidad. Sabrán que mientras la modernidad se caracteriza (grosso modo y sin rigor científico, tal vez) por el imperio de los grandes relatos, la posmodernidad está caracterizada por una fragmentaridad y una levedad muchas veces (cuando no siempre) exasperantes. En ocasiones pienso que estamos tan obsesionados con ser de la modernidad que dejamos de lado el -nada menor- hecho de que vivimos en la posmodernidad y que es desde aquí y aquí mismo donde nos corresponde ser sacerdotes, profetas y reyes.
Centro mi mirada en los jóvenes, entre los que me cuento y con quienes trabajo. Pasa que nosotros somos bichos posmodernos, que tal vez entendamos con más facilidad la analogía con el archivo punto rar que cualquier otra. Somos nativos posmodernos, somos nativos audiovisuales, somos nativos de la fragmentaridad y también de la levadad más insoportable. Sin embargo (se nos perdonará el optimismo) no creemos estar echados a perder por todo ello. Se me ocurre que entre la juventud hay un extendido rechazo a todo aquello que imponga cierta densidad y esfuerzo, mientras que lo fragmentario y liviano impera. Pero es un tema de formas y no de fondo, en verdad. Claro, aqui los cristianos nos vemos frente a un desafío grande. Porque Dios es Dios, y el enorme Misterio que implica no puede tomarse, así sin más, con liviandad. Sin emabrgo, si lo vestimos de pesados ropajes, tal vez produzcamos un alejamiento antes de cualquier posible acercamiento.
Pienso que las metodologías que parecen arrojar un exceso de luz en la contemplación del Misterio son buenas usadas en pequeñas dosis. Si uno puede ofrecer pequeños chispazos de luz que atraigan y llaman la atención de quien sólo lee la vida en forma fragmentaria por que es lo que le ha sido dado desde la cuna, y luego paso a pasito, pasito a paso, ir acompañando en el proceso de acostumbrarse luego del encandilante flash a la luz tenue y tranquila que va alumbrando mansamente; entonces, y sólo entonces, habrá podido ayudar. Creo que esa es la bondad de las cercanías, del chiste en la homilía, de la cancioncilla poco teológica pero movilizante. Esos recursos son el primer paso para llegar a una sociedad que adolece de levedad por definición. El paso dos es la incorporación de elementos de la liturgia en los encuentros de oración. El paso tres será de cada cual, solo, frente al Misterio, entregado al Misterio. El punto central, se me ocurre, es el acompañamiento. El punto central será que quienes estén un poco más maduros en la fe, quienes tengan una espiritualidad más caminada (y por ello mismo más tropezada) puedan ayudar a caminar a los que llegamos a tientas, en medio de la penumbra de la posmodernidad.
Creo que por este lado cobra sentido una discusión web (medio fragmentario y posmoderno si los hay) sobre temas tan densos y profundos. Por este mismo lado cobra sentido el canal del Vaticano en youtube y el espacio del Papa en Facebook. Por este mismo lado cobra sentido el mensaje para las comunicaciones sociales que el buen Papa Benito nos dio en este 2009, invitando a evangelizar en el cyberespacio.
El Misterio (no me cabe la menor duda) sólo se contempla a media luz, pero el punto es que a la media luz hay que llegar. Si nos ponemos en tradicionalistas podemos caer en cierta oscuridad preconciliar... Si nos ponemos en iluministas (y sabe Dios que venimos haciéndolo como Iglesia) corremos el riesgo de menospreciar lo que de misterio tiene el Misterio.
No sé si lo que digo es pertinente. Pero es lo que puedo compartir desde mi experiencia.
Saludos y gracias por el espacio.

Gerardo

PS: Debo coincidir con Gustavo (creo que fue el quien denunció los textos del Athonita como adictivos) porque soy también presa de una cierta dependencia de las palabras del monje. Si encontrás el grupo de autoayuda, invitame.

Gerardo dijo...

PS1: Lo sé... me excedí... perdón...

Anónimo dijo...

Hola gentes, no pude evitar la tentación de asomarme; la picada es una cosa que me puede...
Creo que antes conviene que aclare un punto (así los lectores tienen la libertad de decirse "bueno, pobre; es un chico ingenuo" ó "..le falta calle" ó lo que les venga a la cabeza... y a la lengua); y es que soy un mocoso de 22 años... aparentemente con la lengua algo demasiado larga.
Aunque me encante el vino, los quesos y salamines, -por un tema de horarios (son las 0:40)- me vengo con un campari; me gusta con un poco de pomelo y sin azúcar: Es bastante seco, y no tiene nada de "tonalidades", ni "recuerdos de", ni "matices", ni "taninos" ni "aromas", y esas cosas. Espero que nadie se ofenda por esto (comprendo que a veces puede ser demasiado áspero), es un tema de... "modalidades personales".
Se darán cuenta que mis recursos intelectuales para abordar estas cuestiones son muy escasos, pero no me inquieta demasiado (es hora del Campari).
Bueno, por cuestiones obvias no voy a ponerme a opinar sobre los escritos de Rahner, o el pre/ post concilio, o Kant; pero quisiera hacer un comentario de esos que no modifican la situación actual, de modo que -cuando me retire- puedan continuar con la tertulia.
Ante todo, me alegra que los cristianos podamos intercambiar opiniones/puntos de vista/experiencias tan diversos sin agarrarnos a patadas. Supongo que todos son válidos y tienen algo de cierto; después de todo, el Misterio es un Pozo que nunca se agota.
Creo, sin embargo, que Dios es el que, en el fondo, teje la historia, pues -en definitiva- hacia Él vamos. Ojalá no me entiendan mal. Si pudiera graficar la intervención de nuestro Dios en la historia, diría que -antes que ser como una madre que anda detrás de su hijo para arreglar los desastres que ha dejado luego de un lapsus de buena voluntad- se parece más a aquellas que los ayudan a concluir con éxito esos ataques de colaboración en el orden doméstico con algunos "pequeños arreglos", a veces tan imperceptibles, que el chico puede asegurar que es obra suya.
Por eso no me inquieta tanto si en el Concilio se dijo, se hizo o se cambiaron tales o cuales cosas. Menos aún cuando se supone que estuvo la acción del Espíritu Santo.
Respecto de los "modos", etc; -Como diría el buen Athonita- la "variopinta" de personas que cubrimos esta tierra es tan amplia: Supongo que no hay "fórmulas", ritos, Ornamentos, Música, "Técnicas Catequísticas", etc, que se acomoden a las necesidades de todos. Al fin y al cabo, el mismo Cristo habló en parábolas (imaginen la cara que le hubieran puesto las gentes de entonces si decía palabras como "mistagogía" en sus parábolas). ¿Algo más actual? y.. se me ocurre pensar en esos ritos que tienen en Uganda (perfectamente válidos, tengo entendido)
En cuanto a los números, bueno, yo aprendí a no fiarme de los números ("aprendí", no quiere decir que esté en lo correcto, se entiende). Además -Como decía Van Thuan (a ver si con este sumo algo de nivel a mi intervención)- parece que Nuestro Señor era medio flojo pa los números: ¡12 apóstoles para una humanidad!, ¡Un denario para el tipo que trabaja una hora!... Imagino que si el Pueblo de Dios estuviera compuesto por contadores (no tengo mucho contra los contadores. Sí,sí, dije "mucho") los números jamás cerrarían.
Bueno, buenas gentes, me voy despidiendo. Quería agregar una cosita más. Tiene que ver con el Evangelio del próximo Domingo (si es que no le pifié cuando hicimos Lectio hoy) y surgió de eso mismo, de rezar con la Biblia.
En Mc 6,30-34, Jesús y sus discípulos salen en la barca. La gente ("de todas las cuidades") que los vió andar se dispuso a ir también a "aquel lugar" al que los santos se dirigían. Lo curioso del relato es que esas muchedumbres iban por tierra... ¡y llegaron antes!. Debe ser cierto, entonces, que -Como suele repetir mi padre- "Los publicanos y las prostitutas llegan antes al Reino de Dios" (Mt 21, 31b).
Saludísimos buenas gentes

Ivan Andreievich

P. I. V. H. dijo...

No puedo creer lo que estoy viendo. Esta es la primera página web que veo con tanto contenido activo. Un debate profundo, enjundioso e interesante en breves días. Felicito a Natalio, al Athonita, a Santopoco y a todos los comentadores.

Como hacen todos, empiezo por excusarme. Llego tarde, con las manos vacías y con pocas luces. Un desastre. Mañana aportaré vinos licorosos de última hora.

El tema del misterio es el tema central del Catolicismo (en realidad, también del judaísmo, de muchas religiones orientales, etc.). El Misterio del Amor del Padre; el Misterio de la Historia de la Salvación; el Misterio de la Redención; el Misterio de la Misa. Muchos misterios y todos se refieren siempre al Misterio de la relación de Dios con el hombre. Por qué es misteriosa esa relación: porque Dios es Misterioso para nosotros, porque es incognoscible directamente, inabarcable, infinito, omnipotente. Estamos muy lejos de podernos imaginarnos un poquito de su realidad. Esto es una perogrullada pero hay que decirlo. Dios es inaccesible a nuestra razón (sólo vemos vestigios de su Ley Eterna y de su Infinita Providencia). Por eso, cualquier exceso de luz (en la liturgia, en la acción "pastoral", etc.) no sólo no es conveniente, sino que no cumple su fin que es acercarnos a Dios para amarle, adorarle y servirle.

La clave de bóveda del tema es la que insinúan el Athonita y Santopoco con sus preguntas. El conocimiento más cercano de Dios es el de los místicos. Aquellos que superados los primeros peldaños de la vida espiritual van entrando en un contacto más personal y gozoso con Dios.... hasta que entienden.... que no pueden entender... Hasta que intuyen la distancia que hay entre ellos y el Creador... hasta que ven lo horrible que parece todo al lado de ese ápice que han podido ver de su Señor. En este estado, el místico (si hacemos caso a Santa Teresa y al Cántico Espiritual de S. J. de la Cruz) empieza a penetrar en el Misterio, en una oscuridad casi total. Los sentidos se han apagado; la razón se ha apagado... sólo hay oscuridad. El santo hace lo único que puede hacer: ABANDONARSE. Y ahí está la clave. El misterio consigue que nos abandonemos a nuestro Dios. Consigue que se haga, en nosotros, su Voluntad.

P. Ignacio V. H.

Jack Tollers dijo...

En efecto, me había quedado en el palier, rumiando... No no estoy enojado con nadie, qué va... bueno, en realidad un poquito... conmigo mismo.

Ahora, ¿Castellani estridente? Bueno, qué sé yo, puede ser. Pero al whisky no me lo toquen. Mientras tanto, a ver qué les parece lo que le dijo Castellani a un comunista sobre el misterio de la fe:

"Me he levantado del escritorio para ir a la cocina para hacerme la cenacha. Quise ir a oscuras, por no gastar electricidad (plan quinquenal), y me perdí. Andaba a tientas, con la mano extendida delante: así dice San Pablo que es la fe. ¡Qué tanta luz, qué tantos faros, qué tantas antorchas que han inventado los Bernárdez! Bernárdez cree que la fe es un faro. Me perdí, me metí en un cuarto vacío creyéndolo la cocina; y después estaba en la cocina, y me parecía el comedor. Pero yo sabía que andando con la mano delante, primero no me degollaría con el alambre de la ropa a secar, y segundo, algún día encontraría la llave de la electricidad o la caja de fósforos, tan siquiera. Así dicen los Teólogos que es la Fe. En cuanto a la llave de la luz, a esa la llaman la Muerte; o mejor dicho, la "Visión Beatífica", acerca de la cual hacen muchos metafisiqueos bastante ininteligibles, como podría hacerlos acerca del sol un topo en su topera, y acerca de la vida de las mariposas una isoca. Pero Paco Bernárdez ya conoce la visión beatífica. Pero la isoca será mariposa; y nosotros, sabemos que la llave de la luz existe. Claro que antes de encontrarla en la cocina, metí dos veces la mano en la olla de la leche, y una vez el pie en el tarro de la basura, helás. Así también, me tiene que pasar en este mundo, antes de encontrar la Visión Beatífica —si es que ya no me ha pasado. Meteré la pata en alguna basura, paciencia."

No tan estridente, me parece.

J.T.

el Athonita dijo...

Qué bueno todos los condimentos! Gerardo e Iván: cada cual abre links que mejor no dobleclickeo, pero que sospecho muy buenos. Valdrá alguna vez hacerle zoom a los distingos y al paso —in slow motion, diría Knox— de lo moderno a lo posmoderno. Y se me viene la gran pregunta de Balthasar: ¿qué hacer con el fragmento? ¿Entrar a juntarlos cual muñones sueltos tras la sangrienta batalla para recomponer una totalidad cual puzzle? ¿O hay modo de dar con el todo en cada el fragmento? Pero no, no sigamos, por ahora.

Iván: servime sólo para probar eso del Campari que no tengo idea.

Pater Ignatius: qué sólido su bocado! Lo insinuó Santopoco desde el comienzo y al menos yo me distraje, pero coincido plenamente: los místicos, los místicos... ¡es por ahí! Se me viene a la cabeza esa famosa frase, “el Siglo XXI será místico o no será”, como dijeraaaaaa ayyy,,, debe ser por el vino que no se me viene a la cabeza el autor,,, buah, qué importa quién lo dijo, en definitiva (pueden reírse: intentaba ser un chiste).

La vuelta de Jack: dos veces buena. First of all, por la vuelta misma; y luego, por el texto. Sí, me ha gustado. Y tal vez sólo él sepa cuán hondo he tenido que respirar para teclear y confesar esto, pero nobleza obliga. De verdad: muy bueno y sereno Castellani esta vez, sin estridencias.

Que la Virgen del Carmen nos arrope a todos hoy. Día de Gloria en el Athos cuyano, aniversario del Eremitorio...

el Athonita dijo...

Una tímida amiga, que escucha calladita sentada en este living, me comenta en voz baja que el gran Joseph Pearce ha estado en la tele chilena. Encuentro aquí algunos extractos, para los interesados. Y aunque todos saben lo disperso que soy para charlar, esta vez no: seguimos en el mismo tema. Vean si no:

http://www.unabellezanueva.org/joseph-pearce/

Anónimo dijo...

La simplísima explicación diferenciando el justo medio de la mediocridad me ha alumbrado con una contundencia arrolladora. Se entiende bien lo que es ser “arrollado”, no?
Confieso un doble sentir tras ello: gozosa gratitud o contento, sí contento es la palabra, como cuando uno descubre o encuentra algo largamente buscado. Y esto mezclado con algo de vergüenza o tristeza: y es tener que llegar a mis 64 años sin que nadie me haya ofrecido un dibujito tan sencillo y a mano alzada sobre el crecimiento moral, al que se supone estoy abocado desde mi más tierna infancia.
Dios tiene sus tiempos... dirán todos. Y vale.

Gracias Athonita por sus tiempos y lumbres y por tercerizar Sus Tiempos y Designios para con mi páupera ánima. Descorcho el mejor de los vinos que tenga guardado para celebrar este don. Sí, lo han percibido bien: al final, me quebré,,, los años no vienen solos.

Jorge


ps: un sólo consejo, que brota de esta misma experiencia: dice Usted cosas geniales e inéditas o al menos ignotas con curiosa naturalidad y como “al pasar”... pinchando un queso, pasando el dato de un youtube o probando el Campari de Iván... sepa que más de uno —o uno al menos, que soy yo— nos quedamos boquiabiertos en un párrafo, un comentario, un decir, y ahí nos quedamos, tildados, azorados, sin margen ni compostura para enganchar con lo que siga. Como si, con la boca llena, alguno dijera: “che, vieron en la tele?, ayer, el Nautilius que buscaba la caja negra del airbus de Air-france dio con Atlántida, aquella legendaria ciudad hundida bajo el océano: intacta, entera, con plazas, casas y templos.. ¿qué loco, no?” Y de ahí saltaran a la gripe porcina o la Copa de Estudiantes...

En esos casos, la verdad, me levantaría y retiraría, como Jack (aunque por motivos bien distintos): tan sólo para poder rumiar “eso” que se dijo en tono tan normal y tan al pasar... y que a mí me cambia el mapa completo del relevamiento de mi fe.

Anónimo dijo...

Feliz día del Carmen para todos!!!!!! Y que los Refutadores de leyendas (sobre todos los que abundan dentro de nuestra Madre Iglesia) no nos quiten lo que todos albergamos con gozo y celo: que su escapulario nos protege nunc et in hora mortis nostrum, amen.

Gustavo

Anónimo dijo...

Ay, chicos, cuantos comentarios tan sesudos! Muy interesantes, pero desde mi simpleza, lo maravilloso de su "sermón", padre Athonita, es aquél párrafo que termina con lo de "apretar el Océano completo en un dedal" -la flamígera condición divina- . Es una analogía preciosa que conduce directo a la adoración...gracias!
Fer

el Athonita dijo...

Como para ir cerrando, les espigo algunas frases de Maurice Zundel, ese místico en estado algo salvaje... hombre libre y perseguido a lo Castellani... Hablando del artista dirá que “el discípulo de la Belleza sabe que nunca podrá expresarla por completo en sus obras. Un velo impalpable lo separa del rostro misterioso que lo fascina, y cuanto más se aproxima, más percibe el calor vivo y más se torna capaz de soportar su resplandor. Su vida se desliza tras esta búsqueda, en un impulso crecientemente recogido hacia esa Presencia siempre más interior y más inasible. El trabajo de sus manos no hace sino traducir esa suerte de exploración a tientas en el espacio infinito que la Belleza suscita en su corazón. Pero a la vez, Ella misma elude todo contacto y permanece envuelta en el Misterio.”
(Habla luego largamente sobre los “ruidosos” que machacan con toscas doctrinas en la Iglesia, y sigue así):
“Los verdaderos creyentes, en cambio, hacen poco ruido. Con un respeto infinito por su fe, prefieren el silencio al discurso, siempre que el amor no imponga el deber de hablar. Saben que el mensaje de Cristo a la Iglesia debe ser recibido desde dentro, que es como las palabras logran resignificarse en el receptor. Quieren comunicar aquello que Dios no es, más que aquello que es, desde los abismos de la experiencia humana... donde el alma que vive de la verdad se encuentra —en deslumbrantes tinieblas— con el Rostro eternamente joven del Dios viviente.”
(Habla luego de la Suma de Santo Tomás y su ser “inconclusa”, como nota intencional y la más radiante en que el Doctor Común expresa lo que pretende expresar: que Dios es Misterio inacabable y que todo lo escrito no es más que paja...). Y remata el suizo: “Sería bueno gravar esta sublime confesión en el corazón de los niños, haciéndoles entender que las palabras del Catecismo no son más que el trampolín de un impulso cuya amplitud debe acrecentarse cada día, hasta el encuentro cara a cara, más allá del velo.”
(Habla luego de los simples, y qué connatural les resulta postrarse ante la Majestad de Dios, y qué normal les sabe el lenguaje de los místicos, para terminar diciendo):

“por eso todo discurso sobre Dios
debe nacer del silencio
y permanecer allí
para llevarnos a Él.
Tibi silentium laus!
¡Tu morada, Señor —dirá el Salmista—
es el Silencio!”

Eduardo Mangiarotti dijo...

¡Qué interesante lo de Zundel! No lo conocía, siento que estoy haciendo un nuevo amigo.
Completo con dos testimonio. Uno, la frase de Cirilo de Jerusalén: "El misterio se cumple sin ruido", al hablar de la Encarnación. El otro, una referencia a "La esencia de la Obra de Arte", de Guardini. Él también habla de esta dimensión escatológica (creo que llega a usar esta palabra) de la obra de arte, que anticipa lo definitivo y al mismo tiempo revela que ella no es lo definitivo. Si se quiere, es la distinción entre ídolo e icono que tantas veces ha trazado. Cuando la obra de artes es icónica, remite a un misterio que la supera. En el fondo es también la dinámica de lo sacramental, ¿no? La pobreza de los signos canaliza la grandeza del misterio. Revela y esconde al mismo tiempo, dando espacio para la fe. Un poco también como nuestro templos, que aún en sus estructuras más grandiosas lo que más ofrecen... es espacio vacío. O mejor, espacio puro: para tener mejor conciencia del misterio.

Anónimo dijo...

Empecé a conocer a Zundel a partir de su comentario , athonita y encontré esto que me gustó tanto !!! y me está gustando

Asi es nuestro Dios.

No es una amenaza,

ni limite, ni una prohibicion,

tampoco una venganza,

sino el Amor arrodillado

que espera eternamente

el consentimiento de nuestro amor

sin el cual

el Reino de Dios

no puede constituirse

y establecerse.

Todo lo contrario de lo que uno se imagina."

M.Z

Creo que lo que tratamos es de dar cada día nuestro consentimiento !!
Abrazos

el doke

Raúl Hornos Rostello dijo...

La clave, como dicen Ignacio y el Athonita, está en los místicos, en el ascenso del alma (escala, la llama el Athonita acertadamente) Ellos son los maestros de la media luz y entendieron que lo mistérico de la liturgia y de la pedagogía presupone una primera intimidad del alma (de las almas de los maestros) con el Misterio.

Para dar Dios, se necesita Dios y a Dios nadie lo ha visto.

Natalio Ruiz dijo...

He vuelto!

Igual, veo que ya se han tomado todo y sin tomar no opino.

Saludos de bienvenida a todos los "nuevos", mis respetos conocidos para los conocidos.

Mi único comentario sobre el post y las discusiones es: ¡Qué bueno! Si Dios y el trabajo lo permiten mañana o pasado volveré sobre un libro citado en los comentarios que reabre un ángulo de la cuestión.

Sobre las bebidas que se bajaron, un amigo bebedor siempre me repite: "la clave es no mezclar frutas con cereales". Nunca le hice caso. El menú de la casa viene con cerveza en la picada, vino para el plato principal y whisky a los postres.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

Estuve yo también investigando sobre Maurice Zundel y me quedé absorta, atónita...Lo que me pareció está bien expresado en esta otra página que encontré http://www.montfort.org.br/index.php?secao=cadernos&subsecao=religiao&artigo=zundel&lang=esp
No puedo explicarme cómo no ha sido excomulgado y aparece en pluma del Athonita...Si podéis decirme algo que aclare sin oscurecer..
gracias
fer