lunes, 8 de marzo de 2010

Cristianismo Mendigo II: Desde lo hondo


Desde lo hondo a ti grito Señor

Subir o bajar: he aquí la disyuntiva de caminos. La opción es muy personal, muy concreta también; podríamos decir que es una cuestión de método: ¿dónde buscar a Dios? ¿En la ‘altura’ de mis logros, de mis destrezas, de mis cumplimientos, de mis éxitos, o en la ‘hondura’ de mis fracasos, de mis límites, de mis errores?


Peguy le cantaba a la Noche, llamándola “madre de ojos negros: eres tú quien sacas el agua más profunda del pozo más hondo”. Si hay algo de cierto en aquello de Nietzsche de que la noche es más profunda que el día -en la acepción de más ‘veraz’- esto se debe a que en ella la verdad no rebota, no refracta, sino que reposa quieta, es absorbida, como ocurre con la luz: sólo el negro no rechaza la luz, es hospitalario con la luz, como sólo el silencio es apertura a la palabra. De igual modo, nuestras carencias son las únicas ‘ventanas’ por las que acoger la Salvación. Para el pagano fuerte y valiente la noche es ‘soportable’. Para el cristiano débil y pobre, la noche es ‘amable’...

¿Dónde está tu Dios?, ¿dónde hallar a Dios?


Nuestra propuesta es fijar como coordenadas del encuentro el propio fango. ‘Allí’ se da el ‘contacto’. ¿Por qué? Las razones son varias y diversas. Responden, algunas, al modo de ser nuestro; otras, al modo de ser Suyo. Veamos:


Algo ya está dicho: la carencia destraba lo más genuino del grito de auxilio. La necesidad nos enseña a pedir ‘de verdad’.


Dice un gran poeta, F. Hölderlin:

“desde que el hombre sufre, sabe expresar lo que quiere;
sólo entonces,
las palabras justas brotan
abriéndose como flores al sol.”


Es decir, la necesidad enseña a expresar. Lo que parece ser noche cerrada es el único sol que hace florecer ‘la palabra justa’ que rasgue el Cielo para ser palabra escuchada. San Juan de la Cruz acotaría: oh Noche amable más que la alborada... oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada. Nunca terminaremos de entender la increíble paradoja que encierra una Religión que celebra, en la centralidad de su fe y de su culto, una ‘Noche’ que llama, sin más, ‘Buena’, cuando la Humanidad de todos los tiempos y de todos los cultos ha despreciado siempre la oscuridad como lo contrario a todo atisbo de bien.

Pero, volviendo al poema de Hölderlin, hay más: no es un mero asunto de ‘buena dicción’. Dios -insiste Jesús- sólo admite adoradores que lo hagan en espíritu y verdad, es decir, desde muy adentro y desde lo muy auténtico. Desde lo-que-soy. Y podría brotar la objeción: mi carencia es justamente lo que me falta de ser, lo que no-soy; no es mi verdad; mi verdad es lo que he acaudalado, no lo que he perdido o nunca tenido...

Veámoslo de este modo: si en clase de geografía, en amplio mapa de América Latina nos pide la profesora: señale cuál es la Argentina, dónde está, márquela no a ojo, sino nítidamente, en el mapa...¿Qué haré? Mi dedo irá deslizándose por el contorno, por lo que considero los límites del país... pues son esos los que constituyen la verdad de la Argentina. Toda definición es la demarcación de los límites de lo definido (por eso lo in-finito no es de-finible).

Volviendo a lo nuestro: ¿quién soy yo? ¿cuál es mi verdad? Todo lo que se da de mis límites para dentro, de mis precipicios para dentro. Ese soy yo. Por eso, cuando accedo a ellos, estoy palpando -cual un ciego- la rugosidad más genuina de mi ser: el contorno de mi ser.


Por eso, sumando razones, el límite no sólo me ayuda psicológicamente a expresarme, sino que me expresa por sí mismo, es expresamente yo mismo.


Pero hay más: desde que hay estructura de pecado interfiriendo en mi relación con Dios, lo más propio de la tarea humana no es construir sino destruir, no es poner lo que falta sino quitar lo que sobra. La soberbia es lo-que-me-sobra. Lo que tengo adherido a mí sin ser mío, sin ser yo. Y esto de la necesidad, de la carencia, hace de antídoto, de ‘removedor’ eficaz como ninguno. Podré leer cien libros que me expliquen la maldad que hay en la autosuficiencia, pero sólo el contacto con la carne viva de mi límite romperá el mito anidado en mis entrañas de que me las puedo todas. No hay atajo para esto.


Por eso, desde nuestra orilla, la necesidad desinhibe la súplica auténtica, nos instala en la verdad de nosotros mismos y nos libera de toda mentira.


Los Vulnerables

Dijimos que había razones para apostarle a los propios límites por parte nuestra y por parte de Dios. Veamos esto segundo.


¿Por qué Dios (sólo) escucha el clamor del pobre? No sólo por lo ya dicho, sino por algo más curioso: porque es el modo en que las Personas Divinas se escuchan mutuamente unas a otras.
Dios es pura saciedad. Decir lo contrario sería claramente incorrecto. No obstante la saciedad de “Dios” se da por una suerte de “autoabaste-cimiento” en el dar y recibir mutuo de las Personas divinas. Pero de éstas, individualmente, sí podemos atrevernos a decir que no se sacian a Sí mismas: ¿qué sería del Hijo si el Padre no lo engendrase? ¿Qué sería del Padre sin un Hijo que lo amase y confesase como tal? ¿Qué sería del Espíritu sin este amor mutuo? A tal punto las Personas divinas se necesitan unas a otras que podemos decir que son “Pura necesidad Unas de Otras”.


Dios es un mendigo de Dios.

Y por eso, cuando Uno de la Trinidad se hizo hombre tradujo esta ‘costumbre divina’ en costumbre humana: quiso hacerse pura necesidad. Llorar de hambre y frío al entrar, llorar de miedo y angustia al salir de este mundo. Si algo lo define a Jesús de Nazaret es su condición de pobreza. Y no en su acepción sociológica, sino en su acepción ontológica. Jesús fue un mendigo. Quiso necesitarlo todo de los otros.


Pero hay más: Dios no sólo se apiada del pobre porque ve en él la imagen y semejanza Suya y la del Hijo encarnado, sino porque encuentra en ese ‘vacío’ en esa ‘concavidad’ la forma perfecta en que encastra su Plenitud. Dios gusta engolfarse, inclinarse, volcarse sobre nuestra carencia, pues encuentra máxima armonía, coincidencia, en estos contrarios. Esto es muy bello y muy concreto: la Misericordia de Dios se despliega, ‘luce’ -diría santa Teresa- en mi miseria. Sin ella, podríamos arriesgar, la misericordia sería puro deseo divino. Sin mi necesidad de ser salvado, la Navidad es inútil, innecesaria.

Navidad es la fiesta de la luz, fiesta de la verdad. Es la fiesta en que todas las necesidades de todos los hombres de todos los tiempos son escuchadas, atendidas y respondidas. Y de esto es paradigma el Antiguo Testamento: dos mil años de generaciones de patriarcas, reyes y profetas, pidiendo, con el agua al cuello: ¡Si rasgaras el Cielo y descendieses!

Desde lo hondo de los pobres de la Escritura y desde lo hondo de la Humanidad entera brota este grito suplicando ser salvados, suplicando por un Dios-que-salve... Y cuando esta noche llegó a su ‘cenit’ a su media-noche, a su máxima oscuridad... se rasgó el Cielo y descendió. Por eso la esperanza cristiana no es la apuesta optimista de que ‘esto va a cambiar’, sino un salto mucho más osado: es la certeza de que ‘esto tiene sentido’... La necesidad tiene cara de orante, de orante escuchado; y la oración escuchada tiene cara de un Niño envuelto en pañales, cuyo nombre es Ieshuá, Jesús, Dios-está-salvando...


el Athonita


13 comentarios:

Coronel Kurtz dijo...

Muy bueno, ¡muchas gracias!

[Igualmente, ¿puede ser que le falte una vuelta de tuerca?]

Natalio Ruiz dijo...

Sí, le falta la última parte......

Respetos que continuarán.

Natalio

Analía dijo...

muy bueno, especial para leerlo ahora!
gracias!!!

Anónimo dijo...

Muy bueno!
Ahora, se extrañan pastores que vayan más a lo concreto...Como Castellani, que nos bajen a tierra el fruto de sus meditaciones.

Tito

Coronel Kurtz dijo...

Aguardamos expectantes, entonces.

Gracias

Anónimo dijo...

El sermón dominical último en el Athos cuyano no fue una obra de arte (como lo es otras veces); pero sí de una solidez doctrinal arrasadora. Tema caro al Monte Santo –se ve- esto del mal físico y su vínculo con el mal moral. (De eso hablaba Cristo en el Evangelio, por si a miércoles ya olvidaron, o siguen otro calendario litúrgico).
Transcribo tan sólo los primeros compases que desgraba mi mp3, a riesgo de caer bajo las iras o entredicho del ígneo Athonita:

“El 1º de noviembre de 1755 es una fecha emblemática (arbitraria, sin duda, como todo emblema) que hace de hito del inicio de la descristianización ilustrada.
Voltaire, a los pocos meses, publica su “Poema sobre el desastre de Lisboa” con sugestivo subtítulo: “examen del axioma: todo está bien”.

Un tremendo terremoto había arrasado con la capital de Portugal. No había antecedentes de catástrofe tan vasta. Desapareció bajo los escombros el 85 % de Lisboa. Y tras una hora, retrocedió el mar hasta mostrar las raíces del orbe, y tomando envión deglutó de un solo bocado lo que quedaba de la ciudad.”

Hasta ahí, Athos sic.
De Lisboa nos llevó a Siloé, de Siloé a Haití y Chile y de allí a la higuera de nuestras vidas, zamarreadas por el Hijo, para que demos fruto en tiempo suplementario, por pura negociación Suya ante el Padre.

Agarró unas extrañas térmicas con aquello de la sangre mezclada con la Víctima (no entendí un joraca)... y remató con el juliano all shall be well, y el paulino omnia in bonum, que había dicho por acá días atrás con ocasión de otro terremoto.
El aterrizaje fue un tanto torpe y sacudido, pero el vuelo fue agradable, puntual y eficiente (no me mate, Athos!, lo estoy cargando nomás).

FRM

el Athonita dijo...

No es por defenderme, pero bien podrías completar la escena avisando que tus chiquitos correteaban desde el atrio hasta el ambón, o mejor: desde que despegamos en Lisboa hasta el aterrizaje forzoso en Norwich...

Hablando de eso, miren uno que no entendió nada:

http://www.clarin.com/diario/2010/03/10/um/m-02155799.htm

ath.-

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Efectivamente no entendió nada este pobre hombre, Athonita. Su nombre de pila debería ser Cándido. En esto, Voltaire tenía razón: no hay nada más calentante que un optimista buenudo.

Analía dijo...

Si uno no entendió, existe la posibilidad de que además de haber sido elevado o confuso lo que se escucha, quizás -lo más probable-es que uno no sea del todo entendido para entender de que se trata, en la totalidad del discurso.

Yo me pierdo partes a veces en los debates que se hacen por acá, pero disfruto y aprendo con la mayoría. No me simpatiza lo de andar inventando debate gratuito, y la verdad que las aportaciones del monje son muy interesantes e iluminadoras, como pa ponerse a discutir.

Coronel Kurtz dijo...

Otro que tampoco entendió nada: http://hjg.com.ar/blog2/.

Es la otra cara del mismo argumento del que escribe en Clarín que trae el Athonita, que podríamos resumir así: "Si Dios existe (uno lo pone en duda, el otro no), Dios no tiene nada que ver con estos terremotos, tsunamis, etc., etc."

Y, de paso, con la necesidad imperiosísima que tiene de "castigar" a los tradis (sin ganas de matizar a riesgo de ser injusto), termina -en su última entrada al día de hoy- contradiciendo al mismo Catecismo promulgado por Juan Pablo II.

Eso por no hablar de errores de catequesis de Primera Comunión como confundir cristianismo con cristiandad, esjatología con fin del mundo, "actos de Dios" con "caso fortuito" (los abogados me entienden), los distintos planos (punitivo, purgativo, etc.) en que pueden explicarse teológicamente (siempre parcialmente como todo lo que a Dios se refiere) las catástrofes y las desgracias, y una larguísima serie de equívocos que en otra persona podríamos considerar disculpables pero que en alguien (creo que bien) formado estoy tentado a considerarlos maliciosos.

Sólo se me ocurre la frase que Castellani repite una y mil veces, "los autodidactas pierden al menos el tiempo".

Anónimo dijo...

Coronel Kurtz:

No le entiendo a qué se refiere cuando dice:

"Y, de paso, con la necesidad imperiosísima que tiene de "castigar" a los tradis (sin ganas de matizar a riesgo de ser injusto), termina -en su última entrada al día de hoy- contradiciendo al mismo Catecismo promulgado por Juan Pablo II".

Porqué existe esta necesidad de castigar a los tradis y quién termina contradiciendo al catecismo de Juan Pablo II?
De qué entrada del día de hoy habla?, De qué blog?

"Eso por no hablar de errores de catequesis de Primera Comunión como confundir cristianismo con cristiandad, esjatología con fin del mundo, "actos de Dios" con "caso fortuito" (los abogados me entienden), los distintos planos (punitivo, purgativo, etc.) en que pueden explicarse teológicamente (siempre parcialmente como todo lo que a Dios se refiere) las catástrofes y las desgracias, y una larguísima serie de equívocos que en otra persona podríamos considerar disculpables pero que en alguien (creo que bien) formado estoy tentado a considerarlos maliciosos".

Quién es el malicioso?, Quién tiene errores de catecismo de 1° comunión?, De quién habla?

"Sólo se me ocurre la frase que Castellani repite una y mil veces, "los autodidactas pierden al menos el tiempo".

Quién sería el autodidacta?

Aclare porque no le entiendo nada, por favor.

Gracias.

Ruth dijo...

No es justo; el Monje nos tiene olvidados a nosotros sus fieles lejanos... Athonita, por favor, háblenos de Haití y Chile... ¿Qué importa que el aterrizaje sea un poco brusco si el vuelo es bueno y llegamos vivos?

Coronel Kurtz dijo...

Me refiero a las 3 ó 4 últimas entradas de la bitácora: http://hjg.com.ar/blog2/