martes, 30 de marzo de 2010

Cristianismo Mendigo III: Hacer de la necesidad oración


Hacer de la necesidad oración

Santa Teresa decía que había que hacer de la necesidad virtud. Nosotros podemos parafrasearlo dándole una valencia oracional. Pero aún queda por contestar algo crucial, que hace al meollo de todo este asunto: ¿de qué necesidad estamos hablando? ¿Qué límite ponerle al valor del límite? Cuando insistimos en los ‘beneficios’ de las miserias, ¿bajo qué acepción lo estamos diciendo?
Digámoslo sin vueltas: bajo toda acepción.


Y ese pretende ser el osado desafío que proponemos para este Adviento (Natalio pone acá cuaresma): juntar miserias, acopiar límites, defectos, debilidades... y hasta pecados, para transformarlos a todos en un grito vivo: ¡Ven, Señor Jesús! ¡No tardes más! ¡Que el agua me llega hasta el cuello!

En una sociedad que todo lo recicla, que todo lo aprovecha, que junta cartones, vidrios, y hasta basura... nosotros debemos aprender a aprovechar el pecado, a hacer un buen ‘compost’ de todo eso que en nosotros es falta, tropiezo, error. Hay que convencerse: cuanto más pestilente, mejor abona, más augura aquello de Hölderlin: que la flor abra.

Esta es toda la propuesta para amasar un cristianismo mendigo: dejar emerger, una a una, mis limitaciones: desde las más ‘inofensivas’, como lo pueden ser mis límites físicos, mi fealdad exterior, mis pocas luces para esta tarea, para este estudio... incrementando la ‘intensidad’: mis defectos o carencias psíquicas: esa depresión, esa tendencia al desánimo, ese indomable irascible, esos temores paralizante, o incluso -¡sin miedo!- esa inclinación desordenada de mi sexualidad, de mi afectividad, o esa tendencia compulsiva a la fabulación y la mentira... Pero hay más, hay ‘abono’ más fuerte aún, que no hay que despreciar en este provecho: mis tendencias frontales al mal moral: a la violencia, al rencor; mi atrofiante egoísmo que me repliega sobre mi mismo... y, en fin, mis pecados, uno por uno, como actos y como hábitos... todos han de sumar en esto que ningún libro podrá enseñarme jamás: a tocar mi indigencia, a palpar pliego por pliego, la rugosidad de mi ser-pura-necesidad.


Tocar esta verdad nos hace libres como jamás imaginamos. El salmo 4 que pone las cosas en su punto justo: “Tú, que en el aprieto me diste anchura.” No dice: después del aprieto, o a pesar del aprieto, sino “en”... Como Jesús insistirá respecto al céntuplo “en medio” de aprietos.

Y entonces sí, lo que tal vez hasta hoy hemos considerado ‘palos en la rueda’ que inhabilitan mi vida cristiana, descubramos que se nos ofrecen (los mismísimos palos) como ‘brazos de palanca’ que me muevan a la verdad más profunda de la condición humana y habiliten en mí el cristianismo mendigo que salva.


A veces nos quieren vender -o nos vendemos nosotros mismos- un cristianismo de super-héroes, cuando la propuesta divina es de ser super-niños, hijos en el Hijo, mendigos en el Mendigo.

Caer en Dios

Dos citas, para terminar, que expresan con elocuencia este doble movimiento de un Dios derramándose sobre el Hombre y un hombre cayendo, en su pobreza, en los brazos de Dios.




“Las hojas caen, caen como de lejos,
como marchitas en los lejanos jardines del cielo:
caen con ademán de negación.
Y en las noches cae la pesada tierra
desde todas las estrellas a la soledad.


Todos caemos. Esta misma mano cae.
Fíjate en los demás: ocurre en todos.
Y sin embargo hay Alguien que acoge estas caídas
con suavidad inmensa entre sus manos”

R. M. Rilke



El agua tiende a correr hacia abajo y también lo hace el amor,
siendo ésta su fuerza de gravitación.
Lo que procede de arriba no necesita de altura,
necesita profundidad, quiere la experiencia del abismo.
Lo que procede de arriba, es ya puro y seguro,
sólo puede manifestarse descendiendo.
Lo que procede de abajo, tiende naturalmente hacia la altura,
el instinto le empuja a la luz...
El hombre quiere subir y la Palabra quiere descender.
Es de este modo que ambos se encuentran,
a medio camino, en el centro,
en la gruta de Belén."


H. U. von Balthasar





el Athonita

8 comentarios:

el Athonita dijo...

Extraño esto de leerse en textos que tienen como diez años. Uno va cambiando... con la Secuoya a cuestas, pero cambiando...
Por caso, dudo que hoy dijera “—¡sin miedo!—“ ante las inclinaciones sexuales distorsionadas. Más bien alentaría a encarar ese límite desde un santo temor de Dios. Points de vu,,,

ath.-

¿habrá sorpresa el Jueves en Roma o no?

Morgenrot dijo...

Estimado Natalio :

Hace usted una interesante reflexión sobre el pecado, como posible fuente del Bien y camino hacia Dios.

En ocasiones, muchas, me ha parecido que es así, basta estar en ese lado oscuro que supone el pecado permenente y constante , para que en un momento una Mano corra tu negro velo y te ofrezca el Amor más puro.

No obstante, el ser humano, cae una y otra vez en sus miserias, como Pedro antes de que cantara el gallo. Y volvemos a pedir perdón. Y así vamos haciendo un camino que va mejorando lo anterior.
¡ Qué Dios nos de fuerzas !

Saludos afecuosos,

N.B.: Me ha gustado bastante este escrito suyo, así como el anterior, complejo y tan sencillo a su vez.

Odysseus dijo...

Athonita, alguna vez he escuchado algo sobre la espiritualidad desde abajo, tan mentanda por algún monjecillo medio rebeldón alemán... pero jamás me sonó a esto, aunque tampoco he tenido mucho estómago en su momento para adentrarme en su conocimiento.
¿La similitud es solo semántica?
Tal vez sea una pregunta que deba quedar picando hasta después de pascua para no distraer.

Cordialmente.
Odysseus.

Ruth dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
el Athonita dijo...

Odysseus, no tengo la menor idea. Jamás le hinqué el diente a Verde. A veces sospecho (y en tiempo de Pasión, la sospecha toma el color de la Sangre) que pocas perversiones han sido más nefandas a la Iglesia que la espiritualidad vegetariana.

Yo hago apología del bajo, es verdad.

Pero jamás lo haría del 'desde'.

La Salvación y el Espíritu vienen de lo Alto, kenotando hasta mis honduras más bajas, para exaltarme.

No sé qué dirá Lechuguita Anselmo.-

Alejandra dijo...

Yo pecador me confieso ...Què tema para la reflexiòn! Dice San Agustìn en su comentario al Decàlogo que "La primera libertad consiste en estar exento de crìmenes, ..." Cristo completa este Decàlogo con el Sermòn de la montaña y le da forma definitiva, resumiento todo en el amor. Y asì Juan Pablo II en su encìclica "Esplendor de la Verdad" nos dice que "los mandamientos constituyen, pues, la condiciòn bàsica para el amor al pròjimo y, al mismo tiempo, son su verificaciòn".
Pero estaba escrito que ìbamos a pecar, y que Dios se harìa Hombre en su Hijo y que èste se darìa a sì mismo por nuestros pecados. Y tambièn estaba escrito que el hijo volverìa al Padre y dejarìa en su lugar, entre nosotros a su Santo Espìritu. Este Dios trino es uno de los pilares de nuestra fe. Una y mil veces se repite en la consagraciòn en cada altar este abajarse del Señor para que nosotros, pecadores, podamos siquiera presentirlo, y asì decir con con Tomàs de Kempis ..."Cante yo cànticos de amor: sìgate, amado mìo, a lo alto, y desfallezca mi alma en tu alabanza, alegràndome por el amor."
Y entonces comprendemos que sòlo podremos lograrlo internàndonos en el silencio y la profundidad de la oraciòn.
SANTAS PASCUAS PARA TODOS!

Natalio Ruiz dijo...

Estimadísima Morgenrot:

Los textos que le han gustado no son míos (por eso le gustaron tanto...) son del Athonita, un monje no anciano pero sí sabio.

¡Felices Pascuas!

Respetos pascuales.

Natalio

Natalio Ruiz dijo...

Gracias Alejandra por su visita y tan lindo comentario!

Felices Pascuas.

Respetos pascuales.

Natalio