jueves, 8 de abril de 2010

Bodas de Sangre


“Si me amaran, se alegrarían”

Jn 14,28


La textura o clima de todo lo cristianismo exige siempre una puesta a punto que sólo se lo puede otorgar la paradoja.
Sólo la paradoja (como contrarios coincidentes, trabados cual las hebras perpendiculares tejen su tapiz) es capaz de acercarnos al inefable Misterio de un Dios-Hombre, que aprieta en Sí todo cuanto el hombre pudiera siquiera imaginar como opuestos.

A la Iglesia le atañe celar y custodiar la presión justa de todas y cada una de sus paradojas. Siguiendo el Catecismo podemos constatar que esto vale para los dogmas más profundos de la Fe (son Tres pero son Uno); vale para la moral (todo es gracia pero no ha de faltar nuestro esfuerzo); vale para la Liturgia (Banquete y Sacrificio, Fiesta y Drama); y vale, no menos, para la plegaria (como hijos, ante un Rey temible).

Pero la Iglesia, a su vez, se ve siempre urgida por retensar sus paradojas internas, como quien tensa los tientos de una carpa expuesta al viento. Como quien ajusta (o desajusta) las clavijas de un instrumento de cuerdas, que siempre necesita ser vuelto a afinar. Y para esto no puede seguir un protocolo fijo, sino que ha de reaccionar en contrapeso, compensando, tironeando del lado opuesto al ladeo. Kinesiología espiritual, que le dicen.

Hoy (Viernes Santo) quiero proponer el ajuste de unos tientos o vientos de nuestro carpón eclesial, que tiene que ver con la experiencia, la inefable experiencia que Jesucristo haya tenido de su propia Pasión. Y sobre esta huella, cuál ha de ser el ‘clima’ justo en que vivir nosotros este día tan especial.

El Mundo banaliza la Semana Santa. Y nos duele en el alma esta indiferencia.
En reacción a ello, podemos creer que desde la Fe y la piedad más honda lo que nos incumba sea teñir el Viernes Santo de profunda pena y congoja. Meditar intensamente en los sufrimientos de nuestro Señor y concluir que ha sido un día horrendo para Él; un día triste, un día trágico, un día nefasto y fatal. Y en solidaridad a tamaña desgracia, también nosotros declararnos tristes y apenados.

Hemos leído la Pasión. Si no pretendemos otorgarle una categoría propia, cual si fuera un Libro sagrado diferenciable como tal del texto del que está extraído; digo, si en verdad lo consideramos parte del Evangelio, y hasta su médula... mucha acrobacia afectiva y retorcimiento mental harán falta para negarle su condición inmediata: si la Pasión es Evangelio, ¡se trata de una Buena Noticia! Y no hay recurso presentable para no encarar una buena noticia sin gozo.

Banalización y dolorización de este Misterio redentor son dos caras de una misma moneda: la de una mirada meramente humana del acontecimiento. Una mirada desde nosotros, centrada en nosotros o apuntada desde nosotros.

Y lo cierto es que se trata de Dios. El sujeto de la Pasión es Dios. El Dios humanado en Jesucristo, redimiendo al Hombre, expresando su amor extremo por el Hombre. El Verbo eterno (y no es otro Jesús de Nazaret) es una Persona infinitamente feliz. Indevaluablemente feliz. Siempre feliz. Y en todo feliz. Goza, tanto del Padre como de los hombres. Es pura Luz. Y es siempre Luz, nuestro Santo y Feliz Jesucristo, como le canta la Liturgia.

Cuando el sol se eclipsa, o se cubre de nubarrones, se oscurece la Tierra... pero no el sol.

La gente simple, cuando uno hace alusión al sufrimiento de Cristo (a los clavos, al peso de la Cruz, a las humillaciones, etc) suele refutar: eh, pero Él era Dios! A lo que con indiscriminada llaneza retrucamos sin pestañar: eso nada tiene que ver.
Hoy creo que sí tiene que ver. Porque es Dios. Y ser Dios no puede ser un “detalle” colateral o desactivado en la experiencia de este Crucificado.
— ¿Está insinuando, Padre, que entonces no sufrió de veras? ¿o que al menos el dolor fue mitigado por una coraza interna divina?
— No. Sólo digo que ser Dios sí tiene que ver. No para menguar el dolor. Pero para asumirlo desde una experiencia que nos es inimaginable. Pues esta Persona no es siquiera mitad Dios y mitad Hombre: es exclusivamente divina.
—¿Pero acaso no es tan Dios como Hombre?
— Sí, claro. Pero ser Dios es más que ser Hombre. Y eso hace diferencia.

Vuelvo al —peligroso pero imprescindible— arte kinesiológico que le incumbe a la Iglesia: en tiempos monofisistas, habrá que elongar y tironear acentuando que Cristo no era un Dios disfrazado de Hombre, sino verdaderamente hombre. En tiempos arrianos —como los que corren— hay que tensar los tientos de la cristología para no perder de vista que el que pende del Madero es el Creador del Mundo.

Sugiero, para acercarnos a las entrañas del Crucificado, atender a algunas expresiones Suyas que puedan rectificarnos la tónica lúgubre y sombría, fúnebre y luctuosa que solemos darle a la Pasión de nuestro Señor. Y son las palabras —las únicas— que consigna san Pablo en labios de Jesús: que hay más alegría en dar que en recibir (Hch 20,35).

Si esto es así, en buena lógica: a mayor dádiva, mayor alegría. Y ante la máxima dádiva, la máxima alegría. No creo estar trivializando el Misterio central de nuestra Fe al decir que este Día Santísimo ha constituido el día más feliz y bienaventurado de nuestro Señor sobre la Tierra. Día que Él ha deseado con ansia, con avidez. ¡Para esto he venido al Mundo! —ha dicho el Verbo eterno, llegada Su Hora—. He venido a echar Fuego sobre la Tierra y este es el momento de hacerlo. Ardo en deseo de consumar esta Obra. Cristo es la hipóstasis misma de las bienaventuranzas evangélicas, como anotaba Zundel.

Así como decimos que lo cortés no quita lo valiente, podríamos reformularlo aquí diciendo que lo grave no quita lo gozoso.
Cristo avanza voluntariamente hacia la Muerte de Amor, como un novio enamorado en cortejo nupcial.
¿Con todo el peso del pecado del Mundo a cuestas? Sí.
Pero no menos (y sí más) con todo el peso del Amor divino al hombro: al mismo hombro.
Sí, son las Bodas del Cordero. Y avanza el divino Novio enamorado, cual ágil cervatillo, hacia el altar del Gólgota donde sellar Bodas de Sangre con su negra pero hermosa prometida. (Una antigua glosa cisterciense anota que Cristo, en su silencioso camino del Pretorio al Gólgota, más que mascullar los demandantes improperios, lo que va destilando en sus entrañas son los versos del Cantar de los Cantares...).

Si al Hombre le cabe —en un rapto de audacia— lanzar un fronterizo “Felix culpa”, ¿cómo no prever que esta Felicidad haya estado en plena ebullición en el Corazón de Aquel que vino a sobreabundarla en los culpables?
¿Cómo no hacer caso a lo que piedad y ciencia han dicho desde hace tiempo, respecto a que este Varón de dolores no murió de asfixia ni desangre, sino que hizo un infarto masivo? ¿Cuánto más ha de avanzar la Teología para convencernos que este Corazón literalmente estalló de amor?

Nadie me quita la vida —explica a los despistados—: Yo la doy porque quiero, la doy porque amo: ¡amo morir por ti!

Propongo —al menos por una vez— no distraernos en los Pilatos, Anás y Caifás; en apóstoles traidores o cobardes; en Barrabases o gentíos serviles. Son todos funcionales a un inabortable y resuelto Proyecto divino. Una sola resistencia presenta el Cristo dócil al curso de los hechos: Pedro desenvainando su espada, casi arruina la Fiesta del Amor extremo.
No perisferen la mirada. No arrabaleen la visual.
Concentren el foco en Aquel que avanza, hidalgo y solemne, libérrimo y resuelto, bello —¡nunca más bello!, aporta san Agustín— a sellar con Sangre la Alianza nupcial, nueva y eterna.

No lloren por Mí —avisa preocupado a sus daltónicos discípulos—: lloren más bien por los que se pierden esta entrega de amor. Por los que no aceptan este Amor dado.

Para los que nos dejamos amar por Él, hoy es un día de secreto gozo. Es el día del Amor extremo. Si hubiera que instituir un día del amor, un día de los enamorados, debería ser este: el Viernes Santo.
El color litúrgico lo indica: no es el tono agrisado, macilento, pálido, mortecino. No es el negro de la liturgia de difuntos. Ni es siquiera el turbio y compuesto violeta. Es el rojo, el rojo primario; ígneo y vivaz, fuerte y audaz. ¡Es una Fiesta al rojo vivo! Claro está que no es día de jarana, sin duda. Es día grave. No es día de algarabía, sino de silencio estupefacto, anonadado. Pero ciertamente, sobre todo, no es posible concebir este día como un día de amargura, sino de dulcísimo gozo. Gozo —diría Balthasar— porque el Amor guarda la Gloria.

Ni banalización ni lágrimas de Cuaresma. Hay un tiempo para cada cosa. Y ya fue el tiempo previsto para repasar y machacar sobre nuestras faltas. Es Hora de mirarlo a Él; es la Hora de mirar al Amor, y quedar alumbrados.
¿Qué se me pide hoy? Apertura de corazón al Misterio de un Dios prendido fuego en amor. Dejarme alcanzar por las lenguas de Fuego de esta Fiesta del indomable Hijo Pródigo, resuelto —en locura de amor— a despilfarrar sus bienes eternos en mí, minúscula pocilga humana.

Que esta viva y roja Sangre nos alcance y vivifique. Pues digámoslo una vez más, en estos tiempos inciertos y antropoprotagónicos: se trata de dejarnos amar por Él. Se trata de vivir de esta intensa y configurante experiencia de un Dios Hijo, el Cristo, que me amó y se entregó por mí (Gal 2,20). Y aunque la Liturgia Romana prefiera no usarlo en este día, no puedo callar esta revelada certeza: no hay incienso perfumoso fuera del suave aroma de esta Oblación (Ef 5,2).
Si no lo toman a mal, les deseo un radiante y perfumoso, sacro y feliz Viernes Santo, Fiesta del Amor extremo.

29 comentarios:

el Athonita dijo...

Perdonen lo asincrónico de la entrada: volver a la Pasión en Octava pascual puede parecer de mal gusto.

Pero estaba en deuda con el pedido de algunos inquietos oyentes del Viernes Santo, no muy convencidos de la ortodoxia del prelado predicante.

Va aquí la homilía de aquel día, pasada a texto, para que puedan despedazarla a piacere.-

La inspiración del asunto se la debo a un texto von Balthasar, llamado La Alegría y la Cruz, que aparece en “La Verdad es sinfónica”.
En la web pueden leerlo aquí (no lo encuentro en castellano, so sorry):

http://www.communio-icr.com/articles/PDF/balthasar31-2.pdf

donde el suizo menciona a santa Teresita, exponente crucial de esta tesis, y a Frank-Duquesne y su controvertido “Júbilo de Jesucristo”, que pueden leer en lo de Jack Tollers.-

Pero de modo más basal, Balthasar maniobra desde aquel texto de Hech 5,41 (que Benedicto trajo a parecida colación esta Semana Santa) en que los Discípulos salen del azote “dichosos de haber padecido”.

Como ven, me cubro un poco, por las dudas...

Felices Pascuas para todos, y que nadie ose quitarle las cinco llagas de incienso a nuestros cirios pascuales, que sangran Luz; ni privarnos del ígneo llamear perfumoso de nuestros Crucificados.

Sólo así la Iglesia será Carpa del Encuentro a prueba de zondas...

Natalio Ruiz dijo...

Bien por el monje publicador!!!!!

Yo lo estaba publicando en paralelo diciendo que con el diario del lunes no suena tan chocante. Pero comparto la necesidad de volver sobre el Viernes aún después del Domingo.

Porque, si bien la Resurrección es la fiesta más grande de nuestra religión, la Redención fue el Viernes.

Por lo demás, da para un santo boxeo teológico pascual que viene bien.

Tengo que pensar, no sé muy bien todavía qué pienso.

Natalio

Pd: la hermosa escultura la pueden adquierir escribiendo al perfil del Athonita. Si mencionan el post se llevan una ¡mirá vos! en tono monástico. Escriba ya.

Natalio Ruiz dijo...

Estuve y sigo pensando en esto.... Mis poquitos tiempos libres (incluso de pensamiento) son copados por millones de cuestiones que se plantean.

Como no tengo definidos muchos los sigo pensando.

En términos generales comparto la visión aunque me resulta tensada en exceso la cuerda, un poco demasiado.

Y, como decía, por muchas cuestiones que no termino de poder formular pero podemos empezar por dos frases que traen bibliotecas (en ambos sentidos) en sus espaldas:

- "¿Por qué me has abandonado?"

- "Si puede pasar este caliz sin que yo lo beba" (al tiempo que suda sangre).

En fin, no dudo que Cristo en su condición divina tenía absoluta conciencia de lo que estaba haciendo y lo aceptaba. El tema de gozo es más delicado. Las frases traídas ¿son pour la galerie?

No sé, arrojo y espero poder volver...

Respetos pascuales.

Natalio

Alejandra dijo...

Tratar de comprender la complejidad del pensamiento del Athos serìa como pretender tañer a Hamlet como si fuera una flauta.
Me quedè pensando.Toda una vida esperando la gran Vigilia - "... no hay Pascua sin Resurrecciòn"... decìa un pàrroco en su homilìa del primer domingo pascual, poniendo el acento , la intensidad de toda la semana santa en el sepulcro vacìo-, y ahora este pensador incansable cambia con su prèdica la polaridad del misterio.
En verdad, casi dos milenios antes del primer transplante de òrganos, Cristo realiza la primera ablaciòn completa, en vida, sin lìmites. Pero es que para Dios, sabemos, nada es imposible. EL quiere estar entre nosotros! A veces huidizo, escondido, pero siempre omnipresente en ese darse y repartirse permanentemente en cuerpo y sangre, esa sangre que tiñe y glorifica la pasiòn. Y no es la entidad de las heridas lo que da valor al sacrificio, sino la inocencia del cordero que acepta tal vejamen y lo ofrece al Padre como "propiciaciòn de nuestros pecados", no los suyos, porque no los tiene, porque su origen es divino y su divinidad no tiene fin al volver a EL.
Visto asì, la Resurrecciòn es casi una obviedad en relaciòn a esta entrega al Amor y por amor.
¡Magnìfico!

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

Gracias Natalio por esta entrada llena de profunda coherencia,pasó el viernes santo, y llegó la resurrección, la pascua es precisamente morir y resucitar. Lo ha expuesto de manera muy bella.
Que Dios le bendiga.
Sor.Cecilia Codina Masachs O.P

Anónimo dijo...

¿qué le pasa a esta monja que nunca entiende de quién es el post?

Muy bueno Athos! Realmente, muy bueno. No creo, Natalio, que el drama de Cristo sea pour la galerie, sino la experiencia opuesta, puesta en coincidencia, al decir del Cusano.

Sólo me pregunto si la categoría alegría (o gozo) no es intrínsecamente subjetiva, o si le cabe un perfil objetivo. No lo sé. Que hablen las chicas que dominan al Danés, por ejemplo. Pues si la subjetividad es la única verdad, la verdad es que nuestro Cristo anduvo triste aquel día. Si, en cambio, prima la verdad objetiva: ha sido un día dichoso, de dichosa ventura, de aventura buena, de bienaventuranza objetiva.

O que hable san Juan de la Cruz desde su Noche oscura del espíritu. ¿La aplica a Cristo como a su sumo analogante?

Muy tarde para seguir pensando...

FRM

Anónimo dijo...

Hola! seguido me cuelgo leyendo el post y nunca aporto nada, por lo menos públicamente, me conformo con mascullar para mis adentros. Hoy hago exepción no tanto por lo que tenga para decir sino para anunciar implisitamente (o explisitamente,más bien) que tienen un lector más!!

lo cual, dada la concurrida audiencia, es motivo para agradecer, por supuesto... no por que yo los lea, en este caso y como últimamente, al athos, sino Por-el que los lee! (se entiende?)

Creo en relación al comentario anterior que la cosa es al revés y que aún sin dominar el Danés., Es solo desde la subjetividad de aquel que ES la verdad que el "hecho" puede ser gozoso y feliz. Desde lo objetivo, desde lo antropomorfo, se me ocurre que el "hecho" es en primer termino un horror, una gran injusticia...de tantas, mirando
un poco más ya aparece como una locura, un sin sentido, y un poco mas...desde la posible realidad del Dios-hombre., Ya es un escándalo!(y sobre esto hay mucho que pensar pero no creo sea la oportunidad)

Seré anticuado y preguntón, pero a mi me sigue rompiendo el bocho y mas que eso el alma, la pregunta de: ¿porque lo mataron?, por otro lado...aunque se entiende a las claras que el centro, como no puede ser otro, está en lo que vive el Cristo. Yo sigo con la pregunta de: ¿dónde estaba yo? No tanto como crítica recalcitrante y acusadora, sino más bien con verdadera y sincera...curiosidad!
(ya sé que es una visión? pasada de moda, pero bue, aya yo)

Volviendo al tema., Creo que es solo desde la subjetividad del Cristo que el "hecho" puede ser feliz y gozoso, lo cual no le quita lo inconmensurablemente doloroso -como el parto! me explicaría una amiga que dio a luz hace poco, salvando las infinitas distancias -

Y creo por último que para entender... o vislumbrar muy a lo lejos, aunque también muy cerca, a la pasión como algo gozoso y feliz la cosa pasa por preguntarnos primero si( je, para usar una palabra un tanto taladrada por algún que otro monje) la pasión es un hecho o... un Acontecimiento?

Respetos,(me encanta esa palabra, es como el atentamente, te podes mandar cualquiera, pero la pones al final y te arregla todo)y felices pascuas atemporales a todos!

ImP

Alejandra dijo...

Recojo el guante, si es que puedo dar la talla. Ahora sì que estamos de acuerdo, estimado anònimo, en tu segunda entrada. Y es muy interesante hacer salir a escena al Danès, pues podrìa llegar a plasmarse un paralelismo caòtico entre dos prìncipes nacidos para dar la vida por amor al padre.
Ahora bien, en el Danès hay un gozo objetivo y subjetivo a la vez. Vive en un continuo dramàtico en el que se desenvuelve a sus anchas al generar imàgenes objetiva -la muerte como efecto lògico de la traiciòn- y subjetivamente gozosas -en la venganza como el sino de su existencia.
Cuando hablamos de Jesùs, sujeto divino, vemos que El viene a cumplir lo que el Padre le ha encomendado por Amor. Y en este orden de ideas, humildemente creo, no hay gozo objetivo en la imagen del "Cristo escarnecido", pues El mismo expresa "... si es posbile, aleja de mì esta copa...". No hay alegrìa en la visiòn de la miseria humana. Para El hay un gozo subjetivo, cuàl es "dar la vida por sus amigos" y tambièn por los enemigos, dejando la enseñanza màs clara y reveladora de su condiciòn de origen divino. El Amor todo lo da, hasta la ùltima gota de su preciosa sangre, con la que nos cubrimos a travès de la oraciòn, màs allà del tiempo y el espacio.
Y ya me fui demasiado. En esta dimensiòn, es excelente el ejemplo de la maternidad, que yo tambièn habìa pensado esbozar pero encuentro ahora innecesario,
Respetos literarios

euge dijo...

Cotidiana y simplemente digo que lo leído (y seguro nunca suficientemente bien comprendido) me recuerda a una amiga que fue mamá. Cuando me disculpé porque llevaba regalos para sus dos niñas y no para ella, me dijo con un fulgurante brillo de felicidad en sus ojos: no te preocupes, desde el momento en que tenés un hijo ya te das cuenta que dejás de existir. Después vino una sonrisa aún más brillante y la mirada tierna posada sobre la más pequeña ... De repente el interminable reposo absoluto de meses, los dolores de parto, la incertidumbre, la angustia y muchos etcéteras se diluyeron al son de esa frase que encierra el amor más grande, entregado completa, conciente e incondicionalmente. Si eso nos es posible a nosotros, barro con ansias de cielo... ¿qué será Nuestro Bello?

Felices pascuas y muchas gracias!

María Eugenia.-

el Athonita dijo...

Me parece que la imagen del parto —empleado por Cristo y san Pablo— no aporta del todo al pretendido ‘stimmung’ de esta paradoja.- Nos devuelve a la secuenciación, al aplazante Cronos en que se siembra con lágrimas para cosechar luego entre cantares.
Sólo la kairología de la Caritas rompe la secuencia. El amor no es promesa de un fruto diferido, sino que es su mismo fruto. Algo así como ocurre con su mejor Sacramento donde la acción litúrgica y el efecto sacramental son Lo mismo.

Como se puede decir de este Domingo: lo octavo como tópico no es lo siguiente a lo séptimo, sino su estallido: una salida del laberinto por arriba. Como dice un anónimo de la Patrística Griega: la Pascua no sólo vence a la muerte: vence al tiempo. Es el derrocamiento definitivo del rey Cronos.-

Atender hoy a Tomás, leyendo al tacto, en el braile del entrañable Costado, la gramática del Amor, es un buen punto. Es el contrapunto del Centurión.

Por algo llaga y gozne se dicen tan igual.

Que no se nos aflojen los tientos del Carpón. No es simplemente que todo termina bien, a lo Norwich; es que todo entraña y mana ese bien. Como rectifica Bloy: todo está saliendo exquisitamente bien.

O lo del salmo 4: in tribulatione dilatasti mihi. No es un estoico: aguanten que hay un after de Gloria. Hay que horadar en ese “in”, pues es en el aprieto que se nos otorga la anchura.

Es lo de la famosa Carta 104 de santa Teresita, que me parece ya mencioné: “Si supieras cuán grande es mi alegría al experimentar la ausencia de alegría en orden a ofrecer alegría al Señor; aún sin experiencia, es un gozo sublime.”

El Cusano un poroto al lado de este “petit violon”. Toda la orquesta de la sinfónica Catholica debería afinar sus instrumentos con este preclaro y normando “la”.

Me voy a Misa!

Anónimo dijo...

Coincido con Athos. Claro que –por más doctora que sea- el “la” no se lo quitaría así nomás al Nuevo Orfeo, al Único que es Paradoja de paradojas. Su doble naturaleza me parece sigue siendo el centro de la tensión opositora, fuente y origen de toda afinación.
La inmoribilidad del Logos, diría Athos, frente a la mortalidad de Jesús, tensan. Y en el contexto pascual, creo que un modo más de decirlo es (con palabras del mismo Athos o de su Prior, ya no recuerdo) que el Cristo Yacente, el Cristo Muerto no es un cadáver: es el Cuerpo muerto del Dios Vivo. Como el Resucitado sigue siendo el Christus Passus: el desangrado (o desangrante) Cordero pascual.

Uranga

el Athonita dijo...

Esto que trae Uranga me hace pensar que la Octava de Pascua admitiría aplicar a la Cristología lo que Benedicto propone para Liturgia y Concilio y demás topics: el primer hermeneuta de la continuidad capaz que sea santo Tomás, the Twin.-

Respecto al ubi del psalmo 4, me hizo acordar a aquello de santa Teresa: en la Cruz está la vida y el consuelo. No más allá, no tras, non (solum) per, sed (etiam) in. La Gloria ha sabido anidarse allí.-

ath.-

Ruth dijo...

Me ha llevado cinco lecturas, cinco días y cinco noches sintonizar con esta entrada. Hoy creo que lo logré. Y me resultó difícil porque es Pascua y uno está exultante de felicidad por la Resurrección, y sí, contempla las Llagas, las Llagas abiertas… pero sin clavos. En un momento pensé que el texto ajustaba demasiado la clavija del gozo y ni tocaba la del dolor. Pero claro, el Viernes uno tiene el Varon de dolores a la vista, con los clavos en Su Divino Cuerpo. Recién hoy en la quinta lectura puedo decir que encuentro el texto perfecto. Bello y terrible el Misterio que presenta.

Tres cositas:

- Amigo Natalio: a mí me ayudó la lectura de Frank-Duquesne… si encuentra un tiempito libre… Y el domingo el cura mencionó a los mártires, por el tema de las Llagas y lo que decía San Agustín… y pensé que si ellos, simples hombres, iban felices y cantando a una muerte sangrienta, mucho más Nuestro Señor tiene que haber subido al Gólgota feliz y cantando… cantando el Cantar de los Cantares para sus Bodas de Sangre. ¡Gracias Athonita, por haberme hecho vislumbrar un Misterio que ignoraba!

- Estimado FRM: Aunque no domino al danés intenté aplicar las categorías danesas. Y en mi opinión, tanto gozo como dolor son subjetivos, porque hacen referencia a la pasión, a la existencia, a lo concreto, al singular… en fin, a la subjetividad. Gozo y dolor son subjetivamente verdaderos. Temiblemente verdaderos. Ambos en tensión.

- Admirado Athonita: No creo que el luto signifique lágrimas, tristeza y congoja. Hablo desde mi experiencia. La primera vez que asistí a un Viernes Santo según la forma extraordinaria, donde los ornamentos son absolutamente negros, fue la primera vez que comprendí que era un Día de Triunfo y que no podía llorar acongojada la muerte de Jesús como lloré la de mi abuelito. Desde ese lejano Viernes Santo del ’98 hasta el reciente del 2010, he ido a rusos, armenios, ucranios, latinos tradicionales (no sé cómo llamarlos) y siempre ha sido negro el color litúrgico. Y siempre ha sido triunfal. De luto, porque Dios ha muerto. Pero triunfal, porque es Dios quien ha muerto y, como se canta toda la Pascua, con Su muerte venció la muerte.

Saludos pascuales para todos!

Natalio Ruiz dijo...

Aunque como ya les comenté mis fines de semana ahora incluyen también los lunes que me impiden aportar.

Calculo que mañana podré (quién sabe...) leer y contestar con más detenimiento.

Lo único que me interesa aclarar es que no tengo problemas con el Viernes Santo como fiesta, de hecho es una idea que comparto e intento vivir en todas la cuaresmas. Incluso aquí se planeó la cuestión con referencia a la Misa también: la Redención se opera el viernes y no el Domingo (aunque la resurrección termine de dar sentido a lo otro). Y en esa línea hasta creo que el Viernes es el contenido del Domingo. Vaya Fiesta gozosa para nuestra Iglesia y para el mundo. Sin dudas. Felix Culpa.

Lo que me cuesta más es gozo de la persona de Cristo en la Pasión. Que no es lo mismo. Que Cristo comprendiera la dimensión real y absoluta de su Acto como el más importante y único en la historia no quita que, humanamente, no lo quería. Y a eso voy con "si puede pasar sin que Yo lo beba" y demás.

En fin.

Espero poder volver mañana.

Respetos pascuales.

Natalio

Ruth dijo...

Querido Natalio, yo también había encontrado el mismo obstáculo que Ud: ¿Cómo Alguien infinitamente feliz puede gritar “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”? ¿Cómo Alguien infinitamente feliz puede decir “Mi alma está triste hasta la muerte”? ¿Cómo Alguien infinitamente feliz puede sudar sangre de angustia?

Como el Athonita no habla y yo desde mi nada no lo puedo ayudar, le copio una parte de F-D, donde habla de las palabras de Cristo que Ud cita. Igual lo mejor sería que lo leyera entero... Por mi parte ando con el de Bathasar, pero mi inglés es lento... :(

Copio:

Y en efecto, en ciertos momentos, la fe del Cristo sufrió la más extrema tensión. A medida que el adolescente en Nazareth cobraba conciencia de su misión redentora... y que el tiempo pasaba: veinte, veinticinco, treinta añoscuando volvió luego a los suyos y no fue recibido... cuando, más tarde, se abrieron las compuertas del mal y cuando las tribulaciones, las miserias morales y físicas, las abominaciones e iniquidades del mundo entero cayeron sobre Él, en verdad que Le hizo falta una fe firmísima para que su caridad no se enfriara, y eso sólo para permanecer en pie. Entonces descubrió que sus hermanos se arrojaban hambrientos sobre el pan que dispensaba por compasión de sus necesidades orgánicas, pero que luego le daban la espalda con desdeño por aquel pan tanto más precioso que le ofrecía a sus almas... Los oyó gritar, animosos, que lo querían por Rey, mientras en el fondo de su corazón rechazaban su ley de amor... Otros hallaron sus palabras excesivamente duras, intransigentes, exageradas, intolerantes, paradojales; “se retiraron y ya no andaban con Él”... Y en fin, allí entre sus más cercanos, no ya entre los siervos sino entre sus amigos, un traidor se aprestaba a traicionarlo con un beso... ¿Cómo podemos creer que su fe, su confianza en Dios no ha sufrido, como un cable de alta tensión durante una tormenta, una tensión inaudita, hasta los límites de su resistencia, de manera tal que una sombra se proyectó sobre su alegría? En Getsemaní, la victoria de su fe sobre el mundo pudo parecer comprometida, como pendiente de la más mínima inclinación de la balanza... Todos los hombres, de eso tenía amarga certeza, lo habían abandonado. La cruz en tinieblas esperaba paciente que se le acercara su presa. Con mano tembolorosa tomó “el cáliz de la cólera y del vértigo, del terror y de la conmoción” (Salmos LIX:5; LXXV:9; Is. LI:17, 22; Zac. XII:2), en el cual, dice el profeta, “hierve la iniquidad del mundo”. Entonces, su pobre alegría oscurecida ya de sombras se reduce al tenue hilo de un manantial que desaparece y se pierde entre la arena... “Mi alma está triste hasta la muerte”. Mas en el mismo instante, la protesta de una fe enteramente divina, idéntica al amor “más fuerte que la muerte”, brota de sus labios: “Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz: mas no se haga como quiero sino como Tú quieras”. En suma, le dice a Dios, pónme cual sello sobre tu corazón, como un sello sobre tu vigoroso brazo. Quia fortis est ut mors dilectio, dura sicut informus aemulatio. Me quema la flecha de fuego, una flecha de Yahvé (Cant. VIII:6). Entonces Jesús se pone de pie radiante de confianza puesto que “su fe ha vencido al mundo”. Y aquí lo encontramos con la capacidad de consolar a otros: “Dormid ahora, descansad. He aquí que se acerca la hora; el Hijo del Hombre va a ser entregado a sus enemigos”. Su alegría está radiante, reanimada, reavivada, vivificada por su indestructible confianza en Dios.

Natalio Ruiz dijo...

No me cierra la cita por ningún lado pero son temas muy grandes. Dejo sentada mi discrepancia (mayor con el texto de Balthasar citado acá porque todavía no pude ir al otro) y espero otro día afrontar las cuestiones con más tiempo y espaldas (es decir, autores, of course). En especial en lo relativo a la conciencia paulatina de Cristo, su misión, etc.

Respetos pascuales.

Natalio

isabel la católica dijo...

Natalio soy una nueva lectora! Antes que nada quiero agradecerte porque este es un blogs muy acogedor y realmente sintoniza con lo de: intentando pensar un poco...

Lo único que puedo agregar al diálogo sobre "Bodas de Sangre" (gracias Athonita! hermoso sermón!) y que seguramente ya está en conocimiento de todos es que esas palabras de Cristo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? son el comienzo del Salmo 21.
Sospecho que en el estado en que estaba Ntro Señor no pudo más que comenzar con el Salmo! Y aquí robo una reflexión:
"En el Salmo 21, dicho por Cristo en la cruz, y mil años antes escrito por David para Él (aunque también podamos rezarlo nosotros, y la Iglesia lo reza) relata Jesús su pasión y se queja, suplicando ayuda a Dios. A partir del v. 24, la súplica se transforma en acción de gracias porque Dios, el Padre, le ha escuchado; por ello Cristo le alabará en la gran asamblea de la Iglesia y del Cielo, y dará a los pobres alimento espiritual capaz de saciar todo deseo. Esto incluye una alusión a la Eucaristía, como también ha tenido otra a su Madre (v. 10), y la de los leones rugientes puede referirse a los demonios (cfr. 1 Ped. 5,8) y que satanás volviese a tentarle en la Cruz. Para el v. 11 ver también Heb. 10, 5 y Sal. 39,7. Finaliza (v. 28 ss.) profetizando que todos los pueblos se convertirán gracias a lo hecho por Él (su pasión) y mediante la predicación de los suyos, los cristianos. Pero será obra de Dios."

unidos en Xto!

Antonella

Antonella dijo...

Al ser nueva en esta movida bloggers jejeje! no entiendo por qué mi comentario anterior aparece bajo el rótulo Isabel la Católica ¿?
Soy Antonella!

pd: creo que ya lo descubrí je!

Ruth dijo...

Esperaba encontrar algo más que las dos tristes palabras ruizianas: the end.

Yo sigo pensando… Y pienso en San Lorenzo que tan feliz se chamuscaba en la parrilla como para gastarle bromas a sus verdugos; y si el siervo no es más que su Señor, también Cristo debe haber estado feliz, sólo que si nos hubiera mostrado su Gozo, quizás hubiéramos dudado de que fuera verdadero Hombre, o hubiéramos dudado de su real y atroz dolor… O simplemente es lo que le dice Johan a Gertrüd del Payaso: “Para que su alegría no nos lastime, nos la da envuelta en tristeza.”… Y pienso en Gimli, que el tormento de Mordor no lo retuvo, pero “si hubiese conocido el peligro de la Luz y de la Alegría, no hubiera venido”. Pero la Luz Gozosa nos conoce, no quiere que corramos el riesgo de ser dañados… Y pienso en Chesterton que dice que Cristo nos mostró sus lágrimas, pero ocultaba algo; mostró su ira, pero ocultaba algo; podríamos agregar: mostró su angustia, su tristeza, su abandono, pero ocultaba algo; y remata el inglés: “Cuando caminó sobre nuestra tierra, había en Él algo demasiado grande para que Dios nos lo mostrara; y algunas veces imaginé que era Su Alegría”…Y pienso que tres pastorcitos pudieron ver la privación de la Trinitaria Felicidad y seguir viviendo; pero Moisés tuvo que ver La Felicidad sólo de espaldas, o hubiera muerto… No, en esta tierra no podemos ver el Rostro Feliz, y mucho menos Radiante en el Gólgota, porque nos mataría… sólo podemos verlo Desfigurado y creerlo Feliz…

También pienso que estoy como los locos hablando sola, monologando… Ok, me callo de una vez, como todos ustedes. Pero me quedo triste, porque me gusta mucho más escuchar que hablar. Pero me quedo feliz, por Aquello que escuché del Athos.

Natalio Ruiz dijo...

No se enoje amiga Ruth!!!!!!!!!!!!!!!

Me encanta charlar sobre estos temas y particularmente con ud. ¡no se calle!!!

Lo único es que no puedo ahora porque lo "urgente no deja tiempo para lo importante". Y estos son temas enormes que requieren de uno la meditación pausada, la relectura la lectura, etc.

Pero si tiene tiempo e ideas aporte que yo voy a aportar en cuanto pueda.

Por favor ungit! le quemamos un par de tortugas para aplacarla, no se enoje.

Respetos compungidos.

Natalio

Natalio Ruiz dijo...

Bienvenida Antonella!

Gracias por el comentario y el aporte, yo voy por el mismo camino...

Pero sigo sin poder deternerme. Ya volveremos. Volverán las oscuras golondrinas...

Respetos pascuales.

Natalio

Ruth dijo...

Jajaja! Estaba apenada, no enojada! Pero le tomo la palabra. Mire que le haré cumplir su promesa de volver sobre el tema... Y ya sabe como somos los dioses cuando los humanos no cumplen!

Ungit, por esta vez, aplacada esperando las tortugas... :)

Anónimo dijo...

Estimado Athonita:
Sólo hoy me he sentido movida a leer su reflexión, y creo que, en cierto modo, la liturgia (romana) corrobora lo que dice, cuando, al final de la Adoración de la Cruz, canta el Vexilla Regis (si no me engaño).

Me pareció bellísimo, porque, al menos en mi caso, vivo centrada en el ombligo propio de mis faltas, y olvidada de lo totalmente cierto y fundamental, que Cristo se entregó por mí y me ama. Sólo tenemos que recibir ese Amor. Así que me encantó, ojalá que algún día, Él haga carne en mí esa realidad, cambiando un corazón de piedra por un corazón de carne. Recentrar la mirada en Él.

Es cierto que existe esa tendencia piadosona de mirar el Viernes Santo de manera lacrimosa; una anécdota, y pueden obviarla, no me ofendo, de mi sobrinita de 3 añitos (soy una tía babosa). El Viernes Santo para ella era un día muy triste (en fin, los niños que tienen un papá y una mamá que los quieren, difícilmente puedan estar tristes, pero digamos...) porque Jesús estaba "lastimado" y el Domingo de Pascua, se sentía muy feliz porque Jesús estaba "curado"... y por su huevito de chocolate, desde luego. Por supuesto, fue su mamá quien le "humanizó" la cosa, porque le pareció que no iba a entender en absoluto la muerte y la Resurrección, y que, en cambio, sí tiene la experiencia del dolor y la curación. Pienso que debe de haber pesado esa tendencia en su explicación. Igualmente, yo me derretí con el cuento.
De todos modos, Nuestro Señor en su unión con el Padre, como Hijo, siempre amado, tampoco podía estar sólo agobiado y cuasi aniquilado, con el pesar de todos nuestros pecados e iniquidades, y nuestra ingratitud; además de lo que tan bellamente ilustró Ud. con la imagen del Novio que va a sus bodas, enamorado de su negra prometida.

Natalio, comparto sus dudas con respecto a la toma de conciencia de su misión redentora de Nuestro Señor. Sólo he leído algún que otro párrafo de Frank Duquesne, pero me gustaron. Ruth, ¿podrías facilitar la fuente del que citaste?

Gracias a todos, en especial al Athonita, y perdonen lo ramplón de mi comentario, pero es lo que hay.

Utópica

Ruth dijo...

Estimada Utópica: En la página de Jack Tollers está Júbilo de Jesucristo, mencionado por el Athonita, y tres escritos más de F-D:

http://sites.google.com/site/tollersjack/jacktollers

A pesar de haber vivido tantas Cuaresmas, no hace tantas que advertí que el Rito Romano (y también el Bizantino... probablemente todos) cambia el centro de atención el último tiempo: hay un tiempo para pensar en nuestras faltas y otro en su Pasión. En el Rito Romano hace el giro el primer Domingo de Pasión, no?

Saludos!

Anónimo dijo...

¡Gracias por el dato, Ruth!

En cuanto al giro que mencionás, voy a tener que esperar a la próxima Cuaresma...

Utópica

Anónimo dijo...

Me parece que entiendo una pizca de este misterio por experiencia, una pequeña pero fuerte experiencia…
Del texto de las “Bodas de Sangre” me quedo sobre todo con tres ideas:
• Jesucristo es Dios, por eso asume el dolor desde una experiencia que nos es inimaginable.
• Hay más dicha en dar que en recibir.
• El viernes Santo ha constituido el día más feliz y bienaventurado de nuestro Señor sobre la Tierra.

Mirar a Jesús crucificado y meditar en Él, especialmente en el momento en que pregunta: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? y se encomienda en las manos del Padre, me ha ayudado, a lo largo de la vida, a encontrar en Jesucristo el modelo del sufriente y el sentido redentor de cada dolor. Y probar -desde ahora y desde adentro de ciertos momentos de dolor- un gozo y una paz que sólo Él da.
Cuando uno vive experiencias de dolor que lo llevan a tocar de un modo muy palpable el límite de las fuerzas anímicas, espirituales, físicas,… si experimenta la incomprensión, la soledad, la angustia y no sabe cuándo pasará, cuánto durará,… Y en esos momentos:
- Uno logra dejar de centrarse en el dolor y en lugar de resistirse a eso que no quiere y no puede evitar, busca amar y dejarse amar creyendo en que el Padre del Cielo lo ama y lo ama en ese momento, aunque uno no lo sienta;
- Se encomienda en sus manos;
- Grita a Dios para pedirle ayuda, reconociendo que sólo no puede nada y que sólo con Él puede;
- Se ofrece para que en Su economía divina esa ofrenda dé los frutos que Él quiera y que sólo Él conoce;
- Deja de repartir la esperanza: un poco en Dios, otro poco en las propias capacidades, en otras personas, etc., y la pone sólo en Él, empujado por la experiencia límite de dolor, miseria, pequeñez;

…Entonces experimenta un gozo que no puede darlo ni una vida generosa, ni la salud y el bienestar, ni los afectos, ni el desarrollo y éxito profesional, ni siquiera el cumplir los mandamientos… sólo el amor, purificado por el dolor.
Digo esto porque algo así he probado por lo menos un instante en mi vida, en un momento de mucho dolor, aplastante, oscuro,… en ese momento, al gritarle desde lo hondo a Dios, sumando mi “Por qué” al de Jesús: probé una libertad y alegría que no probé en los momentos de luz, limpidez, ardor,…. Por eso, aunque me sorprende me animo a imaginar que Dios -por ser Amor y un Amor que no tiene medida- puede probar una alegría inmensa al entregarse con ese amor desmedido.
Entonces: porque Jesús nos dio el don de ser hijos en Él y se fue a prepararnos una habitación en la Casa del Padre, nos espera allí una alegría sin sufrimientos. Y porque aquí Él probó el gozo de hacer la voluntad del Padre y no la de él, podemos desde ahora vivir una alegría que es más intensa mientras más intensamente es purificado nuestro amor por el dolor.
Y aunque rezo poco y mal me atrevo a afirmar que el dolor purifica cuando es convertido en oración: el orante sale de sí mismo para mirar al que es Amor -y no a sí mismo ni al dolor- aún mientras el dolor lo atraviesa. Eso hizo el Cristo Orante Crucificado cuando, desde su experiencia de abandono, gritó ¿Por qué…? Y se encomendó.-
Gracias por ayudarme a fijar la mirada en el modelo del amor extremo.-

Natalio Ruiz dijo...

Gracias anónimo por el comentario!!

Es muy enriquecedor el contemplar las experiecias ajenas. Y, como se repite mucho aquí, el dolor es escuela de oración.

Ahora, el gozo ¿no es inmediatamente posterior al sufrimiento? Digo, sin querer tocar o torcer su experiencia (que es ob-jectus) ¿coexistieron en su experiencia personal angustia y dolor?

Respetos experienciales.

Natalio Ruiz

Ruth dijo...

Buscando (en vano, hélas!) algo sobre la Pasión del Resucitado que mencionó el Athos el otro día (me sorprendió el tema, pero no quise preguntar nada porque se mostró tajante diciendo que el tema ahora era la Eucaristía), encontré una imagen de Cristo Crucificado sonriendo.

Dado que ahora un Lector retomó el tema contándonos su fuerte experiencia, comparto con ustedes el Feliz Crucificado, muy a tono con esta entrada.

Anónimo dijo...

A Natalio y a quienes lean esto: soy quien escribió lo de que “ me parece que entiendo una pizca de este misterio”.

Respondo recién ahora porque he pasado varios días sin abrir el blog. Y me atrevo a hacer un comentario-respuesta sobre esto tan inabarcable, sólo a modo de balbuceo.

Quizás es acertado decir que cada uno en un momento o sufre o goza, o está triste o alegre y no las dos cosas a la vez. Pero - aunque no he vivido la experiencia de un parto- me atrevo a decir que los dolores del parto son menos dolorosos porque son de parto y no de enfermedad, son de vida y no de muerte. Del mismo modo si cada dolor es visto y vivido desde la fe como parte de un “parto”, entonces nace la alegría de la esperanza, es decir la certeza de que habrá frutos, la certeza de que el dolor tiene un sentido. Quizás el sufrimiento no disminuye, quizás sí, pero es superado por el gozo, no sólo en el tiempo sino en la intensidad, dentro de la simultaneidad.
Es decir: he probado que, aunque la causa del sufrimiento no desaparezca, se puede experimentar gozo al creer en el amor que Dios tiene por uno en ese momento, en ese dolor y experimentar alegría al creer que, en ese dolor, uno puede darse y responder al amor de Dios.-

Que Cristo Crucificado, Muerto y Resucitado nos dé su luz.