jueves, 1 de julio de 2010

Liberalismo satánico o satanismo liberal




Un anónimo anonimado me pasó este anónimo diálogo.


Da para pensar... Ya volveremos con el cambio de diseño y las reflexiones en torno al blog y los seudónimos.


Respetos (ni satánicos ni liberales).


Natalio


ENCUENTRO DE UN CATÓLICO Y UN SATANISTA.


— ¿Pertenece usted a la iglesia de Satanás?


— Sí.


— Y ese edificio ¿es el lugar de sus reuniones?


— En efecto, en ese local un sacerdote católico celebra nuestras misas negras.


— ¡Misas negras!


— Sí, así expresamos nuestras convicciones.


— ¿Pero no le parece una ceremonia ofensiva para los católicos?


— No, las misas negras de ahora no son como las del pasado. Hemos tenido nuestra reforma ritual, hemos quitado los gestos y símbolos que resultaban más chocantes para los católicos. Hoy se hace todo con la asepsia de un quirófano, y la delicadeza de una microcirugía.


— ¡Pero una misa negra sigue siendo es un acto sacrílego!


— Bueno, usted puede pensar de ese modo, pero lo importante es no ser fundamentalistas... Tenga en cuenta que nadie está obligado a participar de nuestras ceremonias; no admitimos menores de edad; las misas negras se realizan en un lugar público cerrado, así que no las ve sino quien quiere verlas; y, por último, no cometemos ningún delito.


— Pero se ofende la sensibilidad religiosa de muchos católicos…


— Tanto como el culto católico ofende nuestra sensibilidad de satanistas... ¿Por qué la sensibilidad de los católicos es mejor que la nuestra? ¿Acaso no somos todos iguales ante la ley?


— Pero el culto católico es verdadero…


— Eso piensan los católicos integristas. Le recuerdo que vivimos en un Estado aconfesional, que no es competente para emitir juicios sobre la verdad o falsedad de las religiones. Y en un Estado aconfesional, todos somos iguales ante la ley; luego, los satanistas no podemos ser discriminados ni tratados jurídicamente como ciudadanos de segunda categoría.


— Ustedes ultrajan nuestras creencias religiosas.


— Tanto como un exorcista católico con su ritual ultraja las nuestras.


— Lo que ustedes hacen atenta contra la moral pública.


— Le reitero que las misas negras se realizan en recintos cerrados y el acceso del público está vedado a menores de edad. En una sociedad libre, cada adulto puede hacer lo que le plazca, si no daña el derecho de los demás.


— ¡Pero profanan la Eucaristía !


— Nuestros ritos no violan las leyes y no dañan a nadie. El trozo de pan que destruimos es de nuestra propiedad. Todo lo que usamos en nuestras ceremonias lo pagamos con nuestro dinero y no pedimos limosnas a nadie.


— Como católico, repudio lo que ustedes hacen.


— Los satanistas, creemos que usted está en su derecho de pensar sobre nosotros lo que quiera. Poco nos importa, desde el fin de la era constantiniana…


— Yo soy católico-liberal, y estoy orgulloso de haber colaborado para terminar con la era constantiniana, derribando sus últimos bastiones, esos estados católicos, que nos impedían entrar en diálogo con el mundo moderno.


— Veo que en algo estamos de acuerdo.


— Bueno, hablando se entiende la gente. Y yo soy muy dialogante.


— ¿Y cómo hace usted para ser católico y liberal?


— Muy sencillo: como católico, creo que la democracia es la encarnación temporal del Evangelio. Como liberal, confío en que los males de la libertad se curarán con más libertad.


— ¿Y por qué quiere prohibir nuestras misas negras?


— Bueno, pensándolo mejor, aunque como católico me repugna lo que ustedes hacen, como liberal, daría mi vida por defender su derecho a hacerlo sin interferencias estatales.



16 comentarios:

AleMamá dijo...

Así no más es. Claudicamos paso a paso hasta que nos igualan con el mal, ¡y nosotros en un estado de tibieza alarmante! cuando despertemos demasiados estarán "calentitos" en el lugar donde el fuego no se extingue ni el gusano muere.

Saludos amigo

Javier Vicens y Hualde dijo...

Don Natalio: En el diálogo -antológico- encuentro que el fiel satánico es más convincente y más lógico que el cristiano. ¡Ah, los hijos de las tinieblas! El mismo Jesús alabó su dialéctica.
Al principio el cristiano parece amable, llama de usted al otro y le hace una pregunta directa. Creo que yo mismo podría iniciar una conversación así con un satanista:
¿Pertenece usted a la Iglesia de Satanás?
Pero, si el otro me respondiese que sí no se me ocurriría llevar la conversación por el cauce de los derechos civiles de los satanistas reformados. Entraría a saco: ¿Cree usted en la existencia de Satanás? (Si dice no, no hay más que hablar, no son iglesia sino club de ociosos). ¿Qué encuentra usted de adorable en una criatura tan vil?
Sí, don Natalio, yo iría más bien por esa línea. Usted es abogado y sabe que quien hace preguntas directas se lleva el gato al agua. Sobre todo si hace muchas preguntas directas.
Ese tipo me parece demasiado balbuciente e inseguro para ser un católico de verdad. He llegado a pensar que el anónimo que ha inventado el diálogo es el mismo Satanás. Para desprestigiarnos, claro.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Con la doctrina de la Dignitatis Humanae en la mano, y vistos los argumentos del interlocutor que descartan una afectación del orden público, no habría forma de rebatir la legitimidad del culto de este señor satanista.

Pablo dijo...

Don Natalio:

Me parece que el asunto da tela para cortar. Para comenzar: o aceptamos las libertades modernas, pero subordinadas al bien común integralmente entendido, y por ende abierto al dato de la Revelación. O toleramos las libertades modernas sabiendo de antemano que son “libertades de perdición”.

Respetos.

Javier Vicens y Hualde dijo...

Don Ludovicus: Tampoco la doctrina de la Rerum Novarum aporta luz sobre este asunto; habla de otra cosa. En vano buscaremos una condenación expresa del culto satánico en la Carta de San Judas. Pero a ningún católico le cabe la menor duda de que ese culto es el más contrario a la dignidad humana tal como la expresan la carta de San Judas, el Concilio Vaticano II y cualquiera de los catecismos de la Iglesia Católica.

Pablo dijo...

Don Javier:

Lo que es claro, es que desde las coordenadas del liberalismo no hay razón que permita prohibir semejante aberración. El único límite a la libertad de coacción es el derecho ajeno y si se trata de adultos mayores de edad, en un recinto cerrado, nada justificaría la prohibición.

Pero hay más: hay algún título de orden natural que permita al Estado prohibir el culto satánico que se realiza en un lugar público cerrado. La Dignitatis humanae dice que si no viola la moral pública, no se lo puede prohibir. ¿Qué contenidos tiene esa moral pública? ¿Es fruto del consenso mayoritario? ¿Incluye la ley natural? ¿Y la Revelación?

Espero que pueda ver que el semipelagianismo no es sólo una herejía muerta, sino que se proyecta sobre el modo de encarar la acción social de los católicos. Que se entienda que con la sola ley natural no alcanza.

Cordiales saludos.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Sí, me refería a lo que dice Pablo. Si todo hombre tiene derecho a la libertad religiosa, "aún en el caso de que no busque la verdad", cualquier limitación a ese derecho -reconocido como tal- es arbitraria. Porque si se reconoce como ontológicamente superior una libertad respecto de la verdad, ¿con qué criterio de "orden público" limitamos esa libertad?

Javier Vicens y Hualde dijo...

A mi modo de ver el orden público exige regular el ejercicio de la libertad en orden al bien común que, a su vez, exige respetar la libertad. Para que todos puedan hablar -bien común- hace falta un orden en el ejercio del derecho. Lo mismo cabe decir del derecho a trabajar o a pasear por el mundo.
Cuando la regulación -de la inmigración, por ejemplo- imposibilita el ejercicio del derecho, la regulación es injusta.
Por lo que se refiere al culto, al menos en teoría política, una procesión del Corpus puede afectar al orden público -o al tráfico rodado- tanto o más que una Misa Negra.
Las Misas Negras tienen su sitio en el ámbito privado. Allí no se pueden prohibir. Cuando salen a la calle -en Carnaval- hay que regular la procesión con tanto rigor como si se tratase del Corpus.

Anónimo dijo...

Partamos de la base que una misa negra es pecado. Luego, prohibir las misas negras es prohibir los pecados.

Pregunta:

¿No supone eso corregir a Dios?

Porque Dios no impidió la comisión del pecado original. Se limitó a dejar en claro las conseucencias de cometerlo. No lanzó sobre Adán y Eva un "ataque preventivo" (para usar el lenguaje militar), enviando ángeles a "esposarlos" antes de que tomaran la fruta prohibida.

Enviar policías a esposar a quienes van a celebrar una misa negra, ¿No supone decir "bueno, Dios se quivocó al no detender a Adán y Eva; nosotros en cambio,si impediremos el pecado"?

Pablo dijo...

Una misa negra, en la que participa un grupo de personas mayores de edad, que se realiza en un lugar público, aunque cerrado al acceso de menores de edad, no es sólo un pecado personal.

Hay una conducta externa, alteritaria, con repercusión social. Que en el actual régimen demo-liberal parezca que hay un derecho a realizar ese tipo de actos no significa que exista derecho natural a realizar tal cosa.

Dios no quiere positivamente el pecado, tan sólo lo permite.

Pero lo que se pregunta es si el Estado, que tiene como fin procurar el bien común debe respetar conductas como las que aquí se describen, o si puede tolerarlas...

Cordiales saludos.

Pablo dijo...

Parafraseando al anónimo:

Partamos de la base que un homicidio es pecado. Luego, prohibir los homicidios es prohibir los pecados.

Anónimo dijo...

Pablo, pero sobre todo, Anónimo: no sólo el homicidio, sino el suicidio es un delito para una legislación sana. La Ley no sólo ha de protegerme del atropello de terceros; también tiene por cometido, custodiar y promover el bien. La pregunta ante una ley no es tan sólo: ¿por qué prohibir tal o cual acción si con ella no se le hace mal a terceros? Debería alcanzar la certeza (natural, no de fe) de que tal acción está mal.

El ejemplo más simple es la ley que obliga al uso del cinturón de seguridad para manejar. No usarlo no perturba a nadie; pero está mal no usarlo y por eso es obligatorio su uso.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Para cualquiera que perciba lo que es un derecho, está claro que un derecho no puede ser un error o un acto malo. Porque derecho dice "conducta justa, conducta adecuada al otro".
Y aunque el orden legal no tenga que reprimir todos los pecados,por ejemplo, todas las mentiras, está claro que la mentira no es un derecho. Se podrá tolerar, pero no es una conducta justa ni adecuada al otro, sea ese otro una persona particular, sea la comunidad.
El error liberal consiste en darle derechos a todos los actos o declaraciones con tal de que no dañen el orden público, con prescindencia de que sean buenos o malos, verdaderos o justos.

Javier Vicens y Hualde dijo...

Partiendo de que los homicidios y las Misas Negras son pecados -como los atracos a mano armada y los pensamientos impuros- y dando por supuesto que Dios no ha dejado en manos de los hombres la ciencia del bien y del mal -mil veces sea alabado por ello- sino la política yo le ruego al Creador que inspire a la policía para que persiga a los homicidas y no se dedique a investigar sobre la pureza de los pensamientos o del culto. Para eso están la conciencia y -subsidiriamente- la Iglesia Católica, que es la mía y solamente investiga acerca del arrepentimiento del penitente cuando este se ha acusado de esa cosas tan feas.

Anónimo dijo...

Ludovicus,

Javier, le convendría distinguir fuero interno de fuero externo y conducta individual de conducta intersubjetiva. Verá entonces que hay pecados que tienen una dimensión interpersonal, y que para peor, son, además, iniurias, es decir, ilícitos, por afectar la justicia.
Por lo demás, repite el viejo verso liberal católico, ya condenado en el siglo XIX

Pablo dijo...

Anónnimo 7 de julio de 2010 11:53: (¿M.M.?):

De acuerdo en casi todo.

Si el contexto es el de un Estado aconfesional, difícil resulta que el derecho positivo reciba exigencias de ley divino-positiva. Vale lo de la certeza natural, no de fe.

Pero si el contexto es del un Estado católico –inviable, hoy, en la casi totalidad de las naciones, a mi modesto entender- el derecho positivo, y la moral pública, pueden incluir exigencias de ley divino-positiva. Pensemos, por ejemplo, en las implicancias divino-positivas respecto del descanso dominical, los feriados, etc.

Que la paganización de la vida social no nos haga idealizar situaciones de hecho que son un mal menor, ni nos lleve a olvidar las aporías e insuficiencias del naturalismo político y jurídico.

Cordiales saludos.