miércoles, 3 de febrero de 2016
Una enseñanza de los Hermanos Mayores
martes, 29 de septiembre de 2009
Los judíos, Muret, el Coronel y el fin del mundo
En uno de los frentes me encontré, casi que como adversario, a un afamado comentarista de importantes blogs: Muret. Después de enterarnos que conocíamos infinidad de círculos, gente y otras tantas cosas en común, descubrimos también que compartíamos afinidades espirituales.
En uno de los recreos surgió el asunto que hoy traigo y utilizo para darle una cálida bienvenida al blog, rendirle un pequeños homenaje por su condición de "sesudo comentarista" e invitarlo a que escriba en este humilde espacio.
Comienzo por algunas cuestiones preliminares, indispensables para lo que sigue.
No es ningún secreto que el día de los judíos comienza con la aparición de la primera estrella de la noche, es decir, el sábado comienza con la primera estrella del viernes y así con todos los días. Es una tradición inveterada que otro día podemos ver, pensar y discutir como quedó en el Cristianismo (porque hay opiniones encontradas).
Ya les he contado que la tradición judía sostiene que "Dios crea al mundo mirando la Torá". Es decir, en la Torá están todas las explicaciones acerca de lo creado.
Todo el mundo sabe también que el relato de los días de la creación es fuente de inspiración de mil doctrinas en el judaísmo (en especial para las corrientes cabalísticas) y que, en particular, es lo que determina su "Shabbat" o descanso semanal. Así como Dios descansó el séptimo día, también los hombres descansan el séptimo día.
Por su parte el Salmista reza: "un día en tu presencia son como mil años......"
¿Y qué con todo esto?
Todo eso sirve para que se entienda una idea de la tradición jasídica.
El tiempo es histórico para nosotros pero no para Dios y tampoco para "todo" lo creado. Los siete días de la creación, por ejemplo, fueron, son y serán. Existieron en un momento determinado de la historia pero, de otro modo, están siendo....
Ellos entienden que en la Torá Dios revela las reglas y los secretos del mundo. En particular, en el relato de los días de la creación Dios revela la historia y la medida temporal del mundo.
¿Y cuál será la medida del "pasaje" de los días a las "jornadas" en la historia del mundo? Un día en tu presencia son como mil años......
Entonces hacen cuentas y empiezan: el primer día fueron los primeros 1.000 años, el segundo......., hasta el séptimo día que empieza con el año 6.000.
Pero como el día no comienza con el alba sino con la primera estrella, el séptimo día no comienza en el 6.000 sino con la primera estrella de la noche anterior. ¿Y cuál será? Hay varias teorías y se matan entre ellos pero básicamente están los que dicen que se produce con el primero después de la mitad (año 5.501) o los que dicen que es en realidad el primero después de la mitad de la mitad (año 5.751).
Es decir que estamos ingresando (o ya ingresamos) en el Shabbat de la historia de la humanidad. ¿Y qué significa esto? En resumidas cuentas puede decirse que implica la llegada del Mesías y, con él, el establecimiento de Shalom sobre la tierra (que es algo más que paz como suele entendérsela aunque es correlativo al verdadero sentido de paz como "tranquilidad en el orden"). La vida plena y feliz del mundo bajo el reinado del Mesías por un término de 1.000 años.
Los judíos acaban de celebrar el Rosh Hashana 5.770 y todas las corrientes jasídicas están alborotadas con la inminente llegada del Meshiaj con la que deben colaborar como ya charlamos (unos entienden que ya nació pero todavía no se manifestó, otros creen que fue "el Rebe" (el último de Lubavithch) que seguirá en espíritu, otros entienden que se manifestará con el nuevo templo, etc.).
Este reinado del Mesías durante mil años tiene una vertiente herética conocida como milenarismo.
Sin embargo, el amigo Coronel (que en este juego de casualidades y causalidades quizás conozca a Muret) decía (cuando hablamos del Pueblo de Sacerdotes) que hay una posibilidad no herética de la cuestión. Nos recuerda que el catecismo ha introducido un costado de la cuestión al decir:
674 La Venida del Mesías glorioso, en un momento determinad o de la historia se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel" (Rm 11, 26; Mt 23, 39) del que "una parte está endurecida" (Rm 11, 25) en "la incredulidad" respecto a Jesús (Rm 11, 20). San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21). Y San Pablo le hace eco: "si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos?" (Rm 11, 5). La entrada de "la plenitud de los judíos" (Rm 11, 12) en la salvación mesiánica, a continuación de "la plenitud de los gentiles (Rm 11, 25; cf. Lc 21, 24), hará al Pueblo de Dios "llegar a la plenitud de Cristo" (Ef 4, 13) en la cual "Dios será todo en nosotros" (1 Co 15, 28).
Y la respuesta de San justino al judío Tifrón .
Por su parte, Muret mete bocado recomendando San Elías de Michael O'Brien.
Yo vuelvo a los ciclos de la historia en la Cristiandad. Y para que no me acusen de buscar citas "ad hoc" sólo traigo un par citadas en el artículo recomendado por el Coronel:
“La séptima edad será nuestro sábado, y que no tiene atardecer y concluirá en el día dominical, día octavo y eterno, consagrado por la resurrección de Cristo, y en el que se dará descanso eterno no sólo del espíritu sino también del cuerpo” (San Agustín)
“Así como Dios en seis días creó el mundo, y en el séptimo descansó, así el cuerpo místico de Cristo tiene seis edades, y una séptima que corre junto a la sexta” (San Buenaventura)
“Este octavo día -dice allí San Agustín- es la nueva vida al fín de los siglos. Y el séptimo es el futuro descanso de los Santos en esta tierra. Pues reinará el Señor en la Tierra con sus Santos, como dicen las Escrituras, y tendrá aquí la Iglesia en la que no entrará mal alguno, separada y limpia de todo contacto de perversidad” (San Agustín)
¿Y entonces? Entonces nada, hay mucho para pensar......
martes, 21 de octubre de 2008
Añadidura y providencia

Se trata de una fiesta prescripta en el capítulo 23 del Levítico donde se la describe a lo largo de diferentes versículos (34-36, 39-43). Se denomina fiesta de los tabernáculos (sucá) o tiendas de campaña "para que aprendan vuestros descendientes cómo hice yo habitar en tiendas de campaña a los hijos de Israel al sacarlos de la tierra de Egipto" (vs. 43).
Es decir, se trata de una gran fiesta de agradecimiento (donde se rememora la salida de Egipto) y manifestación de confianza en la Providencia Divina.
Esta fiesta aparece mencionada en el Evangelio de San Juan (cap. 7) donde los "parientes" de Jesús le insisten en que concurra a la festividad a fin de que todos comprueben que, efectivamente, Él es el Mesías. Según se entiende generalmente hay aquí una especie de ofrecimiento o tentación a Cristo en cuanto a una suerte de mesianismo temporal (una de las tentaciones del desierto según toda una tradición que recoge el Papa en su libro sobre Jesús).
Cristo responde diciendo que suban ellos a la fiesta. Él sube luego "como oculto" según el evangelio.
San Agustín al explicar estas palabras enseña que ese es el modo en el que Cristo aparece en todas las prescripciones y fiestas judías ordenadas en la Torá. Cristo viene a plenificarlas y cambiarles el sentido, y por eso se dice que Cristo es la plenitud de la Ley (Torá).
Es por eso que en general resulta interesante buscar a Cristo "como oculto" en todas aquellas fiestas y preceptos ordenados en la "Ley" para luego redimensionarlos con la figura y la presencia de Cristo como Mesías.
En particular, me resulta ésta una fiesta curiosa.
El precepto consiste en ponerse en un estado de precariedad (hacer de la tienda la morada permanente mientras que la casa se torna en lugar de paso). Los sucá se construyen con cuatro (o tres) paredes hechas de cualquier material y se forma una suerte de techo con ramas de diversos árboles (en el Levítico se especifica). La idea es que el techo opere como resguardo del sol pero que no sea lo suficientemente conciso como para impedir el ingreso del viento, la lluvia o la visión de las estrellas.
La otra parte del mandato o su complemento es puramente espiritual; consiste en alegrarse ("..y os regocijaréis delante del Señor Dios vuestro,").
Son millones los caminos de meditación, estudio u oración que, a través del evangelio nos puede brindar esta fiesta que ordena el ponerse en estado de indigencia mientras que el corazón se regocija. Simplemente quiero marcar dos caminos que surgen de los distintos evangelios correspondientes a esta semana correspondiente a la fiesta sucot para los judíos.
El primero tiene que ver con el mandato evangélico de buscar el Reino de Dios y considerar todo lo demás como añadidura que nos será dado. Son millones las citas del evangelio en este sentido (los lirios del campo, las aves del cielo, las parábolas sobre los ricos, etc.) como también de los salmos (como un niño en brazos de su madre, abre la boca para que la llene, etc.). Tiene que ver con la alegría resultante de la confianza plena en la Providencia. Para estos tiempos tan preocupados por la añadidura, los títulos, el dinero, las comodidades, los lujos, los placeres, etc. el evangelio nos dice que de nada sirven y nos invita a despojarnos de todas las preocupaciones mundanas para gozar (regocijarnos) de la ternura de la Providencia.
Y el segundo tiene que ver con el evangelio de hoy (Lucas 12, 35-38) que, al caer justo sobre el final de la fiesta de Sucot, me dio la idea del post. Es la idea de vivir preparados, en tiendas de campaña, aguardando la segunda venida. Este mundo, esta vida, este trabajo, estas preocupaciones, etc. son un mero tránsito, una tienda de campaña mientras aguardamos la llegada a la tienda prometida. No nos dejemos confundir por un mundo que nos invita a acomodarnos como si esta tierra fuera nuestra morada definitiva.
Despojemos nuestro corazón de las ambiciones terrenas y llenémoslo con la alegría del amor esperanzado (tan bellamente descrito en Spe Salvi).
jueves, 14 de agosto de 2008
Big back

He retornado después de un muy escaso descanso. Entre otras cosas tuve que volver porque lo de Gregorio ya se estaba tornando obesamente preocupante. Más allá de que no me gustaron ninguno de los dos videos quedan para otro momento disquisiciones acerca de los binomios proporcionalidad-belleza o virtud-belleza. Pero son temas demasiado gordos para tratarlos a la pasada, mientras tanto, querido amigo, aquí tiene verdadera belleza lírica.
Aunque un poco exagerado por Mr. Sombrero es verdad que estuve descansando un poco más al noreste de mi domicilio habitual con la siempre grata compañía de la familia de mi esposa.
En particular, les voy a contar acerca de dos lecturas inducidas (directamente o no) por mis suegros aunque conviene que les haga una pequeña aclaración en relación con ellos.
Se trata de dos personas más que interesantes muy competentes en sus actividades. Vienen de aires muy distintos a los míos y beben de otras aguas. Cuando coincidimos en algunos temas nos encontramos que arribamos por caminos distintos.
En este contexto paso a relatarles la primera de las lecturas (la segunda quedará para después).
Hace un tiempo que mi suegro venía leyendo "La teoría del todo" de Stephen Hawking y me lo comentaba. En especial charlábamos acerca de agujeros negros, el origen del universo y la vuelta a Dios del autor. En uno de los días de descanso, y mientras aguardaba que la computadora restableciera internet, encontré sobre el escritorio del estudio el dichoso librito.
Mi curiosidad pudo más que la computadora y me puse a leerlo. Lo leí de corrido y sin pausa mirando todo con la misma precisión que un pato podría mirar la tierra volando a la altura de un condor. Es decir, lo leí por arriba y a las corridas, no como la temática y el autor hubieran requerido.
Aclaro que no lo leí con más detenimiento por una cuestión de tiempo. Tengo varias cosas que leer antes que eso relativas a temas que hoy tengo en la cabeza. Es decir, no tengo ningún prejuicio contra el libro ni mucho menos, por el contrario lo leí porque me resulta más que interesante tanto el tema como el libro y el autor.
Dado lo anterior no quiero contarles el contenido del libro sino hacer nada más que unos pequeños comentarios más elípticos que directos.
Se trata de una serie de conferencias dictadas en el Vaticano hace unos cuantos años.
La primera observación tiene que ver, justamente con esto. Se suele tildar a la Iglesia Católica de oscurantista, ajena a la ciencia, irracional, acientífica, etc, etc, etc. Sin embargo, me resulta curioso que se ignore que el Vaticano sigue siendo una especie de Meca cultural y científica donde se discuten ideas y cuestiones del más alto nivel (en especial la Academia Pontificia de las Ciencias). En el mismo sentido, los creadores de las dos bolas científicas sobre las que se trabajaron todos los temas relativos al origen y al orden del universo viene de dos sacerdotes: Copérnico primero y Lemaitre después.
Hawking hace una especie de historia del big bang y aledaños. Me parece muy significativo que en este punto no cita ni menciona, justamente, a Lemaitre. No tengo mucha idea de estas cuestiones pero hasta donde tenía entendido fue el que proporcionó, sobre la base de Einstein, el primer modelo explicativo de un big bang (también es curioso que esa era la explicación "creacionista" contra los que, siguiendo linealmente a Einstein, pretendían que la materia era eterna).
Otra cuestión que me llamó mucho la atención se refería a las citas. En nuestro ámbito, cuando uno discute con sostenedores de las contemporáneas corrientes de pensamiento, debe justificar una y otra vez si llega a citar a Platón, Aristóteles o, mucho peor, San Agustín o Santo Tomás. Pareciera que para ellos la filosofía comenzó en el siglo XIX y todo lo demás es vetusto y anticuado. Sin embargo, en este ámbito completamente distinto de la ciencia y del pensamiento, me encontré con recurrentes citas a Aristóteles, San Agustín y hasta el mismo Santoto.
Por último, en el mismo sentido y como explicación del párrafo anterior, Hawking recrimina la ausencia de filósofos y se ríe indicando que hoy sólo se dedican al lenguaje. Si bien él admite (y no puede negarse) que hoy los avances y descubrimientos de la física resultan muy inaccesibles para los "no iniciados", la realidad es que tampoco existe la menor pretensión de universalidad. Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás, Descartes, Kant, Hegel y algún otro intentaban explicar la realidad entera. En eso consiste, en definitiva, la filosofía (casi lo mismo que enseñan hoy nuestras facultades).
lunes, 28 de julio de 2008
Habla bien del problema del mal
Ningún hombre sabio que actúa hace perverso al hombre. En efecto, no es pequeña semejante culpa; más aún, es tan grade que no puede caber en un hombre que sea sabio. Ahora bien, Dios es superior a todo hombre sabio. Luego, mucho menos Dios creador hace perverso al hombre. Porque la voluntad de Dios es mucho más excelente que la del hombre sabio. En consecuencia, cuando se dice que Él es el Creador, se dice que Él lo quiere. Luego es un vicio de la voluntad lo que hace perverso al hombre. Vicio que, si está tan lejos de la voluntad de Dios, como lo demuestra la razón, es preciso investigar en qué consista.
¿Cuál es la causa de que el hombre sea perverso?
Para que el hombre se haga perverso, la causa está o en él mismo, o en algún otro, o en nada. Si está en la nada, no existe ninguna causa. Si por en la nada se entiende en el sentido de que el hombre fue hecho de la nada, o al menos de los elementos que fueron hechos de la nada, la causa estará de nuevo en él mismo, porque su cuasi-materia es la nada.
Si está en algún otro, hay que investigar si está en Dios, o en otro hombre cualquiera o tal vez en algo que no sea ni Dios ni hombre. Pero no está en Dios, porque Dios es la causa del bien. Si en el hombre, está o por la fuerza o por la seducción. Por la fuerza, de ningún modo: ¡cómo va a ser más fuerte que Dios!, ya que Dios creó al hombre tan perfectamente, que, si él quisiera permanecer perfecto, ninguno se lo podría impedir. Si concedemos que el hombre se pervierte por la seducción de otro hombre, habría que investigar de nuevo: este seductor por quién fue pervertido. En realidad, un seductor semejante no puede no ser malvado. Nos queda un no sé que, que no sea ni Dios ni hombre. Pero, sea lo que sea, o emplea la fuerza o la seducción. Si la fuerza, ya queda respondido arriba. Si la seducción como sea, porque la seducción no obliga al que no quiere, la causa de su perversión vuelve a la misma voluntad del hombre, ya sea pervertido con o sin seductor.
El mal
Todo lo que es, o es corpóreo o es incorpóreo. Lo corpóreo está contenido por la forma sensible; lo incorpóreo, por la forma inteligible. Ahora bien, lo que es no está sin una forma. Y donde hay una forma, necesariamente hay una medida y un modo, es algo bueno. Luego el sumo mal no tiene modo alguno, porque carece de todo bien. Por consiguiente no es, puesto que no es por forma alguna. Y todo este nombre de mal se deriva de la privación de forma.
¿No es Dios el autor del mal?
A quien es autor de todas las cosas que son, y a cuya bondad pertenece únicamente el que sea todo lo que es, no puede pertenecer en modo alguno el no ser. Todo lo que falta, deja el ser de aquello que es, y camina hacia el no ser. Pero ser y no fallar en nada es el bien, fallar es el mal. Más aún, aquel a quien no pertenece el no ser no es causa del fallar, es decir, del caminar hacia el no ser, porque, diciéndolo de una vez, es la causa del ser. En consecuencia, únicamente es la causa del bien, y por tanto Él es el Sumo Bien. Por lo cual no es autor del mal quien es autor de todas las cosas que son, porque en tanto son buenas en cuanto que son.
