miércoles, 23 de julio de 2008

Mal...pero ¡viven!


Hace unos días, a raíz de un post ajeno, hice una primera incursión en un tema apasionante: el problema del mal. Un evento, del que les contaré seguidamente, me dió pie para volver, desde otro ángulo, al mismo problema.

Pero antes de adentrarnos en la cuestión a plantear quiero hacer una advertencia preliminar. Como aclaré también en ese post, el problema del mal admite, basicamente, dos perspectivas: el mal físico y el mal moral. El mal es siempre privación; en el caso del mal moral privación de rectitud (para resumirlo mucho) y en el caso del mal físico se trata de una privación que podríamos llamar "ontológica" de acuerdo con la naturaleza, es decir, falta algo que la naturaleza requiere. Como se puede comprender facilmente de lo dicho el mal físico puede sobrevenir como consecuencia del mal moral (propio o ajeno) o independientemente (un rayo me hizo perder un brazo).

En uno de los comentarios se me impugnó la distinción que acabo de reseñar. Dado que se trata de una distinción universal y que el impugnador no propuso otra ni dió razones de su impugnación, la mantengo. Si surgieran objeciones las charlamos.

Vamos, ahora sí, al tema del post que adelanto desde ya que trata acerca del "mal físico".

Esta semana fui invitado (y asistí) a un evento empresarial. El mismo consistía en una conferencia dictada por uno de los sobrevivientes de la "tragedia de los Andes" (popularizada por la película "Viven"): el señor Nando Parrado.

(Una acotación: lo presentaban como uno de los mejores "speaker" del mundo. Me quedé con la palabra speaker... me resultó espantoso que designen la labor de alguien como "speaker". Me suena a "hablador" o "charlatán".)

Aunque calculo que todos conocen, en más o en menos, la historia (si no saben de qué hablo lean los links antes de seguir) quiero puntualizar algunas cosas a tener en cuenta:

- El avión, al momento de impactar contra la montaña, volaba a velocidad y altura crucero (para que imaginen la fuerza del impacto).

- Los sobrevivientes al impacto quedan a más de 4.000 metros de altura con temperaturas por debajo de los -30º (sí, 30 grados bajo cero).

- El primer objetivo de todos era mantenerse con vida hasta que llegara el rescate, es decir, nadie pensaba en moverse (que lo veían como imposible) sino en construir (con los restos del avión) un refugio que los mantuviera con vida.

- Transcurrieron 72 días hasta que los rescataron.

- A los diez días del accidente escuchan (por una radio que pudieron armar) que se habían suspendido las búsquedas e intentos de rescate, se los consideraba muertos y ya nadie los buscaba.

De toda la charla lo que más despertó mi inquietud intelectual fue una pregunta hecha por una asistente al finalizar y su respuesta.

Pregunta: De los 72 días ¿cuál fue el momento más feliz y el momento más doloroso?

Respuesta: El más feliz fue, sin dudas, cuando ví al huaso que luego organizaría el rescate. El más doloroso fue cuando escuchamos que no nos buscaban más, fue como escuchar nuestra sentencia de muerte, era como pasar a un paredón de fusilamieto donde lo único claro es que vas a morir.

Hasta aquí los hechos, ahora dos pequeñas (porque se alargó todo demasiado) reflexiones sobre la respuesta.

En primer lugar me parece que esta respuesta espontánea (no fue parte de la charla) funciona como un dardo letal para los materialistas más enanos: los mejores y los peores momentos tienen que ver con la conciencia de la muerte (el peor) y del rescate (el mejor) más que con las cosas mismas. Es decir, dos momentos que un animal no hubiera entendido en su significación real son los que mueven el espíritu y calan más hondo que cualquier dolor "físico" (o material, para no confundir con el mal del cual hablamos).

En concreto (específicamente en el tema del mal físico) me llamó la atención que considerara como el peor mal un hecho imperceptible (de nuevo, en su real significación) físicamente. Una persona que pasó frío y hambre (vivió tres días comiendo UN maní con chocolate), que comió la carne de sus amigos, que estuvo en coma tres días y se despertó con la cabeza abierta pudiendo tocar su interior, soportó los primeros dos impactos del avión contra la montaña, perdió a su madre en el impacto, sostuvo un día a su hermana hasta que falleció en sus brazos, etc, etc. De todo eso (valoraciones aparte) lo peor fue el escuchar la noticia, es decir, la percepción conciente del mal más que su realidad efectiva.

El mal físico (en el sentido de opuesto al moral) más terrible anidó en el espíritu y no en el cuerpo. Quizás aquí encontremos una pista importante para su combate.

La segunda cuestión tiene que ver con el sentido que tiene el mal físico. En la teología católica se entiende siempre que Dios tolera o quiere el mal que nos sucede para sacar de allí un bien (sea físico o moral).

En el caso resulta muy patente. El peor mal que sufrió (según su confesión) fue, en definitiva, su salvación. Es decir, hasta el momento en el que escuchan que los consideran muertos todas sus fuerzas estaban dirigidas en subsistir (al frío, al hambre, etc) hasta que llegara el equipo de rescate. La noticia, si bien los desanima durante varios días, les otorga la certeza de que sólo dependen de sí mismos. Si no hubieran recibido la noticia (el peor momento que enfrentó) hubieran muerto indefectiblemente en la espera del rescate, jamás hubieran intentado cruzar la cordillera ¡¡¡¡caminando!!!!

El sentido purificador del dolor tiene las más variadas interpretaciones y vetas dentro de la teología católica pero, en definitiva, se trata de que para el cristiano no hay resurrección sin muerte, ni vida sin cruz pero, justamente, la muerte nos trae vida y la cruz la salvación.
Natalio

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Y cómo explicó el hecho de comerse vivos a sus compañeros?! y qué pasó con sus familiares? los comieron? qué hubiera hecho ud.??

pete

Natalio Ruiz dijo...

Estimado Pete:

Con todo respeto no es un tema que me importe demasiado porque no podemos hacernos un cuadro de circunstancias, de los hechos, del tiempo, etc. Es decir, seguramente todo lo que se hable en este sentido será en base a cuestiones que se suponen sin saberse realmente.

En cuanto a la conferencia, creo que le dedicó una mención muy de pasada y dijo que los familiares lo hablaron con ellos y lo entendieron.

¿Qué hubiera hecho yo? No tengo la más remota idea de cómo reaccionaría ante situaciones tan adversas. Por cuestiones mucho menores me sorprende la bestia que asoma en mi interior.

Respetos.
Natalio

Anónimo dijo...

Ahh, bueno, la bestia... veníamos bien, Natalio, pero pierde ud. la razonabilidad que venía manteniendo para situarse en un plano totalmente diferente. La cuestión es clara: a ud. le cayó bien el tipo porque el tipo le vendió todo, pero no sabe qué responderme poruqe no sabe qué dicen los moralistas al respecto! yo se lo digo: "el cuerpo es sagrado".

pete

Natalio Ruiz dijo...

Estimado Pete:

Lo felicito, es ud. un sabio.

Si los moralistas dicen que el cuerpo es sagrado debe ser porque es así. Seguramente, si se fija, también encontrará que dicen que robar, matar, mentir, etc. son pecados. El suyo es un gran descubrimiento, lo felicito.

Lo que digo que no quiero enjuiciar es la conducta concreta, porque hay millones de cuestiones que hacen extremadamente complicado el caso (pregunte a los moralistas por el estado de necesidad, la voluntariedad de los actos, etc, etc, etc).

Qué haría yo no puedo responderlo, sólo puedo decirle, con San Agustín, que el día que vea pecar a mi hermano y sienta que yo no podría cometer ese pecado, ese día ya no seré cristiano.

Respetos.
Natalio

Anónimo dijo...

ajajá!! entonces para ud. es un pecado!! listo, eso es lo que quería saber.

pete

Natalio Ruiz dijo...

Me alegra entonces que el post le haya servido, al menos, para aprender que no se debe comer costeletas de humanos.

Natalio

Rochi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rochi dijo...

Me pareció muy bueno el post, interesante... hasta me hace reflexionar a mí a estas horas del día...

Pero estos comentarios, este ida y vuelta de seudas discusiones morales, hacen que pierda foco la idea central.