Mostrando entradas con la etiqueta liturgia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta liturgia. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de febrero de 2020

El agua, el ofertorio y el Talmud




Hay un pequeño gesto litúrgico en el ofertorio que puede pasar desapercibido si no se presta la correcta atención. El sacerdote pone vino en el cáliz y, antes de hacer la ofrenda, agrega una pequeña proporción de agua.

Se ha discutido mucho en este blog sobre el sentido del ofertorio y sus dos visiones a partir de la reforma litúrgica efectuada por el Concilio Vaticano II.  No vamos a reeditar la discusión pero para simplificar, a los efectos de comprender el punto de este post, hay una concepción  más “sacrificial” y otra más orientada a la conmemoración de una cena festiva. De acuerdo a la primera en el ofertorio se ofrece la víctima que se sacrificará y, por tanto, es el cuerpo y la sangre de Cristo lo que se ofrece. En la segunda se ofrecen el pan y el vino, fruto  de la naturaleza y del trabajo del hombre, que se van a compartir en la cena.

La cuestión hoy es la importancia del pequeño gesto de agregar agua al vino en uno y otro caso y contar de dónde viene.

En el sentido sacrificial el agua configura la participación de todos los hombres en la ofrenda de Cristo. El minúsculo gesto se nos convierte en esencial pues es el modo de hacernos partícipes del Sacrificio de Cristo en la Cruz y de las gracias que ello nos merece. El agua nos hace parte de la ofrenda y del sacrificio.

Si lo que se ofrece es el vino no sabría explicar cuál es el sentido de agregar el agua…

Ahora bien. Más allá de la razón, podemos buscar el origen del gesto. 

Es claro que el origen de la misa católica y la institución de la Eucaristía se da en la última cena que guarda una estrecha relación (más allá de que fuera exactamente o no) con el “seder de Pesaj” (la cena judía de la Pascua). Es decir, se trata claramente de una cena judía que cumplía con todos los rituales judíos de la época. Especialmente con las bendiciones. 

Para enterarnos de lo que hacía Jesús uno de los libros del Talmud, el más viejo y central, es de mucha utilidad. Se trata de la Mishná (que es la transcripción de las tradiciones orales hecha por los contemporáneos de Cristo y los apenas posteriores). Por su parte la Guemará aporta los comentarios a esas tradiciones. 

Dentro del Talmud uno de los tratados está dedicado a las bendiciones y los modos de celebrar las fiestas. Se trata de Berajot o Brajot.

Allí, además de las bendiciones de la que está tomado el texto del nuevo ofertorio, puede encontrarse un dato curioso.  Se dice especialmente: “no se pronuncia la bendición del vino sin agregarle antes agua dentro de él para diluirlo”. La razón es que el vino de la época de Cristo y en esa zona era demasiado concentrado y era llamado “vino vivo”. 


Es decir que todo hace suponer que Cristo ya desde la última cena agregó el agua antes de ofrecer el cáliz. 

Natalio

sábado, 18 de octubre de 2014

Enarrando el salmo 102 (cont. 1)


Bendice alma mía al Señor. Y no olvides todos sus beneficios.

Conectando nuevamente los extremos. 

Beneficio (de facere hacer como artificio, edificio). Lo bien hecho. Es común la unión de la bendición por lo que se hace.  Aunque en la anterior entrada el foco se puso bastante en la palabra, poniendo ya más foco en la tradición judía, hay una íntima relación entre el hacer y la palabra. Correlativamente la misma relación surge profunda en bene-ficio y bene-dicto.
La "parashá" dedicada a Noé (o Noaj) comienza con su historia y termina con la de su descendencia. La plabra "Teivá" (en hebreo y según dicen los judíos porque yo de hebreo no entiendo nada) puede traducirse tanto como "arca" como por "palabra" y en algún modo "arca" y "Palabra" se funden, como la Cruz y el Logos, como vía de Salvación y Nueva Alianza (la primer Alianza se forja, en rigor, con Noé después de la caída de los primeros padres). Y la "parashá" culmina, con los descendientes desobedientes de la alianza que reciben como castigo la pérdida de la Palabra común en la Torre de Babel. La Palabra es al mismo tiempo refugio, castigo, salvación y redención.
En el corazón de las dos oraciones unen el alma y el olvido. 
La idea de "alma" es central para todo oriente e incluso para occidente. "Alma" es el principio vital, lo que mueve, el eje de la vida tanto corporal como espiritual. Occidente “racionalizó” el alma al centrarla en las potencias humanas de “inteligencia y voluntad” separándola en su "análisis" del cuerpo (no es necesario hacer una reseña desde la filosofía griega hasta las vertientes más variadas del cristianismo donde se luce la confrontación entre el cuerpo y el alma). Para el judío el alma es siempre principio o soplo vital, del espíritu y del cuerpo, de todo. Es una sola cosa. Por eso se la asocia al corazón y la sangre. La vida corre por la sangre y se centra en el corazón (esto tiene también origen en la Alianza de Dios con Noé donde la prohibición de comer carne con sangre es porque la vida corre por la sangre). Por eso los judíos no comen carne con sangre, y por eso el horror ante la frase de Cristo “quien no come mi carne y bebe mi sangre”. El alma remite, de nuevo a ese punto de unión entre todo el cuerpo y el espíritu. Y eso vuelve a la íntima relación entre el hacer, lo que existe y el logos pensado y dicho.

Y de aquí surge también, en esa intimísima relación, la importancia del recuerdo y del olvido. Lo que se hace presente y lo que se borra de nuestra mente se borra también de nuestro ser. Del corazón de la palabra olvido (ahora en latín) aparece la idea de algo que se pierde porque no tiene de dónde agarrarse. Ob litus aparece justamente como aquello que se va perdiendo de la presencia. En la misma línea la idea de “litus” como playa es en sí misma una gran idea del olvido, lo dejado en la playa es lo arrasado o destruido (oblittero) por el mar, lo olvidado (ob-litus).

El olvido es una idea recurrente en todo el mundo judío. El olvido es algo que asecha al judío religioso y contra lo cual no se debe cansar de pelear. Como el olvido perenne de Alfonsina o el olvido que tiene memoria de Benedeti, el olvido olvida que olvida. En tierra extranjera el judío no puede olvidar Jerusalén (“si me olvido de ti que se me paralice la mano derecha”), el judío en el desierto no debía olvidar que lo habían sacado de la opresión, el judío en problemas no debe olvidar las proezas del Señor. El olvido quiebra el sustento entero de la Alianza del Sinaí donde Dios mismo cobijó bajo sus alas a todo un pueblo en el Éxodo. El olvido le hace perder la esencia a la religiosidad judía.
Esta lucha por la presencia tiene muchísimas manifestaciones "litúrgicas" en el cumplimiento de los mitzvá por parte del judío. Hay dos que particularmente me resultan de gran simpatía y provecho espiritual.

Una es la de las fiestas de Sucot o fiesta de las tiendas. El mitzvá consiste en construir una tienda en algún espacio exterior y cuyo techo sólo puede ser hecho con determinadas plantas o ramas de árboles. La idea es ponerse en un estado de indefensión para "no olvidar" lo que se pasó en el desierto y la ayuda del Señor. Es una lucha contra el olvido de la necesidad.

La otra es la de Tefilín. El judío al rezar se ata pequeños trozos de la "Torá" en la cabeza y en el brazo a la altura del corazón. La idea es que "no se olvide", no se borre, no se pierda la Palabra del Señor ni de la mente ni del corazón.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Enarrando el Salmo 102





Bendice alma mía al Señor
Y todas mis entrañas su Santo Nombre

Hay en el comienzo del Salmo una armonía interna entre ambas oraciones. Como dos emistiquios se corresponden uno con el otro en espejo. Hay una interna hilación y entre “Bendice” y “su Santo Nombre” en los extremos y entre “alma mía” y “entrañas”.

En el primer bloque la idea de ben-decir su Nombre lleva a un sinfín de temas donde se condensan grandes Universos. Desde el Nombre de Dios a la Liturgia, desde las “dos mesas” de la Misa a la concepción gnóstica y cabalística de la religión. En el segundo bloque la relación entre alma mía y las “entrañas” o “todo mi ser” refieren a la oración íntegra a través del cuerpo y el alma al modo de la filocalia, de la regla benedictina, etc.

La “Palabra” en general y el “Nombre” en particular tienen un sentido profundo e intrincado para Oriente en general y para el judaísmo en particular. La “Palabra” recrea o hace presente la cosa. La idea de ben-decir o mal-decir implica una realidad capaz de ser transformada por la palabra. La configuración de la “esencia” de una cosa se encuentra de algún modo enclaustrada en la palabra. La palabra al ser pronunciada opera como una llave que abre el cofre y pone a disposición la esencia misma de una cosa.

Este sentido es, sin necesidad de buscar grandes referencias lejanas, el de “Logos” o “Palabra” Divina que configura la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. En el caso, la perfección de la Esencia Divina la convierte en una Persona distinta en el gran Misterio Trinitario pero muestra en grande lo que minúsculamente se da en la realidad de todas las cosas. Esa realidad que en su versión filosófica asoma en el Crátilo de Platón da lugar al tándem “palabras, ideas y cosas” en la metafísica aristotélico tomista. Aunque con grados de “realidad” y “existencia” distintas en las versiones todas rumbean por allí.

El Nombre “es” esa Palabra que identifica a la cosa. El Nombre agrega a esta idea de Palabra la referencia a alguien que “nombra” a alguien que “nomina”. Esa facultad de poner el nombre implica una superioridad, un señorío sobre la cosa que se nomina. Así Dios pone a todos los animales al servicio del hombre al facultarlo al ponerle nombres en el Génesis. El nombre hace presente a la cosa o la persona. El Nombre “fuerza” en algún modo la presencia, es, en sí mismo, un llamado, una “in-vocación”. De algún modo quien “nombra” tiene algún “título” que le permite “con-vocar” al nombrado.

Este sentido es el que asoma en cualquier forma de religiosidad. Desde el hábito cristiano de “ponerse en presencia de Dios” “en el Nombre de…” hasta la tradición judía de no mencionar ni escribir el nombre de D-os pasando ni más ni menos que por toda la teología del segundo mandamiento. Este es un delgado sendero que divide los reinos gnósticos, mágicos y cabalistas que entienden que de algún modo la Divinidad toda es “esclava” del nombre (y consecuentemente esclava del hombre que la nomina o la invoca) por un lado y los reinos de la religiosidad humilde y verdadera que llama o invoca como el niño llama a su madre. El ya delgado sendero se torna cada vez más difícil de percibir en la medida en que nos adentramos en la espesura de la liturgia. Allí la Palabra cobra una relevancia exorbitante. Al canto del Sanctus todas las fuerzas celestes se orientan y se postran ante un altar ignoto donde un simple ser humano pronuncia unas simples palabras “Esto Es Mi Cuerpo” y Cristo mismo se hace presente en un trozo de pan. Misterio profundo. Misterio de FE. Y de un lado sigue el mal y del otro sigue Dios. Y de un lado sigue estando el hombre queriendo ser más que Dios y del otro sigue el hombre adorando a su Dios.

Y en paralelo aparece la idea de la presencia divina en la palabra, específicamente en la Biblia (en la Torá, como Logos Divino para el judaísmo o en otros libros revelados en otras religiones). Y esa misma idea fue la que prevaleció en la reforma litúrgica tomando la vieja idea de las dos mesas o los dos altares donde la primera parte de la Misa se celebra (con la presencia divina) en el altar de la Palabra y la segunda se celebra (con la presencia divina) en el altar de la eucaristía (aunque en sana, correcta y a veces olvidada teología católica con presencias metafísica y realmente distintas). Y para seguir podríamos distinguir si la palabra es la letra o el contenido (con San Pablo “la letra mata y el espíritu vivifica”)….

Pero se hizo largo y hay que ir al segundo bloque.

El segundo bloque tiene que ver con otro gran costado de la religiosidad que es la oración integral del hombre. El hombre no ora sólo con el alma, el hombre no ora (menos todavía) con la mente, el hombre no ora con el corazón. El hombre ora, reza, alaba, adora, agradece, pide perdón… con “todo el cuerpo”. Las entrañas, el alma y todo el cuerpo. La idea de entrañas remite a lo más profundo del cuerpo humano, quizás el punto en el que se imaginaba el alma.

Esta idea es la que sobrevuela de modo bello en toda la “filocalia” u oración de Jesús donde el cuerpo asimila la oración casi como una función biológica más. Es también la idea de la vida monástica “laboral” y de la regla benedictina en particular. Orar mediante el trabajo, mediante la actividad física, en todo.

También es una idea importantísima en la liturgia. En cada oración el cuerpo acompaña de un modo diferente. La liturgia oriental y la liturgia romana según el rito de San Pío V mantenían una constante tensión corporal en los fieles y, de modo mucho más manifiesto, en el celebrante. Las genuflexiones, las inclinaciones, las postraciones, el mantenerse de pie, etc. mantienen y orientan al espíritu en el flujo de cada oración. Pequeños gestos corporales hacen adorar al cuerpo y recuerdan al alma la profundidad de lo que ocurre. Como el burro que se postró ante Santísimo portado por San Antonio nuestro cuerpo participa, se plenifica y se fortalece en la participación de la oración. La liturgia fue simplificada para favorecer la participación activa de los fieles, no obstante no conviene perder de vista la importancia de cada una de las posturas litúrgicas que se ordenan. Aún en la simplicidad de la liturgia romana “ordinaria” el cuerpo participa activamente en la oración.

El hombre occidental se ha “racionalizado” en la lectura de la realidad mientras que se ha “animalizado” en sus necesidades cotidianas. La oración corporal es quizás un gran antídoto con el cual recuperar la unidad substancial en la oración y en la vida. La palabra plena nos comunicará de otra forma con la realidad. La conciencia de la profundidad y seriedad que incluye cada palabra (y en especial cada Nombre y en especial el Nombre de Dios) nos harán re-pensar y re-flexionar cada expresión, cada mención, cada palabra.

Natalio

miércoles, 9 de febrero de 2011

Wanderer, Bouyer y los judíos


Febrero está terrible. Añoro tiempos pasados donde enero estaba todo quieto, febrero asomaba con una o dos cosas, marzo crecía un poquito y en abril se entraba en ritmo. Ahora desde enero que andamos corriendo.

Pero hay algo que me despierta de mi letargo bloggero y lo voy a expresar de corrido, sin mucho detenimiento ni mucha fundamentación. Simplemente quiero dejar una estaca para retomar muchos temas que quedan sueltos.

La ocasión fue la lectura de dos (y parece que viene un tercero) de los post de Wanderer (Protohistoria I y Protohistoria II) sobre la protohistoria en Bouyer. Tanto el tema como el personaje me resultan bastante inalcanzables. En cuanto al tema son esas cuestiones donde temo pifiarle porque me parece que de esos pifies no se vuelven. Por eso me ando con cautela. Como un niño ante una habitación oscura. De última la cuestión consiste ni más ni menos que en ser como niños. Pero de afuera la miro con mucho interés y curiosidad.

En cuanto al personaje…. es tan complicado… Son esos personajes conciliares que tienen lo que tiene el concilio. Para no hablar de buenos o malos digamos que tenemos…. no sé cómo calificarlos. Aunque muchos se alteren e inquieten por estiquetarlo en uno u otro lugar me parece que es un personaje demasiado complejo. En cualquier caso, Bouyer representa (como una figura entre otras) una de las puntas de lanza con relación al cambio de paradigma pretendido en muchos de los actores del Concilio en varios temas pero muy especialmente en la liturgia (aunque en otros temas hay que admitir que tampoco lo escucharon).

Bouyer es (uno de los) responsable (ideológico) de algunas cosas de las que hemos hablado y seguiremos hablando en este blog (su pasado y su lucha contra el barroquismo tuvieron mucho que ver en esto). En particular, dos puntos reflotan con bastante notoriedad:

- Uno es el cambio del ofertorio (sobre el cual discutimos con el Athos). El pasaje de la fórmula sacrificial a la fórmula de la liturgia judía. Este tema no es aislado ni muchísimo menos. Está vinculado con una concepción litúrgica que entiende que la presencia divina se extiende también a la Primera Mesa.

- Y justamente allí es donde aparece el segundo tema, el telón de fondo, y es la idea de las dos Mesas, las dos presencias Divinas de las que hablamos. Dios, más específicamente Cristo, está presente tanto en la Palabra como en la Eucaristía. Esta idea de la presencia divina en la Palabra es de indudable origen judío. Los protestantes (los que mantienen la eucaristía), tomando de la misma fuente judía la cuestión, hablaban de una presencia idéntica de Cristo en la Palabra como en la Eucaristía. Y el Concilio reorientó la liturgia en un equilibrio entre la “Liturgia de la Palabra” y la “Liturgia de la Eucaristía”.

El segundo de los temas, tal cual lo dijimos en su momento y pensaba profundizar, tiene un costado que puede ser provechoso (y ya en los padres hay figuras parecidas como la de los dos altares) pero resulta nefasto en su conclusión, aplicación e implicancias.

Pero volviendo a Bouyer, lo que lo hace particularmente interesante para mi visión, es su profunda inquietud (que comparto aunque con visiones distintas) por el mundo judío. En este contexto, el texto que trae Wanderer muestra este conocimiento y manejo de la tradición judía por parte de Bouyer.

El mundo es, en principio, una proyección viviente y libre de las Ideas de Dios, las que se encontraban reunidas hasta ese momento en su Logos divino.

Este párrafo (todo el texto en realidad), es el núcleo de la Tradición rabínica y de múltiples interpretaciones y sobre el cual ya hablamos: Dios crea al mundo mirando la Torá (donde Torá no es otra cosa que el Logos divino).

Y por eso decíamos (y dice Wanderer que lo ayuda a entender a San Juan y a San Pablo) que no en vano es el lenguaje que reciben los mismo evangelistas. Allí lo dijimos del Génesis pero el hilo aparece a lo largo de todos los evangelios.

Esta concepción judía es la que otorga un sentido crucial a la presencia real de Dios en la Torá (en cuanto no es otra cosa que el Lgos) y, redoblando la idea ya en una versión gnóstico-cabalista, la presencia de Dios en el Mundo que termina en una forma de panteísmo (o panenteísmo en otras de sus versiones). Y por esta razón me parece acertadísimo (cuando no) el comentario del Coronel en cuanto a una posible materialización de todo, incluso de lo espiritual a partir de una mala lectura del asunto.

Y es que curiosamente (y por eso estas ideas gnóstico-cabalíticas pegan tan bien con la onda new age y porquerías) esas espiritualizaciones místicas terminan (o pueden terminar) en formas de materialismos.

No digo que esto último se desprenda de lo de Bouyer ni mucho menos, aunque es un riesgo que aparece muy cerquita. Como todo en los grandes misterios: un pequeño error nos manda disparados a la estratosfera.

En fin, sólo quería dejar la estaca marcada.


Natalio


martes, 14 de septiembre de 2010

El Verbo

De nuevo estoy de vuelta después de larga ausencia… Regreso sin muchas garantías de continuidad en un año que me tiene corriendo e intentando dividirme entre estudio (con exámenes cada dos por tres…) y trabajo (sin contar familia, religión, amigos, lecturas, música, deportes, etc.).

En fin, espero también que, de manera anónima o firmada, los amigos del blog pueda aportar en los tiempos de sequía y ausencia. También me gustaría volver sobre el último post y sus comentarios acerca de la universidad. También me gustaría agradecerle como corresponde a Alemama el premio que nos regaló. También me gustaría contar algunas cosas nuevas del Rosh Hashana. También me gustaría….

Pero vamos con lo inmediato, con lo que me recordó el blog (además de una simpática amonestación de la amiga Ruth).

Septiembre es, creo que para la Iglesia argentina, el mes dedicado a la Biblia y a su estudio. En mi parroquia suelen dedicarle bastante atención a la cuestión e incluso hacen ingresar cada Domingo “El Libro” en procesión. Me parece muy buena la dedicación a la Biblia y, en especial, me gusta cualquier pequeño gesto litúrgico “aordinario” (dentro de lo “ordinario” de la liturgia por supuesto).

Uno de los puntos fuertes del Concilio fue una suerte de “vuelta de tuerca” sobre la centralidad de la Escritura en la vida del Cristiano. Si uno observa la historia reciente de la Iglesia en los tiempos anteriores al Concilio notará que existía un cierto “enfriamento” en la relación fiel (laico o religioso) con la Escritura. Este “enfriamento” estaba dado las causas más variadas pero, en particular, creo que existían dos muy particulares:

- De una parte la utilización litúrgica de la Biblia con su consecuente dificultad “idiomática”. La proliferación de Biblias y versiones es algo muy nuevo (un poco extendido antes del Concilio, en especial a partir de la traducción de los misales, pero maximizado a partir de allí) siendo lo común que hubiese pocas Biblias y muchas de ellas en el idioma litúrgico (latín en nuestro caso). A ello hay que agregar que el idioma común, que había sido el latín en otros tiempos, se había convertido en un idioma litúrgico de carácter casi iniciático en tanto existía, como ya hemos charlado en este blog, una ruptura entre el fiel y la liturgia en general. Todo ello generaba un alejamiento entre el laico y la Escritura (en especial en la misa que se leía en latín sin que fuera seguido todavía con misales por “el pueblo”) e incluso entre el religioso y la Escritura (nunca olvido la impresión que me causó los pedidos de Santa Teresita para que la dejaran estudiar latín para poder entender el Antiguo Testamento o, ya entre grupos que mantienen hoy el oficio en latín, los ingresantes que rezan todas las horas en latín, aún en soledad, sin entender nada de lo que leen).

- Y de otra algo complicado de expresar en su justa medida y que opera un poco como telón de fondo de lo anterior. Cierto temor al acceso indiscriminado y en solitario a la Escritura por parte del fiel. En este sentido no se recomendaba la lectura indiscriminada del Antiguo Testamento, la lectura de determinados libros, etc. fuera del control y la enseñanza de alguien reconocido que actuara como guía, sostén y maestro.

Creo que los dos motivos eran válidos en cierto sentido pero habían sido degenerados por el cambio de circunstancias. El resultado, es decir la distancia entre la Escritura y el fiel, terminó siendo nefasto. Justamente nuestros hermanos mayores y menores (en la historia, digo…), es decir, judíos y protestantes, mantuvieron la connaturalidad con las escrituras que, junto con la Tradición (pequeño detalle que nos distingue en modos distintos de cada uno de nuestros “hermanos”), tenían los Padres de la Iglesia.

Y aquí es donde la cuestión se pone interesante porque justamente la ausencia del Verbo real y presente (en la Eucaristía) es la que derivó a nuestros hermanos mayores y menores en una orientación hacia la Escritura como presencia del Verbo mientras que nuestro actual volver a la Escritura como Verbo (en especial, aunque no solamente en la liturgia) ha desplazado la centralidad del Verbo Presente y Real en la Eucaristía.

Y desde aquí quería arrancar pero se extendió demasiado…. Volveremos con las dos mesas (o altares) de los padres, las dos presencias, la relación entre letra y Tradición, etc.

¡Respetos!

Natalio

martes, 27 de abril de 2010

Lactancia eucarística


En su momento comenzamos y explicamos la idea a desarrollar con citas del libro "Dominus Est, Reflexiones de un obispo de Asia central sobre la Sagrada Comunión". De Mons. Athanasius Schneider.

Hoy sigo y voy eligiendo citas a mi antojo:

"El gran Papa Juan Pablo II en su última encíclica intitulada Ecclesia de Eucharistia, dejó a la Iglesia una ardiente admonición que suena como un verdadero testamento:


Debemos estar atentos con todo esmero en no atenuar alguna dimensión o exigencia de la Eucaristía. Así nos mostraremos verdaderamente conscientes de la grandeza de este don. [...] ¡No hay peligro de exagerar el cuidado que debemos a este misterio!" (n. 61)..."

"La palabra de Cristo que nos invita a acoger el reino de Dios como niños puede encontrar su ilustración, de modo muy sugestivo y bello, también en el gesto de recibir el Pan Eucarístico directamente en la boca y de rodillas. Este rito manifiesta en modo oportuno y feliz la actitud interior del niño que se deja nutrir, unida al gesto de humildad del centurión y al gesto de estupor adorante..."

"Es posible suponer que Cristo durante la Última Cena haya dado el pan a cada Apóstol directamente en la boca y no sólo a Judas Iscariote. Efectivamente existía una práctica tradicional en el ambiente de Medio Oriente en el tiempo de Jesús y que aún se conserva en nuestros días: el anfitrión nutre a sus huéspedes con su propia mano poniendo en su boca un pedazo simbólico de alimento.

"Otra consideración bíblica no las da el relato de la vocación del profeta Ezequiel. Ezequiel recibió la palabra de Dios, simbólicamente, directamente en la boca: "'Abre la boca y come lo que te presento'. Miré y vi una mano tendida hacia mí que tenía un rollo. [...] Yo abrí la boca y me hizo comer el rollo. Lo comí y fue para mi boca dulce como la miel"...

"Cristo nos nutre verdaderamente con su Cuerpo y su Sangre en la Sagrada Comunión, lo que en la edad patrística era comparado a la lactancia materna, como lo muestran estas sugestivas palabras de San Juan Crisóstomo:


Con este Misterio Eucarístico Cristo se une a cada fiel, y aquellos a los que ha
generado los nutre Él mismo sin confiarlos a nadie más. ¿No veis con qué impulso
los recién nacidos acercan sus labios al pecho materno? Pues bien, también
nosotros aproximémonos con tal ardor a esta Sagrada Mesa y al pecho de esta
bebida espiritual. ¡Es más, hagámoslo con un ardor mayor que el de los
lactantes!


"El gesto de una persona adulta que se arrodilla y abre su boca para dejarse nutrir como un niño, corresponde de manera feliz e impresionante a las admoniciones de los Padres de la Iglesia sobre la actitud que hay que tener durante la Sagrada Comunión, es decir: 'cum amore ac timore!'"

Natalio

jueves, 15 de abril de 2010

Al pan pan y a la Hostia Matzá


Hace un tiempo, para el Domingo de Ramos para más precisiones, el admirado Todoerabueno escribía en un post lo siguiente: "Pero volviendo a la sinceridad litúrgica. A mí me gusta que el pan que se va a consagrar parezca pan, y no una cartulina. Y me gusta que el vino parezca vino (de ese vino oscuro, espeso y dulce), y no ese agüita que se usa para no manchar los purificadores."

Me dejó pensando mucho en como la hostia no parece verdaderamente pan.

El tiempo pasó y llegó la Pascua que me encontró en la Abadía de Victoria en una misa celebrada por un obispo. Recordó allí la Pascua como la Fiesta de los panes ázimos y a Cristo como el pan de puro trigo.

Y ahí todo me vino a la cabeza con la ebullición del sentido del Pesaj, la Pascua, la Fiesta de los Panes Ázimos, el Bar Mitzva, Todoerabueno y varios más...

Dice el Éxodo: No me ofrecerás con levadura la sangre de mi víctima. (Ex. XXIII, 18).

La idea del Cordero Pascual inmolado e inmaculado se encuentra intimísimamente vinculado en el judaísmo con el Matzá (el pan ázimo). El Matzá se opone al Jametz que es todo alimento que tiene levadura. La levadura representa el ego, la ambición, el orgullo (por eso aquello de "cuidaos de la levadura de los fariseos") o, más amplio, toda inclinación al mal. El Matzá es el pan puro, sin mancha, inmaculado. Nadie puede pretender estar completamente libre de Jametz pero la fiesta de Pesaj es una fiesta en la cual se intenta despojar el alma de todo resto de levadura espiritual. Hostia, Víctima, Pan, Ofrecimiento se unen en una misma tradición.

Pero vamos a nuestra Eucaristía.

Cristo en la Última Cena celebra el Seder que es la cena con la cual se abre la semana de Pesaj.

Durante el Seder se pone sobre la mesa el cordero pero se come el Matzá (Pan sin levadura). Es decir, desde la tradición judía no cabe duda que Cristo insitituye la Eucaristía con Matzá. Es más, el Matzá utilizado en el Seder suele ser el de trigo puro (el cereal de mejor calidad). A diferencia del Matzá común (que por definición no puede tener el mínimo contacto con agua que podría hacerlo leudar y convertirlo en Jametz) el utilizado en el Seder es uno especial que está en contacto con el vino.

Que Cristo diga con el Matzá en la mano "esto es Mi Cuerpo", o este es el Cordero de Dios, o esta es la Víctima es la figura más normal y adecuada para el Seder como apertura del Pesaj. El texto bíblico de la fiesta es el citado: No me ofrecerás con levadura la sangre de mi víctima. (Ex. XXIII, 1).

Las figuras e interrelaciones entre Jametz (alimento leudado en alguna forma) y Matzá (alimento sin rastro de leudado) se tornan infinitas y con diferentes aplicaciones espirituales. La levadura, como las malas inclinaciones, actúa sola y se extiende por toda la masa mientras que el Matzá requiere de millones de cuidados (por ej. no amasarlo tanto que el calor haga leudar la masa, que el agua no toque el trigo, etc.).

Por eso la fiesta de la Pascua está precedida por una lucha encarnizada contra toda impureza del ego y del orgullo que se escondan en el corazón. El pesaj los debe encontrar blancos y sin contaminación alguna.

En este sentido la halajá (costumbre con fuerza de ley) prescribe que la noche anterior al comienzo del Pesaj se debe buscar meticulosamente, centímetro por centímetro, rastros de alimentos Jametz (migas de pan, galletitas, caramelos, etc.) por toda la casa. Incluso se esconden pequeños panes en rincones ocultos para que sean buscados y hallados por los integrantes de la familia. La idea es que del mismo modo en que se escudriña cada rincón de la casa se debe buscar y escarbar en cada rincón del corazón buscando restos del Jametz del amor propio, del orgullo, etc.

Cuando en mi primera Comunión me levantaba para ir a recibirla mi madre susurró en mi oído una oración que repito todavía en cada paso hacia Cristo: María llama de amor prepara mi corazón para recibir a Jesús. Y al caminar rezando la veo a la Madre escondiendo restos de Jametz, como las madres judías antes del Pesaj, fregando hasta el hartazgo cada centímetro. La veo presurosa trabajando en el desastre cual ama de casa ante la inminencia de una visita importante.

Y es que el que espera es el Pesaj, la Hostia inmaculada, la Víctima inmaculada, el Matzá más sagrado, el Cordero Pascual, el Rey, el Puro.

En Cristo no hay Jametz, es puro trigo del mejor.

Es pan y no es pan, es Matzá.

Natalio


jueves, 25 de febrero de 2010

Obligar a Dios


Las lecturas y el evangelio de hoy se refieren todas al modo de pedirle a Dios.

Esto me recordó un asunto que alguna vez comenzamos y nunca continuamos sobre una de las eternas batallas entre el Bien y el mal.

Si bien lo ideal, para poder entender el sentido y alcance de lo que hoy pienso contar, sería que leyeran aquel post voy a recordar su idea fundante para quienes no quieren o no pueden tomarse el trabajo de leer todo el otro post.

La batalla se da entre dos ideas:

Una entiende que Dios es la medida de todas las cosas, incluso del hombre.

Y otra entiende que el hombre es la medida de todas las cosas, incluso de Dios.

Una reedición de esta batalla y aplicación práctica de estas ideas puede observarse en el modo del pedir a la divinidad.

En este punto convergen la mayor parte de la gnosis y sus derivaciones, un gran sector de la Cábala judía (y, por extensión y analogía en la "cábala" no judía), ciertos "tradicionalismos" esotéricos, los supersticiosos religiosos (que es muy otra cosa que la "fe del carbonero") e incluso, y aclaro que el tema litúrgico es uno de los temas centrales de este blog, ciertos obsesivos de la liturgia.

Todos ellos comparten (a su modo y con sus matices) una concepción que entiende que hay una relación de causalidad directa entre lo que se pide y lo que se obtiene. Es una concepción, propiamente, mágica de la religión en cuanto relación con Dios.

Pretenden -mediante ritos, oraciones, actos o lo que fuera- "obligar" a Dios a darles lo que piden. Tienen una suerte de tablero en el cual se puede "decodificar" y "codificar" el actuar divino de modo que se adapte a sus necesidades.

En definitiva, creen que pueden "modificar" a Dios, domesticar a Dios o simplemente doblegarlo.

Esto, como es fácil deducir, es la pretensión del Demonio y, por tentación del mismo, el pecado original.

Pero lo que quería mostrar con esto es que, en definitiva, esta idea diabólica de "esclavizar" a Dios, tiene como origen un no menos diabólico humanismo que pretende que el hombre es la medida de todas las cosas, incluso de Dios. Y ello en tanto que sólo puede "dominarse" aquello que es inferior.

En este sentido -orillando un tema enorme que merece varios post por separado- puede verse una correcta interpretación bíblica de la costumbre judía de no "nombrar" a Dios y referirse a Él como Di-s, Hashem, etc. y es que el "nominar" significa en el Génesis "dominar" y por eso a Adán le es dado ponerle nombre a todas las creaturas inferiores.

Para nosotros cristianos el Espíritu nos hace poder decirle con confianza Abba, aunque como tanto señalaba Buber y lo sigue Benedicto, es necesario reconstruir y redimensionar el nombre de Dios pisoteado y bastardeado por siglos.

Pero volviendo a los modos de "pedir" (en dos palabras porque se hizo muy largo).

El cristiano "obliga" a Dios al pedir como mi gordita mayor me "obliga" a darle una "sorpresa" después del postre: haciendo ojitos, con una sonrisa y taladrando "porfavorporfavorporfavorporfavorporfavor".

Natalio


miércoles, 7 de octubre de 2009

Gregoriano en Buenos Aires


Mientras el Athos vuelve a hacer caer maná para el espíritu, Muret comenta el P. Elías de O'Brien (vamos a meter presión para que escriba), Santopoco elige la mejor salsa para su burrito, otros amigos se deciden a colaborar con el blog y yo termino mi cerveza....

Escuchamos un poco de Gregoriano en Baires (curioso que existan este tipo de cosas) aportado por un fiel amigo de la casa que prefiere mantenerse en reserva.

Natalio

martes, 22 de septiembre de 2009

Pan y Vino en el monte Athos




Pan de Vida

Lo he visto por dentro
En la rugosa cripta de mis húmedas entrañas
No menos que en la inmensidad ajena
Que se abre a mis pies cuando baja la marea.
Un populoso mundo de escombros y muñones
Huesos secos esparcidos
Desolada bruma densa
Y entre medio un grito
Solo, perdido
Sin fuerza, dolido
Agotado, desganado, malherido,
Clamando una gota de sentido.

Muere el niño inocente
Brama Camus desde su Peste;
Muere el noble, el indecente
Ideal, amor, proyecto, meta:
Todo cae y muere:
es ist in allen...aporta el Poeta
Esta misma mano cae y desvanece
En desoladas playas inertes
De insípidos salitres que no saben ya salar
La insoportable levedad de toda muerte.

— Alarga tu mano al alimento prohibido
Y serás divino.

La herrumbre del pecado aún no lo ha borrado:
En el fangoso fondo de las almas ciegas
Al tembloroso tacto
Memoria y nostalgia se repliegan
Y vuelven a leer -desdibujada-
La punzante razón de su condena:
Has querido comerte la Vida
Y terminaste sentado
Revolcado en la ponzoña
De un fúnebre banquete
De negros manteles, hedor y roña
Entre platos de muerte y copas de pecado.

Allí,
Debajo de aquel árbol
La muerte comí
Que como un eco abruma sobre el tiempo
Su pestilente y rancio hedor.
Y sobre el orbe entero
Alargan sus lúgubres sombras
Aquellos platos, aquellas copas
Repletos del más funesto desamor.

Pero aquella populosa marea
De escombros y muñones
Más aún retrocedió.
Y yo vi lo que ningún ojo vio:
El negro mar lleno de muerte se abrió en dos
Y un Camino Viviente lo surcó
Y desde Oriente la bruma levantó
Y aunque llanto y pasmo me atontaba
Yo estuve allí y Lo miraba:
Recortado entre medio de las ruinas circulares
Un inmenso árbol conocí,
Frondoso, tupido
De tronco añejo, más que el mundo,
De brotes tiernos, más nuevos que el día.
Y yo, temblando
Hincado entre escombros y muñones
Lo oí:

— Alarga tu mano al Pan Vivo
Y serás divino.


el Athonita

Vino de Melancolía

Je sais que nous buvons à la même coupe
Tous le deux.
Elle est cet horizon commun de notre exil.

P. Claudel

Sobre la intemperie interior
Llueve la más delgada de las lluvias
Minuciosa, obsesiva,
Sórdido lamento de un cosmos en parto y agonía.
Todo es bruma gris
Melancolía
Mojada tarde
Impregnada de olores añejos y primarios.
Y dentro de la nube: añoranza.
Nostalgia de un sol ido
Que aunque nunca hubiera estado
Siempre sería ido.

Y empino la Copa
Horizonte, Umbral, Seña y Roca
Y cuando paladeo
La prenda de la gloria futura
Llega lo que me da miedo:
Crece el deseo,
Fluye indomable la bruma
Y grito hacia la Fuente
Sin ver ni su figura:
si me olvido de Ti, mi Locura
que se me apague el paladar
y deponga todo gusto y todo hablar
!

Ante este Cáliz virginal
Madre ensangrentada
Dejo mi rasa sandalia
Huelo y bebo
Buscando sobre el rojo mar de sangre
El aroma o los rasgos oh Madre
Del que exiliado, me exilió
Del que estuvo y se marchó
Y en prenda me dejó
Este punzante deseo,
Que quiero y que no quiero
Dolor lacerante en el ser
Por unos ojos que no tolero no ver.

Huelo y bebo
El Sésamo que abre antiguas noches
De aromas que lastiman
De diálogos, de risas, de guiños, de silencios
Idos.

Y bebo en frenesí
El morado Río entero
Que barreno o remonto -ya ni eso veo-
Buscando esa piedra primaveral
Sobre la cual
Un día que ya fue y no así
Me bebiste y te comí.

Y bebo
Aspiro suspiro huelo
La furia del fuego
Taninos infinitos;
Canelas, robles y ciruelas
Grosellas, acacias, eucaliptos
Que activan la memoria
De cenas, de bosques, de viajes: ¡tu Cara!
Y yo atesoro la punzada,
Aunque arda
Como lo mejor de mi mismo
Como suspiro sincero de mi nada enamorada.


el Athonita

viernes, 4 de septiembre de 2009

Wanderer está salvado


En lo de Wanderer se ha armado un despiporre fenomenal. La verdad es que, debo confesar, a veces la cuestión se pone divertida. Hay algo de morbo en los espectadores como uno porque, en definitiva, la cuestión se trata del armado de un ring donde se tira un tema para que todos se maten. Y es, en algún punto (con relación a ciertos temas), divertido. Porque se forman dos bandos más o menos definidos con algunos varios eclécticos que se dedican a repartir sopapos a unos y otros cual árbitros de la disputa. Y la lucha es a muerte. A veces uno ve resbalar un poquito a alguno y sólo resta ponerse a contar para que le caigan de a cinco para cimitarrearle la cabeza.

En algunos temas (en otros no tanto) la cuestión se convierte en un ejercicio interesante y entretenido, donde hay que saber pegar sin bajar nunca la propia guardia. En otros tiempos (con seudónimo o iniciales) participaba con frecuencia pero descubrí que no tengo el temperamento adecuado para ese deporte. Termino enojándome y tomando las cosas como algo personal cuando, en verdad, debería resultar un "cruce de guantes" entre "amigos" (en un sentido amplio de la palabra).

El asunto que hoy traigo comenzó con un comentario de Ludovicus a un post de J. Tollers. Luego el Wanderer, al ver la naciente batahola, recogió el guante y redobló la apuesta. Siguió Ludovicus agregando un poco más de pólvora al asunto y luego definió Wanderer mordaz, irónica y divertidamente.

La cuestión en términos simples puede plantearse así: unos dicen "ya estamos salvados" y otros dicen "mientras vivimos no estamos salvados".

En términos más complejos (requiere ya de más matices) la cuestión puede plantearse: "hay que trabajar para condenarse" o "hay que trabajar para salvarse".

Y lo curioso es que todos lo enunciados son verdaderos "secundum quid", en cierto sentido (no podrían ser ambos verdaderos en el mismo sentido por el principio de no contradicción), aunque algunos requieran más ajustes que otros (los enunciados mediante la palabra "trabajar" en un sentido o en el otro).

El tema es interesantísimo y apasionante, tan viejo como la historia de la Iglesia o, me atrevería a decir, tan viejo como la religión mosaica (por hablar sólo de nuestro ámbito porque creo que está en el centro de toda concepción religiosa).

Asimismo, es un tema siempre recurrente en las aguas protestantes particularmente sensibles a los diferentes enunciados de ellas. En este campo nuestra amiga protestante tenía escritas varias cosas (entre ellas una serie fenomenal, compartida o no, de la teología del pecado que creo no está todavía mudada a su nuevo hogar) o, ya desde el lado católico aunque con mucho diálogo con la teología protestante, el amigo Gabaon en sus Cánticos del Siervo.

Pero además de todo aquello la problemática nos conduce también a algo que habíamos dejado de lado al hablar sobre las reformas al nuevo misal (en el entender del Athos colamos el mosquito y nos comimos el camello). Hablamos del tomen por el tomad de la fórmula de la consagración y dejamos de lado el "por muchos" en lugar del "por todos". Y el problema allí es el mismo ¿se salvan todos o se salvan muchos? ¿Cristo derramó la Sangre por todos o por muchos?

Habiendo mostrado varios caminos que venían circunvalando el tema en forma paralela, vuelvo al eje.

¿Estamos salvados por la muerte (y su resurrección como dicen algunos, aunque es otro asunto) de Cristo?

Eso, así dicho, puede significar varias cosas, algunas de las cuales son (con infinitos de matices en los mismos enunciados):

- Estamos todos salvados. En este sentido se entiende toda una línea de pensamiento que ya mencionamos que entiende que "historia de la salvación" e "historia de la humanidad" son una misma cosa, toda la humanidad está salvada por la muerte de Cristo, el infierno (si existe) está (o quedará) vacío.

- Estamos salvados todos los bautizados en tanto recibimos la Gracia de Cristo. El Bautismo, además de ser causa, es signo de Predestinación. Hagamos lo que hagamos (según las versiones) terminaremos salvados por la Gracia de Cristo ya que "Él nos ha destinado en la Persona de Cristo, por pura iniciativa suya a ser sus hijos..." (Qui praedestinavit nos in adpotionem filiorum per Iesum Christum in ipsum).

- Estamos salvados todos los bautizados en tanto la Gracia de Cristo actúa en nosotros haciéndonos actuar de modo agradable a Dios y sólo nos condenaremos en la medida que la impidamos actuar en nosotros.

- Estamos salvados todos los bautizados sólo en potencia. Se nos abre la puerta para que nos salvemos pero el pecado original, aunque borrado por el bautismo, nos sigue llamando al perder la Gracia. La salvación, entonces, es un trofeo que nos será dado al final del combate si lo hacemos adecuadamente. Ergo, lo más adecuado para este enunciado sería decir "no estamos salvados hasta que estemos salvados".

- Estamos salvados en la medida que nos "ganamos" la gracia con nuestras propias obras.

Entre los enunciados 3 y 4 podemos encontrar caminos que no son incompatibles y por los que marcha la teología católica. Y el problema en estos temas es que el que desbarranca... desbarranca en serio, no hay grúa que lo salve.

En cambio, los enunciados que enuncian la cuestión con la palabra "trabajo", si bien pueden ser bien entendidos ambos, hay que aclararlos un poco más.

- Si digo "hay que trabajar para condenarse" no debo olvidar que el pecado original mantiene una tendencia natural (naturaleza caída) al pecado, por lo que puede resultar equívoca la palabra "trabajo". Quiero decir, pecar, aún estando en Gracia, no requiere de mucho esfuerzo (por eso hay que estar alertas ante el "león rugiente que anda buscando a quien devorar").

- Si digo "hay que trabajar para salvarse" no debo olvidar que nada de lo que hagamos nos salvará. Nos salvamos por acción de la Gracia. Nuestro "trabajo" consiste más bien en un "dejar hacer a la Gracia".

En fin, lo importante es que Wanderer está salvado.

Natalio
Pd: No sea amarrete, haga caridad y compre estampitas a los pobres monjes.

lunes, 31 de agosto de 2009

Pauper, Servus et Humilis






I.

Tu vocación por la abyección
Es más arcana
Que la tejida
En las blancas entrañas de María.
Desde siempre y por siempre
Tú eres de Otro.
Tu delicia es
Lavar sus pies
Y aún sin Carne para Cruz
Vivir absorto, anonadado
En esos ojos que en el Amor te dieron Luz.
Y haces lo que ves.
Dices -y Tú eres tal decir-
Lo que escuchas al Otro.
Oh Verbo entregado sin retorno al Amor trinitario.

Y cuando falta hizo
Te lanzaste en cascada al Abismo.
Del Cielo a Belén,
A Egipto y Nazaret.
Bajaste a la hondura negra del Jordán
Y hasta al cráneo atemporal del rancio Adán.
Y cuando Cielo y Tierra convinieron
Al verte atravesar las raíces del averno
En suplicarte ¡detente!
Tu salto en caída libre
Voraz y refulgente
Siguió en bajada jovial
Gustoso, enloquecido, decidido
A usurparle al mundo, o a quien fuere
Del Orbe, el último lugar.

Y se detuvo
Quieto y mudo
Sobre la roca firme de este Pan primordial.
Oh soberbia arrogante de Adán:
Mira la dulzura
De Aquel que en blanca muda
Sin tremolar su divina figura
Mira desde abajo tu averno
Socavando sus cimientos
Anegando sus incendios
Reinando mudo
Desde las entrañas de un ácimo mendrugo
Último
Sin gracia ni hermosura
Más que aquella que otorga la locura
De un Amor extremo, o mejor: de desmesura.

II.

A veces hay que decirle que se vaya,
Como a un mendigo...
Pero él se queda allí,
acostumbrado como está a los insultos

Julien Green


Si alguna vez dijera, aunque temblando
¡largo de aquí! Con ademán y mando
Lo sé, y me estremece verlo:
Con inmutable gesto
Con Rostro blando, de pedernal secreto
Tú seguirías allí, de mi mirar sediento,
Impertérrito.
Mendigo imperturbable
Amigo inagotable.
Y con genuina ingenuidad delatarías
Lo que no es retórico erotema
Sino enigma y desconcierto para Dios:
¿Por qué me pegas?, dirías a media voz.
Y con mirar muy quieto,
Sereno y quedo
Ajeno a toda sorna
A mi lado quedarías
Imperturbable, recto
Aguardando tu limosna:
La devaluada Dracma de mi inestable afecto.



III.

En un sentido muy auténtico
Cristo estuvo de incógnito.
Y así continúa.

S. Kierkegaard


Cuando en un rapto de sensatez y cordura
Te expreso con seriedad y mesura:
“Crece Tú, y que yo disminuya”
Mi verbo se estrella y pulveriza
Ante tu Pan tan quieto tan sin prisa
Que me mira y eriza
Y susurra en suave brisa:
Deja eso para prédicas y libros
Tú crece hasta plena estatura
Que es para ello mi pena, mi herida, mi locura
Que crezcas en vida, en luz, en gran holgura
Mientras Yo sigo bajando a la raíz de tu negrura.

Déjame a Mí la sombra
Y asume tú la claridad
Come y contempla mi Pan taciturno
Y déjame ser en medio de tu mundo
El Secreto y el Callar
Lámpara debajo del altar
Infinito revestido del cero
León que protege con piel de cordero.
Y sé tú, desde las terrazas del orbe
La Voz sonora
Del consumido Verbo imberbe y mudo.
No confundas más:
Crece tú, come mi Pan
Y deja en paz Mí desmesura.
Que crezca en mi el otoño -que es la siega-
Y asume tú la primavera
Que entre ambos a este mundo ganaremos
No por otro atajo
Que este sagaz y secreto
Plan de trabajo.


el Athonita

viernes, 21 de agosto de 2009

El traductor está con "ustedes"

El amigo Odysseus me pasó este texto de un traductor de Sagradas Escrituras sobre el asunto del ustedes y el vosotros.

Tiene un tiempo pero resulta actual...

Natalio

APUNTES DE UN TRADUCTOR DE SAGRADAS ESCRITURAS (27-7-1999)

Sobre los pronombres personales de segunda persona del plural "vosotros" y "ustedes", sus formas pronominales posesivas y la repercusión de su uso en las versiones castellanas de la Sagrada Escritura.

La lengua castellana -como toda lengua- tiene sus formas morfológicas oficiales y diversos usos regionales y niveles según los multiformes ambientes de la vida de los seres humanos. Nos concierne el tema gramatical de la segunda persona del plural.

En España la forma "vosotros" es familiar, mientras que el "ustedes" pone distancia. En Hispanoamérica "ustedes" se usa tanto en el trato familiar como para poner distancia. Depende del tono.

Pero eso no significa que "vosotros" nos sea ajena o extranjera: ocupa su lugar como forma oficial de la segunda persona del plural especialmente en la lengua escrita, en la poesía y a veces cuando la solemnidad de la ocasión lo requiere. Es un "nivel" del lenguaje que nos es familiar sobre todo por la escuela y la literatura. "Vosotros" es el único pronombre que tiene formas verbales y pronominales propias de la segunda persona del plural en cuanto tal, es decir, del "tú" plural (amáis, amad, vuestro, vuestras, etc.) mientras que "ustedes" ("vuestras mercedes") se usa con las formas verbales y pronominales de la tercera persona del plural (aman, amen, sus, etc.), con la consiguiente ambigüedad.

Las lenguas jóvenes y primarias conocen sólo el "tú" y el "vosotros". Así sucede en hebreo, arameo, griego, latín, gaélico, etc. La introducción de las formas de distancia o cortesanas ("vuestra merced", "vuesarced", "su Majestad", los originalmente femeninos "Lei" en italiano, significando "la sua Signoria" o algo parecido, análogo a "Sie" en alemán) es típica de épocas más tardías y envejecidas del idioma, marcada por la atmósfera cortesana o burguesa de la forma de vida: uno se dirige indirectamente al interlocutor o a los interlocutores con las consiguientes formas verbales y pronominales de tercera persona: "su Señoría quiere"; "ustedes vuelven a sus antiguas costumbres". Con la amplia difusión del pronombre "ustedes" en castellano latinoamericano resultó una notable ambiguedad no sólo en las formas verbales sino especialmente en el posesivo "su/sus", que puede significar "de usted varón", "de usted mujer", "de él", "de ella", "de ustedes varones", "de ustedes mujeres", "de ellos" o "de ellas".

La "segunda persona" gramatical tiene una inmensa importancia en la Teología, especialmente en la Sagrada Escritura y en la Liturgia. Dios es llamado "Tú" por la creatura en la Historia de Salvación, en los Salmos, en las oraciones de la Iglesia. De igual manera, frecuentísimamente Dios se dirige a una segunda persona singular o plural. Dios llama y trata de "Tú" a un patriarca, a un profeta, a su Ungido. Llama y trata de "vosotros" a su pueblo con especial solemnidad y énfasis, tanto en el Antiguo Testamento (es clave de la vocación y de la querella con el pueblo elegido), como en el Nuevo Testamento: especialmente en la relación Cristo-discípulos, Cristo-Iglesia.

El pronombre personal "vosotros", en consecuencia, adquiere una importancia inmensa, con todas las formas verbales y los pronombres posesivos correspondientes que se van hilvanando en el discurso divino. Así vemos, por ejemplo, la maravillosa frase de Isaías 55, 8: "Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos -oráculo de Yahveh-. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a vuestros caminos y mis pensamientos a vuestros pensamientos".

Dios se dirige a su pueblo en la segunda persona plural y el posesivo ''vuestro'' adquiere un énfasis insustituible. El posesivo "sus", que corresponde a "ustedes" ("sus caminos", "sus pensamientos") es ambiguo. Podría tratarse de una tercera persona del plural "ellos", y el discurso perdería su fuerza. Lo mismo puede verse en la célebre frase de Cristo a María Magdalena en Jn 20, 17: "Le dice Jesús: No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios".

La sustitución de "vuestro" por "su" introduciría una ambigüedad teológicamente inadmisible, mientras que el añadir "de ustedes" destruiría el versículo desde el punto de vista literario (el ritmo, la simetría, la proporción, en una palabra, la belleza del mismo).

Los ejemplos podrían multiplicarse indefinidamente: muchos de éstos son pasajes claves del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Viceversa, hay multitud de pasajes en que es muy deseable que se palpe, como en hebreo y en griego, que se está en presencia de formas verbales y pronominales de tercera persona. Se está hablando de un "ellos' que es una expresión prototípica de la Sagrada Escritura: Dios habla a su profeta de un "ellos" misterioso que camina a la perdición; el salmista pide auxilio a su Dios contra un "ellos" a veces innominado que son sus "perseguidores", o "los malvados", o "los idólatras, gentiles", etc. La tercera persona aleja de la intimidad divina sea para abandonar a la "Casa Rebelde" o los gentiles, o por el contrario pidiendo que desde la lejanía se conviertan al Señor.

Hay ejemplos copiosos:

Multiplican ["ellos' innominados] las estatuas de dioses extraños;
no derramaré sus Iibaciones con mis manos ni tomaré sus nombres en mis labios.
Salmo 15

Del mismo modo, en un pasaje central del Sermón de la Montaña (Mt 5, 14-16) leemos:
Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad puesta en lo alto de un monte. Ni encienden una lámpara y la ponen debajo de un recipiente sino sobre el candelabro, e ilumina a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

El juego entre el "vosotros" (el "tú" plural del Cuerpo de Cristo) y sus posesivos "vuestras" y "vuestro" contrastan admirablemente con el sujeto indeterminado "encienden" y "ponen" y con las terceras personas del plural "todos los que están e!1la casa" Y "los hombres", de los que se predica que "vean" y "glorifiquen". De las solas formas gramaticales surge todo un hilo para una profunda exégesis y reflexión teológica.

En cambio, si el pasaje es "traducido" al uso del pronombre "ustedes", resulta una total confusión. No se sabe quiénes encienden y ponen la lámpara, de quién es la luz, de quiénes son las buenas obras y de quiénes es el Padre que está en los cielos. Cuestiones no indiferentes, sin duda.

Apéndice sobre Sagrada Escritura y Liturgia.

La tesis de que el lenguaje de las traducciones de la Sagrada Escritura -o su lectura en la liturgia- debe acercarse lo más posible al lenguaje de la calle es lo que se llama propiamente un prejuicio. No se la somete al examen de la luz de la razón ni de las ciencias. Es, en verdad, la postura de una escuela litúrgica, que -como todas las escuelas sujetas a la moda- hoy están y mañana pasarán. Habrán envejecido. Todo lo que se aparta del sentir de la piedad tradicional de la Iglesia, se aparta de la fuente de la eterna juventud, pierde el contacto con aquello que es siempre nuevo porque es eterno. La Iglesia ama e incorpora lo nuevo, pero no incorpora el error, o la fealdad. Muchas de las modas litúrgicas de los clérigos de hoy ofenden a la piedad de los fieles, viejos y jóvenes, distinguidos o humildes.

1. Una vez más asistimos a un signo de división entre los clérigos, con el inevitable desconcierto de los laicos. Pues unos ministros se acomodan al uso nuevo, mientras que otros se atienen al tradicional.

2. Se da también la división dentro de la Acción Litúrgica, pues unas partes de la misma tendrán lugar con el tratamiento de "ustedes" con formas verbales y pronominales de la tercera persona del plural, mientras que otras partes (por ejemplo la Consagración) se hacen hasta ahora con la segunda persona del plural "vosotros" y las formas verbales correspondientes.

3. El deseo de expresarse "en el idioma exacto que habla la gente de la calle", con la pretensión de serles cercanos e inteligibles, desconoce principios elementales de la lingüística.

Toda lengua tiene diversos niveles: diferencias regionales, sociales, profesionales, literarias, etc. El creyente, consciente de que a Dios se debe un trato especial, siente la necesidad de una liturgia de singular belleza. "Decef". Corresponde. Es bello. Lo contrario sería vulgar, inadecuado, con una "sombra moral" en razón de las circunstancias, importante fuente de la moralidad.

Por ejemplo, en Suiza la Misa no se celebra en el dialecto que la gente habla todo el día, sino en alemán Hochdeutsch (o como dicen ellos: in der Hochsprache) que es el idioma de la escuela y de los libros. Alemania, Italia, los países escandinavos, etc., están poblados de infinidad de dialectos de gran pujanza en la vida cotidiana. Sin embargo, la Liturgia -incluso la homilía- en dialecto sería impensable, inimaginable a toda persona de criterio, culta o ruda. No hay misales ni leccionarios en alemannisch ni en suavo ni en napolitano ni en siciliano ni en romanesco, por nobles que sean estos dialectos, algunos de los cuales tuvieron y tienen sus poetas y sus folkloristas de renombre. Así también los gramáticos de la lengua castellana -extendida en vastísimos territorios y carente de dialectos- han acordado formas morfológicas donde los usos regionales deben encontrar su punto de convergencia. Las lenguas tienen sus niveles. No se habla el mismo nivel en la casa, en la calle, en la ·escuela, en los Tribunales, en los discursos cívicos, en la Acción Litúrgica. Esto es un patrimonio universal de la humanidad, del hombre que pronuncia su palabra en la variedad del cosmos que Dios le ha dado.

Se dice en Irlanda: "Tierra sin lengua, tierra sin alma".
27-7-1999.

miércoles, 24 de junio de 2009

Primer año del blog: balance, cambios y propuestas




Se cumple un año desde que comencé con este asuntejo del blog y muchas cosas han pasado desde entonces.

Es una buena ocasión, entonces, para intentar un balance, anunciar cambios y proponer algunas cosas.

Balances

Temática

Comienzo por lo más criticado. Desde que nació el blog hasta ahora hay un hecho que me llama muchísimo la atención: no logro que mis hermanos y amigos lean lo que escribo. Al comenzar el año pasado con esto, las pocas personas que sabían quién, cómo y por qué escribía comenzaron a leer el blog. Incluso comentaban y opinaban aquí mismo o personalmente. De modo progresivo mis amigos más cercanos y mis familiares fueron dejando de leer el blog hasta llegar al día de hoy donde casi nadie de mis círculos familiares lo lee.

¿La razón? No es una sola, son varias. Sin embargo se pueden resumir en una: la temática del blog.

Unos miran lo de los judíos o la liturgia y piensan: ¿cómo puede ser que estuviera tan desquiciado y yo no lo sabía? Otros directamente fueron a plantearle el problema a mi mujer, diciendo: "se volvió completamente loco, necesita ayuda". Mi mujer asiente con una sonrisa mientras piensa: "no puedo decir nada porque sabía con quién me metía..."

El asunto es que el blog se ha tornado demasiado religioso y, aún en este ámbito, demasiado "particular".

No quiero engañarlos. Dudo seriamente que se aparte de esa temática. Cada día me interesa más el tema religioso, el tema de Dios, el tema del hombre con relación a Dios, el Bien y el mal, las religiones, la liturgia, etc. Lo que no incluya en algún punto estas cuestiones me resulta "intelectualmente aburrido". Y el blog es el ámbito para charlar y plantear cosas que no puedo conversar con nadie más que mi paciente y dulce esposa y, ocasionalmente, con algún que otro amigo.

De todos modos, en el otro blog mantendré la amplitud temática y hay también en las propuestas algo para paliar esta situación.

Amigos

Así como les conté que no logro que mis más cercanos lean o se interesen por el blog, lo más lindo ha sido la cantidad y la calidad de amigos (la mayoría todavía a nivel virtual) que he cosechado.

No los voy a nombrar aquí porque son muchos y todos saben (lectores y amigos), quiénes son.

A todos ellos quiero decirles que, en lo personal, esto es lo que más me gusta de la experiencia blogística: el haber encontrado (porque, curiosamente, a algunos resultó que ya los conocía) amigos con quienes charlar de estas cuestiones con muchísimas afinidades y algunas disidencias constructivas.

Mis respetos agradecidos para ellos que han transformado un lugar insípido en algo agradable e interesante.

Positivo

Un punto saliente del blog es que ha cumplido su objetivo de ser un espacio de diálogo constructivo entre los diversos costados o aristas del mundo religioso: desde lefes a progres, modernistas y conservadores, religiosos a seculares, clericales y anticlericales pasando eventualmente por amigos no católicos todos pueden charlar y debatir en un clima de cordialidad y respeto sin por eso mezclar o "chirlear" la verdad.

Deudas

Me quedan como pendientes el retomar el "blogroll comentado" que opera como punto de partida de visiones y perspectivas para los diversos problemas.

También en el debe figura el retomar el uso de películas, obras musicales, obras literarias o cualquier otro disparador artístico para afrontar temas universales. Al comienzo esa era la tónica que se fue diluyendo al aproximarnos a estos días.

Desde lo estrictamente personal, lo mejor y lo peor del blog es lo mismo: me aparta de mis tareas (prácticas, teoréticas y académicas) cotidianas. Esto hace que me cueste darle continuidad y periodicidad a las entradas. Creo que anduve rondando el promedio de un post por semana (en los últimos tiempos con innumerables aportes agradecidos desde el Athos) que me parece una buena medida que intentaré mantener.

Cambios

Cabecera y colores

El primero es estético. Se cambia el encabezado por uno que, a su modo, refleja un poco el paso del tiempo y el crecimiento del blog. En la misma tónica intentaré darle un poco más de claridad a los colores en general.

Seguidores

El segundo tiene que ver con los "seguidores". Al comienzo no me gustaba ni interesaba esto de los "seguidores" y menos su anuncio: "presume las personas que siguen tu blog". Pero de la experiencia del otro y de otros blogs he comprendido que no se trata sólo de que los demás vean cuántos te leen. Se forma una suerte de comunidad virtual donde uno distingue sitios de interés por intereses comunes con amigos. Más de un blog lo he visitado "sólo" porque algún amigo lo seguía. Por ello, he decidido hacer públicos los pocos seguidores que tiene este humilde blog.

Propuestas

La vuelta de Gregorio

La primera tiene un destinatario con nombre y apellido: Gregorio Santopoco. El primer y único colaborador hasta el momento es uno de los que se ha apartado por la cuestión temática: la cuestión se ha tornado "demasiado religiosa para su gusto". La propuesta es: varíe usted la temática. Vuelva a escribir sobre literatura y moral, literatura y psicología, psicología y moral. A los lectores les digo: requieran su intervención, tiene mucho para dar... (además del ya esperadísimo comentario sobre el Jardín de Mary).

Participación activa

La segunda tiene un destinatario principal y varios secundarios. Dado que el blog ha traspasado el ámbito personal para convertirse en una comunidad de ideas e intereses propongo a los amigos que participen activamente en la publicación de post. A aquellos que ya tienen blogs pero que por la temática o el tono o el público no pueden expresar ciertas ideas los invito a utilizar este humilde espacio. Y a aquellos que no tienen blog les invito a crear una identidad (real o ficticia) y publicar directamente. El destinatario principal como podrán imaginar es el Athonita que lo hace de hecho, pero se extiende a todos los amigos con o sin blogs.

Salterio comentado

La tercera es otra idea personal que hago extensiva a la participación de los amigos. Tenía pensado comenzar una serie de post basada en comentarios, meditaciones, oraciones, etc. a partir de los salmos. Es decir, transmitir mis ideas y sensaciones al leer y rezar algo que tanto me gusta como los salmos. En este rubro también invito a tomar cualquier salmo (alguno que en particular les guste o ir siguiendo el orden) y a comentarlo, meditarlo, etc. en este blog.

Por último, aprovecho el aniversario para saludar a todos aquellos lectores anónimos, ocultos y silenciosos que leen el blog sin comentar nunca o haciéndolo en alguna esporádica ocasión.

Quien necesite invitación para hacer reclamos, sugerencias o acotaciones sobre el blog hable ahora o espere hasta el próximo aniversario.

Respetos

Natalio


martes, 12 de mayo de 2009

Se ofrecen dos visiones del Ofertorio



Continuando con el tema del post anterior (y de los litúrgicos en general) pongo como post el último comentario del Athonita sobre el ofertorio y mi perspectiva (en cuanto tal, diametralmente opuesta) sobre el mismo punto. Pido perdón si resulta largo pero me parece que puede ser bueno ver por "formas de ver" una cuestión juntas.

Por orden de importancia:

El Athonita dijo:

Siempre me llamó la atención que en el texto de la narración de la Institución eucarística, se haga mención y se detenga un poco el imaginario sobre la acción de Cristo de tomar el pan en sus santas y venerables manos. Y aunque de inmediato el relato siga de largo sobre lo que “hace” luego con este pan tomado, este gesto “in se” denota portar una carga significativa propia y específica. Mt, Mc y Lc, no menos que 1Cor 11, no ahorran la expresión: tomó-separó un pan (de los demás)...

En los formularios orientales (vigentes o antiquísimos) el relato aquí se arremolinaba más aún. Por caso, la anáfora de san Basilio dirá “ habiéndolo tomado en sus santas y venerables manos, y habiéndolo mostrado y ofrecido a Ti, Dios y Padre Suyo...” (La Misa de Jerusalén, o anáfora de Santiago, lo expresan con parecido acento).Pareciera de aquí desmembrarse el Ofertorio, para darle entidad propia a este gesto previo al acto de transubstanciar. Hay un separar. Un “consagrar” en un sentido más amplio al de la transubstanciación.

Este pan, aún con minúscula, ya es ofrenda a Dios. Está entregado a Dios. (De ahí que si alguien tirara o despreciara el pan y el vino ya presentados, cometería sacrilegio). Y este pan, claro que sí, ya constituye un sacrificio. En el sentido amplio –pero real y preciso- de significar el ofrecimiento a Dios de un don.

Este “accepit panem” es donación, entrega, dedicación a Dios de la ofrenda separada. De ahí que desde muy antiguo fuera acompañado el gesto de una elevación (mediana, a la altura del pecho del celebrante: usque contra pectus levat, dice un Misal cluniacense del 1068; y ya lo decía Amalar en el 820).

Pero, ¿qué ocurre? Hacia el siglo XII –desde París, pero luego por doquier- se fue anulando esta costumbre. Y no por dejadez; sino por expreso empeño pastoral de la Iglesia, alarmada por cierta deformación de la piedad popular: los obispos explicaban su prohibición diciendo que movía a los fieles a venerar bajo latría lo que aún era creatura; que mejor, se reservara el ‘ostendit populo’ para después de la consagración. (Así lo anota Jungmann en un sabrosísimo artículo del año 60 llamado justamente “accepit panem”).

Lo cierto es que en la Pascua judía, se toma(ba) la copa y se eleva y muestra, en nítida oblación y ofrenda al Señor, y así lo hereda Hipólito en su Traditio apostólica. Dira Jungmann que “es muy probable que el Señor mismo en la última Cena elevara el Cáliz en actitud de oblación.”

Relevado esto, pienso: que ciertamente el Ofertorio ayuda en la dicción a subrayar el carácter sacrificial de la Misa, como que reafirma la orientación direccional del asunto: ad Patrem. Pero parece importante para la gramática del Misterio acentuar de un modo nítido que este pan y este vino no son la Ofrenda agradable, la Ofrenda capaz de revertir nuestra suerte, la Ofrenda que nos da la Salvación. Que ha de hacerse Presente Cristo, para “re-presentar-se” como Cordero inocente, Víctima propiciatoria, y realizar el Ofertorio eficaz.

Como enseña Suarez, hay que ver en el ofertorio “quaedam dedicatio materiae sacrificandae per futuram consecrationemo”... Cito a Guéranger: “el pensamiento del sacerdote (durante el Ofertorio) va más allá del momento presente: desde ya piensa en la Hostia que estará sobre el altar en el momento de la consagración, Hostia que es la única verdadera Ofrenda... esto explica por qué en todas las oraciones del ofertorio, como en las que preceden a la consagración, la Iglesia ose emplear términos que no pueden convenir sino por anticipación a los elementos primitivos del sacrificio eucarístico.”

Y agrego esto, magnífico, de Cabasilas, quien se pregunta por qué los elementos no son inmediatamente consagrados (ofrecidos en sacrificio dirá él). Y se responde, repasando el modo en que la Ley Antigua realizaba inmolaciones y a su vez le presentaba a Dios ofrendas. Y que Cristo ha hecho ambas cosas. “En efecto, se ha hecho Víctima hacia el fin de su vida mortal, cuando fue inmolado para Gloria del Padre. Pero se dedicó a Dios desde el principio, fue para Él una ofrenda preciosa, como primicia del género humano... He aquí por qué las oblatas, no son inmediatamente ofrecidas en sacrificio. Eso vendrá más tarde. Primero son dedicadas, son presentadas, como regalo a Dios, y así nombradas.”Dirá luego: “El Cuerpo del Señor ha sido separado por el mismo Cristo Sacredote; ha sido presentado, propuesto y ofrecido a Dios, y finalmente sacrificado. Es Él mismo en Persona quien realiza, sucesivamente estas cosas, hasta llevar finalmente su propio Cuerpo a la Cruz donde inmolarlo.”

No me digan que el texto del grande y último Padre Griego (+1390) no se precioso.Claro, que ya entonces –y aún hoy- la Liturgia oriental no realiza esta primera dedicación sobre el altar del sacrificio, sino en la “prótesis”, donde el pan común se “transforma” en oblata, apta para iniciar el sacrificio.

En fin. “Ofertorio y Consagración —dirá Alfredo Sáenz, en un librito sencillo pero muy completo sobre “El Santo Sacrificio de la Misa”— son dos momentos proporcionalmente comparables a la Encarnación y la Cruz.”

De ahí mi comentario inicial. Tan sólo, como aquellos obispos del XII, creo bueno distinguir la presentación de las ofrendas —que cada vez cobra más fuerza popular, mayor despliegue litúrgico, mayor actuosa participatio— de la Ofrenda ofrecida en el Per Ipsum.

el Athonita


Natalio dice:

Como dicen los muchachos, parafraseando a Maritain, "distinguir sin separar para unir sin confundir".

Son sin duda recuperaciones del Concilio que pueden verse como valiosas el hecho de reintroducir la "oración de los fieles" y la procesión con las ofrendas. ¿Por qué? Porque era una costumbre litúrgica antiquísima (en la época de San Agustín estaba) en la cual los fieles realizaban dos actos. Por un lado ofrecían su intenciones por las cuales querían que también valiera el sacrificio y por otro acompañaban con sus ofrendas LA OFRENDA. Por ello tampoco es casual que la "canastita" se pase durante el ofertorio porque es el momento indicado para que cada fiel realizara su "oblación" particular (debida, no graciosa) que consistía (siguiendo la tradición judía) sea en el diezmo sea en las "primicias".

Ahora, ¿todo ello se ofrecía en la Misa? Sólo sequndum quid. Como bien explica Santoto en la 2,2 art. 85 y siguientes, la simple oblación se distingue del sacrificio en el cual se ofrece la ofrenda y después se la sacrifica y se la come. Y, si como dijo bien (bella, una, verdadera, etc) el Athonita, la Misa es un Sacrificio, entonces en el Ofertorio se ofrece lo que se sacrifica, entonces en el Ofertorio se ofrece a Cristo que se va a sacrificar. ¿Y las oblaciones particulares? Se unen a LA OFRENDA y luego todo se inciensa para que llegue al Señor.

Ése era el sentido de las oraciones litúrgicas y por eso las oraciones del ofertorio (en el rito tridentino) no se refieren al pan y el vino sino a la Hostia Inmaculada -donde hostia significa, propiamente y en su primera acepción, "lo que se ofrece en sacrificio"- y al Cáliz de Salvación. Si lo que se sacrifica es Cristo mismo la palabra Hostia sólo puede tener un sentido (muy distinto que "pan").

El resto de las ofrendas (incluídos el pan y el vino) se ofrecían y agradecían por, como diría el Athonita athosigado, "concomitancia".

En los ritos orientales también se "ofrece" el sacrificio (y los sacrificios particulares) como dice la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo. En el rito armenio (del que Ruth, previo afane de un librito del Narek, nos puede pasar los textos de las oraciones), si bien el pan y el vino se preparan al inicio, en la parte que correspondería con el ofertorio está la oración de "ofrecimiento" del sacrificio.

¿Y por qué siempre antes y no en el Per Ipsum ("Por Cristo con Él y en Él)? Porque el ofrecimiento se hace antes del sacrificio.

El pueblo ofrecía en el Templo los animales para que el Pontífice lo sacrificara. En el Nuevo y Definitivo Sacrificio la Iglesia ofrece a Cristo para su inmolación (y pasamos de coté el asunto de quién sacrifica) como Víctima Propiciatoria. Luego, en el Per Ipsum, se eleva el Sacrificio ya realizado.

Por ello creo que fue un verdadero desacierto la eliminación del ofertorio en el novus ordo mutilándola a su "concomitancia".

La referencia al símbolo judío (la ilustración de la izquierda es la simbología propia del Shabat) es exacta, pero mutilada. En lugar de la oración talmúdica de bendición de los alimentos (también como ofrendas pero "secundum quid" que es el único modo que tienen de hacer las cosas los judíos hasta que reconozcan a Cristo) deberían haber tomado (si era necesario tomar algo de la tradición judía modificando las bellísimas oraciones de nuestro ofertorio) deberían haber sido alguna de las oraciones propiciatorias del Iom Kipur.

Pero, como surgió en nuestros debates anteriores, se pone de resalto lo de la cena (con su bendición de alimentos) por sobre el sacrificio (con sus peticiones y oraciones propiciatorias).

En fin, si existiera una "reforma de la reforma" creo que este sería uno de los puntos cruciales.

Natalio