jueves, 27 de febrero de 2020

El agua, el ofertorio y el Talmud




Hay un pequeño gesto litúrgico en el ofertorio que puede pasar desapercibido si no se presta la correcta atención. El sacerdote pone vino en el cáliz y, antes de hacer la ofrenda, agrega una pequeña proporción de agua.

Se ha discutido mucho en este blog sobre el sentido del ofertorio y sus dos visiones a partir de la reforma litúrgica efectuada por el Concilio Vaticano II.  No vamos a reeditar la discusión pero para simplificar, a los efectos de comprender el punto de este post, hay una concepción  más “sacrificial” y otra más orientada a la conmemoración de una cena festiva. De acuerdo a la primera en el ofertorio se ofrece la víctima que se sacrificará y, por tanto, es el cuerpo y la sangre de Cristo lo que se ofrece. En la segunda se ofrecen el pan y el vino, fruto  de la naturaleza y del trabajo del hombre, que se van a compartir en la cena.

La cuestión hoy es la importancia del pequeño gesto de agregar agua al vino en uno y otro caso y contar de dónde viene.

En el sentido sacrificial el agua configura la participación de todos los hombres en la ofrenda de Cristo. El minúsculo gesto se nos convierte en esencial pues es el modo de hacernos partícipes del Sacrificio de Cristo en la Cruz y de las gracias que ello nos merece. El agua nos hace parte de la ofrenda y del sacrificio.

Si lo que se ofrece es el vino no sabría explicar cuál es el sentido de agregar el agua…

Ahora bien. Más allá de la razón, podemos buscar el origen del gesto. 

Es claro que el origen de la misa católica y la institución de la Eucaristía se da en la última cena que guarda una estrecha relación (más allá de que fuera exactamente o no) con el “seder de Pesaj” (la cena judía de la Pascua). Es decir, se trata claramente de una cena judía que cumplía con todos los rituales judíos de la época. Especialmente con las bendiciones. 

Para enterarnos de lo que hacía Jesús uno de los libros del Talmud, el más viejo y central, es de mucha utilidad. Se trata de la Mishná (que es la transcripción de las tradiciones orales hecha por los contemporáneos de Cristo y los apenas posteriores). Por su parte la Guemará aporta los comentarios a esas tradiciones. 

Dentro del Talmud uno de los tratados está dedicado a las bendiciones y los modos de celebrar las fiestas. Se trata de Berajot o Brajot.

Allí, además de las bendiciones de la que está tomado el texto del nuevo ofertorio, puede encontrarse un dato curioso.  Se dice especialmente: “no se pronuncia la bendición del vino sin agregarle antes agua dentro de él para diluirlo”. La razón es que el vino de la época de Cristo y en esa zona era demasiado concentrado y era llamado “vino vivo”. 


Es decir que todo hace suponer que Cristo ya desde la última cena agregó el agua antes de ofrecer el cáliz. 

Natalio

domingo, 9 de febrero de 2020

Benedicto, el Templo, el carpintero y el aprendiz






Leyendo el libro de la polémica (Dal profundo del nostro cuore) encontré en el texto de Benedicto algo que me llamó mucho la atención. Es una secuencia lógica común al cristianismo y al judaísmo y es la “particular presencia De Dios en el Templo” de Jerusalén. Dios no estaba en la sinagoga (donde estaba la Torá, donde estaba la Palabra). Dios estaba en el Templo.

Volviendo a la vieja discusión de las dos mesas (“la mesa de la Palabra” y la “mesa de la Eucaristía”) en la que se dan dos “presencias” De Dios (porque Cristo es el Logos y Cristo está en la Eucaristía) Cristo no dice que la sinagoga (la primera mesa, donde “vivía” la Torá, la Palabra) es su casa ni la casa de su Padre ni su Cuerpo. Sin embargo sí dice que es la Casa De Dios el Templo y el Templo es su Cuerpo (Juan 2, 21).

Para los Judíos el Templo era también la Casa De Dios (no la sinagoga). Sin Templo el Pueblo judío entró en la diáspora y cambió la esencia de su religión. La centralidad sacrificial y gran parte de sus prescripciones quedaron girando en falso. La presencia De Dios en medio de ellos (ese era el sentido del Templo) se rompió para siempre y no puede ser reedificada. Cristo fue, es y será el último y eterno Sacrificio del Templo, Cristo fue, es y será “Dios con nosotros”. Es la presencia viva De Dios en medio de su pueblo. Histórica y teológicamente Cristo suplantó el Templo.

Pero Benedicto incluso va más allá y explica la causa de la destrucción del Templo. Esto es un eje central de la vida del judío y de su estudio. ¿Por qué Dios los abandonó? ¿Por qué Dios (que estaba en el Templo) ya no está ni estará en medio de ellos de nuevo? Esta es una pregunta central en todo el Talmud y eso me hizo recordar una historia.

Uno de sus libros, el Gittin o Guitin, tiene un capítulo entero de hagadots (enseñanzas en forma de historias, las parábolas de Cristo eran típicos hagadots judíos) referidos a la destrucción del segundo Templo. Se trata de explicaciones o historias que explican el por qué de la destrucción. Una de ellas siempre me llamó la atención y es la que quiero compartir.

El contexto en el que la historia es contada ya es curioso porque le piden al Maestro que explique un pasaje de Miqueas (Mic. 2,2) en los cuales se cuenta los sufrimientos del pueblo de Israel y terminan con la promesa del Mesías. Todo un signo…

Ante la pregunta el maestro cuenta la historia del Carpintero y el aprendiz del carpintero. Resulta que el aprendiz de carpintero había “puesto sus ojos” sobre la mujer del carpintero (le gustaba, la deseaba o como quieran traducir a nuestros términos actuales). En cierto momento el Carpintero necesitó plata y el aprendiz dijo: envía a tu mujer a mi casa y yo le prestaré el dinero que necesitas. El carpintero envía a su mujer y ella se queda tres días en casa de aprendiz. Después del tercer día vuelve el aprendiz a lo de su maestro que le pregunta por su mujer. El aprendiz le dice que la envió pero escuchó que unos jóvenes la violaron en el camino. ¿Y qué debo hacer ahora? Pregunta el Maestro al aprendiz. El aprendiz le aconseja que se divorcie (la Ley permitía el divorcio en este caso). El Maestro le dice que no puede porque tenía que pagar una gran dote (es decir, si se divorciaba tenía que devolver mucho dinero que no tenía, los casamientos judíos tienen una suerte de “contrato” que se llama Kethubah) a lo que el aprendiz responde que le prestaría también esa suma para que se pueda divorciar. Cuestión es que el Maestro se divorcia y el Aprendiz se casa con la esposa. Cuando llega el momento de devolver la plata el Maestro no la tenía por lo que el aprendiz lo hace trabajar para él (las obligaciones no cumplidas convertían al deudor en sirviente del acreedor). Es así como el Aprendiz y la ex comían y bebían mientras el Maestro les servía y sus lágrimas caían en sus copas.

Hasta ahí la historia pero el Talmud agrega a continuación una frase terrible: “y desde aquella hora el destino quedó sellado” en clara referencia a la destrucción del Templo. La pregunta que se impone es: ¿Qué quiere decir la historia? ¿Cuál sería la enseñanza de la parábola?

De las diversas interpretaciones una muy marcada y muy lógica en el contexto explica que el Maestro sería Dios, la esposa los judíos (siguiendo una tradición de los profetas mayores que usan mucho esa analogía) y el Aprendiz (el malo por supuesto) el Cristianismo. El pueblo judío es tentado por los paganos y Dios termina llorando por la traición de su pueblo. Como dato de color de esta interpretación hay una cosa muy judía y muy de hermano mayor: le terminan echando al culpa a Dios por lo que les pasa (por la indiferencia De Dios terminan siendo seducidos por los paganos…).

Con el diario del lunes uno podría decir que el aprendiz es el mundo gentil, el maestro (que tenía los conocimientos y la elección) era el pueblo judío y la esposa Dios que, ante la indiferencia del pueblo judío, termina yendo a los gentiles. Y así es como el judaísmo llora sobre fiesta de la Gracia. Para más datos en este sentido la última frase después de decir que desde esa hora el destino quedó sellado agrega: “sin embargo algunos dicen que son dos mechas y una sola llama”. (Esto da para otra historia entera…)

Más allá de todo esto mi punto es otro. Si el aprendiz se había enamorado de la esposa y esa le daba calce directamente se podría haber escapado con ella. Pero no. Hizo todo según la “ley”. Todos sus actos “exteriores” cumplieron con la ley (hizo que el otro se divorciara, cumplió la Kethubah, se casó y lo convirtió en su servidor) aunque su sentir era malo y su intención perversa. Era un sepulcro pintado de blanco impoluto por fuera y lleno de gusanos por dentro. Por ese modo de entender la religión se destruyó el Templo.


Como dice Benedicto: Questo significa che Gesù considera la distruzione del Tempio come conseguenza dell’atteggiamento sbagliato della gerarchia sacerdotale dominante. Dio però qui – come in ogni punto di svolta della storia della salvezza – utilizza l’atteggiamento sbagliato degli uomini come un modus del suo amore più grande. A questo livello evidentemente Gesù considera in ultima analisi la distruzione del Tempio esistente come un passo del risanamento divino e la interpreta come definitiva nuova formazione e impostazione del culto.

Natalio


martes, 20 de septiembre de 2016

El Cardenal, la Misericordia y la Justicia




"Todo lo debido antes fue gratuito" (en el sentido de don o gracia, no sólo en sentido económico) me espetó el cardenal. 

Varias semanas después la frase me sigue taladrando la cabeza. Estábamos charlando de la meritocracia y la niñez (la publicación de hace un tiempo) y la frase recorrió el ambiente como cerrando el tema para siempre. Supe en el momento que me descolocaba, que era una suerte de piedra angular, que movería para siempre toda la estantería. Da en el centro del aporético equilibrio entre misericordia y justicia.

Si la Justicia es dar a cada uno lo suyo y lo justo es que cada uno tenga lo suyo… entonces cualquier exceso o cualquier defecto es injusto. Y esto incluye, en algún modo, también a lo que nazca de la misericordia o de la caridad. En mi cuadrada cabeza existía una nunca admitida “doble verdad” entre el acto visto a la luz de la justicia y el acto visto a la luz de la caridad donde de algún modo, siguiendo el silogismo para arriba, se negaba el principio de no contradicción.

A esa visión juridicista se le añadió con el tiempo y mi acercamiento a diversos textos del judaísmo, una visión pseudo-cabalista. Si Dios crea al mundo mirando la Torá (el Logos) cualquier falla contra la justicia implica un desorden del Plan divino. Las faltas a la justicia no alteran sólo la realidad individual de uno o dos sujetos sino que, de algún modo, afecta al orden cósmico en su totalidad. Un acto de injusticia, como el aleteo de la mariposa, afecta la realidad del mundo todo. Y ello aún cuando es en más… nunca me cerró la cuestión.

En este odre viejo fue derramado el “todo lo debido antes fue gratuito” y a ello le agregó: “quiero que trabajes esto mismo desde la idea de la creación y la gratuidad de la creación”.

Y allí es cuando todo cobra sentido como en el reverso de un bordado. Si la creación fue gratuita todo lo debido lo será siempre “secundum way” (en un neologismo medioeval contemporáneo). Lo debido, sin dejar de ser debido, en algún modo y en algún momento (lógico y temporal) fue gratuito y su retribución gratuita es también una forma de igualdad, quizás incluso su forma perfecta… Y allí de nuevola Misericordia y la Verdad se encuentran y la Justicia y la Paz se besan.

Esto que suena quizás muy teológico y poco jurídico aparece también cuando uno se acerca a la estructura del derecho. Todo derecho fundante (comenzando por la vida -como hecho y como derecho- y siguiendo con la libertad, el nombre, más millones de etcéteras entre los derechos personalísimos y los constitucionales) es gratuito. La “entrada” al derecho es siempre gratis y su igualdad reclama en algún momento de la “salida” la gratuidad…

Es así como llegamos de nuevo al principio. Todo lo debido antes fue gratuito.

Y ello nos lleva al segundo título del último (y exquisito) libro del Cardenal: Todo es Gracia.


Gracias Cardenal.

Natalio


Niñez y meritocracia





Hace un tiempo vengo viendo hablar de “meritocracia”, generalmente acompañado de alguna de las dos imágenes que se acompañan.

El tema, como tantos otros que uno ve a diario, tiene varios costados pero suele venir de sectores ideologizados. La particularidad del tema es que este se está expandiendo y se está replicando en personas no ideologizadas. Eso me despertó una señal de alarma.

Como todo en las ideologías se parte de algo real y muy serio. En este caso es el drama de la pobreza. Un verdadero azote al corazón y, tal vez como signo de estos tiempos de consumismo, individualismo y hedonismo, cuidadamente ajeno a nuestras preocupaciones cotidianas. Aparece cada tanto arropado de la correcta frivolización de turno y se nos vuelve a perder en la cotidianeidad de nuestras ocupaciones.

La pobreza, como una verdadera imposición de justicia (y no de caridad) es un tema serio y profundo. Una gran deuda en nuestra sociedad. Una formalidad muy propia y actual para examinar nuestras conciencias y nuestras vidas.

Pero esto de la meritocracia aplicada a los niños no tiene nada que ver con eso…

Una de las herramientas suele ser estadística del tipo: “el 90% de la gente que nace pobre muere pobre mientras que el 90% de la gente que nace rica muere rica sin importar lo que hagan al respecto”… La estadística suele ser un buen recurso ideológico para torcer realidades. Una genial frase de Shaw le contesta: La estadística es una ciencia que demuestra que, si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno. La realidad de las cosas humanas suele recorrer un camino paralelo al de los números de laboratorios. Una historia de superación (de las que todos conocemos, no una sino muchas tanto en la historia, en el arte, en el deporte, etc.) vale como respuesta a cualquier porcentaje.

Como mensaje personal es tan desgarrador como determinista y estúpido. Que nadie haga nada que morirá como nació. Nada de lo que hagas moverá la historia. El destino (y no tus actos, tus sueños, tus objetivos, tus metas, tus trabajos) determinará tu existencia. Sólo queda ahogarse en odio y resentimiento contra aquel con el que el destino fue más favorable.

Como mensaje político y jurídico es nefasto. Quitemos todo lo que tienen pues no lo merecen. Volvamos a repartir todo y entremos en el socialismo donde nadie tenga nada… una vez más (y donde la historia nos ha enseñado que los pueblos se quedan sin nada mientras los “directivos del partido” tienen vidas suntuarias).

La cuestión es, más allá de las críticas ¿hay mérito en el sentido de merecimiento o no?

Santoto siguiendo a Aristóteles explica que no hay relación de justicia ni con los padres, ni con la patria ni con Dios. Ello es, más allá de por una falta de equilibrio en lo debido, porque no hay verdadera “alteridad”. Uno no es “otro” con relación a sus padres. Lo que hagan los padres “vale” como hecho por uno. Esto es de Perogrullo en la vida cotidiana (y lo es también de un modo particular en la vida sacramental y espiritual) y en la vida jurídica. Desde la tutela hasta la responsabilidad por los actos de los menores son ejercidos por los padres. El padre no es “otro” respecto del hijo. Lo que el padre “merece” para su hijo el hijo lo “merece” en nombre propio, no ajeno (e incluso el padre “merece” por los actos del hijo en materia social, civil, penal, etc.).

Las  ideologías (todas ellas, no sólo las de origen marxista) suelen reducir el hombre a la materia y la materia a la economía. Por eso sólo hablan de plata. Pero en esta carrera de merecimientos y recompensas la plata es lo de menos. El hijo al que los padres le leen al irse a dormir será más inteligente que el que se duerme mirando televisión; el hijo al que le inculcan el amor por la lectura será más despierto que el que se la pasa jugando a la play; el hijo al que se le cuida la alimentación será más sano que aquél al que lo atoran a caramelos para que no moleste… Quien tenga hijos sabrá que la lista es interminable. Todo en la educación “determinará” “una parte” del futuro de un chico. Y todo eso el chico lo merece por el amor de sus padres.

Esa ausencia de alteridad que impide considerar como “otro” a los padres no sólo obedece a una cuestión biológica (también innegable pues todo en el hijo viene de los padres). Todo el amor borra alteridades. El amor hace que el otro deje de ser otro. Y así los actos de los maestros que aman a sus alumnos le “merecerán” un futuro mejor a los alumnos de los burócratas, los actos de los amigos buenos le “merecerán” un futuro mejor que los oportunistas, etc.

Hasta aquí lo natural pero el tema se torna “esencial” para el católico. El “merecimiento” de los “méritos” de la Cruz sólo nos viene dado por el amor. Nada más que el amor permite “apropiarnos” de los efectos salvíficos de la Cruz. Si mi borrosa memoria no me falla algo de esto me hizo leer mi padre (y me hizo merecedor de este conocimiento) en los comentarios de Santoto a la Ética Nicomaquea de Aristóteles cuando estudiaba latín.


Es por eso que en lugar de meritocracia, en estos casos hablaría de “filocracia”. Es el amor el que hace merecer.

Natalio

miércoles, 3 de febrero de 2016

Una enseñanza de los Hermanos Mayores





En estos días muchos se vuelven locos intentando interpretar a través de viejos y nuevos documentos lo que está clarísimo (en el marco del profundo misterio que representa con sus consecuentes interrogantes que no podemos ni debemos intentar develar) en San Pablo (más allá del Evangelio mismo) y en los padres (especialmente Santoto y San Agustín). Quizás lo que ocurre es que la respuesta que encuentren no les guste (a unos porque les parecerá demasiado “judaizante” o otros porque les resultará intransigente en su ortodoxia). Esto pasa desde siempre. Y lo otro que también ocurre es que se pretende racionalizar algunos misterios ante los cuales hasta San Pablo hizo silencio… pero hoy, como siempre, hay gente que entiende de estas cosas más que San Pablo. Hay una cierta necesidad de pelearse con los hermanos mayores.

Mientras tanto vuelvo del silencio porque la “parashá” de esta semana que pasó trae algunas cuestiones interesantes para quienes intentan ver en la tradición judía el otro lado del bordado y entender, desde allí, la inmensidad de algunos misterios.

El texto de la Parashá es la entrega de la Torá y los diez mandamientos por Dios a Moisés. Hay en la Midrash dos referencias que me resultan de gran interés.

La primera es que la Midrash enseña que Dios sólo en dos momentos se deja ver y se comunica abiertamente con el pueblo. Una fue al momento de entregar la Torá y los Diez mandamientos y la segunda es con la venida del Mesías.

Surge aquí, una vez más, la superposición que hay entre lo que en la Tradición Católica es “el Verbo” (segunda persona de la Santísima Trinidad) y la Torá. Claramente no son lo mismo pero el Verbo funde en su persona la Torá. Ya lo charlamos a partir del Génesis y el Evangelio de San Juan con el “Dios crea al mundo mirando la Torá” en cuanto “mapa” de todo lo que existe. Aquí el Verbo, hecho carne y Mesías, es la tabla de Salvación para el judío. El judío se salva por la Torá, ahora el judío se salva por el Mesías (el Verbo).

Dios se “abre”, se “presenta”, se “muestra” en la Midrash en dos momentos. En la primera Alianza mediante la Torá y en la Segunda Alianza en el Jordán. Dios abre los cielos al entregar la Torá y pide su cumplimiento. Dios abre los cielos en el Jordán y en el Tabor, presenta a su hijo y ordena que lo escuchen.

Cristo aparece como un calce perfecto con la Torá, es la piedra angular. En la forma es exactamente igual aunque en profundidad la vuelve infinita. Cristo no viene a cambiar la Ley, viene a tornarla plena. Cristo es el Señor del Shabat y de los 613 Mitzvot. Cristo muestra en cada gesto lo que enseñaba este texto de la Midrash.

La segunda es que la Midrash dice que los dos primeros mandamientos fueron entregados a todo el pueblo judío. La Alianza se estableció con todos y cada uno de los integrantes del pueblo judío pidiendo su aceptación individual pero la presencia divina era tan grande que en mismo momento se separaron todos sus cuerpos de sus espíritus. No pudieron soportar, como frágil recipiente, el contenido de la Torá vertido directamente por Dios. Luego Dios envío de nuevo las almas a los cuerpos pero el pueblo ya no quiso recibir directamente la Torá sino que pidió la intermediación de Moisés. Así es que la Torá es recibida por Moisés como intermediador (Pontífice) entre Dios y el Pueblo.

Para la Segunda Alianza Dios pone un Pontífice, El Sumo Pontífice, el Verdadero Pontífice que posee en si mismo los dos extremos del puente, es Dios como Dios, es Hombre como el hombre. Sólo mediante un Hombre/Mesías/Cristo/Dios es posible entregar al hombre la plenitud de la Ley.


Y sólo en la permanencia de ese Hombre/Dios en su Iglesia y en la Eucaristía es posible encontrar la salvación. Sólo en la Iglesia de Cristo está la Salvación. Así lo enseña la Midrash.


Natalio




miércoles, 29 de octubre de 2014

El árbol de la ciencia del Bien y del Mal


En estos tiempos de grandes discusiones morales donde variadas reglas parecen ser puestas a consideración de diversos expertos conviene volver al origen, al Génesis, al Bereshit. Y allí, hablando de problemas morales, puede encontrarse el origen, génesis o bereshit de todos los problemas morales en el relato del pecado original.

Sobre el pecado original pueden encontrarse, tanto en el marco de la teología católica como en el de las religiones comparadas así como las diferentes vertientes filosóficas, infinidad de opiniones, discusiones, herejías, interpretaciones, variaciones, etc. Sin ninguna erudición en el tema (tan sólo con un raquítico catecismo ya oxidado) voy a compartir algunas reflexiones al respecto. De todas las versiones y derivaciones voy a tomar tres núcleos de ideas.

-          El pecado original es un hecho histórico y personal (en cuanto pecado) de los primeros padres y cuyo castigo cae en forma de mancha o pecado original propio en todos los descendientes que requieren de la Redención de Cristo (y su participación en los méritos que es la Gracia Santificante) para borrarla.
-          El pecado original es un relato mítico que explica la presencia del “pecado” en el género humano (Adán no es el nombre del primer padre sino que es el “género humano”). El pecado es, en definitiva, originario de cada hombre o de una multitud de hombres originarios. (herejía poligenista)
-          El pecado original es un pecado social que habiendo sido cometido por los primeros padres mantiene sus “consecuencias” sobre sus descendientes.

De los tres núcleos de ideas es claro que –desde la teología católica- el primero es verdadero y los otros dos son –con distintas graduaciones según su exposición- herejías condenadas por la Iglesia. El segundo es propio de las teorías poligenistas y desvirtúa el sentido y alcance de la idea del pecado original al tiempo que expresamente contradice la idea de que por un hombre entró el pecado y por un Hombre la Salvación. El tercero no es en sí herético (o al menos así enunciado) pero implica una idea (sí herética y ajena a la teología católica) de la posibilidad de existencia de un pecado “social” que se extiende a más de una persona o del pecado individual que extiende su culpa a otras generaciones. Esta idea (no respecto del pecado original pues es considerado simplemente un pecado individual de los primeros padres) es una idea muy propia del judaísmo.

No obstante ello esos tres grupos (y no tantos otros de ideas que sobre el pecado original se han escrito) son los que demarcan el tema en mi interior. Por supuesto que siempre dentro de la ortodoxia -y enmarcados sin negar en nada el primer grupo-, creo que hay ciertos “aspectos verdaderos” (por no decir semen veritatis) en los grupos “descartados”. El pecado original, aunque histórico e imputable a los primeros padres, es germen y explicación de todo pecado en cada individuo. A la vez, los descendientes no sólo lo cometemos individualmente sino que lo hacemos (y lo sufrimos) también de un modo social e “institucional”. Por eso es de gran importancia pensarlo y repensarlo, leerlo y releerlo.

Dios prohíbe la ingesta del Fruto del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Dios le “regala”, pone a disposición y bajo el designio del hombre toda la creación. Sólo le prohíbe decir qué está bien y qué está mal. Dios sólo se reserva la potestad “moral” (y en realidad, para no meternos en una discusión escolástica que duró siglos, mantenemos la cuestión de la potestad en Dios sea en forma arbitraria o según las leyes naturales de su misma creación) de definir el Bien y el Mal. El hombre puede hacer lo que quiera en toda la creación menos “hacer las reglas”. “Hacer las reglas” (o cambiarlas) es atributo divino.

Y el hombre, como la primer rebelión de los ángeles, no aguanta el “no se puede”. En realidad el querer ser como Dios es algo casi indirecto, quiere hacer lo que Dios hace. Y si Dios hace las reglas hay que buscar el modo de poder hacer las reglas (o modificarlas). Es así como al hombre no le importa tanto gozar de la “libertad” de poder hacer lo que quiera, necesita decir que eso está bien. Eso lo hace a nivel individual, social e institucional. Siempre surge la necesidad de adecuar la “regla” a lo que se hace. El hombre insiste con hacer las reglas para poder hacer lo que se le ocurra al tiempo que cumple con la ley. El ojo siempre estará puesto en lo que le falta, en lo que no puede.

La naturalidad de esta búsqueda se me apareció patente hace unos años. Mi hija mayor tenía 4 años recién cumplidos y yo trabajaba en la empresa de mi suegro. Cuando salía ella le pregunta a la madre por qué no podía faltar a lo cual la madre le responde que si no asistía al trabajo mi jefe (el gerente general) me retaría. Al verla tan decepcionada la madre le dijo, “pero el jefe de papá a su vez tiene un jefe, y ese jefe es tu abuelo”. La respuesta de mi hija condensa toda la historia de esta problemática: “pero si el jefe es el abuelo entonces nosotros podemos hacer las reglas”!!!

La Serpiente no nos tienta a hacer el mal, nos tienta con la pregunta ¿por qué está mal? ¿por qué alguien puede decir que eso está mal?

En la tradición judía la Midrash explica que el origen del pecado de Eva está en modificar el precepto. Dios le dice a Adán que no “coman” el fruto, mientras que cuando Eva le contesta a la serpiente que Dios le prohibió “comer y tocar” el fruto. La modificación del mandato divino es lo que dio lugar al pecado. Otra conclusión simpática de la tradición rabínica es que la desobediencia (y la modificación del mandato) se origina en que la prohibición había sido dada a Adán y le llegó distorsionada a Eva. Se agregan muchas palabras, ideas y conjeturas en lugar de analizar qué dijo Dios al respecto…

Esta es la mayor de la batallas de aquél combate singular del que conversamos (y discutimos) hace tiempo.

En fin, no sé por qué se me ocurren estos temas…

Natalio


sábado, 18 de octubre de 2014

Enarrando el salmo 102 (cont. 1)


Bendice alma mía al Señor. Y no olvides todos sus beneficios.

Conectando nuevamente los extremos. 

Beneficio (de facere hacer como artificio, edificio). Lo bien hecho. Es común la unión de la bendición por lo que se hace.  Aunque en la anterior entrada el foco se puso bastante en la palabra, poniendo ya más foco en la tradición judía, hay una íntima relación entre el hacer y la palabra. Correlativamente la misma relación surge profunda en bene-ficio y bene-dicto.
La "parashá" dedicada a Noé (o Noaj) comienza con su historia y termina con la de su descendencia. La plabra "Teivá" (en hebreo y según dicen los judíos porque yo de hebreo no entiendo nada) puede traducirse tanto como "arca" como por "palabra" y en algún modo "arca" y "Palabra" se funden, como la Cruz y el Logos, como vía de Salvación y Nueva Alianza (la primer Alianza se forja, en rigor, con Noé después de la caída de los primeros padres). Y la "parashá" culmina, con los descendientes desobedientes de la alianza que reciben como castigo la pérdida de la Palabra común en la Torre de Babel. La Palabra es al mismo tiempo refugio, castigo, salvación y redención.
En el corazón de las dos oraciones unen el alma y el olvido. 
La idea de "alma" es central para todo oriente e incluso para occidente. "Alma" es el principio vital, lo que mueve, el eje de la vida tanto corporal como espiritual. Occidente “racionalizó” el alma al centrarla en las potencias humanas de “inteligencia y voluntad” separándola en su "análisis" del cuerpo (no es necesario hacer una reseña desde la filosofía griega hasta las vertientes más variadas del cristianismo donde se luce la confrontación entre el cuerpo y el alma). Para el judío el alma es siempre principio o soplo vital, del espíritu y del cuerpo, de todo. Es una sola cosa. Por eso se la asocia al corazón y la sangre. La vida corre por la sangre y se centra en el corazón (esto tiene también origen en la Alianza de Dios con Noé donde la prohibición de comer carne con sangre es porque la vida corre por la sangre). Por eso los judíos no comen carne con sangre, y por eso el horror ante la frase de Cristo “quien no come mi carne y bebe mi sangre”. El alma remite, de nuevo a ese punto de unión entre todo el cuerpo y el espíritu. Y eso vuelve a la íntima relación entre el hacer, lo que existe y el logos pensado y dicho.

Y de aquí surge también, en esa intimísima relación, la importancia del recuerdo y del olvido. Lo que se hace presente y lo que se borra de nuestra mente se borra también de nuestro ser. Del corazón de la palabra olvido (ahora en latín) aparece la idea de algo que se pierde porque no tiene de dónde agarrarse. Ob litus aparece justamente como aquello que se va perdiendo de la presencia. En la misma línea la idea de “litus” como playa es en sí misma una gran idea del olvido, lo dejado en la playa es lo arrasado o destruido (oblittero) por el mar, lo olvidado (ob-litus).

El olvido es una idea recurrente en todo el mundo judío. El olvido es algo que asecha al judío religioso y contra lo cual no se debe cansar de pelear. Como el olvido perenne de Alfonsina o el olvido que tiene memoria de Benedeti, el olvido olvida que olvida. En tierra extranjera el judío no puede olvidar Jerusalén (“si me olvido de ti que se me paralice la mano derecha”), el judío en el desierto no debía olvidar que lo habían sacado de la opresión, el judío en problemas no debe olvidar las proezas del Señor. El olvido quiebra el sustento entero de la Alianza del Sinaí donde Dios mismo cobijó bajo sus alas a todo un pueblo en el Éxodo. El olvido le hace perder la esencia a la religiosidad judía.
Esta lucha por la presencia tiene muchísimas manifestaciones "litúrgicas" en el cumplimiento de los mitzvá por parte del judío. Hay dos que particularmente me resultan de gran simpatía y provecho espiritual.

Una es la de las fiestas de Sucot o fiesta de las tiendas. El mitzvá consiste en construir una tienda en algún espacio exterior y cuyo techo sólo puede ser hecho con determinadas plantas o ramas de árboles. La idea es ponerse en un estado de indefensión para "no olvidar" lo que se pasó en el desierto y la ayuda del Señor. Es una lucha contra el olvido de la necesidad.

La otra es la de Tefilín. El judío al rezar se ata pequeños trozos de la "Torá" en la cabeza y en el brazo a la altura del corazón. La idea es que "no se olvide", no se borre, no se pierda la Palabra del Señor ni de la mente ni del corazón.