miércoles, 24 de junio de 2009

Primer año del blog: balance, cambios y propuestas




Se cumple un año desde que comencé con este asuntejo del blog y muchas cosas han pasado desde entonces.

Es una buena ocasión, entonces, para intentar un balance, anunciar cambios y proponer algunas cosas.

Balances

Temática

Comienzo por lo más criticado. Desde que nació el blog hasta ahora hay un hecho que me llama muchísimo la atención: no logro que mis hermanos y amigos lean lo que escribo. Al comenzar el año pasado con esto, las pocas personas que sabían quién, cómo y por qué escribía comenzaron a leer el blog. Incluso comentaban y opinaban aquí mismo o personalmente. De modo progresivo mis amigos más cercanos y mis familiares fueron dejando de leer el blog hasta llegar al día de hoy donde casi nadie de mis círculos familiares lo lee.

¿La razón? No es una sola, son varias. Sin embargo se pueden resumir en una: la temática del blog.

Unos miran lo de los judíos o la liturgia y piensan: ¿cómo puede ser que estuviera tan desquiciado y yo no lo sabía? Otros directamente fueron a plantearle el problema a mi mujer, diciendo: "se volvió completamente loco, necesita ayuda". Mi mujer asiente con una sonrisa mientras piensa: "no puedo decir nada porque sabía con quién me metía..."

El asunto es que el blog se ha tornado demasiado religioso y, aún en este ámbito, demasiado "particular".

No quiero engañarlos. Dudo seriamente que se aparte de esa temática. Cada día me interesa más el tema religioso, el tema de Dios, el tema del hombre con relación a Dios, el Bien y el mal, las religiones, la liturgia, etc. Lo que no incluya en algún punto estas cuestiones me resulta "intelectualmente aburrido". Y el blog es el ámbito para charlar y plantear cosas que no puedo conversar con nadie más que mi paciente y dulce esposa y, ocasionalmente, con algún que otro amigo.

De todos modos, en el otro blog mantendré la amplitud temática y hay también en las propuestas algo para paliar esta situación.

Amigos

Así como les conté que no logro que mis más cercanos lean o se interesen por el blog, lo más lindo ha sido la cantidad y la calidad de amigos (la mayoría todavía a nivel virtual) que he cosechado.

No los voy a nombrar aquí porque son muchos y todos saben (lectores y amigos), quiénes son.

A todos ellos quiero decirles que, en lo personal, esto es lo que más me gusta de la experiencia blogística: el haber encontrado (porque, curiosamente, a algunos resultó que ya los conocía) amigos con quienes charlar de estas cuestiones con muchísimas afinidades y algunas disidencias constructivas.

Mis respetos agradecidos para ellos que han transformado un lugar insípido en algo agradable e interesante.

Positivo

Un punto saliente del blog es que ha cumplido su objetivo de ser un espacio de diálogo constructivo entre los diversos costados o aristas del mundo religioso: desde lefes a progres, modernistas y conservadores, religiosos a seculares, clericales y anticlericales pasando eventualmente por amigos no católicos todos pueden charlar y debatir en un clima de cordialidad y respeto sin por eso mezclar o "chirlear" la verdad.

Deudas

Me quedan como pendientes el retomar el "blogroll comentado" que opera como punto de partida de visiones y perspectivas para los diversos problemas.

También en el debe figura el retomar el uso de películas, obras musicales, obras literarias o cualquier otro disparador artístico para afrontar temas universales. Al comienzo esa era la tónica que se fue diluyendo al aproximarnos a estos días.

Desde lo estrictamente personal, lo mejor y lo peor del blog es lo mismo: me aparta de mis tareas (prácticas, teoréticas y académicas) cotidianas. Esto hace que me cueste darle continuidad y periodicidad a las entradas. Creo que anduve rondando el promedio de un post por semana (en los últimos tiempos con innumerables aportes agradecidos desde el Athos) que me parece una buena medida que intentaré mantener.

Cambios

Cabecera y colores

El primero es estético. Se cambia el encabezado por uno que, a su modo, refleja un poco el paso del tiempo y el crecimiento del blog. En la misma tónica intentaré darle un poco más de claridad a los colores en general.

Seguidores

El segundo tiene que ver con los "seguidores". Al comienzo no me gustaba ni interesaba esto de los "seguidores" y menos su anuncio: "presume las personas que siguen tu blog". Pero de la experiencia del otro y de otros blogs he comprendido que no se trata sólo de que los demás vean cuántos te leen. Se forma una suerte de comunidad virtual donde uno distingue sitios de interés por intereses comunes con amigos. Más de un blog lo he visitado "sólo" porque algún amigo lo seguía. Por ello, he decidido hacer públicos los pocos seguidores que tiene este humilde blog.

Propuestas

La vuelta de Gregorio

La primera tiene un destinatario con nombre y apellido: Gregorio Santopoco. El primer y único colaborador hasta el momento es uno de los que se ha apartado por la cuestión temática: la cuestión se ha tornado "demasiado religiosa para su gusto". La propuesta es: varíe usted la temática. Vuelva a escribir sobre literatura y moral, literatura y psicología, psicología y moral. A los lectores les digo: requieran su intervención, tiene mucho para dar... (además del ya esperadísimo comentario sobre el Jardín de Mary).

Participación activa

La segunda tiene un destinatario principal y varios secundarios. Dado que el blog ha traspasado el ámbito personal para convertirse en una comunidad de ideas e intereses propongo a los amigos que participen activamente en la publicación de post. A aquellos que ya tienen blogs pero que por la temática o el tono o el público no pueden expresar ciertas ideas los invito a utilizar este humilde espacio. Y a aquellos que no tienen blog les invito a crear una identidad (real o ficticia) y publicar directamente. El destinatario principal como podrán imaginar es el Athonita que lo hace de hecho, pero se extiende a todos los amigos con o sin blogs.

Salterio comentado

La tercera es otra idea personal que hago extensiva a la participación de los amigos. Tenía pensado comenzar una serie de post basada en comentarios, meditaciones, oraciones, etc. a partir de los salmos. Es decir, transmitir mis ideas y sensaciones al leer y rezar algo que tanto me gusta como los salmos. En este rubro también invito a tomar cualquier salmo (alguno que en particular les guste o ir siguiendo el orden) y a comentarlo, meditarlo, etc. en este blog.

Por último, aprovecho el aniversario para saludar a todos aquellos lectores anónimos, ocultos y silenciosos que leen el blog sin comentar nunca o haciéndolo en alguna esporádica ocasión.

Quien necesite invitación para hacer reclamos, sugerencias o acotaciones sobre el blog hable ahora o espere hasta el próximo aniversario.

Respetos

Natalio


martes, 9 de junio de 2009

San Roger


Sabrán disculpar los lectores pneumáticos, casi angelicales; los elevados; los culturosos y los intelectuales lo prosaico del post. Ya seguiremos con la secuencia del mal y la naturaleza pero vamos a hacer una parada deportiva. Como para que no quede tan llano, vamos a intentar utilizarlo como trampolín para acercanos un poco al Bien, como quería el Coronel (recomendando lo de Ens).

Roger es genial, definitivamente.

Generalmente cuando se busca lo mejor en alguna disciplina hay que tomar los libros de historia y husmear en épocas remotas. Roger nos da la posibilidad de decir: "yo viví en su época", "yo ví sus partidos en directo" y se lo podremos contar a nuestros nietos.

Porque es, a mi entender (que vale poco en razón de mi corta edad), el mejor de todos los tiempos.

Si uno analiza un poco la cuestión se encuentra con que Gaudio tiene mejor revés, Rodick saca mucho mejor, Nadal lo aventaja en estado físico, Djokovich tiene mejor derecha, etc. No obstante él es mejor. Porque todo lo que ellos tienen particularmente él lo tiene junto y a nivel de excelencia. Porque mientras los otros tienen días... el roza la perfección en cada partido. Y eso es también lo que lo distingue de los próceres de la antigüedad, juega con una justeza y perfección en cada una de las superficies propia del especialista.

Y esto me recordó también las discusiones en lo de Terzio sobre los santos y la santidad, que ya recomendé en el otro blog, a propósito del cómico y certero post sobre la presunta canonización de un banquero.

Campeaban en los comentarios (no en Terzio que, como en todo, siempre parece encontrar el equilibrio) los dos extremos: el santo es una cosa descomunal, tan inalcanzable que para que intentarlo, habitante de otras tierras y otros tiempos etc.; o el santo es (y tiene que ser) uno como vos y como yo, alguien normal, alguien que no escapa de las generales.

Y yo creo que no y no.

El Santo (me refiero al canonizable) o es extraordinario o no es Santo.

El Santo no es "alguien común" porque no sería imitable en ese caso. Si apunto al medio estoy condenado a pegarle bien abajo, mejor apunto alto para ver si me acerco al centro.

Tampoco el Santo es un extraterrestre que no tiene pasiones ni tentaciones. No es un angelito caído del Cielo que anda imperturbable en su camino a la santidad. Porque así tampoco sería imitable (además de que no tendría gracia ser santo si nació santo).

El Santo es el que, naciendo y viviendo en condiciones análogas a las nuestras (con temores, tentaciones, pasiones, etc.), supo encaminar todo a Dios en grado heróico o sublime. Supo hacer extraordinario lo ordinario (parafraseando a Santa Teresita y a San Francisco de Sales).

El Santo es un extraordinario, un fuera de serie, que vive entre ordinarios. Es el que se dejó modelar de tal modo que dejó de ser uno "como nosotros".

Y si me permiten mi pedestre analogía, es como Federer en comparación con el resto de los tenistas del circuito.

Juega a lo mismo que todos en las mismas superficies, pero mientras los otros lo hacen a veces mejor y otras peor, él roza siempre la perfección.

Por eso es el mejor. Por eso mi humilde homenaje.
Y antes de terminar, traigo a colación un párrafo de Borges, que siempre me ha taladrado la cabeza, relativo a la santidad y el martirio. Desde el comienzo sabía que esto no era así, pero nunca podía encontrar la tecla exacta del error. Un día me la hicieron entender y tiene mucho que ver con la naturaleza y esas cosas... pero ya llegaremos a eso.

Mientras tanto, los dejo con Deutsches Requiem:

"Al fin creí entender. Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre".

Natalio

viernes, 22 de mayo de 2009

Naturalmente malo (o bueno)


Después de unas cuantas incursiones (propias y ajenas) en la liturgia (a la que regresaremos), vuelvo a un tema recurrente en el blog: el tema del Mal.

Justamente, una de las grandes adquisiciones de los últimos tiempos han sido los aportes del Athonita con quien iniciáramos conversaciones (aquellas un poco más disonantes) con el tema del mal en "Wanderer, el Atónito y el mal". Muchas cosas han pasado desde entonces y he descubierto que son muchas más las coincidencias que las disidencias (aunque todas muy respetuosas) por un lado y que es posible encontrar un monje Athonita cibernético (en su lenguaje, es una paradoja más).

Pero volvamos al mal.

Ya dijimos que el mal es siempre privación o carencia (tiene sólo entidad "de razón" dirá Santoto) del Ente (o, lo que es convertible por, la Verdad, el Bien, la Belleza, etc.).

En general hablamos del mal físico (con las aclaraciones del caso) pero ahora vamos a comenzar a ingresar en las penumbras del mal moral (aclaro, una vez más, que no pretendo enseñar sino tan sólo compartir caminos de pensamiento).

Si el mal en general es siempre privación también el mal moral será privación. ¿De qué? De Bondad (e implica, en la misma medida, la de Verdad, Belleza, etc.) básicamente. ¿Y qué es lo bueno (lo verdadero, bello, etc.)? Aquello conforme a la naturaleza.

Sólo en esto me voy a detener hoy: el mal es privación de (algo requerido por) la naturaleza. Obrar mal es obrar contrariamente a nuestra naturaleza.

Ya llegaremos a Dios pero por un ratito saltemos fuera de la religión.

Aristóteles (también Santoto) le dan varios sentidos a "naturaleza". Para no complicar demasiado la cuestión nos vamos a quedar con tres. La naturaleza es: "principio de operaciones del ser"; la esencia y el cúmulo de perfecciones que el ser puede alcanzar.

Dicho así parece un poco raro o abstracto pero vamos a un ejemplo. ¿Cuál es la naturaleza de una rosa? Primero vamos a contestar su esencia, es decir, aquello que hace que sea una rosa y no otra cosa. Segundo vamos a decir, aquello a lo que la rosa tiende. ¿Y a qué tiende? A desarrollarse por completo, adquirir el tamaño, el color, el olor, etc. que está llamada a tener. Y este es el último sentido.

Es decir, la naturaleza según estos tres sentidos de la palabra hacen referencia a la esencia (un sentido) de una cosa que la orienta (otro) a su perfección (otro). La rosa no elige crecer o no crecer. Si hay sol, agua y otras condiciones la naturaleza de la rosa se desarrollará por sí misma. Por eso también llamamos "naturaleza" (y pensamos en plantas y pajaritos) a aquellos seres que desarrollan forzosamente su naturaleza.

En el caso del hombre su naturaleza es lo que lo determina como hombre (esencia), y lo induce (principio de operaciones) a alcanzar su máximo desarrollo (cúmulo de perfecciones).

Pero en, por lo menos, dos cosas se diferencia abismalmente la naturaleza del hombre y de la rosa.

En primer lugar, el hombre es un ser espiritual. Por tanto, el hombre según una distinción de razón (es decir, para entenderlo o explicarlo porque están substancialmente unidas) tiene una naturaleza material y una espiritual. ¿A qué apunta esto? A que sus perfecciones se lograrán tanto en lo material como en lo espiritual, tanto su cuerpo como su espíritu sentirán un impulso hacia su máximo desarrollo o perfección, a que su esencia es ser, a la vez y sin distinción, cuerpo y alma.

En segundo lugar el hombre puede elegir. La rosa no puede elegir el desarrollarse, crecer, adquirir tal color o tal olor, "la (su) naturaleza" lo hace por ella. En cambio, el hombre puede sentir un impulso a alimentar, conservar y perfeccionar su cuerpo como el hambre (principio de operaciones) pero negarle el alimento. Y esa negación del alimento ante el hambre puede ser contraria a su naturaleza (como autodestrucción) o favorable a la misma (considerando el efecto espiritual del dominio de los impulsos). Esto es lo que hace tan complicado el juicio moral (que, en sí, tiene reglas clarísimas gravadas en el corazón del hombre). En cualquier caso, lo más importante es que el hombre puede elegir ir "en contra" de su naturaleza.

Se hizo demasiado largo pero quiero dejar en claro que esto es sólo el comienzo de un largo camino.

Con esta llave abriremos puertas como ley natural, derecho natural, orden natural, poligenismo, sacrificio y redención de la naturaleza, el pecado original y la gracia, el pecado colectivo, el pecado social, el pecado material, el pecado en los judíos, etc., etc., etc.

Natalio



martes, 12 de mayo de 2009

Se ofrecen dos visiones del Ofertorio



Continuando con el tema del post anterior (y de los litúrgicos en general) pongo como post el último comentario del Athonita sobre el ofertorio y mi perspectiva (en cuanto tal, diametralmente opuesta) sobre el mismo punto. Pido perdón si resulta largo pero me parece que puede ser bueno ver por "formas de ver" una cuestión juntas.

Por orden de importancia:

El Athonita dijo:

Siempre me llamó la atención que en el texto de la narración de la Institución eucarística, se haga mención y se detenga un poco el imaginario sobre la acción de Cristo de tomar el pan en sus santas y venerables manos. Y aunque de inmediato el relato siga de largo sobre lo que “hace” luego con este pan tomado, este gesto “in se” denota portar una carga significativa propia y específica. Mt, Mc y Lc, no menos que 1Cor 11, no ahorran la expresión: tomó-separó un pan (de los demás)...

En los formularios orientales (vigentes o antiquísimos) el relato aquí se arremolinaba más aún. Por caso, la anáfora de san Basilio dirá “ habiéndolo tomado en sus santas y venerables manos, y habiéndolo mostrado y ofrecido a Ti, Dios y Padre Suyo...” (La Misa de Jerusalén, o anáfora de Santiago, lo expresan con parecido acento).Pareciera de aquí desmembrarse el Ofertorio, para darle entidad propia a este gesto previo al acto de transubstanciar. Hay un separar. Un “consagrar” en un sentido más amplio al de la transubstanciación.

Este pan, aún con minúscula, ya es ofrenda a Dios. Está entregado a Dios. (De ahí que si alguien tirara o despreciara el pan y el vino ya presentados, cometería sacrilegio). Y este pan, claro que sí, ya constituye un sacrificio. En el sentido amplio –pero real y preciso- de significar el ofrecimiento a Dios de un don.

Este “accepit panem” es donación, entrega, dedicación a Dios de la ofrenda separada. De ahí que desde muy antiguo fuera acompañado el gesto de una elevación (mediana, a la altura del pecho del celebrante: usque contra pectus levat, dice un Misal cluniacense del 1068; y ya lo decía Amalar en el 820).

Pero, ¿qué ocurre? Hacia el siglo XII –desde París, pero luego por doquier- se fue anulando esta costumbre. Y no por dejadez; sino por expreso empeño pastoral de la Iglesia, alarmada por cierta deformación de la piedad popular: los obispos explicaban su prohibición diciendo que movía a los fieles a venerar bajo latría lo que aún era creatura; que mejor, se reservara el ‘ostendit populo’ para después de la consagración. (Así lo anota Jungmann en un sabrosísimo artículo del año 60 llamado justamente “accepit panem”).

Lo cierto es que en la Pascua judía, se toma(ba) la copa y se eleva y muestra, en nítida oblación y ofrenda al Señor, y así lo hereda Hipólito en su Traditio apostólica. Dira Jungmann que “es muy probable que el Señor mismo en la última Cena elevara el Cáliz en actitud de oblación.”

Relevado esto, pienso: que ciertamente el Ofertorio ayuda en la dicción a subrayar el carácter sacrificial de la Misa, como que reafirma la orientación direccional del asunto: ad Patrem. Pero parece importante para la gramática del Misterio acentuar de un modo nítido que este pan y este vino no son la Ofrenda agradable, la Ofrenda capaz de revertir nuestra suerte, la Ofrenda que nos da la Salvación. Que ha de hacerse Presente Cristo, para “re-presentar-se” como Cordero inocente, Víctima propiciatoria, y realizar el Ofertorio eficaz.

Como enseña Suarez, hay que ver en el ofertorio “quaedam dedicatio materiae sacrificandae per futuram consecrationemo”... Cito a Guéranger: “el pensamiento del sacerdote (durante el Ofertorio) va más allá del momento presente: desde ya piensa en la Hostia que estará sobre el altar en el momento de la consagración, Hostia que es la única verdadera Ofrenda... esto explica por qué en todas las oraciones del ofertorio, como en las que preceden a la consagración, la Iglesia ose emplear términos que no pueden convenir sino por anticipación a los elementos primitivos del sacrificio eucarístico.”

Y agrego esto, magnífico, de Cabasilas, quien se pregunta por qué los elementos no son inmediatamente consagrados (ofrecidos en sacrificio dirá él). Y se responde, repasando el modo en que la Ley Antigua realizaba inmolaciones y a su vez le presentaba a Dios ofrendas. Y que Cristo ha hecho ambas cosas. “En efecto, se ha hecho Víctima hacia el fin de su vida mortal, cuando fue inmolado para Gloria del Padre. Pero se dedicó a Dios desde el principio, fue para Él una ofrenda preciosa, como primicia del género humano... He aquí por qué las oblatas, no son inmediatamente ofrecidas en sacrificio. Eso vendrá más tarde. Primero son dedicadas, son presentadas, como regalo a Dios, y así nombradas.”Dirá luego: “El Cuerpo del Señor ha sido separado por el mismo Cristo Sacredote; ha sido presentado, propuesto y ofrecido a Dios, y finalmente sacrificado. Es Él mismo en Persona quien realiza, sucesivamente estas cosas, hasta llevar finalmente su propio Cuerpo a la Cruz donde inmolarlo.”

No me digan que el texto del grande y último Padre Griego (+1390) no se precioso.Claro, que ya entonces –y aún hoy- la Liturgia oriental no realiza esta primera dedicación sobre el altar del sacrificio, sino en la “prótesis”, donde el pan común se “transforma” en oblata, apta para iniciar el sacrificio.

En fin. “Ofertorio y Consagración —dirá Alfredo Sáenz, en un librito sencillo pero muy completo sobre “El Santo Sacrificio de la Misa”— son dos momentos proporcionalmente comparables a la Encarnación y la Cruz.”

De ahí mi comentario inicial. Tan sólo, como aquellos obispos del XII, creo bueno distinguir la presentación de las ofrendas —que cada vez cobra más fuerza popular, mayor despliegue litúrgico, mayor actuosa participatio— de la Ofrenda ofrecida en el Per Ipsum.

el Athonita


Natalio dice:

Como dicen los muchachos, parafraseando a Maritain, "distinguir sin separar para unir sin confundir".

Son sin duda recuperaciones del Concilio que pueden verse como valiosas el hecho de reintroducir la "oración de los fieles" y la procesión con las ofrendas. ¿Por qué? Porque era una costumbre litúrgica antiquísima (en la época de San Agustín estaba) en la cual los fieles realizaban dos actos. Por un lado ofrecían su intenciones por las cuales querían que también valiera el sacrificio y por otro acompañaban con sus ofrendas LA OFRENDA. Por ello tampoco es casual que la "canastita" se pase durante el ofertorio porque es el momento indicado para que cada fiel realizara su "oblación" particular (debida, no graciosa) que consistía (siguiendo la tradición judía) sea en el diezmo sea en las "primicias".

Ahora, ¿todo ello se ofrecía en la Misa? Sólo sequndum quid. Como bien explica Santoto en la 2,2 art. 85 y siguientes, la simple oblación se distingue del sacrificio en el cual se ofrece la ofrenda y después se la sacrifica y se la come. Y, si como dijo bien (bella, una, verdadera, etc) el Athonita, la Misa es un Sacrificio, entonces en el Ofertorio se ofrece lo que se sacrifica, entonces en el Ofertorio se ofrece a Cristo que se va a sacrificar. ¿Y las oblaciones particulares? Se unen a LA OFRENDA y luego todo se inciensa para que llegue al Señor.

Ése era el sentido de las oraciones litúrgicas y por eso las oraciones del ofertorio (en el rito tridentino) no se refieren al pan y el vino sino a la Hostia Inmaculada -donde hostia significa, propiamente y en su primera acepción, "lo que se ofrece en sacrificio"- y al Cáliz de Salvación. Si lo que se sacrifica es Cristo mismo la palabra Hostia sólo puede tener un sentido (muy distinto que "pan").

El resto de las ofrendas (incluídos el pan y el vino) se ofrecían y agradecían por, como diría el Athonita athosigado, "concomitancia".

En los ritos orientales también se "ofrece" el sacrificio (y los sacrificios particulares) como dice la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo. En el rito armenio (del que Ruth, previo afane de un librito del Narek, nos puede pasar los textos de las oraciones), si bien el pan y el vino se preparan al inicio, en la parte que correspondería con el ofertorio está la oración de "ofrecimiento" del sacrificio.

¿Y por qué siempre antes y no en el Per Ipsum ("Por Cristo con Él y en Él)? Porque el ofrecimiento se hace antes del sacrificio.

El pueblo ofrecía en el Templo los animales para que el Pontífice lo sacrificara. En el Nuevo y Definitivo Sacrificio la Iglesia ofrece a Cristo para su inmolación (y pasamos de coté el asunto de quién sacrifica) como Víctima Propiciatoria. Luego, en el Per Ipsum, se eleva el Sacrificio ya realizado.

Por ello creo que fue un verdadero desacierto la eliminación del ofertorio en el novus ordo mutilándola a su "concomitancia".

La referencia al símbolo judío (la ilustración de la izquierda es la simbología propia del Shabat) es exacta, pero mutilada. En lugar de la oración talmúdica de bendición de los alimentos (también como ofrendas pero "secundum quid" que es el único modo que tienen de hacer las cosas los judíos hasta que reconozcan a Cristo) deberían haber tomado (si era necesario tomar algo de la tradición judía modificando las bellísimas oraciones de nuestro ofertorio) deberían haber sido alguna de las oraciones propiciatorias del Iom Kipur.

Pero, como surgió en nuestros debates anteriores, se pone de resalto lo de la cena (con su bendición de alimentos) por sobre el sacrificio (con sus peticiones y oraciones propiciatorias).

En fin, si existiera una "reforma de la reforma" creo que este sería uno de los puntos cruciales.

Natalio

miércoles, 29 de abril de 2009

Liturgia Sacerdotal


Volvemos de la pausa con renovados ánimos por lo fructífera que se puso la charla en los comentarios anteriores.

Para alguno que caiga de colgado en este post hay que aclarar que nada se entenderá si no se leen, por lo menos, el de Pueblo de Sacerdotes, el del Acolitado Ministerial y el Banquete del Athonita todos con sus comentarios (aunque, de nuevo, lo ideal es ver cómo viene el tema respecto de la liturgia y del sacerdocio).

Para continuar con la idea que venía intentando expresar debemos hacer un alto descriptivo para que se vea, en cuestiones puntuales, las diferencias de fondo apuntadas. Esto tiene como única finalidad el describir un poco, desde la óptica de un fiel, como se vive este tipo de liturgia. No estoy capacitado para explicar la corrección o no de cada cuestión litúrgica.

Con tal fin voy a tomar como parámetro de uno de los criterios a la misa Solemne del rito Tridentino tal cual la conocí (es decir con modificaciones hasta Juan XXIII) y la misa según el novus ordo tal cual la percibimos habitualmente.

Aclaro que no tomo como ejemplo las liturgias orientales (que quizás sean más representativas de lo que quiero mostrar como dimensión cultual casi exclusiva) porque puede llevar a alguna confusión sobre el fondo del asunto. Tampoco tomo como ejemplo la misa tridentina rezada porque, como veremos al final y ya adelantamos, desde esta perspectiva se encuentra más cerca del novus ordo que de la otra.

Durante todo el inicio de la Misa el celebrante y sus ministros rezan las oraciones al pie del altar mientras que los fieles cantan otras cosas (el introito, el Kyrie y el Gloria) existiendo un mínimo diálogo entre el celebrante y los fieles (los demás son sólo entre el sacerdote y los ministros). Lo mismo ocurrirá en el ofertorio (que mientras el celebrante reza en silencio los fieles cantan la antífona) y el Canon (precedido por un pequeño diálogo entre el celebrante y el pueblo que se queda cantando el Sanctus mientras el cura sigue). Todo seguirá en silencio hasta el Padre Nuestro que genera un poco de diálogo que se mantiene hasta el Agnus Dei donde los fieles vuelven a cantar mientras el cura sigue con lo suyo. Luego viene la Comunión, la bendición y la despedida.

Es decir, la tónica de esta liturgia está dada por el hecho de que el sacerdote y sus ministros "celebran" mientras los fieles "presencian" con cantos o silencios pero muy pocas veces "acompañando" al celebrante en sus oraciones. Piénsese que antes la única Misa era la solemne dominical, los fieles ni siquiera tenían acceso al misal (en latín) y mucho menos a las traducciones (ya de la época de Pío XII). Es decir, el fiel "asistía" a una celebración de otro (que ocurría lejos, en latín y con gestos que no se veían).

En la misa según el novus ordo toda la liturgia (salvo algunas partes donde se recomienda hacerla en silencio o mientras los fieles cantan) está ordenada a que el fiel "participe" en todos los diálogos y oraciones. Por la misma razón es que la misa "dialogada" o rezada según el rito tridentino con las traducciones de los textos y misales para todos los fieles, fue un gran logro del ala "pastoral" en tanto hacía participar al fiel de "toda" la liturgia. Algo similar ocurre en las actuales misas solemnes donde, a diferencia de las tridentinas donde el cura comienza el canto y lo sigue rezado, todos cantan juntos y nadie reza nada hasta que las partes cantadas se terminaron de cantar.

Lo que quiero remarcar es que existen dos concepciones litúrgicas completamente diferentes en la cual; a una los fieles "asisten" mientras los ministros "celebran" en tanto que en la otra es toda la comunidad la que, unida, celebra presidida por el sacerdote.

¿Y cuál es la válvula de paso entre una liturgia y otra? Pueden ser varias pero la que veo más nítida es la del "sacerdocio universal de los fieles". Dependiendo qué sentido se le atribuye a esta expresión, que consecuencias litúrgicas se desprenderán (aclaro, como lo dije en el post específico, que los propulsores de la idea en la "nueva teología" se horrorizarían al ver las derivaciones que le han dado a sus ideas).

Y ahora retomamos al vuelo varias de las cuestiones que se dejaron dispersas en el post sobre el sacerdocio universal señalando algunos marcados abusos que surgen de una y otra postura.

Si es la comunidad la que celebra el sacerdote simplemente "preside" la celebración (con una diferencia sólo jerárquica).

Si la comunidad celebra debe entender cabalmente lo que celebra y habrá que hacerlo en su propio idioma, carece de sentido una "lengua litúrgica".

Si la comunidad es la que celebra carece de sentido que un cura celebre una misa solo, sin comunidad.

Si la comunidad es la que celebra se entiende que el sacerdote la mire a ella y no para otro lado.

Si la comunidad es la que celebra el cura tiene una función, como tantas otras y debe promover las funciones de los miembros (por ej. dejar que ellos administren la Eucaristía).

Si la comunidad es la que celebra "todos" deben levantar las manos, "todos" deben tener una función, etc.

O, para el otro lado:

Si los que celebran son los ministros y yo sólo "asisto" es lo mismo que cante o que rece el Rosario durante la Misa.

Si los que celebran son los ministros y yo sólo asisto la Misa es sólo "cosa de curas".

Si los que celebran son los ministros y yo sólo asisto para qué interiorizarme en el Misterio.

Si los que celebran son los ministros y yo sólo asisto no es tan grave que no "asista" (mando a las mujeres y los niños).

Y podemos seguir largo y tendido de un extremo al otro del péndulo. Dom Guéranger; San Pío X y otros advirtieron que existía una crisis grande entre la Liturgia y los fieles. De allí hasta aquí ha pasado mucha agua bajo el puente y las cosas no parecen estar todavía claras.

Una correcta y tradicional comprensión de lo que significa el "sacerdocio universal de los fieles" puede ayudar a encontrar el equilibrio y a eso apuntaba.

Pero quedan muchas cuestiones en el centro.

Y entonces volvemos ¿La Liturgia se hace o se recibe (o un poco y un poco como dice el Concilio)? ¿Hay que llevar a Dios a los hombres o a los hombres a Dios? ¿Hay que encerrar el Misterio o domesticarlo?

Y algunas otras que ni me atrevo a formularlas...

Natalio

viernes, 24 de abril de 2009

Recreo comunicacional en el debate litúrgico


No me gusta hablar de temas que no conozco pero Rome (con quien solemos tener pocas coincidencias) me insistió a raíz de un viejo comentario. Tómese esto como dicho en una charla de café (aunque tomando un bella Imperial).

Viene bien para detener por un ratito las charlas demasiado religioso-litúrgicas-clericales (aunque se están poniendo cada vez más ricas e interesantes y continúan en los comentarios del post anterior).

El asunto trata sobre el Proyecto de ley de servicios de comunicación audiovisual.

Aclaro primero que el proyecto es demasiado largo como para leerlo íntegro por lo que las opiniones que vierta deben ser tratadas como mi primer (y última en principio) aproximación al tema.

Van comentarios a medida que surgen de la lectura superficial:

Lo primero que aparece, ya en los primeros renglones, es que se trata de un tema muy complejo porque se mezclan muchos intereses distintos (que van desde lo económico hasta lo público, pasando por la moral y la educación). La doctrina social de la Iglesia ha hablado bastante sobre el asunto y me parece ese un buen comienzo para afrontar la temática.

Es verdad que la situación de los medios de comunicación de hoy dista de ser transparente y clara como debería. No tengo una idea formada sobre cómo debiera ser la estructura (quién y con qué requisitos puede ser dueño de un medio de comunicación) pero me parece claro que hay algunos monopolios nocivos y peligrosos (el existente en el fútbol, que se menciona en el proyecto, es realmente escandaloso). Y me parece bien, en este sentido, que no se den licencias a sociedades por acciones que no permiten conocer la identidad de sus dueños.

Me parece de horrendo país bananero el empleo de etiquetas ideológicas en proyectos oficiales tales como "década del noventa" o "dictadura" para tachar, de modo automático, lo que provenga de aquellos tiempos. Debemos entender que las instituciones y las normas no obedecen a personas o tiempos, son buenas o malas por su adecuación con la naturaleza de las cosas o no y no por provenir de tal o cual gobierno o de tal o cual persona. Máxime cuando a ello se le suma el hecho de que este gobierno ha desempolvado normas de aquella época para usarlas a su antojo (como la ley de abastecimiento o la prohibición de las cláusulas estabilizadoras de la ley de convertibilidad).

Se hace bandera de la libertad de expresión quitando las restricciones de seguridad nacional. Si la palabra libertad se utilizara en su sentido real que, para el caso podríamos definirla como: posibilidad de recibir, difundir e investigar informaciones "públicas, verdaderas y permitidas" estaría bien. Cuando esa libertad no tiene límites concretos en su mismo enunciado, es un verdadero espanto. Esa libertad, así enunciada, permite afecciones a la intimidad de las personas diciendo lo que se quiere de quien se quiera (como el recordado caso Balbín que llegó a la corte, pero pueden poner cualquier programa de chimentos de la tarde); intromisiones en informaciones confidenciales o reservadas (como causas judiciales reservadas, secretos de sumarios, documentos oficiales no-públicos, etc); apologías de delitos y difamaciones; etc. y todo sin tener que afrontar responsabilidades en tanto se utilicen los requisitos de estilo (utilizar tiempos potenciales, indicar que viene de otra fuente, etc).

Las "cuotas de cine nacional" tampoco me gustan. En general no me gustan las "cuotas" obligatorias sino que prefiero los méritos o dignidades adaptados a una función (sea de las mujeres en legislaturas, los empleados en la conducción, etc.). En el caso del cine nacional, creo que su "sobreayuda" (con fondos, licencias y otros auxilios) lo ha perjudicado notablemente. Hoy cualquier pelafustán agarra una cámara, filma un par de cosas, le pone una música sentimental-grasa-crocante, se detiene en algún diálogo sin sentido y con alguna mala palabra que le otorgue "color autóctono"; y resulta que no importa que su película no la quiera ver ni su madre, a él le pagaron con los fondos de incentivación al "cine argentino". Tampoco me gustan las industrias cinematográficas donde la acción y el marketing no dan espacio a lo artístico pero debe haber un punto intermedio. Y, hoy por hoy, tomando porcentajes, el cine argentino es una porquería. (recuerdo que estoy hablando de balde, pero lo hago con amigos tomando birra.... che, llename el vaso que está pinchado).

Se pone a la moral cristiana como un "límite subjetivo" proponiendo, en cambio, criterios objetivos y establecidos por la ley. Esto es francamente una burrada. En primer lugar si hay un criterio moral objetivo es el cristiano, tanto es así que países, gobiernos o pensadores no cristianos lo han puesto como paradigma moral. Todo nuestro ordenamiento jurídico está basado sobre el sistema de la moral cristiana porque es nuestra idiosincrasia. Lean a cualquiera de los grandes civilistas y encontrarán que "orden público y buenas costumbres" se entienden siempre en todo nuestro ordenamiento jurídico como adaptación de los principios de la moral cristiana (que, por otra parte, son los de toda la cultura occidental). Y en segundo lugar, establecer criterios "legales" para juzgar el contenido moral de contenidos es, además de impropio utópico porque requeriría una casuística inmensa que excede el marco de cualquier reglamentación. Justamente la "objetividad" se logra buscando "otro" sistema completo de moral, y cuya autoridad y criterio provengan de "otra" fuente.

Bueno, llegué a la mitad del cuadrito comparativo y ya me quedó demasiado extenso. Por lo pronto, espero haber cumplido un poco con Rome.

Después de la pausa........ regresamos con el sacerdocio universal y la liturgia (que sigue interesantísima en los comentario).

Natalio

martes, 21 de abril de 2009

Bello Banquete Sacrificial en el Athos

El Athonita nos ha mandado su homilía de Jueves Santo como había prometido.
Como viene bastante a cuento de lo que venimos charlando sobre liturgia sirve como aperitivo (aunque sea mucho más sabroso y nutritivo que los platos que se sirven por aquí) a la continuación prometida.
Aclaro que el "publicador oficial" del Athonita es el Wanderer, puesto blogístico que respetamos.
En lo personal me han gustado mucho y me dejaron pensando los últimos párrafos referidos a la Belleza como punto unitivo.
Natalio



¡Persevera en la paradoja y accederás al Misterio! decía un antiguo aforismo alejandrino.

Semana Santa es tiempo de paradojas, que el creyente debe sostener y no distender. Arrancamos el Domingo de Ramos superponiendo los ‘hosannas’ con los ‘crucifícalo’, brotando ambos de nuestras mismas entrañas. Y contemplando al Rey de la Gloria montado en un cría de asno. Señorío y humildad apretados en un mismo Rostro de Luz.

Pero la Semana avanza hacia su corazón, su médula, donde estamos arribando en este atardecer, Vísperas de su Pasión, como dirá el relato eucarístico.Y por tanto, al corazón y mayor espesura de la Paradoja también.

Llegados a “la Hora”, como la llama el Señor, la Iglesia no sabe bien qué cara poner en estos días... si estar de luto o de fiesta, si gozarse o entristecerse, si disfrutar el Misterio o dolerse del Drama en juego. Y ante esto, puede o intercalar rostros circunspectos con gestos distendidos o peor aún: buscar una mueca intermedia “ni muy-muy, ni tan-tan”...
Y no puede pasar la Verdad por ahí. No sólo porque ninguna impostación es feliz, si no porque la Verdad del clima a sintonizar no se da a mitad de camino entre el circo y el velorio, ni entre la risa y el llanto. No es combinando mitades sino conjugando enteros... Ante la paradoja, la mayor tentación siempre ha sido el “masomenismo”.

Pero claro: no es nada fácil dar con el clima, con la atmósfera, con la presión y temperatura precisa de esta Cena ritual en Noche última del Maestro. Menos aún: dar con un término que pudiera expresarlo. Tranzar con alguna palabra sería justamente negociar con esta suerte de espantosa y aparatosa “síntesis” procurada.
Sólo coincidiendo opuestos, acoplando contrarios, podremos acercarnos al asunto.

Juntando la tristeza a la alegría, la solemnidad a la intimidad, la confidencia con la distancia infinita, los regalos con los reclamos, el don con la consigna, puede avanzar la sospecha, la inasible intuición.

Hay en la Cámara alta un clima tenso y denso. De esos que se cortan con cuchillo... El Señor está serio y es grave su semblante.

Hay en la Cámara alta un clima íntimo, familiar, entrañable. De esos que ofrecen cobijo y refugio... El Señor está desarmado, vulnerable, confidente.

Simul, et sub eodem misterium....

La Cámara alta atrae y aterra a la vez. Uno no se iría jamás de allí. Pues todo destila un ‘algo’ gozoso tan intenso como el dolor que sin disimulo se respira en cada mirada, en cada gesto, en cada timbre de voz.

Pero no sólo la atmósfera es inefable, sino el Acontecimiento. Estamos esta Noche ante una de las más intensas paradojas de nuestra fe, que podríamos materializar señalando el bloque de piedra en torno al cual nos hemos congregado. Es el centro de la escena. Es el escenario del Acontecimiento. ¿Y qué es? Otra vez, optar sería distender y traicionar. Se trata de la Mesa de un Banquete y del Altar del sacrificio: “simul”, a la vez.

¿Cómo lograr hacer foco superpuesto sobre estos contrarios superpuestos?
Es un escarpado ejercicio contemplativo, casi óptico...
Si uno se acerca con calma y demora y hace despacito un progresivo ‘zoom’ sobre La última Cena termina notando algo imprevisto... como cuando a uno, acostumbrado a ver una figura blanca sobre negro, le dicen: ahora, mirando exactamente lo mismo, enfocalo al revés: lee o contempla lo negro sobre blanco...

Quien hace este ejercicio visual sobre la Última Cena percibe con vértigo que se trata del Gólgota... que en nuestra prolija agenda de viaje figura al día siguiente...

¿Cómo es esto? ¿Qué ha ocurrido con el itinerario?
Olvidamos que para el Génesis y para la Liturgia los días comienzan con las Vísperas. Así los días de la Creación, así el Shabbat, así nuestros domingos... así el Sacrificio del Amor Extremo, la Muerte en Cruz de nuestro Salvador.
Sí: la Misa de la Cena del Señor no son sino las Primeras Vísperas del Viernes Santo, su avant-premier. Más que su “adelanto” es su inicio, pues el Día se inicia a esa hora... como en las Vísperas de la Pascua judía, en la explanada del Templo se degollaban los corderos para ser comidos al día siguiente.

Solemos decir que toda Misa celebrada durante el año es prolongación o eco de esta Misa, de esta Cena. Que es la reactualización de la Última Cena. Y es correcto. Pero no puede decirse esto sin notar a la vez que esta Cena es la pre-actualización del Gólgota. Y que si nuestras Misas son un espejo de aquella Cena, esa Cena estaba espejando a su vez la Muerte en Cruz del día siguiente.

De modo tal que nuestras Misas son un espejo orientado a otro espejo... y por doble espejo damos con el Acontecimiento fontal de lo que celebramos: la Muerte de Amor de Jesús. Su Cuerpo entregado, su Sangre derramada. Cáliz y Patena portando lo Uno y lo Otro, separados, en signo fehaciente del sacrificio consumado.

Eso ocurre de un modo central y fontal sobre el Madero del Viernes; de un modo antecedente, sobre el ara del Jueves, y de un modo consecuente, en cada Misa.
Pero entonces, ¿no quedó la paradoja volcada sobre el sacrificio en detrimento de la cena? No. Por la sola razón de que lo que pende del Madero al Mediodía de la historia es un banquete suculento: un festivo y deleitoso ‘¡coman y beban!’
Para aceitar la paradoja de este único misterio pascual hay que subirle el tono de drama al Jueves y subirle las tonalidades de fiesta al Viernes...
O enfocado desde otra visual: hoy jueves celebramos de modo concentrado lo que de modo desglosado celebraremos el viernes por la tarde y el sábado por la noche.

La Eucaristía es ciertamente una Comida. Pero no se trata de cualquier comidita simpática entre amigos. Se trata de una Comida ritual donde —con tremendo y fascinante vértigo— comer una Víctima inmolada que abre sus propias entrañas para ofrecerlas en alimento, como el pelícano picotea su pecho hasta hacerlo brotar sangre, para morir alimentando a su famélica cría.
Sí: es banquete, es comida, es cena. Pero el plato servido es un Costado traspasado, del que brota Sangre y Agua... y al que se prende el cristiano de todo tiempo para comer y beber de Aquel que muere partido y desangrado en alimento.

Tras este rodeo, volvamos a nuestra pregunta inicial: ¿cuál es entonces el clima de esta Noche? Es el que debería envolvernos todo el año en nuestras Misas: un peculiar clima de radiante dolor, de gozo contrito, de gratitud y deuda. Un estado de conmoción que nos hace felices. Pero una felicidad que no mueve a las palmas y carcajadas sino al sereno estremecimiento.

La Liturgia de la Iglesia, cuando logra ‘poner a punto’ esta “coincidentia oppositorum”, logra llorar con alegría, logra gozarse con dolor, logra —sin impostaciones— celebrar con superpuesta gracilidad y gravedad, con lúdica seriedad. Heridos y radiantes. Con vértigo y parresía.
Distanciados a la vez del penoso e inerte hieratismo como del liviano divertimento que procurara hacer de la Misa una fiestita cotidiana, reunión de amigos para picar algo... Ambos ‘distendimientos’ de la tensa paradoja han roto el ‘encantamiento’ que sólo sobrevive si los opuestos conservan su brío y enjundia. Ambos han desvanecido el vértigo, que es el clima en que cuaja el Misterio en el corazón humano. Ambos —por caminos opuestos— han domesticado el Misterio.

Tal vez haya un nombre, un solo nombre que se aproxime a esta paradoja. Y se llama Belleza: la atrayente y gozosa experiencia de lo terrible.
Y si es Belleza, no hay más que acogerla con receptividad. No conquistarla, no atraparla. Menos: intentar domesticarla.
Por eso, cuando se habla hoy tanto de las “actividades” de Semana Santa se emplea un término horrible e infeliz. Porque no hay nada que “hacer” en estos días. Más que deshacer vallas y murallas para que el indomable Misterio de Belleza logre alcanzarnos y nos encuentre con la guardia baja, en la porosa irresistencia.
Si así nos halla, este Misterio, por Sí mismo, nos otorgará la vivencia inefable de “esto”, que es Drama y Fiesta, Banquete y Holocausto, Boda y Sacrificio, en superpuesta y explosiva conjunción.

Y si somos alcanzados, somos salvados.
El Athonita