viernes, 22 de mayo de 2009

Naturalmente malo (o bueno)


Después de unas cuantas incursiones (propias y ajenas) en la liturgia (a la que regresaremos), vuelvo a un tema recurrente en el blog: el tema del Mal.

Justamente, una de las grandes adquisiciones de los últimos tiempos han sido los aportes del Athonita con quien iniciáramos conversaciones (aquellas un poco más disonantes) con el tema del mal en "Wanderer, el Atónito y el mal". Muchas cosas han pasado desde entonces y he descubierto que son muchas más las coincidencias que las disidencias (aunque todas muy respetuosas) por un lado y que es posible encontrar un monje Athonita cibernético (en su lenguaje, es una paradoja más).

Pero volvamos al mal.

Ya dijimos que el mal es siempre privación o carencia (tiene sólo entidad "de razón" dirá Santoto) del Ente (o, lo que es convertible por, la Verdad, el Bien, la Belleza, etc.).

En general hablamos del mal físico (con las aclaraciones del caso) pero ahora vamos a comenzar a ingresar en las penumbras del mal moral (aclaro, una vez más, que no pretendo enseñar sino tan sólo compartir caminos de pensamiento).

Si el mal en general es siempre privación también el mal moral será privación. ¿De qué? De Bondad (e implica, en la misma medida, la de Verdad, Belleza, etc.) básicamente. ¿Y qué es lo bueno (lo verdadero, bello, etc.)? Aquello conforme a la naturaleza.

Sólo en esto me voy a detener hoy: el mal es privación de (algo requerido por) la naturaleza. Obrar mal es obrar contrariamente a nuestra naturaleza.

Ya llegaremos a Dios pero por un ratito saltemos fuera de la religión.

Aristóteles (también Santoto) le dan varios sentidos a "naturaleza". Para no complicar demasiado la cuestión nos vamos a quedar con tres. La naturaleza es: "principio de operaciones del ser"; la esencia y el cúmulo de perfecciones que el ser puede alcanzar.

Dicho así parece un poco raro o abstracto pero vamos a un ejemplo. ¿Cuál es la naturaleza de una rosa? Primero vamos a contestar su esencia, es decir, aquello que hace que sea una rosa y no otra cosa. Segundo vamos a decir, aquello a lo que la rosa tiende. ¿Y a qué tiende? A desarrollarse por completo, adquirir el tamaño, el color, el olor, etc. que está llamada a tener. Y este es el último sentido.

Es decir, la naturaleza según estos tres sentidos de la palabra hacen referencia a la esencia (un sentido) de una cosa que la orienta (otro) a su perfección (otro). La rosa no elige crecer o no crecer. Si hay sol, agua y otras condiciones la naturaleza de la rosa se desarrollará por sí misma. Por eso también llamamos "naturaleza" (y pensamos en plantas y pajaritos) a aquellos seres que desarrollan forzosamente su naturaleza.

En el caso del hombre su naturaleza es lo que lo determina como hombre (esencia), y lo induce (principio de operaciones) a alcanzar su máximo desarrollo (cúmulo de perfecciones).

Pero en, por lo menos, dos cosas se diferencia abismalmente la naturaleza del hombre y de la rosa.

En primer lugar, el hombre es un ser espiritual. Por tanto, el hombre según una distinción de razón (es decir, para entenderlo o explicarlo porque están substancialmente unidas) tiene una naturaleza material y una espiritual. ¿A qué apunta esto? A que sus perfecciones se lograrán tanto en lo material como en lo espiritual, tanto su cuerpo como su espíritu sentirán un impulso hacia su máximo desarrollo o perfección, a que su esencia es ser, a la vez y sin distinción, cuerpo y alma.

En segundo lugar el hombre puede elegir. La rosa no puede elegir el desarrollarse, crecer, adquirir tal color o tal olor, "la (su) naturaleza" lo hace por ella. En cambio, el hombre puede sentir un impulso a alimentar, conservar y perfeccionar su cuerpo como el hambre (principio de operaciones) pero negarle el alimento. Y esa negación del alimento ante el hambre puede ser contraria a su naturaleza (como autodestrucción) o favorable a la misma (considerando el efecto espiritual del dominio de los impulsos). Esto es lo que hace tan complicado el juicio moral (que, en sí, tiene reglas clarísimas gravadas en el corazón del hombre). En cualquier caso, lo más importante es que el hombre puede elegir ir "en contra" de su naturaleza.

Se hizo demasiado largo pero quiero dejar en claro que esto es sólo el comienzo de un largo camino.

Con esta llave abriremos puertas como ley natural, derecho natural, orden natural, poligenismo, sacrificio y redención de la naturaleza, el pecado original y la gracia, el pecado colectivo, el pecado social, el pecado material, el pecado en los judíos, etc., etc., etc.

Natalio



21 comentarios:

Coronel Kurtz dijo...

Muy interesante. ¿Tuvo tiempo de darle una mirada a Ens últimamente, especialmente http://revistaens.blogspot.com/2009/05/niebla-iii.html?

Suyo,

Walter E. Kurtz

Natalio Ruiz dijo...

Gracias Coronel por la visita y el comentario!. No suelo leer Ens pero con su recomendación basta. Despues le cuento.

También lo recordé el otro día al leer: http://casadesarto.blogspot.com/2009/05/milenio-o-tiempo-de-paz.html

Leí las cosas que me recomendo y pienso (cuando el tiempo me suelte un poco el peso) circumbalar la problemática.

Respetos.

Natalio

Pablo dijo...

El tema de la naturaleza se las trae. Porque si bien es verdad que hay en el hombre un conjunto de inclinaciones naturales hacia su propia perfección; es decir, que el hombre está como “imantado” hacia ciertos bienes que lo perfeccionan, haciéndolo mejor hombre, esas inclinaciones no son siempre claramente perceptibles por todos los hombres. Primero, por efecto del pecado original; segundo, por los pecados personales; tercero, por las llamadas "estructuras de pecado"; y cuarto, relacionado con lo anterior, por la incidencia –no determinante, pero sí condicionante- de la cultura en la que cada generación vive y se desarrolla. El horizonte cultural es muchas veces –hoy lo vemos en temas tales como la sexualidad humana o el respeto por la vida humana inocente- un factor que dificulta el recto conocimiento de las inclinaciones humanas naturales y sus exigencias perfectivas. Se cumple aquí, a mi modo de ver, la sentencia de Chesterton: quitad lo sobrenatural, y quedará lo anti-natural. Sin pesimismos luteranos, vemos que cuanto más se apartan las personas, y las sociedades, del influjo sobrenatural de la fe y de la gracia, más contrarias a la naturaleza se vuelven los usos y costumbres.

Por último, cabe recordar que los principios morales tienen diverso grado de evidencia para nosotros. Conviene no olvidar una enseñanza del maestro Soaje Ramos: los principios son más claros que las inclinaciones.

Cordiales saludos.

Natalio Ruiz dijo...

Estoy de acuerdo en general. Ocurre que esta era un primera introducción para que después se puedan afrontar los otros.

No obstante, justamente el pecado original "daña" la naturaleza, la educación debe apuntar a la naturaleza, etc. (siguiendo con nuestras conversaciones sobre el ofertorio está el texto: OH Dios que de modo admirable creaste la dignidad de la naturaleza humana y de modo más admirable la restauraste...)

Sin duda "la inclinación" de la naturaleza es la "sobrenatural" pero justamente quiero mostrar lo contrario de la llamada "falacia iusnaturalista", es decir, que el deber ser proviene del ser como su causa (las cuatro). Pero si hablo en estos términos seremos pocos los que seguiremos.

También de acuerco con que la sindéresis abarca sólo los primeros principios que son los únicos evidentes pero también es verdad que el "hacer el bien y evitar el mal" surge con meridiana claridad para el que lo busque (por eso San Pablo dice que no hay excusa).

En fin, muchos temas que iremos charlando.

Respetos.

Natalio

Mary Lennox dijo...

¡Pero Don Natalio me ausento un tiempito y me escribe un tratado de Liturgia y ahora está por empezar un tratado sobre el mal, pero... no se puede dejar solos a estos hombres ¡jaja! y gatonegro me sigue debiendo sobre la amistad... (solo bromeo).
Es interesante este tema del Mal justo estoy leyendo "Los demonios" de Dostoievsky y ahí el quiere señalar lo que es un hombre capaz de hacer cuando no tiene Dios y cuando lo único que le interesa es satisfacer su sed... ¿pero sed de qué? Justamente esta es una sed de Dios invertida como una mala respuesta al llamado de la naturaleza a ser imagen y semejanza de Dios, la misma respuesta invertida que llevo a Eva a comer la manzana ante la tentación del "Seréis como dioses". A veces viendo la historia pienso en el mal como una especie de reflejo deforme del bien.
No sé, son también estos caminos de pensamiento.
Oremus ad invicem, a presto!
Mary

Pablo dijo...

Apreciada Mary:

Aprovecho este medio para expresarle mis condolencias por el fallecimiento de su abuela y me tomo la libertad de pedir a Natalio y otros lectores del blog oraciones por su eterno descanso.

Cordiales saludos.

Natalio Ruiz dijo...

Gracias Pablo y perdón Mary. La verdad es que, como me dijeran hace poco en una descuartizada disputa bloggera, no puedo leer entre líneas y por ello no había entendido el sentido de sus post.

En cualquier caso, cuente con mis oraciones.

Voy a comenzar por el salmo, que en su momento tanto le gustó a Ruth, con el cual bien puede haber entrado:

"Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes;
la siguen sus compañeras.
Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real."

Respetos, y me uno al pedido de oraciones de Pablo.

Natalio

Mary Lennox dijo...

¡Gracias Don Natalio!¡Gracias Pablo!
Mary

Mary Lennox dijo...

Mire lo que encontre:
http://www.youtube.com/watch?v=UX8KlYBisOc
Lastima que no la encontre completa y que no la pude poner en el otro blog.
Saludos Mary

Milkus Maximus dijo...

Me uno a las oraciones, estimada Mary. Y ahora aproveche que tiene alguien del otro lado.

Seguro está lo suficientemente cerca de la luz para prepararle un lugarcito ;)

Mary Lennox dijo...

¡Gracias Milkus!
Mary

Anónimo dijo...

El Athonita regresando,

He estado algo ausente de estos lares ciberales.-
Celebro el cambio de tema: creo que hacía falta —como sugirió Cristián— dejar un poco los inciensos en favor del aire fresco de la natura.-
Y no obstante —qué maravilla!— el tema parece encadenarse magníficamente con lo del Ofertorio, cómo no. La tierra y el trabajo del Hombre, recibidos del Dios generoso, capaces de ser elevados a Su condición... si nadie se interpone en la elevación.

Este tiempo post-Ascensión parece peculiarmente oportuno para pensar la relación entre naturaleza y sobrenaturaleza, y la carencia o ausencia (el mal) de una y otra.
La Carne del Logos subiendo franco, grácil, libre, al Padre... es como el pedal de fondo de todo el movimiento cósmico salido de Cristo y tendido a ser recapitulado en Él hasta que Dios sea todo en todos.

Y pienso y comparto: dada esta “imantación” —como la llama Pablo—, la tarea por realizar el bien tiene más rasgos de un “deshacer” que de un “hacer”. Permitirle al bien aflorar, emerger, “ascender” con la menor cuota de obstáculos de nuestra parte.

La bendita “irresistencia” de Simone Weil.

El Primer Vidente —como lo llamara Juan Pablo II en su poemario desde la Sixtina— vio al Hombre y leyó en su intacto fondo originario no sólo el Decálogo,,, sino las mismísimas Bienaventuranzas, ahí, nimbando en las subterráneas napas primordiales donde el pecado no pudo llegar, desde donde pujan, imantadas desde lo más Alto, por saltar en fontanas y regar el desolado desierto del pestilente mundo pospecado.

Las Bienaventuranzas no son una suerte de programa importado del lejano País divino que contra todo nuestro gravitar natural hubiéramos de intentar ejercer... Las Bienaventuranzas ―Ley Nueva grabada en nuestros corazones (Jer 31,33)― conforman la napa más profunda de nuestra mismidad. “Valde profundus est ipse homo”, decían los antiguos... Parafraseando a san Agustín podríamos nosotros decir de las Bienaventuranzas lo que él confiesa del mismo Dios: yo las buscaba por fuera, mientras ellas se agitaban y me rodeaban por dentro...
San Francisco de Sales hablará sin recaudos de esa “íntima solicitud del corazón humano y continua inquietud, que nada puede debilitar ni cesar pues es la inclinación natural con que el corazón humano tiende hacia Dios desde su propio interior...”

Paradójicamente al concepto de mal, la tarea en favor del bien moral consiste en términos genéricos en quitar lo que sobra más que en agregar lo que falta... Habilitar lo obstruido; destrabar lo atascado; remover esos gronchísimos barnices para que luzca la veta limpia de la buena madera que hay debajo. Desprivar –habría que acuñar- la privatio boni.-
De ahí –tal vez- aquello de san Buenaventura, de que todo pecado es, de algún modo, pecado de omisión... pues todo pecado es un NO a la siempre emergente positividad de lo real (ens-bonum vel Esse-Bonitas Dei).
Y de ahí, pienso, que uno de los nombre más bellos que recibe Cristo sea el de “El Restaurador.” Como aquellos que trepados a peligrosos andamios remueven con arte y paciencia de los más antiguos frescos capas y capas de hollín y tufo,,, sin repintar y sin lastimar,,, quitando, tollendo peccata mundi...

Como le predicaba a los jóvenes el feriado pasado: no se pinten la cara color esperanza: dejen más bien que ésta fluya, emerja, brote y les salga por los poros... Pues ya les ha sido dada. ¡Lávense la cara y les lucirá la esperanza!

Toda espiritualidad celosa de este vínculo (tanto para el orden natural como sobrenatural) entre el deber ser con el ipso ser, es una espiritualidad sana, genuina, cristalinamente cristiana. Todo lo demás (y abunda, a diestra y siniestra) es —con o sin disimulo— deudor del prusiano Immanuel.-
Y esto vale tanto para “irresistir” la vida de oración como la castidad o el buen humor.
Todo nos ha sido ya dado.
Sólo falta ser destildado.

¿Inmanentismo? No señor. Pero ¿para qué defenderme de lo que (aún) nadie me ha acusado?

El Athonita

Natalio Ruiz dijo...

Estimado Coronel:

No me gustó lo de la niebla en lo ens.

En primer lugar porque no creo que el tema del mal sea para cualquiera, de hecho creo que en toda su dimensión no es para nadie, es un misterio (misterium iniquitatis).

En segundo lugar porque..., como lo digo sin que me salten a la yugular (creo que empezando por Milkus y el Athonita y siguiendo por todos los lectores del Wanderer)..., ese tipo de exégesis no son mi estilo.

Respetos.

Natalio

Natalio Ruiz dijo...

Al Athonita se le dan unos pocos metros de pista y te hace levantar vuelo cualquier cosa....

Esto quería ser una introducción para que los que están un poco ajenos a estos temas pudieran ir ingresando (por más que la monja se me burle) y teniendo elementos para seguir a ideas más comprometidas. Pero no, el Athos lleva todo para arriba y está bueno que existan dos dimensiones o velocidades. Atravesó, desde un agustinismo platónico, como con un palo de brochette la mayor parte de los temas que vendrán.

Algunas cosas sobre el comentario, aunque adelantando que seguirán apareciendo todos estos temas en los post (todavía propedeúticos) que seguirán.

Creo que los senderos agustinos pueden ser transitados con total naturalidad siempre que se tenga pericia y experiencia. En el caso, no veo ningún inmanentismo en el comentario. Por el contrario, creo que es la explicación ortodoxa del "noli foras ire" (no la busques fuera, la Verdad habita dentro del hombre) de San Agustín.

Ahora, es verdad que esos mismos caminos son utilizados por el inmanentismo progresista (que se toca con una corriente cabalística como veremos). Por esa razón, como el cruce de los andes, se debe hacer con un baqueano porque perderse en las alturas conduce irremediablemente a la muerte.

También por ello es que yo subo por el camino caracol para autos comenzado por Aristóteles y seguido por Santoto. Es más aburrido, tiene menos emociones, es más largo, pero vamos más seguro. Cuando lleguemos a las alturas veremos que el otro camino, bien hecho, también conducía a la cima (aunque también se ven desde allí los cadáveres de los que lo intentaron solos o mal acompañados...).

Respetos.

Natalio

Coronel Kurtz dijo...

Estimado Natalio,

Lamento que no le haya gustado lo de la Niebla. No voy a ser yo el exégeta de Ens, pero sí puedo decirle lo que yo opino.

En primer lugar porque no creo que el tema del mal sea para cualquiera, de hecho creo que en toda su dimensión no es para nadie, es un misterio (misterium iniquitatis).Pero es que, mi amigo, justamente el misterio de iniquidad tiene más que ver con el tema del bien que con un tema del mal tomado en forma pura. Ud. bien dice arriba, siguiendo a Aristóteles y Santo Tomás, que el mal es carencia de bien. Y en ese sentido, el tema del bien es mucho más importante que el tema del mal. Especialmente porque en lo Creado, la cizaña crece junto al trigo. Especialmente porque campea el misterio de iniquidad. Especialmente porque nuestro combate es con los "espíritus del aire". Especialmente porque toda la Creación quiere ser redimida.

Y creo que por ese lado anda, el amigo de Ens. Y por eso trae, en otras entradas de ese hilo, el ejemplo de la Dama Galadriel, tan perfecta ella pero... siempre hay un pero en el mundo sublunar.

En segundo lugar porque..., como lo digo sin que me salten a la yugular (creo que empezando por Milkus y el Athonita y siguiendo por todos los lectores del Wanderer)..., ese tipo de exégesis no son mi estilo.No sé bien a qué se refiere, estimado. Si es al uso (o quizá para Ud. abuso) de figuras literarias, supongo que eso está relacionado con la vocación de cada cual; no pidamos a un profesor de Letras un tratado de Derecho.

Pero, en cualquier caso, como decía por algún lado Garrigou-Lagrange explicando las diferencias entre Santo Tomás y San Juan de la Cruz, a veces la poesía (aunque ésta venga en prosa, agregaría yo) puede llegar a hacernos entender (que no comprender) mejor que la Teología misterios insondables... como es el mysterium iniquitatis, que Ud. bien me trae.

En cualquier caso, gracias a Ud. y a los comentarios, por una bonita posibilidad de reflexión de un tema siempre actual.

Suyo,

Natalio Ruiz dijo...

Estimado Coronel:

Justamente por eso considero que está equivocado ens cuando dice que "es para cualquiera". Pero le doblo la apuesta, en definitiva a la última instancia del Bien se accede por el mal en cuanto carencia. Santoto empieza hablando de Dios diciendo que sólo se puede conocer lo que "no es" porque lo que Es no lo puede conocer. A algo similar me refería, en la vida espiritual, con el post "Necesidad de Sed".

Con lo segundo me refiero a un cierto uso abusivo de Tolkien (o a otros autores en otros casos) para explicar el mundo entero y sus problemas. A través de la exégesis muchas veces se lo hace llegar a lugares inimaginables... y se lo pone como una autoridad indiscutible. No digo que sea el caso de Ens, al que no suelo leer y por tanto poco puedo saber (por eso no lo impugno sino que digo simplemente que no es mi estilo). En lo personal me encanta Tolkien pero leí y escuché tantos planteos sobre cualquier tema (incluso refutaciones filosóficas o teológicas) en base a una exégesis de su obra que ya me aburre el ver que el asunto viene por ahí. Repito, es algo personal y si quiere mañoso sin saber que el autor de Ens fuera profesor de letras.

Le aclaro, no es el recurso a la literatura en general sino la exageración (que se produce a mi juicio con Tolkien y algún otro autor) lo que no me agrada (y sin juzgar si es exagerado o no lo de Ens del que no leí la saga completa).

Ya volveré también sobre el tema de los mil años y los judíos.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

Más allá -o acá- del Tolkien sobrehermeneutizado, valga distinguir estos tantos: entre Ens y Wanderer se abre un inmenso abismo,,, es de rigor aclararlo.-
El tema no tiene miga, pero -por respeto y afecto al primero- me parece importante asentar el distingo.-

el Athonita

Coronel Kurtz dijo...

Estimado Natalio,

Me parece que al decir que "es para cualquiera" lo hace en sentido de que es más fácil, en términos relativos, ocuparse del mal que del bien. Tendría que chequearle la cita pero ahora estoy complicado; pero si no me equivoco, lo que dice el Aquinate es que es más fácil saber lo que Dios no es, que lo que es. Lo que en definitiva es análogo a lo que plantea Ens.

No creo que Ens quiera explicar "el mundo entero y sus problemas", sino tan sólo aproximarse a ello desde la literatura. ¿En última instacia para qué está la literatura sino es para eso?

¿Cómo podremos llegar al Amor que mueve las estrellas si no podemos asombrarnos ante una estrella? La buena literatura nos devuelve el asombro.

Al tratar con infinidad de matices (tantos que Tolkien no llegó a publicar la mayoría de su obra en vida y hoy se la publica como curiosidad) a describir un personaje en apariencia tan simple como Galadriel, Tolkien nos aproxima a un tema demasiado complejo -el del bien- y que creo tendemos a subestimar.

Y lo que sigue es algo mío. Creo que, cuando subestimamos el tema del bien, tendemos a dividir el mundo de forma maniquea y olvidamos que, como digo antes, la cizaña crece junto al trigo.

Suyo,

Pablo dijo...

Estimado Natalio:

Me dijo un amigo, que Ud. tiene un tío a quien conozco bastante... ¡Qué pequeño es el mundo! :)

Cordiales saludos.

Natalio Ruiz dijo...

Perdón por la demora en contestar, tuve un fin de semana complicado.

Estimado Pablo: Tengo padres, tíos, hermanos y primos conocidos por gentes diversas en diversos ámbitos. En cualquier caso, por referencias comunes que tengo de ud., creo saber a qué tío se refiere. En cualquier caso, si quiere más datos o quiere visitarme en baires escriba al mail.

Efectivamente Santoto afirma eso, que es más fácil saber lo que no es que lo que es y lo que le digo con relación al mal es que siempre el negativo tiene mayor universalidad que el positivo. En cualquier caso, a lo que iba, es que son caras de la misma moneda inaccesible y misteriosa. Repito, no creo que sea para cualquiera y grandes sabios se han parado respetuosos a la puerta del misterio.

Con relación a la literatura creo que es un excelente "Topoi" o tópico de partida o de arribo (como comprobación). Cualquier intento de explicación media del razonamiento me parece que es abajarla. El arte no está para dar razones, está por debajo o por arriba dependiendo la óptica. Digo, es mi opinión y a eso me refería en la crítica.

Por último, como aclaración también de lo anterior, no menosprecio el tema del bien. Muy por el contrario lo que digo es que el menosprecio del tema del mal es menosprecio del tema del Bien. Lo contrario, me parece, es justamente el maniqueísmo de ponerlas como separadas e independientes.

En fin, se trata, como dijimos al comienzo, quizás sólo de gustos.

Respetos.

Natalio

Natalio Ruiz dijo...

Perdón, se entiende que todo lo que sigue al párrafo de Pablo está dirigido al estimadísimo Coronel (o, mejor dicho, a su comentario).

Respetos.

Natalio