martes, 21 de abril de 2009

Bello Banquete Sacrificial en el Athos

El Athonita nos ha mandado su homilía de Jueves Santo como había prometido.
Como viene bastante a cuento de lo que venimos charlando sobre liturgia sirve como aperitivo (aunque sea mucho más sabroso y nutritivo que los platos que se sirven por aquí) a la continuación prometida.
Aclaro que el "publicador oficial" del Athonita es el Wanderer, puesto blogístico que respetamos.
En lo personal me han gustado mucho y me dejaron pensando los últimos párrafos referidos a la Belleza como punto unitivo.
Natalio



¡Persevera en la paradoja y accederás al Misterio! decía un antiguo aforismo alejandrino.

Semana Santa es tiempo de paradojas, que el creyente debe sostener y no distender. Arrancamos el Domingo de Ramos superponiendo los ‘hosannas’ con los ‘crucifícalo’, brotando ambos de nuestras mismas entrañas. Y contemplando al Rey de la Gloria montado en un cría de asno. Señorío y humildad apretados en un mismo Rostro de Luz.

Pero la Semana avanza hacia su corazón, su médula, donde estamos arribando en este atardecer, Vísperas de su Pasión, como dirá el relato eucarístico.Y por tanto, al corazón y mayor espesura de la Paradoja también.

Llegados a “la Hora”, como la llama el Señor, la Iglesia no sabe bien qué cara poner en estos días... si estar de luto o de fiesta, si gozarse o entristecerse, si disfrutar el Misterio o dolerse del Drama en juego. Y ante esto, puede o intercalar rostros circunspectos con gestos distendidos o peor aún: buscar una mueca intermedia “ni muy-muy, ni tan-tan”...
Y no puede pasar la Verdad por ahí. No sólo porque ninguna impostación es feliz, si no porque la Verdad del clima a sintonizar no se da a mitad de camino entre el circo y el velorio, ni entre la risa y el llanto. No es combinando mitades sino conjugando enteros... Ante la paradoja, la mayor tentación siempre ha sido el “masomenismo”.

Pero claro: no es nada fácil dar con el clima, con la atmósfera, con la presión y temperatura precisa de esta Cena ritual en Noche última del Maestro. Menos aún: dar con un término que pudiera expresarlo. Tranzar con alguna palabra sería justamente negociar con esta suerte de espantosa y aparatosa “síntesis” procurada.
Sólo coincidiendo opuestos, acoplando contrarios, podremos acercarnos al asunto.

Juntando la tristeza a la alegría, la solemnidad a la intimidad, la confidencia con la distancia infinita, los regalos con los reclamos, el don con la consigna, puede avanzar la sospecha, la inasible intuición.

Hay en la Cámara alta un clima tenso y denso. De esos que se cortan con cuchillo... El Señor está serio y es grave su semblante.

Hay en la Cámara alta un clima íntimo, familiar, entrañable. De esos que ofrecen cobijo y refugio... El Señor está desarmado, vulnerable, confidente.

Simul, et sub eodem misterium....

La Cámara alta atrae y aterra a la vez. Uno no se iría jamás de allí. Pues todo destila un ‘algo’ gozoso tan intenso como el dolor que sin disimulo se respira en cada mirada, en cada gesto, en cada timbre de voz.

Pero no sólo la atmósfera es inefable, sino el Acontecimiento. Estamos esta Noche ante una de las más intensas paradojas de nuestra fe, que podríamos materializar señalando el bloque de piedra en torno al cual nos hemos congregado. Es el centro de la escena. Es el escenario del Acontecimiento. ¿Y qué es? Otra vez, optar sería distender y traicionar. Se trata de la Mesa de un Banquete y del Altar del sacrificio: “simul”, a la vez.

¿Cómo lograr hacer foco superpuesto sobre estos contrarios superpuestos?
Es un escarpado ejercicio contemplativo, casi óptico...
Si uno se acerca con calma y demora y hace despacito un progresivo ‘zoom’ sobre La última Cena termina notando algo imprevisto... como cuando a uno, acostumbrado a ver una figura blanca sobre negro, le dicen: ahora, mirando exactamente lo mismo, enfocalo al revés: lee o contempla lo negro sobre blanco...

Quien hace este ejercicio visual sobre la Última Cena percibe con vértigo que se trata del Gólgota... que en nuestra prolija agenda de viaje figura al día siguiente...

¿Cómo es esto? ¿Qué ha ocurrido con el itinerario?
Olvidamos que para el Génesis y para la Liturgia los días comienzan con las Vísperas. Así los días de la Creación, así el Shabbat, así nuestros domingos... así el Sacrificio del Amor Extremo, la Muerte en Cruz de nuestro Salvador.
Sí: la Misa de la Cena del Señor no son sino las Primeras Vísperas del Viernes Santo, su avant-premier. Más que su “adelanto” es su inicio, pues el Día se inicia a esa hora... como en las Vísperas de la Pascua judía, en la explanada del Templo se degollaban los corderos para ser comidos al día siguiente.

Solemos decir que toda Misa celebrada durante el año es prolongación o eco de esta Misa, de esta Cena. Que es la reactualización de la Última Cena. Y es correcto. Pero no puede decirse esto sin notar a la vez que esta Cena es la pre-actualización del Gólgota. Y que si nuestras Misas son un espejo de aquella Cena, esa Cena estaba espejando a su vez la Muerte en Cruz del día siguiente.

De modo tal que nuestras Misas son un espejo orientado a otro espejo... y por doble espejo damos con el Acontecimiento fontal de lo que celebramos: la Muerte de Amor de Jesús. Su Cuerpo entregado, su Sangre derramada. Cáliz y Patena portando lo Uno y lo Otro, separados, en signo fehaciente del sacrificio consumado.

Eso ocurre de un modo central y fontal sobre el Madero del Viernes; de un modo antecedente, sobre el ara del Jueves, y de un modo consecuente, en cada Misa.
Pero entonces, ¿no quedó la paradoja volcada sobre el sacrificio en detrimento de la cena? No. Por la sola razón de que lo que pende del Madero al Mediodía de la historia es un banquete suculento: un festivo y deleitoso ‘¡coman y beban!’
Para aceitar la paradoja de este único misterio pascual hay que subirle el tono de drama al Jueves y subirle las tonalidades de fiesta al Viernes...
O enfocado desde otra visual: hoy jueves celebramos de modo concentrado lo que de modo desglosado celebraremos el viernes por la tarde y el sábado por la noche.

La Eucaristía es ciertamente una Comida. Pero no se trata de cualquier comidita simpática entre amigos. Se trata de una Comida ritual donde —con tremendo y fascinante vértigo— comer una Víctima inmolada que abre sus propias entrañas para ofrecerlas en alimento, como el pelícano picotea su pecho hasta hacerlo brotar sangre, para morir alimentando a su famélica cría.
Sí: es banquete, es comida, es cena. Pero el plato servido es un Costado traspasado, del que brota Sangre y Agua... y al que se prende el cristiano de todo tiempo para comer y beber de Aquel que muere partido y desangrado en alimento.

Tras este rodeo, volvamos a nuestra pregunta inicial: ¿cuál es entonces el clima de esta Noche? Es el que debería envolvernos todo el año en nuestras Misas: un peculiar clima de radiante dolor, de gozo contrito, de gratitud y deuda. Un estado de conmoción que nos hace felices. Pero una felicidad que no mueve a las palmas y carcajadas sino al sereno estremecimiento.

La Liturgia de la Iglesia, cuando logra ‘poner a punto’ esta “coincidentia oppositorum”, logra llorar con alegría, logra gozarse con dolor, logra —sin impostaciones— celebrar con superpuesta gracilidad y gravedad, con lúdica seriedad. Heridos y radiantes. Con vértigo y parresía.
Distanciados a la vez del penoso e inerte hieratismo como del liviano divertimento que procurara hacer de la Misa una fiestita cotidiana, reunión de amigos para picar algo... Ambos ‘distendimientos’ de la tensa paradoja han roto el ‘encantamiento’ que sólo sobrevive si los opuestos conservan su brío y enjundia. Ambos han desvanecido el vértigo, que es el clima en que cuaja el Misterio en el corazón humano. Ambos —por caminos opuestos— han domesticado el Misterio.

Tal vez haya un nombre, un solo nombre que se aproxime a esta paradoja. Y se llama Belleza: la atrayente y gozosa experiencia de lo terrible.
Y si es Belleza, no hay más que acogerla con receptividad. No conquistarla, no atraparla. Menos: intentar domesticarla.
Por eso, cuando se habla hoy tanto de las “actividades” de Semana Santa se emplea un término horrible e infeliz. Porque no hay nada que “hacer” en estos días. Más que deshacer vallas y murallas para que el indomable Misterio de Belleza logre alcanzarnos y nos encuentre con la guardia baja, en la porosa irresistencia.
Si así nos halla, este Misterio, por Sí mismo, nos otorgará la vivencia inefable de “esto”, que es Drama y Fiesta, Banquete y Holocausto, Boda y Sacrificio, en superpuesta y explosiva conjunción.

Y si somos alcanzados, somos salvados.
El Athonita

37 comentarios:

Natalio Ruiz dijo...

Volviendo a leer encontré otra cosa que me deja pensando bastante: domesticar el Misterio. ¿domesticar es destruir? ¿estará mal domesticarlo? ¿el infante espiritual no necesita alimento "domesticado"?

Hay que leer varias veces para bajar el lenguaje athoniense a las llanuras citadinas.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

El Athonita dijo,

amigo Natalio: acepto sus ajustes en su último comentario al post anterior.
Le encuentro razón.

Respecto a lo de domesticar: lindo tema.- Da en el centro.
A todos nos recuerda el “apprivoiser” del Cap. XXI del Petit Prince,,, no obstante, me parece que el verbo admite una ambivalencia, si no más.

Para Exupéry domesticar es “crear lazos”. Lazos a partir de los cuales el domesticado pasa a ser “necesario” para el domesticador, y viceversa.
No veo bueno transferir esta intuición al ámbito litúrgico y a nuestra relación con el Misterio. Él no nos necesita. Y hoy es más necesario que nunca afirmarlo con doble subrayado. Y Él es indomable, inatrapable, imposible de enlazar,,, aunque en Él vivamos, nos movamos y existamos.
Eso pretendieron hacer los racionalismos primero y los sensacionalismos más luego. “Pero Jesús, pasando entre medio de ellos, siguió su camino”...

El Zorro completa su planteo aseverando que “sólo se conoce lo que se domestica”. Y se entiende por dónde va. Pero a lo nuestro no le hace favor: más bien –creo yo- se conoce lo que asombra; y asombra lo que sorprende. Y sorprende lo imprevisto e imprevisible: Dios en su indómito Misterio.

La Belleza justamente actúa un poco así: sincera con los sinceros, astuta con los falsos (diría el salmista). Es decir: se muestra al que se inclina sin ánimo invasivo y se repliega ante el cazador, el enjaulador del Misterio... el que quiere meter al Ciprés en maceta (¿era Hölderlin?).-

Tal vez haya que distinguir –como lo hacen con más gracilidad otras lenguas- entre domesticar (cuya etimología es tan bella) y esta suerte de “amansar” (“to tame” dicen los ingleses) que es, al menos, lo que de ninguna manera, me parece admisible hacer con el Misterio.

“Eres responsable para siempre de lo que domesticas” insiste el zorro...
Y yo no sé si me haría responsable de esta Rosa... que es ohne warum (sin por qué), y que florece –libérrima, indómita- porque florece.- Más bien me inclino a pensar que es Ella la que responde por mí...

Valga toda esta digresión, pues creo ha dado Ud., Natalio, en el centro mismo de todo el asunto: si queremos domesticar la Liturgia o aceptamos no hacer pie en el in altum de este océano divino.-

Perdón por mi largor. El tema me entusiasma...

el Athonita

Anónimo dijo...

en el entusiasmo, olvidé aclarar una minucia: carezco de "publicador oficial",,, al menos en el ámbito ciberal.-

Ath.-

Natalio Ruiz dijo...

Es que la cuestión también nos lleva a qué contiene el Misterio.

Y esto nos lleva a caminos demasiado altos, donde ud. estará más cerca pero yo ya no puedo escalar. Por lo menos mis miedos (a la cábala, a los gnósticos y a otras fieras) me impiden avanzar sin riesgo a perder cosas más importantes que la vida.

Pero la cuestión es: ¿Qué hay en lo inmutable de la liturgia? ¿es revelada? ¿tiene un efecto celestial o sólo terrenal?

No sé si me explico o si se puede explicar lo que quiero decir pero la cuestión última me parece que es: ¿cuál es el sentido, el alcance y la extensión de la Teofanía?

Quizás estoy hablando pavadas, no sé, por las dudas me callo y no la sigo.

Respetos.

Natalio

Mary Lennox dijo...

Natalio:
No iba a escribir ya que estoy lejos de mi puerto ostiense, pero el tema me apaciona tambien.
Hay una cosa que no penso, y me asombra que el Atonitha tampoco lo haya hecho, y es que aquella frase: "Y si es Belleza, no hay más que acogerla con receptividad. No conquistarla, no atraparla. Menos: intentar domesticarla". recuerda a las cronicas, a la explicacion que le da a Lucia el Castor, no es un Leon domesticado...No se vayan tan lejos, a veces una imagen aunque sea para nignos nos puede acercar al misterio. La imagen de Aslan es eso para mi, logro mostrarme esa conjuncion de terrible, hermoso, alegre,triste, solemne, extrgno z familiar que uno encuentra en el misterio y que es tan dificil de explicar.
Saludos desde la ciudad del Oso.
Mary
P.D.: Las faltas son mas que las habituales por el teclado extragno!

Natalio Ruiz dijo...

Estimada Mary:

Para que vea que la sintonía entre el Athos y el jardín es real le comento que el Athonita recurrió, hablando de este mismo tema vía mail, a la imagen de Aslan en Narnia.

El resto de las coincidencias se las dejo a Él, quería que conste que no lo había olvidado.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

También yo le dejo a Él las coincidencias, que han de ser muchas más de las que nosotros mismos sospechamos.

Me encantan el león. De chicos solíamos ir mucho a Venecia, y ha quedado tan grabada en mi memoria ese flamear libre del dorado León... como mi madre saliendo al paso de mi molesta pregunta:
—¿por qué el León?
—por san Marcos: acá está enterrado san Marcos.
—¿y san Marcos era un león?
—no; un amigo de Jesús. Pero se lo representa como un león.
—¿por?
—preguntále después a tu padre...

Ambos aún me deben la respuesta... y aunque uno pudiera responder con aquellas cuatro figuras del Apocalipsis (según lo cual Marcos liga el león por puro descarte,,,), la pregunta merece mejor respuesta...

Y creo que tiene que ver con nuestro tema.
Pero mejor: pregúntenle después a sus padres...

Ath.-

Natalio Ruiz dijo...

Cristian Dodds, que además de escribir en su lindo blog "Dios y Ayacucho"(http://diosyayacucho.blogspot.com/) es seminarista, ha hecho un comentario interesante en el post anterior. Aconsejo su lectura.

Me parece muy interesante porque aporta desde una mirada un poco contrapuesta a la de varios visitadores del blog (aunque similar a la de otros). En este caso, resulta muy edificante (como también lo resultarían visiones parecidas como la de Todoerabueno o del Padre Fabián) el escuchar el planteo desde otra perspectiva.

La pregunta que me surge es ¿dónde ve la falla entonces del novus ordo? ¿cómo se arregla eso? Es decir, si consideramos que el fin pastoral es primario en la liturgia pero ni el novus ordo ni las reformas anteriores lograron alcanzarlo (aunque consideren que lo encamina bien) tenemos que ver cuál pueda ser el camino de solución.

Me resulta interesantísimo para seguir "discutiendo" (pegar de diversos lados) el asunto.

Respetos.

Natalio

Cristián Dodds dijo...

Estimado hombrecito:
Gracias por su bienvenida, en serio.
Aunque debería tomarme cierto tiempo para responder, se me ocurre como primera cosa que no veo por qué el error haya que buscarlo en el "novus ordo" (si por ello se entiende la Sacrosanctum Concilium, el Misal de Pablo VI y sus sucesivas ediciones). Creo que la falla viene en todo caso por el lado de la pastoral litúrgica: ¿a qué cura le entusiasma? Hay mucho más interés y entusiasmo en algunos laicos formados que en el clero, me da la sensación...
De hecho, cuando está a mi alcance contribuir en esta pastoral, no hago más que leer la Instrucción Gral. del Misal Romano, o los textos de la SC y del Catecismo. Ahí me doy cuenta de que el problema no radica en la "reforma" del Concilio sino justamente en no conocerla...
Pero voy a seguir pensándolo.
¡Muchas gracias Natalio!

Natalio Ruiz dijo...

Estimado Cristian:

Me interesaba saber dónde veía ud. el error (dado que había visto uno). Y no me refería únicamente al novus ordo. Lo que ocurre es que si decimos que la liturgia se reforma (desde esta perspectiva podemos hablar incluso desde antes del concilio que es a lo que me refiero en el post) con un fin pastoral y dicho fin no se cumple (o se agrava según la perspectiva) quiere decir que algo no anda, además de "en la pastoral litúrgica" (que en sí no necesita reforma), en la misma reforma.

No sé si logro explicarme.

Respetos y siéntase como en ayacucho (aunque no tengamos aquí sus excelentes morcillas al verdeo).

Natalio

Natalio Ruiz dijo...

Y me olvidaba de algo que me quedó pendiente.

Para bien o para mal creo que son cosas distintas: la constitución conciliar, el Misal de Pablo VI y sus sucesivas reformas.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

El Athonita dijo,

Muy buenas tardes.-
Un gusto conocerte, Cristian.-
Se completa el cuadro familiar,,, la Iglesia completita: las damas, el laico, el futuro cura diocesano, el monje,,, estamos todos.- Y somos todos algo así como la generación posposconciliar: la que –tras larga refriega- le toca reacomodar la carga, libre (creo yo) del inevitable apasionamiento con que nuestros mayores pugilaron las décadas pasadas.-
Me gusta mucho el clima en que se puede pensar acá estos temas.

Hago mi aporte, sin más rodeos:
Desde la analogía médica sería emprolijante distinguir: síntomas, diagnóstico, causales, tratamiento, efectos colaterales. Si no, de este berenjenal no salimos más...

Estamos mal. El secularismo ha infectado casi todo. Simplista sería endilgarle toda la culpa al desastre litúrgico. Pero tampoco convence decir que los desmanes litúrgicos son justamente una manifestación de este fenómeno y que no participa del orden causal del mismo.
Yo creo que sí participa. Aunque después, claro, también participe de la sintomatología.
Hemos dejado de internar al hombre en el Misterio: lo demás, casi que se desmorona solo.

Tras esto, se hace necesario enmarcar cuáles sean y a qué se deban los desaciertos litúrgicos en acto.
Y, como dice Ruiz, parece oportuno entonces distinguir la SC, del Misal y de las enmiendas. Yo agregaría: y todo eso, distinguirlo también de mucha tinta salida de aquel Dicasterio durante los años 70 y 80, que bajo alguna sutil acepción, formara parte de “la voz” de la Iglesia al respecto. Y por fin, el uso y ab-uso de parte de cada cura.

Y entonces, de la superficie hacia la raíz, parece bueno separar (para luego unir):

1. los desmanes sin ton ni son de los díscolos. El divague de algunos sectores tradicionalistas (pienso en Radio Cristiandad, por ejemplo) de identificar el Novus Ordo con un cura vestido de payaso no resiste el menor análisis. O son muy brutos o muy pícaros: no lo sé.- Sin duda, el porcentaje mayor del conflicto tiene su causa aquí: el progresismo ideológico que, desobedeciendo toda normativa litúrgica, hace lo que quiere.
Al respecto, no coincido del todo, Cristian, con que “no les interese”. Ojalá! Creo que parte seria del conflicto es que sí les interesa promover “su” versión alternativa de la Liturgia y montan una aceitada pastoral a fin de promoverla.
No es un mero indiferentismo. Pelean y promueven el Rito horizontal, como decía Bouyer.- Alcanza con asomarse al Centro de Pastoral litúrgico de Barcelona: no quieren desterrar la Liturgia: quieren otra liturgia. Y no dan cuartel en su lucha. Yo lo he escuchado de viva voz, acá en Mendoza, a Aldazabal, explicar lleno de pasión por qué las iglesias no son casa de Dios si no Casa del Pueblo de Dios,,, ante todo el clero mendocino.
Si el secularismo sólo promoviera el indiferentismo, por ejemplo no tendríamos los infinitos y tautológicos “guiones” con que se aturde en casi todas las parroquias. El cura ideologizado sólo procuraría una Misa escueta, sobria y simple para pasar a otra cosa; y no es el caso: ...nos ahorro a todos la chorrera de ejemplos.-

2. Pero creo que hay más. Y probablemente aquí disintamos.
Creo que Roma ha ‘bajado línea’ en los últimos decenios, promoviendo o aceptando opciones litúrgicas cuyo lenguaje no aportó a la resacralización necesaria y ayudó a que la secularización avanzara, si se quiere, por peso propio, en caída libre. Un expreso deseo y expresamente manifestado en variados documentos o cartas o notificaciones, insistía en quitar y quitar y seguir quitando signos y más signos, en orden a “simplificar”. Muchas Misas de JPII en sus viajes habría que sumarlas a este punto.

3. El Misal, en sus 4 versiones, en mi opinión, también tiene sus bemoles. Lagunas o ex libitum’s que sin duda ayudaron a que el mareado cayera de bruces. Claro que los porcentajes, en cada capa geológica más profunda, van cayendo abruptamente. Es claro que ni los latines ni el ad orientem caen aquí (sino por 1 y algo también a causa de 2). Pero sí otras fisuras, que a este Papa –me da la impresión- no le va a temblar el pulso a la hora de rectificar. La Misa de niños y sus infinitas concesiones, serían un ejemplo, por caso. Ya que lo citás, con un buscador fijáte cuántas veces aparece el término “misterio” en la IGMR... podría ser un barómetro del clima en que fue compuesto todo aquello.- Pero insisto: los niveles de escoria aquí abajo ya son muy bajos: en términos generales, el Misal es muy digno y sin duda puede ser celebrado con muchísima dignidad.

4. Y por fin llegamos a la SC, donde –creo yo- no se observan visos de secularización, aunque el Tradicionalismo insista. Parece ser la capa geológica incontaminada, desde la cual procurar los remiendos.
¿El tratamiento? Cambiando la óptica hermenéutica del Concilio, repensarlo todo. Parece ser el lema de este papado. No hace falta cavar más abajo. Pero tampoco alcanza con arrancar de más arriba...

Perdón por mi extensión.
No quiero acaparar la conversación.-

el Athonita

Cristián Dodds dijo...

Estimado Athonita:
Me ha dejado atónito (no, mentira, pero me "podía" el juego de palabras...)
y estimado Natalio:
Quiero agradecerles este espacio. No saben cómo me gusta poder discutir sanamente estas cosas, que por lo visto a los tres nos apasionan. Pocas veces he podido hacerlo (es difícil escapar de los "unísonos", y cuando se da, es difícil que la polifonía no se torne violentamente horrísona).

Me gustó mucho, oh hermano de algún Athos "crioio", su homilía "in coena Domini". Muy bueno lo de la paradoja del misterio: es un tema que me gusta mucho como está tratado por Herr Balthasar en su "La verdad es sinfónica"; el tema del "y" católico, contra los simplismos o los "masomenismos". Adhiero entonces plenamente a la convivencia de lo convivial (ya que estoy con los jueguitos de palabras) y lo sacrificial en la Misa. (A veces pienso cómo el primitivo nombre de "fracción del pan" tenía la virtud de expresar ambos aspectos a la vez...)
Sin embargo, insistiría más en lo siguiente: creo que tanto la Mesa como el Altar son pascuales. Quiero decir: ambos, Cena y Cruz, son la Victoria de la Vida sobre la Muerte (a través de la Muerte, "desde" la Muerte), pero Vida al fin. Por eso, no me convence tanto llevar lo paradójico al punto que pueda llegar a pensarse el Banquete como el elemento "festivo y alegre" y el Sacrificio como el "triste y serio" que hay que mirar "simul". Creo que EL Misterio de la Fe, que es la Pascua de Jesús, baña con su Luz y su Vida ambas dimensiones -convivial y sacrificial- ciertamente sin "aguarlas", sin "sintetizarlas", pero mirándolas claramente siempre desde la alegría y el gozo pascual. Por eso me gusta la eucología de la acción litúrgica del Viernes: más que nunca, en ese día la Cruz es "exaltada" desde la luz pascual; no celebramos el luto del crimen y la muerte sino la genialidad de Dios que, por medio del "martirio" de Cristo, hizo del crimen y de la muerte, de ese madero infame, el "árbol" de la vida, nuestra "spes unica".
La expresión "banquete de bodas del cordero", del Apocalipsis, me gusta en este sentido: el Cordero en la liturgia celeste es siempre el "cordero degollado", pero que ya venció y está para siempre cabe el trono de Dios: la Iglesia, su Esposa, se embellece (allá arriba, y depende dónde, acá abajo) para celebrar un banquete de bodas, es decir, la alegría de la comunión restablecida, el gozo de la alianza renovada para siempre.
Resumiendo: paradoja sí, y tensión "servanda" entre Banquete y Sacrificio; pero no que eso se traduzca en simetría de "dolor y gozo": la celebración en la Iglesia es Cristo resucitado: el gozo "a-simetra" al dolor, la alegría gana la pulseada (después discutimos cómo se expresa ¡ay! este gozo...)
Bueno, perdón la largura, y dejo para otro día la respuesta a la cuestión litúrgica actual, que me exige más tiempo.
(Ah, y me tomo un atrevimiento con "temor y temblor": ¿puede ser que haya que corregir una de sus expresiones y decir "sub eodem mysteriO"?)
De nuevo, ¡¡muchas gracias!!

Anónimo dijo...

El Athonita dijo:

Sí: gran tema el de la paradoja. Balthasar lo hereda de de Lubac, quien hace un escaneo completo de la historia de la Iglesia sobre el tema. Aunque el asunto es muy patrístico, habría que volver a leer al Cusano para seguramente dar con la fuente común de todos.

La paradoja tiene variados enemigos. El más conocido es el que le hace mutar el “y” en “o”. No obstante, en los tiempos disolventes que corren, más corrosivo que este “o” se ha tornado la tentación de simplemente distender la paradoja fusionando los contrarios en un mismo pastiche (la cultura “minipimer” que le dicen,,,).-
Un ejemplo tremendo (nada que ver con el tema sobre la mesa) es lo que algunos se han empeñado en hacer con el “y” del “discípulos y misioneros” de Aparecida. Nadie peleó por el “o”, pero lograron desmantelar el gozne, el “cardo” dirían los antiguos, el nexo coordinante, promoviendo un discípulomisionero tan invertebrado como eunuco. En la previa, era una pulseada voraz. El Papa termina zanjando diciendo que son dos caras de una misma moneda. El Tucho Fernández –ni lerdo ni perezoso- avisó: ¡dijo que eran la misma moneda! Muchos retrucábamos: también dijo que eran dos caras...

Un bocado sabroso al respecto, de la cocina de Claudel, en sus cartas a Rivière (28.IV.1909) (casi-casi un siglo exacto atrás). Le dirá, aludiendo al Orthodoxy de Chesterton: “la verdad cristiana difiere de las otras doctrinas en esto: no coloca la sabiduría en una especie de mediocre neutralidad, sino en posiciones aparentemente contradictorias, que parecen situadas en las antípodas: alegría y contrición, orgullo y humildad, amor y renuncia, etc. Como el hombre extendido en la cruz, que se encuentra sometido a una tensión extrema, aferrado por una fuerza que tira de él en todas direcciones...”

Pero vamos a la paradoja eucarística: muy buena tu alusión, Cristian, a la fractio panis. Me hizo acordar a la frase que eligió Balthasar para su tarjeta de ordenación sacerdotal: benedixit, fregit, dedit... Muchos años después explicaba cómo estos tres verbos son una suerte de trascendentales convertibles entre sí, fragmentos portadores del todo (ganze) en cuestión.

Vamos a tu aguda objeción: sí, “pascua” es la categoría resolutiva, trascendente –en el sentido metafísico- a la Cena y al Sacrificio. Pero no es sólo “el final del cuento”, sino que todos los fragmentos son portadores de este Todo. La Cena fue Pascua, el Codero degollado sobre el Gólgota fue Pascua, la piedra corrida fue Pascua. No tres pascuas, sino una sola.
Respecto al fragmento intermedio, epicentro del Misterio, yo distinguiría la Muerte de Amor, celebrada ese Viernes, de la Exaltación de la Cruz, celebrada el 14 de septiembre. Si se “inventó” atencionalmente lo segundo, ha de haber sido para que el Viernes Santo pudiera concentrar el foco en el drama en cuestión: la muerte de Jesús.
Y acá viene algo más complejo: creo que la categoría “vida” no es la que asimetra la cuestión. Vos decís: “paradoja sí, y tensión "servanda" entre Banquete y Sacrificio; pero no que eso se traduzca en simetría de "dolor y gozo": la celebración en la Iglesia es Cristo resucitado”. Contesto: creo que la Iglesia celebra al Cristo Muerto y Resucitado, simul et sub eodem mysterio (gracias por lo de la o).-
El Cordero del Apocalipsis está degollado “y” vivo (no como dicen algunos: degollado pero vivo)...
Y es cosa algo distraída en los manuales: Cristo, a diferencia de todos los demás mortales (que sólo pueden pasar un instante por la muerte para vivir –condenados o salvados- por siempre), Cristo conserva como “estado-estable” el estar muerto. Es el Christus Passus (vale volver con fruición sobre la q 73 de la Tertia pars de la Suma).- De ahí que una de las aclamaciones postconsacratorias previstas sea: anunciamos tu Muerte, Señor, hasta que vuelvas.
Salvo por la inmixión, en el Per Ipsum, el “sacramentum et res” quiere mostrar y ofrendar al Cuerpo separado de la Sangre: una en cada mano. La Víctima ha sido inmolado. Es Cristo Muerto, nuestra Pascua. Lo demás, es una cuestión de “concomitancia”...

Creo yo que mors et vita, como dolor y gozo, han de quedar tensadas dentro de la paradoja, hasta la Parusía. No así “fiesta”, que –acepto la corrección- habría de poder ser el denominador común de todos los opuestos y no uno de los contrarios a paradojar.
De todos modos, el componente “asimétrico”, que no admite contrario, sino que mantiene el brío de todos los contrarios, se me hace que es el Amor. Por eso es el Sacramento del Amor, como busca “totalizar” Benedicto en su maravillosa Sacramentum Caritatis. (Algo imperdible y repasable es su discurso al abrir aquel Sínodo sobre la Eucaristía, donde habló justamente de banquete y sacrificio).-
La Eucaristía es todo Amor; es todo Fiesta; es la Pascua del Señor: es Su Muerte y Su Resurrección.

¿No te parece que puede ir por acá, Cristian?
¿Qué opina Ud. don Ruiz?

Ath.-

Natalio Ruiz dijo...

Tímidamente intervengo porque en esta dimensión de la discusión la cuestión va tomando cada vez más altura y no sé si mis alas de ganso me permitan volar mucho más alto.

Esto se pone bueno aunque entiendo que estamos en el costado cultual dejando un poco de costado el pastoral.

No tengo mucho que agregar en un diálogo que tiene cada vez más "logos" comunes.

No obstante, y casi que nada más que para decir algo, creo que estoy un poco más del lado de la paradoja que, ya que ambos mencionan la liturgia del Viernes Santo yo aporto con el "felix culpa" donde lo feliz no quita a la culpa su esencia de tal y su maldad intrínseca. Bienaventurado al que mucho se le perdonó porque mucho ama, no implica la bienaventuranza absoluta del pecador como tal. No sé si me explico. La tensión se mantiene.

En el caso de la Misa es reedición de la Redención y la Redención, en cuanto tal, culmina con la muerte de Cristo, con el sacrificio. Si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra Fe pero porque Cristo no sería el Dueño de la Vida y la Muerte y no habría, propiamente, Redención. Lo cual no quita que la Redención en cuanto tal culmina con la muerte.

Que la Redención culmine con la Resurrección hace a la efectividad de la misma pero no quita que el centro está en el Sacrificio.

En fin, no me animo a decir que estoy en desacuerdo con nadie y no sé si logro darme a entender.

Respetos.

Natalio

Pd: perdonen la interrupción temática del próximo post, pero seguimos aquí hasta el próximo post donde retomo el punto litúrgico.

Natalio Ruiz dijo...

Pregunta que me quedó en el tintero: ¿recibió Cristian mi mail?

Respetos.

Natalio

Juan Ignacio dijo...

Muy pero muy interesante.

Justo que vengo leyendo Ortodoxia eso de "No es combinando mitades sino conjugando enteros... Ante la paradoja, la mayor tentación siempre ha sido el “masomenismo”" me ha sonado muy bueno.

Saludos.

Milkus Maximus dijo...

Estimado Natalio, estimados contertulios (virtuales):

Ante todo debo admitir y avisar que mis conocimientos litugicos no superan en mucho al católico común que asiste a Misa dominical, por tanto es desde esta cuota de ignorancia que me animo a apuntar algunos ítems vistos "desde fuera" del nivel de aportes (muy bueno, afortunadamente) que se viene sosteniendo en este post.

Hasta ahora he podido asistir a misas de los siguientes ritos:

- Novus ordo
- Tradicional (una sola vez, en Cuaresma)
- Sirio-melquita
- Católico-ruso
- Católico-armenio


Podría mencionar que en todos los ritos orientales encontré un mayor ambiente de recogimiento y adoración del misterio que en las misas novus ordo de rito latino. Podría, pero no.

Por empezar mis experiencias de misas latinas son variadas (como que es mi rito nativo, habitual), y como muchos católicos, he visto que da para mucho, de lo bueno, y de lo otro.
Cuando era más joven muchas de estas variaciones me resultaban simpáticas, hasta originales, verdadera expresión de lo que cada asamblea quería manifestar; con el tiempo este criterio fue cambiando, y muchas de estas originalidades me parecieron simples y vulgares abusos. ¿Por qué? Porque me di cuenta que la Misa no es principalmente "una manifestación de la comunidad", sino una manifestación de Dios, la principal, la privilegiada, la real, palpable, y concreta; a una comunidad real y concreta, es cierto, pero exigía de esa comunidad una sana pasividad: la de la escucha y la de la recepción.

Curiosamente, este cambio de perspectiva comenzó, no a través de la lectura de los Padres o de otras fuentes genuinas de la Tradición, sino a través de una lectura meditada y atenta de la Sacrosantum Concilium. Podría haber sido de otra manera, pero fue de esta.

No entendí entonces, ni entiendo ahora, cómo invocando el Vaticano II se puede llegar a los niveles de "viva la pepa" que se ve en algunas parroquias. Para mí, francamente, el Concilio no ha sido el problema, ni mucho menos. Al lado de gigantescas payasadas, he visto Misas novus ordo dignísimas, cuidadas, y que realmente lo elevaban a uno a un sentimiendo de lo sagrado muy profundo; pero eran, o casualidad, las Misas que menos obsecuencia con lo "local" tenían; aquellas que referían permanentemente en sus formas y en sus contenidos a algo "más allá" que se dejaba entrever "hacia acá". Y debo admitir, medio a regañadientes (presumo de ser sanamente anticlerical), que todo lo cuidado de esa liturgia se debía a algún sacerdote bien formado que se ocupaba del tema. Tal vez no sea el único factor. Yo sólo relato lo que viví.

Esto mismo, yo lo había visto más "connatural", de alguna manera, en los ritos orientales, lo cual me hacia considerar a veces -engañosamente- si no era en realidad la liturgia oriental la única que conservaba esa fuerte "religatio" natural en sus formas. Hasta que pude asistir a una Misa tradicional.

Y acá aclaro: tendría que decir que encontré en la Misa tradicional esa dignidad natural que yo encontraba en los ritos orientales, que por fin hallé esa faceta de sacrificio sobrenatural que en el rito latino se ve reducido a veces -casi- a una especie de "cena de camaradería", y en cierto modo fue así, pero fue precisamente la Misa tradicional la que me hizo reconsiderar aún más las bondades del Novus Ordo, y no ciertamente por oposición a la Misa tradicional, sino todo lo contrario.

Me explico.

Es cierto que si nos ponemos en plan de "encuentre las siete diferencias" Novus Ordo/Misa Tradicional son, francamente, misas distintas. El carácter de banquete y ágape es clarisimo y manifiesto en la primera; y el carácter sacrificial laudatorio es elocuente en la segunda (no hablo de diferencias químicamente puras, obviamente) Pero -y aquí guiño a la paradoja que mencionan Cristian y el Athonita- una Misa Novus Ordo, desde mi humilde punto de vista, puede injertarse en el centro de ambas, no como término medio, sino como lugar de tensión entre ambos términos, y como manifestación de la cena/sacrificio. El tema es que, mientras que pre-concilio la dignidad que colaboraba al sentido de la Misa estaba garantizada por una rúbrica meticulosa y clara (lo cual para mí es mérito, no problema); post-concilio el tema ha quedado -porlo que veo como fiel de a pié- librado en muchos aspectos al libre arbitrio de celebrantes y comunidades. De ahí que, nuestra Misa católica, en su versión novus ordo, despliega variedades de modos de celebrarla tan distantes unas de otras, que uno a veces se pregunta si no se equivocó de iglesia y se metió en la comunidad evangélica, adventista, o luterana del barrio.

Para uno, que ya tiene un cayo en el alma y es capaz de bancarse cualquier cosa porque Dios le da la gracia de entender que lo importante es que ahí está de nuevo Cristo, estas distorsiones (vamos, que ya no son nisiquiera variaciones) puede llegar a ser hasta un interesante ejercicio de ascésis; pero para un católico poco formado, mal formado, un neófito, o un transeúnte casual, el tema puede alimentar, y me consta que alimenta, confusiones.

Yo no reniego de la Misa tradicional, que poco conozco; ni estoy dispuesto a dejarme seducir por el esplendor estético de la liturgia oriental, por eso creo que es importante prestar mucha atención a la recuperación de la tradición y del mismo concilio que está haciendo Benedicto XVI. Va lento y a los tropezones, es cierto, pero hasta ahora, todas las cartas que sacó de la manga, me indican que el Santo Padre tiene póquer de ases.

Y acá me detengo: prefiero seguirlos leyendo a Uds.

Mis parabienes.

Cristián Dodds dijo...

Respetado Athonita, y respetado Natalio:
Athonita: Gracias por su respuesta: me impresiona su erudición. Me hace acordar a mi amigo el P. Edu Mangiarotti, y me obliga a pensar dos veces cada cosa que le escribo...
Algunas de sus observaciones en su postrer comentario me exigen desempolvar un par de libros antes de responderle.
Pero puedo retrucarle una cosa al menos.
Ud. menta una de las posibles aclamaciones "anamnéticas" de después de la consagración: "(...)anunciamos tu Muerte, Señor, hasta que vuelvas", para mostrar que no sólo celebramos al Resucitado sino también -simul et sub eodem mysterio- a Cristo muerto, pues según el de Aquino éste conserva establemente su estado de muerto (todavía no fui a chusmiar la Summa). Me encantó lo del Amor como la realidad "meta-paradojal". Con todo, sigue pareciéndome que ese amor es el "ganze" misterio pascual: no veo claro que alguna vez la Iglesia celebre nada independientemente de la Pascua: se celebra la muerte, pero, para seguir con los latines "sub luce Paschae", y nunca sin ella. La aclamación eucarística que Ud. trae es la más fiel al texto de 1 Co: "anunciáis la muerte del Señor hasta que vuelva". ¿No se menciona la resurrección? No la palabra, sí la realidad. Porque cuando Pablo dice "la muerte del Señor (Kýrios)" está "paradójicamente" diciendo lo mesmo que: la muerte del Resucitado. Decirle "Kýrios" a Jesús es hablar de Cristo resucitado, que fue "constituido Hijo de Dios con poder por la resurrección", como dice el Apóstol en Romanos. Aplicarle a Jesús el título privativo de YHWH (Adonai, Kyrios) es el resumen del kérygma cristiano (p. ej. Fil 2) que nadie puede decir "sin el Espíritu Santo".
Entonces, celebramos la muerte, sí, pero la muerte de alguien que ya está resucitado, el Señor Jesucristo.
Lo mismo se me ocurre con la mirada sacrificial del pan y el vino separados. Comparto esa mirada, pero creo que es secundaria con respecto al simbolismo "de comida y bebida", donde el hecho que estén separados no causa ninguna sorpresa, es natural. Desde esta mirada, lo sacrifical está en lo "partido" del pan, en lo "entregado" del cáliz... Pero asumiendo, como lo hago, esta aspecto sacrificial del pan y el vino separados, y aplicándolas a la doxología final "per Ipsum...", no veo por qué ahí se trate de Cristo muerto "en acto", digamos. Es "signo" de la muerte cruenta que separa cuerpo y alma, sí. Como lo es el cogote abierto del Cordero en el trono, como lo son, sin muchas más vueltas simbólicas, las llagas del Resucitado que se aparece y las muestra para que digamos, como el domingo pasado: "Señor mío y Dios mío". Signos de la muerte en un Cristo que "ya no muere más porque la muerte no tiene ya poder sobre él".
Hasta ahí retruco a dos de sus argumentos. Pero le debo los demás.
Le digo lo que pienso con otras palabras: nunca celebra la Iglesia la cruz, la muerte -¿cómo podría siquiera pensar hacerlo?- sin la Pascua. Pero no termino de ver que sea un "simul" paradójico, dado que la Pascua es la desembocadura y el sentido de la cruz. El único Misterio, el "mysterium fidei" es muerte y la resurrección, el misterio pascual.
Aquí entra el profundo tema que sacó Natalio: ¿podemos decir que "la redención en cuanto tal culmina con la muerte de Cristo en la cruz"? Justamente de ESO se trata. A mí me parece que no, que eso no puede decirse. El sacrificio de Cristo INCLUYE la resurrección: no sería sacrificio verdadero, y menos eficaz, sin la resurrección. Porque todo sacrificio supone un "a quién" se ofrece, y ese quién es Dios Padre. La prueba de que la ofrenda llegó, fue agradable a Dios es la resurrección. Sólo entonces hay sacrificio. Cuando Hebreos dice que Jesús entró en el Santuario como el verdadero Sumo Sacerdote, deja claro que el Santuario es el Cielo: si Cristo queda muerto, si no es recibido -devuelto a la vida-por el Padre, no hay redención. La frase de Pablo "vana es nuestra fe" es rigurosísima: no podemos aguarla. La Resurrección de Jesús, no sólo su muerte, es redentora, es "pro nobis", como dice Rom 4, 25 "resucitó para nuestra justificación". Además, el Misterio Pascual celebrado en la liturgia es más amplio que sólo redención: es también nueva creación, como esplendorosamente queda visto en la Liturgia la Vigilia Pascual.
En síntesis, y como axioma metodológico, creoq que el Misterio Pascual es un carozo "átomo", indivisible. Las sutilezas y acentos teológicos no deberían llevarnos a aislar del Todo sus componentes: cruz, por un lado, resurrección por otro, etc. Cuando la liturgia del Triduo Pascual parece hacerlo, cediendo a la dimensión mimético-dramática en realidad nunca deja de celebrar la Pascua, y eso, además de en la eucología, queda claro en la Misa del Jueves, en la Comunión del Viernes, en la liturgia de las horas.
Pero sinceramente no creo que en esto estemos en desacuerdo alguno: sin Pascua no habría posibilidad de "actualizar" ningún misterio: solo "per Christum Dominum" por el Espíritu filial que en su Pascua (Jn 20, 20) nos regaló tenemos acceso al Padre, etc. No pretendo ni de lejos sugerir que alguno de uds. esté negando la Pascua, como el fervor de mis argumentos podría dar a entender...
Este me parece un tema muy importante, que tiene "mucha miga".
Saludos, y gracias por poner la oreja...

PD.: No había leído lo de "domesticar". Ahí tengo otra diferencia sabrosa con Ud, Athonita. En mi blog, al que pedantemente me remito, escribí in contrario sensu a su comentario un articulillo: "Navidad o el elogio de la vulnerabilidad". Si gusta pasar...
Natalio: espero con ansias su revelación: mi mail es orapronobis@argentina.com

Natalio Ruiz dijo...

Tengo una beba en brazos por lo que poco puedo escribir, pero es para decirle a Cristian que mandé el mail hace dos días.

Respetos.

Natalio

Natalio Ruiz dijo...

Estimado Cristian:

Como bien dice, jamás negaría la Pascua; Misterio central de nuestra religión.

Sin duda la Resurrección es lo que determina la que hace a la eficacia del Sacrificio porque sin Resurrección no sería Dios, sin Dios no se produciría el misterio salvífico etc. No lo niego, ni niego que miramos el Sacrificio desde la Resurrección y por eso celebramos el Domingo y no el viernes, y por eso decimos que el Domingo es el día que hizo el Señor y todo ello. Todo este es también el sentido de la expresión paulina que cité y que dice (en algún modo y sin ofenderme) que termino acuándolo.

Ahora, sin negar nada de lo dicho que es lo que pone en perspectiva todo lo demás, la realidad es que la misión de Cristo en el mundo es específica: quitar el pecado del mundo. Cristo, como cordero, es el que quita el pecado del mundo y ¿cómo lo quita? Mediante la muerte (no la Resurrección que, como tal, es imprescindible para la eficacia del Sacrificio aunque no es ella la que redime). Por eso el signo del Cristiano es la Cruz y no la Sábana o la blancura. Nuestra redención está en la Cruz, en ningún otro lado.

Entiendo también que esto da lugar a dos planteos teológicos que tienen infinidad de símbolos. Le pongo dos como ejemplos de dos posturas al respecto. El Via Crucis tradicional fue modificado por Juan Pablo II donde lo hacía culminar con la Resurrección ¿por qué? Porque entendía que completaba la Redención aunque toda la Tradición entendía lo contrario. Otro símbolo pequeño de dos teologías es la cruz sin Cristo como símbolo del Cristiano, la tradicional (en cuanto símbolo, no genéricamente) es con Cristo la otra perspectiva entiende que es la cruz vacía porque Cristo resucitó.

En fin, es largo, pero creo que la centralidad de la Misa pasa por ese costado.

De nuevo con bebé. Después contesto a Milkus y a Juan.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

el athonita dijo,

Se nos va abriendo –o floreciendo- el asunto en un abanico difícil de recolectar.
Digo un par de cosas inconexas, salpicando respuestas:

Las categorías metaparadojales, a mi entender serían 3: la fiesta, el amor y la pascua. Todo lo demás, nimba coincidiendo sus opuestos. De modo eminente: mors et vita.-

Habría que buscarle la sintonía fina a esto: la Muerte es Pascua; no su antesala. San Juan ayuda a verlo así. Es un error (o al menos, una babelización del lenguaje) univocar pascua y resurrección. El Triduo es Pascua: cada parte y su todo.
Y a esto otro: Cristo murió una sola vez, para siempre. El “una sola vez” alude a la acción misma de morirse. El “para siempre” alude al estado de estar muerto. Cristo no “vuelve” de la muerte (como Lázaro): sino que la atraviesa y la “permanece” hasta que el último de nosotros “pase” por ese trance.

Una joyita del Catecismo: el 1085 (se lo debemos al gran libanés Jean Corbón ): lo pasteo: “Cuando llegó su Hora (Cristo) vivió el único acontecimiento de la historia que no pasa: Jesús muere, es sepultado, resucita de entre los muertos y se sienta a la derecha del Padre "una vez por todas" (Rm 6,10; Hb 7,27; 9,12). Es un acontecimiento real, sucedido en nuestra historia, pero absolutamente singular: todos los demás acontecimientos suceden una vez, y luego pasan y son absorbidos por el pasado. El misterio pascual de Cristo, por el contrario, no puede permanecer solamente en el pasado, pues por su muerte destruyó a la muerte, y todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente. El acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección permanece y atrae todo hacia la Vida.”

Por eso, Cristian, tendría ojo con esta frase tuya: “celebramos la muerte, sí, pero la muerte de alguien que ya está resucitado, el Señor Jesucristo.” Ojo, pues no fue un mero “mal rato”, ya pasado. Se ha arremolinado el Tiempo sobre el Gólgota hasta la Parusía,,,

Y ojo con esto: “la Pascua es la desembocadura y el sentido de la cruz”: sí, siempre que el sentido (direccional más que axiológico) de la Cruz no sea sobre la horizontal del Cronos sino del Kairós, y sea “in” Cruce –cual armario a Narnia- por dónde accedo a la Vida. “En la Cruz está la Vida y el consuelo” dice el poema teresiano. Es un ubi (que se desfonda en Cielo), más que un ‘momento negativo’ de una dialéctica intrahistórica.

Muy bueno el aporte de Milkus. Sólo me pregunto (sin retórica) si en verdad el Novus ha logrado expresar el Banquete con un solo comensal de un lado del mostrador y todos los demás comensales alejados de la mesa, dándose todos la espalda entre sí,,,. Con que el objetivo era de los más astringido, para colmo, ni por eso se logró... Tampoco creo que el modo antiguo llegara a los 60 con una dicción nítida del Sacrificio. Como dice Natalio –y creo que es el tema central del que nos hemos ido alejando (por culpa mía)- hay un conflicto pastoral o semiológico que no se ha logrado resolver en los 70 años que el tema lleva sobre el tapete... ¿Cómo “decir” ritualmente el misterio a celebrar?

Y a lo último de Natalio: tal vez un ajuste posible: Cristo vino para divinizarnos. Hay un tollendo y un ponendo. Quita el pecado (sanans) y nos da la Vida de Dios (elevans). En esto, su rol como Primogénito de la Nueva creación explica que vivamos de este Octavo Día.-


Ath.-
ps: y lo reto, don Ruiz: un otoñal sábado matutino, con ese Sagrario entre los brazos,,, qué mal que hace en prender la computadora!!! Eso va contra las rúbricas litúrgicas de esa otra Liturgia, sacratísima, de su sacerdocio bautismal... ¡celebre con dignidad!!!

Cristián Dodds dijo...

Estimado Athonita:
Siento que me flaquean las "fuerzas dialécticas" ante su sabiduría.
No voy a decirle que me quedo del todo convencido, pero sí que ya no me da para seguir argumentando, ni para retrucarle, al menos antes de leer un poco más. El punto del Catecismo que menciona es uno de los que más me gusta y divulgo cuando tratro de difundir el gusto por la liturgia, pero nunca lo había pensado desde este tema que estuvimos discutiendo.
El tema de la "permanencia" del estado de muerto de Cristo simul co su estado de resurrección, aunque me cuesta, la entiendo más tomando en consideración al "Christus totus", considerando lo que nos falta vivir a nosotros peregrinantes: "lo que falta a la pasión de Cristo en nuestra carne" hasta la Parusía, hasta que se complete el número de los elegidos... Pero me cuesta pensarlo de la Cabeza en quien la muerte ya ha sido vencida... pero insisto: siento que debo por ahora hacer un poco de silencio y pensar mejor lo que me estuvo enseñando: me interesa y conforma lo de considerar la Pascua como otra realidad "metaparadojal", y lo de no identificar pascua con resurrección.
Me pareció lucidísima su observación acerca de cómo deba entenderse lo de la Pascua como "desembocadura", con el riesgo de interpretarla como dialéctica inmanente, y la comparto con fuerza.
Pero me quedo con ganas de que me rebata los argumentos que le esgrimí antes, y que me diga qué le parece lo que discutía con Don Natalio (y Ud. también, amigo -ahora conocido- Don Natalio) acerca de dónde puede decirse que concluye el sacrificio redentor (y celebro nuestro acuerdo con respecto a la dimensión positiva, de plenitud, de 8º día).
Más tarde le sacaré otro tema respecto de la liturgia actual y a la frase de mi admirado el finao Aldazábal del CPL.
Gracias por esta quaestio disputata. Ya voy a ir aceitándome en la dialéctica. Si hay algo que me admiró siempre de uds. cuando me tomaba el tiempo de leer los comentario en Wanderer era ver precisamente esta gran capacidad.
Todos mis respetos, y seguimos "entrando en la espesura".
¡Feliz Día del Señor muerto y resucitado!

Anónimo dijo...

Gracias Cristián.-
No hay sabiduría.- Pero largo sería explicarlo acá, y no es el tema.-
No retomo ni retruco, pues prefiero que lo haga Natalio, moderando las pausas y retomadas.-
Pero parece que se tomó muy a pecho mi recomendación litúrgica,,,
O está muy concentrado en el River-Gimnasia... Pueda ser que en el segundo tiempo mis velas prendidas manifiesten su efectividad.-

Me ha gustado la palabra "retruco" que seguramente para la RAE sea una suerte de replicar, pero que en nuestro argentino dice tan bien lo que venimos haciendo: ir por más, doblar la apuesta,,,

Abrazo dominguero,

el Athonita

Tito... dijo...

No se me da demasiado bien andar repartiendo alabanzas, mucho menos en lo que se refiere a cuestiones religiosas y/o intelectuales. Por eso no lo voy a hacer, aunque estas conversaciones se lo merezcan.

Athonita: me queda un pequeña duda acerca del "murió una vez y para siempre". Entiendo que lo interpreta como "hasta el fin de los tiempos" o algo así, que sería menos inclusivo. ¿Hay algo que justifique esa intepretación?

Saludos para todos

Natalio Ruiz dijo...

Después de mi descanso de Shabat ordenado por el Athonita (aunque lo cumplí en Domingo porque con Cristian festejamos la Pacua :)) vuelvo y contesto.

Juan Ignacio: gracias por la visita y el comentario. No dude en intervenir más que esto, de algún modo, continúa y reedita las "litúrgicas" de su blog.

Respetos.

Natalio

Natalio Ruiz dijo...

Gracias Milkus por su comentario.

Mucho me alegra su participación virtual y agrego para los demás que es uno de los pocos con el cual puedo seguir las conversaciones fuera de la virtualidad y, además, es compañero en nuestro "tour litúrgico". Por ello, me alegra en particular que los demás escuchen también opiniones que uno escucha en directo.

Con relación al comentario, me quedo con una frase que muestra una de las concepciones que quería señalar en el post anterior y se retomará en el siguiente: "Porque me di cuenta que la Misa no es principalmente "una manifestación de la comunidad", sino una manifestación de Dios, la principal, la privilegiada, la real, palpable, y concreta; a una comunidad real y concreta, es cierto, pero exigía de esa comunidad una sana pasividad: la de la escucha y la de la recepción."

Respetos.

Natalio

Natalio Ruiz dijo...

Estimado Athonita:

Como bien dice (y ya me pasaba desde unos comentarios más arriba), la cuestión ya estaba un poco dispersa.

Por ello contesto sólo dos cosas.

Estoy de acuerdo con su ajuste en cuanto a que Cristo vino a divinizarnos. Pero ese destino había sido dado en el principio y fue perdido "por" el pecado. Cristo, con el valor agregado de su Redención y humanización, nos vuelve al estado y promesas "pre-pecado". Por tanto, basta decir para que cierre la ecuación: "es el Cordero que quita el pecado del mundo".

En cuanto al reto lo acato. Como simple defensa gremial le aclaro que para quienes vivimos con pequeños "sagrarios" no existen tiempos libres. Uno vive "robando tiempos" al trabajo, a la familia, a Dios, etc. Hay puntos donde debemos congeniar y duplicar los pocos minutos que nos quedan.

Igual, jamás perdería mi tiempo viendo a River... (es profanar el Domingo).

Respetos (no futbolíticos).

Natalio

Anónimo dijo...

the Athonite said,

i’m not so sure,,, me pasé el día hospitalando a un obispo australiano, y me quedó la lengua algo abritanada,,,

Digo, q no estoy tan seguro de que la divinización del hombre fuera el plan original. Los Padres y la misma Escolástica no están todos de acuerdo.
Ya que saltó el ‘felix culpa’ del Exultet, me pregunto si no: por qué “feliz” si el plan era el mismo con o sin culpa?
Sin la Encarnación no es económicamente factible ejecutar la divinización del hombre. Sólo porque Dios se humana, el humano puede tornarse dios... no cierran las cuentan si no (León Magno, era?).-
La alternativa es sospechar que el Verbo se hubiera encarnado de todos modos (por aquel Cordero predestinado desde antes de la Creación del Mundo, de la Carta de Pedro), pero es un tiro medio alto,,,
Lo cierto es que la Gracia sana (del pecado) y no nos deja en la misma situación natural, si no que, tras ello, nos eleva a la condición divina.
Donde abundó el pecado, "sobre"-abundó la gracia: he ahí nuestra divinización.- Los dos Adanes de Romanos,,,

De todos modos, y cada vez peor, se nos está diversificando demasiado la cuestión,,, espero el nuevo post para ajustarme a debatir lo específicamente enmarcado. Sin hacer ni trampa ni lío.-

Ath.-

Natalio Ruiz dijo...

Es verdad que la cuestión se ha desmadrado un poco, pero me resulta interesante el punto (y puede ser retomado en el futuro por alguien con coraje).

Que el hombre antes del pecado original estuviera en estado de gracia es comunmente admitido y enunciado por Trento.

En cualquier caso, en las cuestiones complicadas, y siguiendo el consejo magisterial, lo sigo a Santoto que es muy claro al respecto en todo el artículo 95, de la 1ra parte de la Suma. Incluso en la introducción de la edición de la BAC a las cuestiones sobre el estado de inocencia se pueden ver varias citas sobre el fin sobrenatural del mismo Santoto. Copio una: "Más el fin al cual el hombre fué ordenado por Dios excede toda facultad de la naturaleza creada, el cual consite en la visión del mismo Dios, solamente connatural al entendimiento divino".

Por otra parte es el sentido de los término paulinos "reconciliación", "restauración", "Nuevo Adán", etc.

Acerca del cómo se hubiera hecho (si el Verbo igual se hubiera hecho carne) se lo dejo a Dios porque en cuestiones de prudencia providencial estoy frito.

Respetos y ya vendrá el próximo post (cuando tenga un poquito más de tiempo).

Natalio

Terzio dijo...

De los de Pascua, me gustan especialmente estos dos prefacios del Misal ordinario, el 3º y el 5º:

IIIºVere dignum et iustum est, aequum et salutáre:
Te quidem, Dómine, omni témpore confitéri,
sed in hoc potíssimum gloriósius praedicáre,
cum Pascha nostrum immolátus est Christus.
Qui se pro nobis offérre non désinit,
nosque apud te perénni advocatióne deféndit;
qui immolátus iam non móritur,
sed semper vivit occísus.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis,
totus in orbe terrárum mundus exsúltat.
Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes
hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus...
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre:
Te quidem, Dómine, omni témpore confitéri,
sed in hoc potíssimum gloriósius praedicáre,
cum Pascha nostrum immolátus est Christus.
Qui, oblatióne córporis sui,
antíqua sacrifícia in crucis veritáte perfécit,
et, seípsum tibi pro nostra salúte comméndans,
idem sacérdos, altáre et agnus exhíbuit.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis,
totus in orbe terrárum mundus exsúltat.
Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes
hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus...
No son "perfectos", pero se aproximan bien al Misterio y exaltan bien lo que cantan. El Misterio es más, y más "misterio" en cuanto nos incorpora/incluye sacramental y ónticamente, a nosotros pecadores, porque el Misterio ha ocurrido propter nos homines et propter nostram salutem, bendito sea Dios!

'

Natalio Ruiz dijo...

Gracias Terzio por el comentario y su siempre erudita visita.

Con poquitas palabras (propias) metió el dedo en la llaga del problema.

Veremos cómo se termina de plantear.

Respetos.

Natalio

Anónimo dijo...

sí, en la llaga, y Llaga gloriosa. El "semper vivit occísus" (sacrificado, vive para siempre) es la lira templada, con cuerda estirada... ¡qué bella expresión!

Ruiz: ¿hasta cuándo el recreo? Nos vamos a olvidar de la trama con un corte tan largo,,,

el Athonita

Natalio Ruiz dijo...

Ya vamos, estamos con pueri enfermedades y alguna urgencia laboral pero ya viene....

Respetos.

Natalio

Cristián Dodds dijo...

Estimados: vuelvo a la carga
Justamente hoy, en el Semianrio, rezamos el Prefacio que Ud. mencionan, y me quedé pensando: por un lado "se pro nobis offerre nos desinit", pero después dice "immolatus iam non moritur; sed vivit per semper occisus". De acuerdo con la tensión y el equilibrio perfecto de estas frases. Pero sigo sin ver (y le pido al entendido Athonita que trate de explicarme la cuestión desde estos mismos textos) que dejen en un plan de igualdad o de simetría (aunque sea hasta la Parusía) la muerte y la resurrección: las dos oraciones, claramente construidas en paralelo "sinonímico", tienen esta peculiaridad: mantienen la presencia indiscutible de muerte y resurrección, pero a mi ver no las dejan en simetría perfecta: de ahí que los dos únicos verbos conjugados, los dos verbos en "presente" sean "vivit" y "non moritur". "Occisus" e "immolatus" son dos participios pasados -aunque se tomen correctamente como "resultativos", con consecuencia en el hoy, pero la diferencia entre los "verbos de muerte" y los "verbos de resurrección" es elocuente en este texto. (Gracias Terzio por brindarnos el texto típico).
No me parece fiel traducir "vive para siempre muerto", así sin una coma después de siempre que dé cuenta de la alteración del orden lógico. La construcción en paralelo basta para saber que el sentido de los dos participios es idéntico, y que la posposición del "occisus" no obedece sino a un hipérbaton que enaltece y embellece la cosa (de hecho, la traducción actual lo pone antes del verbo).
No creo estar cerrado, pero necesito más evidencias para poder estar de acuerdo: hasta ahora todos los argumentos eucológicos y litúrgicos (de elementos de la celebración) no me convencieron.
Todo en el único y metaparadojal "gaudium paschale". Gracias de nuevo

Eduardo Mangiarotti dijo...

Alguien que nos puede ayudar en esta línea es uno de mis autores amados, F.X. Durrwell. Me animo a pensar que el Athonita lo ha leído, ¿no es cierto? Por lo menos para mí fue el gran introductor en la cuestión del sacrificio y de la muerte de Jesús (junto con Vanhoye).
Quizás lo que falta acá como integrador de la paradoja, es el Espíritu. Como diría un profesor (de Cristián y mío) "se extraña el Espíritu". Él es quien articula sacrificio y resurrección. El mismo Espíritu en el que Jesús se ofrece (Hbs 9, 14) es el que lo resucita. La resurrección tiene tanto valor salvífico como la muerte. En la muerte de Jesús vemos rasgos de resurrección (sobre todo en Juan) y en su resurrección sigue siendo el crucificado. Las heridas ahora están llenas de luz y serenas... pero siguen siendo heridas. En fin, acá será cuestión de perseverar en la paradoja, como muy bien dijo el Ahtonita. ¡Qué buena cita!

Anónimo dijo...

Soy laico y biólogo. Tengo el privilegio de poder adorar a Dios en su Creación, todos los días, en mi trabajo. Pero para que la envidia no les pique tanto, les cuento que mis alas son a lo sumo de ganso (como las que declara Natalio Ruiz), y mi pluma se mueve con facilidad sólo en estratos bastante más bajos que los del monje o el seminarista.

Comento algunas cosas dichas como comentario a la homilía del Athonita:

1. Sí, creo que hay en muchos un deseo de salirse de madre y de crear una versión empobrecida del rito latino. Voy con cierta frecuencia a una iglesia (estando fuera de mi diócesis) en que el sacerdote jamás se pone casulla, se prende una sola vela para la misa (tamaño apagón, y de parafina bien blanca, como para que se note que NO fue elaborada “por la madre abeja”), y lo peor (por lo menos para un mendocino) ¡el vino que consagra es Tetra-brick blanco!
2. Contra eso, creo que no basta celebrar la misa como es debido. Se necesita ejercer una catequesis litúrgica que le haga degustar a la gente la Belleza (¡tiene tanta razón el Athonita!) de la Liturgia. La ocasión puede ser la del mismo guionista antes de la misa (yo mismo lo he hecho en nuestro Santuario de Schoenstatt en La Puntilla). Ahora, claro está, hay que hacer algo vivo, que despierte a la gente, no leer un “Hoy es el domingo décimocuarto…”. Me pregunto –y pregunto al amable entorno- el mismo celebrante no podría intercalar en la celebración (con sabia mesura, y hasta en voz más baja), algunos “Ahora voy a hacer esto…”, o “Ahora vamos a hacer esto otro…”. No me peguen, sólo preguntaba…
3. Coincido con el Athonita: no se puede “amansar” el Misterio. La Zarza Ardiente no es una estufa a la que se le pueda bajar el gas. Ante “El que Es”, sólo cabe sacarse espiritualmente las sandalias, y contemplar-Lo. Pero esto no debe oponerse a que, además, el pastor se ocupe de que sus ovejas lo entiendan (por eso les hablaba de la necesidad de una catequesis litúrgica, y también viene a cuento lo que sigue).

Para terminar, ¿puedo compartir con ustedes una perla recogida en el suelo (que es por donde andan los gansos cuando no vuelan ni nadan)? A un joven que pretendía ingresar a una universidad mendocina se le preguntó qué era la fe (supongo que como parte de un interrogatorio de “cultura general”), y él contestó: “Es lo que Dios nos da para entender lo que dicen los curas”. Después de la risa inicial, y de preguntarme quién había hecho esa pregunta en ese contexto, la respuesta dada por ese “producto” de nuestro sistema educativo me dejó pensando: Había barruntado algo correcto, que la fe es una virtud infusa (cosa que el común transeúnte no sabe) y hasta había en su respuesta una reminiscencia de aquella vieja definición del catecismo que aprendí de memoria en mi niñez (“el asentimiento a lo que … la Iglesia nos propone”), pero ese adolescente/joven lo había traducido en términos de su propia realidad: él quería, pero no podía, entender a los curas.

¡La gente no entiende lo que dicen los curas! ¡Tampoco entiende lo que decimos los laicos “comprometidos”! A Pedro, el Espíritu lo suplió en la mañana de Pentecostés (Shabuot, en hebreo, como me he informado en este mismo blog), pero no podemos contar siempre con eso. Pablo tuvo que esforzarse para que lo entendieran los atenienses, y ni siquiera le fue demasiado bien. El episodio de Babel (Gén. 11) –leí alguna vez- sería el equivalente, en la tradición “sacerdotal” (priester, tenía que decir algo en alemán), de lo que es la Caída en la tradición “elohísta” de Gén. 2 (el popular “relato de la manzana”).

O sea ¡nuestra naturaleza está herida en la capacidad para entenderse! Si a alguien le queda duda, puede ver la más o menos reciente película “Babel” (desgarradora).

Y si a ustedes no les molesta, espero que nos sigamos viendo (leyendo). Como dice el Jefe, mis respetos,

Don Parresio