lunes, 26 de octubre de 2009

La duda que aleja


A pedido del público..... vuelve el cine comentado. En realidad, vuelvo a usar una película como "lanzadora" de un tema.

Hace un par de días vimos, con mi inigualablemente bella esposa, "La duda".

Varios la habían recomendado y aparecía como uno de los "pendientes".

Como Jack (el destripador, no Lewis ni Tollers que podrían ser lo mismo pero no) vamos por partes: primero la película, luego el tema.

* * *

Hay que reconocer que uno está tan acostumbrado a ver estupideces que no se puede contener cierto entusiasmo cuando la cosa empieza con linda música, bellas tomas, lindos lugares, etc.

Los actores están excelentes aunque en diferentes medidas: Meryl Streep descomunal como siempre; la monjita jovenzuela no pudo estar mejor elegida; y el amigo ex Capote es un poco más complejo de juzgar (aún para un cineasta experto como uno....): es hasta conmovedor en sus diálogos, discursos y expresiones verbales aunque en los gestos físicos sigue siendo el mismo adolescente rebelde de "Perfume de mujer".

Ambientación, música, diálogos, contexto y otras cosas: muy bueno.

Tiene varias cosas que no me gustaron (y debo decir que tiñen todo lo bueno que la película tiene). Si bien son muchas, se pueden resumir en una cortedad estúpida e ignorante en la visión religiosa (de un lado los que se esfuerzan en la virtud, en el cuidado de la vida exterior, etc. y luego son fríos y malos; mientras que del otro son medio licenciosos, relajados y despreocupados pero tienen una interioridad formidable).

¿Se entenderá algún día que en la gran generalidad hay componentes de lo uno y de lo otro (de hecho Lutero quiso ser remedio y terminó siendo más enfermo)? ¿Se entenderá que la Edad Media lejos de ser una sombra es la gran luz de la Iglesia Católica? Y muchos ¿se entenderá algún día? más...

* * *

La monja representada por Meryl Streep repite varias veces una frase que, de memoria y traducida, viene a decir algo como: "para acercarse a Dios a veces hay que alejarse de Él".

Hay una idea recurrente en este blog (donde descubrimos también una fina sintonía espiritual con el Athos) que puede verse en los post "Necesidad de sed" (principalmente) y "Sedienta excomunión" (casi como una derivación). También mi madre en estos tiempos andaba maravillada al escuchar, también del Athos y en el mismo sentido, la necesidad de ponerse en "ausencia de Dios" al comenzar a rezar.

Aunque los enunciados parecen semejantes las ideas tan distintas como irreconciliables entre sí.

Y justo ayer lo escuchaba al presidente David Palmer (24) decirle a su novia: "a veces para hacer lo correcto hay que recurrir a cosas incorrectas" a lo que ella le responde: "en política puede ser, pero hay un límite que es la materia moral..." (de nuevo, los diálogos son traducidos y de memoria).

La diferencia es que una no implica "alejarse" sino reconocerse y saberse "lejos" para, desde allí, acercarse. La otra implica un "alejarse" para....

Y uno puede cantar el Viernes Santo "felix culpa" o "alegrarse de la miseria que llama a la Misericordia" o "de haber pecado mucho porque amaremos mucho...." pero no puede "querer cometer el pecado original", "convertirse en un miserable" o "pecar a mansalva" para lograr los mismos resultados.

La diferencia parece sutil pero es abismal.

Y hay que admitir que es una tentación recurrente para nosotros y todas las líneas católicas (desde grupos o congregaciones a personas individuales).

Así es frecuente ver (digo como plan sistemático, no como salida de emergencia ante un caso concreto que, además, no sería evasión) evadir "para" hacer caridad, violar "confidencias" por el bien del grupo o congregación, difamar "por su propio bien...", quedarse con cosas ajenas para ofrecerlas a Dios, las "mentiras piadosas", etc. etc. etc. De hecho las grandes "muestras" de anticatolicidad suelen "mostrar" ejemplos muy concretos al respecto (pienso, por ej., en la fatídica muestra de León Ferrari en Buenos Aires).

Estamos llamados, como nos recordaba hace poco el amigo Cristian, a "ser perfectos como el Padre Celestial". Y lo perfecto es lo que no defecciona en ninguna de sus partes. En materia moral, para que el acto sea bueno debe ser "todo bueno". Si algo es malo (la materia, las circunstancias, el fin, etc.) el acto es malo.

Y como solemos machacar aquí: lo malo, además de malo, es feo.

Como corolario de estas ideas que parecen tocarse aunque en realidad se repelen les dejo un texto de Kierkegaard que me vino a la mente al pensar estas cosas (que los expertos en el Danés como Mary, Ruth o el Athos corrijan la traducción de mi pobre y rústica edición):

"Alejado todo lo posible de Dios, el hombre puede hacerle oír ese: ¡No!, que sin embargo quiere a Dios como una especie de viril muerte. El hombre nunca es tan familiar a Dios como cuando está más lejos de él, familiaridad que no puede nacer más que del alejamiento mismo; en la vecindad de Dios, no se puede ser familiar y si se lo es, se encuentra en ello el signo de que se está lejos de él. ¡Tal es la impotencia del hombre en presencia de Dios! La familiaridad con los grandes de la tierra produce el peligro de ser arrojado lejos de ellos; pero no se puede ser familiar en relación a Dios más que alejándose de él."

Natalio

viernes, 16 de octubre de 2009

Cruzando las fronteras de la poesía


Ya que Natalio sigue remolón,,, renuevo mi tarea de telonero y les ofrezco aquí lo que fuera el Prefacio a un poemario eucarístico —Pan y Vino—, de cuyo contenido algunos versos anduvieron paseando por este blog.

Hay algo en la pretensión de este poemario que me atrevo a llamar —aunque el término esté por demás erosionado— abismal. Un extraño vértigo acontece (pues el vértigo ocurre) al caer en la cuenta de la... ¿paradoja?, ¿oxímoro?, ¿aporía?... que encierra esto de hacer poesía sobre la Eucaristía.

¿Por qué?

Pues porque Ella es un Poema en su sentido más estricto y preciso.
Forma que emerge en la Figura sin prescindirla.
Figura que trasluce su Forma sin hacerle sombra.
Pascua del significado primario, que muere (en la epojé de Ricoeur) y es rescatado y florece transfigurado en la plurisignificación de sus armónicos.
Égloga viviente a la reverberante analogía.

Como dijera Maritain, “esta adivinación de lo espiritual en lo sensible, y que se expresará a su vez en lo sensible, es ciertamente lo que llamamos poesía” (Frontieres de la poesie).

El dictum eucarístico es poesía: no hay duda.

Y sumo razones más para avalarlo, ahora de la mano de García Lorca: Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio.

Juntar cuerpo a pan, vincular sangre a vino —con el valor agregado del ser— hacen dos milagros: el de la transubstanciación y el del poema que allí, mudo, rimado queda en rojo y dorado.

Y por algo más me atrevo a estar tan seguro de la morfología poética de la Eucaristía: Ella es el Todo en el fragmento, y éste es tal vez el mayor propium de la poesía. Decía Claudel que no está la virtud de la poesía en sumergirse en lo infinito para hallar algo concreto —como aseveraba Baudelaire— sino todo lo contrario: hay poesía cuando una figura definida habilita en su fondo lo inagotable.

Y él no lo dice pero emerge de maduro que esto se da de un modo eminente en las cercadas especies eucarísticas del pan y del vino: contornos finitos, comarcas ínfimas, en cuyo dictum accedemos a lo sin fondo y sin orilla.

Pero crece el vértigo al sospechar —o más— que nada divino puede ser “un” sino “el” o “la”, pues aunque su abanico de milagros es amplio y su Libertad libérrima y su delicia sea enredarse entre nuestras coyunturas, su identidad con el Absoluto le impide abandonar su ineludible rol de “universal concreto”, Analogante y nunca analogado.

Aun con Carne, siempre es Arquetipo.

Y los espejos se espejan al infinito cuando uno intenta pensar en amar el Amor, liberar la Libertad, iluminar la Luz, o simplemente... en hacer poesía sobre la Eucaristía.

Vaya habilidad la mía para explicar el temblor y desalineo de mi pluma no por defecto del sujeto sino alegando lo superante del objeto. Siendo ambas verdades, las enhebro en único torzal, y que se crucen los hilos de barro con las doradas hebras, en este “strómata”, poemario paradojal, que pretende para este tiempo vacilante, ser apoyo nocturno.

Y si es un error mortal esperar de la poesía el alimento supersubstancial (Rimbaud así lo hambreó) nada más veraz que lo que en espejo se ve al derecho: acierto vital será esperar de la Eucaristía la mejor poesía.
De Ella —claro está—, no de la mía.

el Athonita

miércoles, 7 de octubre de 2009

Gregoriano en Buenos Aires


Mientras el Athos vuelve a hacer caer maná para el espíritu, Muret comenta el P. Elías de O'Brien (vamos a meter presión para que escriba), Santopoco elige la mejor salsa para su burrito, otros amigos se deciden a colaborar con el blog y yo termino mi cerveza....

Escuchamos un poco de Gregoriano en Baires (curioso que existan este tipo de cosas) aportado por un fiel amigo de la casa que prefiere mantenerse en reserva.

Natalio