viernes, 15 de enero de 2010

Escoge el Fuego y vivirás


O la abominación de la disolución

El firmamento, como un poco dice su nombre, alude a lo firme, lo inconmovible, lo estable.
Las aguas, por el contrario, son su más abrupto opuesto: son lo feble, indefinido, lo amorfo, el caos primordial.
Y entre ambos: la tierra, nuestra statio, nuestro transitorio hábitat, en esta anástasis emergente desde el caos líquido hacia la contundencia celestial.

Acoplado a la idea muerte-vida, los antiguos y sus cosmogonías veían en la imagen plástica de la tierra firme el surgir de lo determinado desde lo amorfo, el emerger de lo concreto, lo sólido, de entre las entrañas de lo vacuo y fútil.

(Escueta apostilla para filósofos: palabra cara a la metafísica escolástica es aliquid —algo—: un trascendental poco estudiado, cuya convertibilidad con el ente tiene —a mi ver— más tela para cortar que la hasta ahora cortada...)

Noé viendo que las aguas retrocedían, que Dios colgaba su arco guerrero sobre el gancho firme de su firmamento, y la paloma traía su olivo, podía exclamar: tras el caos líquido, llega el orden sólido. Y nace una nueva humanidad.

También de Cristo Señor, emergiendo hidalgo del Jordán, nace un Hombre nuevo. Él inaugura un tiempo nuevo. Y avisa: se acabó el ‘nosismo’ (Chesterton) y el ‘masismo’ (Dolina): este es el tiempo firme, el tiempo de las contundencias; tiempo del sí, sí; no, no.
Yo hago Alianza contigo, Pueblo mío, y prometo no más lodos: el tiempo de los pantanos ha terminado. Pisa firme, Pueblo mío, que hay piedra a tus pies. Ya no parto la roca para que emerja agua: ahora parto las aguas para que haya roca.

La paloma de Noé volviendo con olivo en el pico avisa: donde hay brizna hay rama; donde hay rama hay tronco; donde hay tronco hay árbol, hay raíz, hay suelo firme.
La Voz de Dios anunciando Este—Es—Mi—Hijo—Amado avisa algo parecido: ha llegado la Religión de las contundencias. Ha llegado a su fin la Era de los divagues, de los ambages, de las perífrasis equívocas, del gatopardismo farabute, de la retórica recóndita y sinuosa, del masomenismo pálido, inane y macilento. (Linda etimología la de “contundencia”, del verbo latino “túndere”, que dice sin más: paliza, bife bien puesto, tunda).

Sí: retroceden las disolventes aguas inocuas y escurridizas, y emerge límpido, en nitidez y precisión, un empuñable Logos de impecable dicción y foco.

“Este” en Boca de Dios, tiene el sabor, la empírica sensación de quien habiendo perdido pie por haberse puesto a nadar con irresponsable riesgo mar adentro, tras arduo braceo, verticaliza su postura y percibe, con un gozo indecible —gozo que es certeza— que hace pie, que hay firmeza bajo sus pies.
“Este”, dirá Mateo. Lucas y Marcos lo registran como palabras del Padre a Jesús: “Tú”. Lo mismo da: en todo caso es un Dedo divino señalando con inequívoca precisión por dónde pasa la Salvación, la Verdad, la Vida.
Quien perciba cómo “reposa” el Dios infinito e inasible sobre esta “localizable” Sabiduría en Carne tiene resuelto —palabra clave— el conflicto crónico de una Humanidad que hace agua por todos lados y que nada anhela más que la tierra firme de lo certero e inequívoco.

Belén, Epifanía, Caná, Bautismo, son como cuatro postales de un mismo panorama: la Teofanía de un Dios macizo, autor de una obra maciza, de un proyecto macizo, de una propuesta maciza y de promesas macizas. Un Dios de trazo firme, decía Péguy... tan grácil como firme. Dios no sólo no se equivoca —aporta Simone Weil—; además, es inequívoco.

Cristo, tras sumergirse en el Jordán, no saca la cabeza de abajo del agua y se aleja de la escena a nado. Nada de nado. Emerge con hierática verticalidad, dejando como escabel de sus pies las aguas anodinas. Emerge de las entrañas del amorfo caos en idéntico trazo con que emerge victorioso del sepulcro, o nimba erguido flameando sobre el Tabor o se eleva solemne en la Ascensión... o —¡no menos!— emerge, puro y alado, tras las palabras consecratorias, del sombrío altar pétreo hasta el altar del Cielo (per manus sancti Angeli tui... in sublime altare tuum).
Del triunfo de Noé sobre las aguas nos queda como señal el rumboso arco iris.
Del triunfo de Cristo sobre las aguas se nos otorga la imagen ígnea y gallarda de un erguido Señor, que flamea derecho, trazando sobre el cosmos un Camino Recto, sin curvatura ni serpenteo alguno.
Él es el Camino Real, Camino Viviente, Camino derecho que vincula, sin vueltas, lo líquido de “la Desolación de la Disolución” con la firmeza del Firmamento paterno.

Entre Caos y Cielo: un Logos hecho surco y estela. Y su canteada seña es: la nitidez de la Cruz, que se recorta prístina, con sus cantos y aristas filosas y derechas.
La Alianza Nueva y Eterna no se expresa ya en lo curvo, sino en lo recto. La esfera —ayuda Chesterton— se asfixia en su propia redondez, mientras los brazos de la Cruz se expanden sin límites, sin jamás deformar su rectitud.

El Cristo erguido no es agua atravesada de luz. Es Luz atravesado por la Luz (Lumen de Lúmine, decimos en el Credo). Él es la diáfana Verticalidad de la Luz sin doblez. Él es la empinada y aplomada Columna de Fuego: tan férrea como grácil; tan áspera como tersa; tan concreta como inasible; tan precisa como indómita. Pero rotunda, inequívocamente rotunda.

Cristo sobre las aguas del Jordán es una impecable espada, bruñida y filosa, pulida y refulgente, apuntada y anclada al Cielo. Para que el firme firmamento cristalice, cuaje, fragüe y hasta vulcanice estos desolados “tiempos líquidos” (Zygmunt Bauman).

Cristo de pie, sobre un mundo líquido: esperanza de la Gloria.
Cristo de pie, sobre una cultura líquida: esperanza de la Gloria.
Cristo de pie, sobre una conciencia líquida: esperanza de la Gloria.
Cristo de pie, sobre una Iglesia líquida: esperanza de la Gloria.

El flamígero Cristo de pie, con bieldo en la mano (imagen que se han esmerado en ‘licuarnos’ hoy, vaya ejemplo inmediato) es como un Obispo empuñando con vigor su báculo, puesto por el Padre “en funciones”, ungido para iniciar su ministerio apostólico.

Es el Cristo Sólido y Solvente (bella palabra castellana, esta última, pues es el participio pasivo del verbo solver, que hoy empleamos como resolver. Solvente no es el que disuelve sino el que resuelve, el que tiene crédito contundente y capacidad rotunda para hacerlo. Sólido, como vocablo, tiene su bella historia también, como moneda de oro romana, valuada en 25 denarios de oro...

*****
Hay personas acuosas y personas fogosas.
Hay pensamientos acuosos y pensamientos fogosos.
Hay opciones aguachentas y opciones ardientes.
Incluso —por qué disimularlo— hay vertientes eclesiales líquidas y vertientes férreas...

Ante un mundo magro, diet, edulcorado, acuoso, laxo, híbrido, tibio, fláccido, mortecinamente pálido, Cristo se nos presente como una propuesta de Fuego. ¡Basta de agua! —nos grita desde Caná— Ha llegado la Hora, y ya estamos en ella, de abrazar una Religión fuerte; fuerte como un vino de prensa: pesado, perfumoso, vigoroso, corpóreo. Fuerte como la muerte. Fuerte como el Amor.


Desde los bajos pantanosos del Jordán hasta las cumbres rocosas del Tabor, resuena sobre el Evangelio y sobre la Cristiandad el inequívoco y diáfano mensaje salvífico: es “Este” —y no otro— en Quien se abre la filiación divina y el amor del Padre sobre los hombres. Escúchenlo y punto. Sin soda. Sine glosa. Sin vacua prolepsis, ni paráfrasis, ni apostilla.
Sobre todo: sin “aditivos”... tanto barrocos como posmodernos.

Escúchenlo y punto, qué tanto.
Pues es “Este”.

Vino a traer Fuego a la tierra. Vino a prender fuego a la cansina languidez del exangüe viandante posmoderno. Y su Fuego arde sobre nosotros; y su Fuego hace retroceder —en nosotros— las pantanosas tierras movedizas del maldito masomenismo cuyo macabro fango ya nos llega al cuello...
De entre medio, o mejor: del más profundo centro de ese fango interior, Cristo Fuego se eleva en cabriola y danza majestuosa. ¡Anástasis!, casi como una onomatopeya, es el diamantado grito de guerra, la arenga egregia y viril con que sin arrumacos ni soflamas, somos arrancados de la Nada —de la insoportable levedad de la nada— a la firmeza y contundencia del discipulado incondicional, donde ser hijos y amados del Padre.
En la Verdad sin redondeos.
Como el Sábado Santo en el Averno Adán escucha: ¡salgamos de aquí!, con parecido timbre y brío el Bautismo de Cristo nos arranca hoy del crónico pantano de nuestro cristianismo diluido y devaluado.

Mientras el agua arrastra y se arrastra, de menos en menos, disolviendo cuanto embebe, redondeando cuanto erosiona... el fuego se eleva, gallardo, indómito, consumiendo la escoria y bruñendo lo noble.
Fuego gravita al Cielo. Agua repliega al caos...

Como dice la Escritura bajo otro nomenclador: hoy pongo ante ti el agua y el fuego: si optas por agua, morirás disuelto en la nada; escoge el fuego y vivirás. Pero ojo también: si eliges ambos... se te evaporará la Fe.



el Athonita


Fiesta del Bautismo del Señor 2010

lunes, 11 de enero de 2010

Reserva moral


En lo de Milkus se armó un intercambio de opiniones sobre el Bien, el mal y la libertad. Por esas cosas de los blogs la cuestión terminó con una solicitud de explicación, del amigo Fernando de "En Madrid", en relación a la situación que vive nuestro país.

Esto quiso ser un comentario pero se hizo largo y sale como post (con las disculpas del caso sobre la informalidad de la redacción en un blog acostumbrado a la prosa Athoniense). De paso puede ayudar a que gente más "económica" que yo como el Coronel, Pablo u otros (entre los que se encuentra el mismo Fernando) hagan un aporte más significativo.

Milko me tiró la pelota diciendo que yo podría explicarle....

No sé muy bien por qué dice que yo pueda explicar algo del asunto ni termino de comprender si eso es bueno o malo.

En cualquier caso, para ayudar un poco al amigo Fernando intentaré contarle qué es lo que pasa por estas australes tierras.

Ocurre que, a diferencia de lo que ocurre en otros sistemas, el administrador de las reservas del Estado es público. En nuestro caso quien administra las reservas es un órgano denominado Banco Central de la República Argentina.

Como sabrá el amigo Fernando (que ya sé que lo sabe pero el blog es "para todo público) las reservas son el correlato de la circulación monetaria de un país, su encaje, su contrapartida o como quiera llamarlo. Solía ser algo fijo como el oro pero con el tiempo se armó un "mix" entre oro, bonos, títulos de deuda ajena, monedas extranjeras, etc. La idea es que si tenemos x cantidad de pesos circulando en el país nos podemos asegurar que con las reservas podremos utilizar esa x cantidad en otra parte del mundo. Si mi moneda no tiene un respaldo en reservas se convierte en una ficción (en la que se puede vivir a gran riesgo). Como contrapartida, cuantas más reservas tengamos más sólida es nuestra moneda.

Como se desprende de la importancia, magnitud y vitalidad del asunto es que en general suele estar a cargo de un organismo que no dependa directamente del poder político de turno (la Reserva norteamericana, por ej. es privada) de modo de asegurarse que el Gobierno no afecte la base monetaria con sus políticas económicas (aunque cualquiera advierte que están, acá y en todo el mundo, muy estrechamente vinculadas una cosa y la otra).

En Argentina, según la Constitución, el Banco Central está dotado de "autonomía y autarquía", lo que significa, mediante palabrejas con gran tradición jurídica, que no está bajo la órbita de mando del Poder Ejecutivo. Sin embargo, para evitar que tampoco se convierta en un obstáculo para el gobierno nacional se prevé una forma de remoción del presidente de la entidad mediante un acto complejo que requiere la intervención del poder legislativo y la decisión del poder ejecutivo.

En el caso la presidente, mediante un decreto, ordenó al presidente del Banco Central crear un fondo de dinero con fines diversos. En definitiva, la orden era que depositara plata de las reservas en una cuenta que manejaría el Ministerio de Economía (poder ejecutivo). El presidente del Banco Central, previo a tener dos dictámenes técnicos que le advierten que es ilegal obedecer el decreto, le dice que no puede obedecer y que, para hacerlo, deberá requerir la intervención del Congreso (que no le conviene al ejecutivo porque desde el 10/12 tiene mayoría en contra). El Gobierno espera a que el congreso cierre sus cesiones (vuelven en marzo porque los pobres legisladores deben descansar en algún momento...) y dice que como el congreso está cerrado lo echan mediante un "Decreto de necesidad y urgencia" (que es una suerte de ley a modo de Edicto Real que el presidente con acuerdo de sus ministros está facultado a.......)

Entonces la oposición que ahora anda envalentonada porque son mayoría, y viendo el atropello, presentan una "acción de amparo" que es una vía judicial excepcional y muy rápida que les es favorable y dice, suspensivamente........ que:

- no se pueden pasar los fondos a la cuenta de economía sin intervención del congreso;

- no se puede destituir al Presidente del Central sin intervención del congreso.

Ahora el gobierno apeló las medidas intentando que el tribunal superior, respecto de la jueza (la Cámara de Apelaciones), revoque la sentencia. Pero por si fuera poco también presentó una denuncia por mal desempeño del presidente del central para que "otro" juez (que acaba de dictar una sentencia diciendo que el matrimonio presidencial no se enriqueció ilícitamente y nadie la apeló....) lo eche por otro lado, pero los abogados del presidente del central ahora presentaron otra denuncia diciendo que los del gobierno están "manipulando la apelación" para que resuelvan camaristas "amigos" del gobierno pero resulta que en enero está la feria judicial por vacaciones y no se entiende por qué están laburando todos y yo desde mi laburo comento esto y ¿pues entonces quién lo tiene?

Pero lo más gracioso de todo es que después de todo este enredo socialista en el gobierno se empiezan a dar cuenta de la cosa más obvia..........

Como ud. sabe nosotros teníamos unos bonos que eran una suerte de pagaré...... "El Estado Argentino le pagará 10 pesos". Pero un día el Estado Argentino dijo nos quedamos sin plata y les ofrecemos pagar 1 peso. Algunos aceptaron y otro no aceptaron.

Los que no aceptaron quieren cobrar su plata y presentaron demandas judiciales en diversas cortes del mundo (también acá) reclamando su plata. En particular hay un juez (creo que norteamericano también) que embarga cuanta plata argentina vea circulando por el mundo (le embargó en un momento el avión presidencial, cuentas en el exterior, etc.).

La pregunta clara es ¿por qué no le embargan las reservas que de ahí se pueden cobrar todos?

La defensa argentina, de lo más ortodoxa para cualquier país del mundo fue: porque esa plata no es del gobierno nacional. Las reservas, al ser la base monetaria, pertenece a cada uno de los tenedores de la moneda argentina.... Casi enojados gritaron "eso no se puede tocar".

Pero si resulta que ahora lo tocan........ dos cosas:

1.- Si lo pasan a la cuenta del ministerio le podrán embargar la cuenta......

2.- Si resulta que el Gobierno tiene razón y podía ordenar eso (pasen o no la plata a la cuenta) resulta que sí puede disponer de las reservas y que los acreedores se pueden cobrar de ahí.........

Conclusión, estamos fritos de un modo o del otro.

En cualquier caso me gustaría aclarar algunos pareceres concretos:

1.- Redrado se prestó al mismo juego en el 2005 o 2006 aunque hay que decir a su favor que la vía institucional (lo más grave del asunto) fue completamente distinta.

2.- Esto es un escándalo institucional sin ninguna duda. Pero en nuestro país hay varios de estos por día e incluso más graves (que en Tierra del Fuego una gobernadora diga que el código civil es inconstitucional y nadie diga nada es....... no, perdón, si dijeron: cuando la cuestión se planteó en Buenos Aires Marci dijo "la libertad es libre" y ordenó que no apelaran). La oposición me parece tan melindrosa y rapiñera que perdí las esperanzas a futuro. Me recuerda a un fatídico caso de unos amigos de mis suegros: a la mujer la operaron para quitarle no sé qué y la dejaron ciega y sorda.

El tiempo pasa y todo sigue igual: nuestra realidad política sigue siendo un oxímorón mientras que la oposición se maneja con las indirectas del Padre Cobos.

¿Y no tenía un perfil religioso el blog? Sí, terminamos con una oración:

¡Sálvanos Señor que perecemos......!

Natalio

Pd: Estoy de acuerdo con Fernando, no me gustó tampoco lo del muro.

lunes, 4 de enero de 2010

Cuando Jesús tenía ocho años


El padre lo mira, casi sin verlo. Sólo por la calma penumbra del candil adivina sus rasgos y sin esfuerzo completa por dentro lo que la lumbre adeuda. Aun en días de prisa —como lo era éste— es más fuerte que él: lo gana el quedarse ahí, perdiendo el tiempo, el precioso tiempo, mirando cómo el niño duerme.
Sí: ‘cómo’ duerme... porque ciertamente, hay un cómo en esto y qué cómo...
Manos apretadas, cual si haciendo fuerza, apenas entumecidas, como manoteando un inasible adentro. Rozagante, destilando salud, respira intensamente, como quien se esmera en un quehacer interior de importante incumbencia.
Todos los niños —piensa el padre— se tornan notablemente serios y adultos al dormir; pero ninguno como este niño...

Una secreta certeza tiene que ver con esta demorada diaria en zamarrear al crío para levantarlo: es la convicción de que en el sueño de este Niño ocurren cosas. (Con los años y la afincada costumbre de dilatarse con largueza mirándolo dormir, llegó incluso a sospechar más: capaz que ocurran cosas porque este Niño sueña).

Lo cierto es que costaba despertarlo.
Había un modo paterno de hacerlo, que sin ser violento era vehemente: nombrarlo con voz firme por su nombre tomándole ambas diminutas manos en las suyas. Pero también había ingenio materno, tan exquisito como eficaz: sin hablar, sin tocarlo, gustaba la Madre inclinarse sobre el dormidísimo y soplar sobre su purísimo rostro. Una vez. Dos veces. Tres veces. A la tercera, indefectiblemente, Iéshuah empezaba a despegar los párpados hasta que dos briosos ojos negros la miraban, encendiendo la sonrisa de ambos: el mirado y la mirada. Y ahí sí, la Madre le susurraba alguna cosa, acompañada de algún gesto, como el abrirle con suavidad esos puños afanosamente apretados, o despejarle la transpirada frente del enmarañado y oscuro pelo. “Arriba, hijo” solía alcanzar como consigna. Aunque por temporadas, volvía una frase que se había tornado casi como un ritual casero —¡qué familia no los tiene!— donde Madre, tras echarle el viento a la cara, ante esos ojos cristalinos, le susurraba: “Iéshuah, déjate soplar, y que el Viento de Yahvé te remonte en vuelo.”

Claro que todo eso solía ocurrir varias horas más tarde, con el sol ya despuntado. Pero era hoy un día especial. Distinto. Era el Niño quien había insistido con obcecada insistencia en querer acompañar al padre. Hasta que José dijo bueno. Y Madre, deteniendo su revolver, mirando a su esposo con cara de: ¿vas a poder con él todo el día?, sólo remató con mirada muy firme en el hijo: ¡atento a tu padre en todo, sin distracción! Y hubiera querido espejarle la consigna a su esposo, pero se contuvo y sólo lo miró con silenciosa complicidad.

Y el Niño feliz. Se encargó de avisarle al barrio entero que iría al campo con su padre. “A trabajar” remarcaba con ceño muy solemne.
Claro, a qué si no.

Y así es que Padre e Hijo parten muy de madrugada de la casa al campo. Aún es de noche. La Mujer les prepara, a la luz del celemín, unos panes y unas frutas para pasar el día. El rostro de Iéshua cuenta hoy con una seriedad absoluta. Como si a indelegable misión partiera. Madre aprieta los tientos de la desatada sandalia del niño, le acomoda el pelo y lo besa en la frente. Desde el umbral del hogar despide a ambos y aunque es de noche, con los brazos en jarra, permanece apoyada sobre la jamba de la puerta viendo cómo se recortan las figuras de ambos sobre el horizonte que ha empezado tímidamente a enrojecer.

En la noche estival, sólo vibra el croar de ranas sobre el ritmado fondo de los grillos. Y la brisa aún fresca tan ajena al calor abrumador del día en ciernes. Y el horizonte va mutando, con silenciosa estridencia, sus rojos y naranjas que progresan en luz.

Padre e Hijo avanzan a paso firme y sereno, cuesta arriba, hacia la colina cultivada, donde les aguarda la faena del día. En verdad sólo al padre tocará trabajar. Lo del hijo es un decir. Él sólo sabe jugar. Jugar delante de su padre. Pero a madre, parientes y vecinos el niño se lo ha dicho muy de veras: mi padre trabaja y yo también trabajo.
Como sea, de faena han salido antes de la aurora y ésta los ha sorprendido ya sobre la cresta de la colina; sobre el tupido monte en que ondean los trigales.
Allí, el dorado mar flamea con parsimonia y simetría. Y el sol despunta majestuoso. Como asomaría la dorada cabeza de un adulto león emergiendo en horizonte. Y sin demora y sin zozobra, inicia su litúrgica consigna de preñar de luz el aire, el cielo, el mar de trigo y el rostro purísimo del niño, que lo mira absorto.

Y el padre hebreo se detiene.

Deja el atado de víveres al borde del camino, y mirando hacia el Naciente, toma con firmeza la diminuta mano del niño. “Es la hora del Shemmá, Iéshuah”, murmura sin más.

De todo el programa que implicaba para el niño que su padre lo llevara a un día de faena rural, nada, absolutamente nada era más esperable que esa instancia: la hora del Shemmá. Y la voz gruesa del padre entonó el letánico rezo de la aurora, bañados ambos con la luz del Origen. Y la delgada y pura voz del niño no se quedó atrás: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu fuerza…
Y el cosmos entero, en pasmo severo, contuvo su voz. Trigo en el campo, trigo en los ojos, trigo en la voz de un Verbo eterno hecho infante palestino, hecho orante matutino.

Mira los campos dorados: parecen aguardar con ansia la hora de su siega, le dice José a su hijo. Y mientras éste pasa la jornada correteando entre el denso trigal, el padre a destajo va recolectando parvas de rebosantes espigas. Sólo la oscura cabecita del niño asoma, cual barca diminuta, por entre las olas doradas del trigal. Y sus manos, ínfimas, extendidas cual ave en lúdico vuelo, van rozando las puntas de la era, al son de una danza llena de infante señorío. A su paso, el trigal se arquea entero, adorando la imprevista presencia de su Autor.

José, empapado en sudor, descansa su fatigado cuerpo, gravitándolo entero sobre la punta de su zapa y apoyando la pera sobre ambas manos mira al Niño. A su Niño, cómo no.
Grácil, piensa. Esa es la palabra más precisa para describirlo.
Ingrávidamente grácil.
No le ve los pies, pero no le cuesta imaginarlos despegados del suelo, librado ese diminuto cuerpo humano al soplo del Viento, planeando sobre las alas de térmicas invisibles, casi como el dedo de un ágil escribiente pudiera garabatear sobre la arena, palabras tan inútiles como bellas. Danza Jesús sobre el dorado mar trigueño.
Calandrias y mariposas, zorros y cervatillos, el viento mismo, y hasta el bruñir del calor parecen ofrendarle secreto contrapunto a Quien, entre floreo y juego, orquesta la más bella sinfonía jamás escrita.

¿Por qué hay que lastimar el trigo para que haya pan?, pregunta Iéshuah ya de camino en retorno al hogar. Y José -hombre de pocas luces, o mejor, de una sola Luz- acostumbrado a las preguntas del niño a su cargo, sin perder la vista del sinuoso sendero, con un tono quedo, como quien repite sin entender un dictado interior: en el monte, Dios proveerá… y aprieta con ruda firmeza la frágil y diminuta mano del Niño, como percibiendo peligro.

María los espera. El niño apura el tranco ya en la recta final a la casa y se confunde feliz entre los pliegos del vestido materno, siempre cobijo y siempre fiesta. Ella se engolfa entera sobre él, le besa la cabeza y lo mira casi verticalmente desde arriba, tan sólo para verle en los ojos cómo le fue.
Y esos intensos ojos, sin más gramática que la muda hermosura, le dan a entender que en Dios hay delicia, y esta Delicia es la vida de este Niño entre los hombres.


el Athonita

3. I. 2010

Notas del atareado blogger Natalio:
1) Gracias Athos por aportar, yo terminé el anterior y arranco el nuevo del mismo modo: corriendo. Si fuera por mí habría un profundo silencio....
2) Las imágenes de las fotos se pueden adquirir en diversos formatos (uno es un ícono el otro una escultura, ambos creo que se pueden conseguir como estampas, etc.). Para adquirirlas pregunten al mismo Athos de dónde las saca porque hay evíos para todo el país e incluso hay "sucursal" del Athos en Baires...
3) Feliz Navidad y Santo Año Nuevo para todos los lectores. Espero que este año concretemos el prometido asado o una apetitosa picada o al menos una birra digna.