miércoles, 26 de mayo de 2010

Lecciones de mi Abba y mi hija


Como la falta de tiempo se vuelve una constante que impide pensar, leer, estudiar, escuchar y otras cuestiones que permiten que a uno se le ocurran cosas para contar o escribir, voy a tener que comenzar a mostrarles directamente los "disparadores".

En el caso, les comparto dos de los últimos días de mi vida personal.

Cuando portarse mal es una necesidad

Era un día de esos donde las dos niñas se confabulan para portarse mal todo el tiempo, en todo momento, sin prisa, sin pausa.

Lo desgastante de ese tipo de situaciones es tener que retar, dar chirlos, sermonear, etc. A uno le queda la sensación de que los pocos momentos que tiene para "disfrutar" a las gorditas se pasan entre enojos y reprimendas.

En plena batalla me senté desanimado a tomar fuerzas entre reto y reto. La mayor (3 años y medio) se me acercó con aire conciliador y se produjo el siguiente diálogo:

Yo: ME ¿por qué te portas mal? (nótese lo filosófico de la pregunta).

ME: Es que si no Jesús no me perdona...

Y mientras yo intentaba decodificar la frase me la explicó:

ME: Lo que pasa es que si me porto bien Jesús no me perdona.

En ese momento no sabía si admirarme por su sabiduría con sólo tres años de edad, si ¿¡¿corregirla?!?, reirme, llorar o qué hacer. Si en el plano físico me habían vencido ahora me derrotaban en el moral.

En cualquier caso creo que estamos exagerando un poco con el Athos en aquello de la Necesidad de Sed, festejar el Viernes Santo, la miseria que llama a la Misericordia, que mucho ama al que mucho se le perdona, etc.

Se busca un pedagogo....

Jesús discrimina por "género"

En estos días tuve la gracia de poder ir a visitar a mi Abba. Es realmente bueno encontrarse con un monje de verdad, porque uno puede charlar, leer o intercambiar mails con grandes monjes pero verlos cara a cara siempre tiene un plus.

La charla derivó en una afirmación del Abba como la que sigue:

"Cristo trataba de modo muy diferente a los hombres y a las mujeres".

Son esas cosas del Evangelio en las que uno nunca repara... Y me mandó el siguiente ejercicio que comparto con ustedes:

- Comparar el trato de Cristo en los siguientes pasajes, el primero (Jn. 4):


Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». 8 Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. 9 La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. 10 Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva». 11 «Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? 12 ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?». 13 Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, 14 pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna». 15 «Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla». 16 Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí». 17 La mujer respondió: «No tengo marido». Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, 18 porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad». 19 La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. 20 Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». 21 Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. 22 Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. 23 Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.24 Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad». 25 La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo». 26 Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo». 27 En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué hablas con ella?».

El segundo es (Jn. 8):

3 Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, 4 dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 5 Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?». 6 Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. 7 Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra». 8 E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. 9 Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, 10 e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?». 11 Ella le respondió: «Nadie, Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante».

Y estos dos hay que compararlos con (Mt. 16):


17 Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.18 Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.19 Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo».20 Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. 21 Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.22 Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá».23 Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Me voy a hacer mi tarea...



Natalio


martes, 18 de mayo de 2010

Ouroboros o Ascensión

“¿De verdad estamos encerrados irremediablemente
en nuestro propio círculo?”

J. Ratzinger




Beda el Venerable, monje inglés muerto en el 735, cuenta, en sus crónicas de su viaje a Tierra Santa, que la noche de la Ascensión, el monte de los Olivos parecía estar encendido en fuego, de la cantidad de cristianos con antorchas que a medianoche subían para esperar la aurora rezando, todos orientados hacia el Saliente, festejando así esta entrañable fiesta. Patriarca y clero; monjes y oblatos; hombres, mujeres y niños. Cientos, miles: todos en unívoca dirección de cara al Cielo, donde las nubes habían sido rasgadas por la Carne del Logos al penetrar las entrañas mismas de Dios, instalando a la Humanidad en los interiores de la Vida intratrinitaria. Y que prometió que del mismo lugar lo veríamos regresar.

La Cabeza –como ocurre en los partos– había salido del estrecho útero del mundo creatural para respirar el Aire increado. Y nosotros, su Cuerpo, los pies de esta Cabeza (diría Crisóstomo), habíamos iniciado el vuelo esponsal, sobre las plateadas alas del Águila de oro puro.

En este imponente Suceso –histórico y metahistórico a la vez– miríadas de ángeles avisan a las demás Potestades que alcen los portones, que levanten los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas; pues va a hacer su entrada triunfal el Rey de la Gloria. ¿Y quién es ese Rey de la Gloria? –atreve algún Querubín. Jesucristo, el Señor –avisa con tono grave san Miguel. El Señor de los ejércitos, el héroe valeroso, vencedor del Enemigo.

Así se inaugura la Liturgia celestial, la única Realidad, cuyas sombras y figuras configuran nuestras liturgias terrenas.

Y anota san Ambrosio: “los mismos ángeles se maravillaron de este Misterio. Cristo Hombre, al que vieron poco antes retenido en estrecha tumba, ascendía hasta lo más alto del Cielo. El Hijo regresaba vencedor, cargado de una presa desconocida, de un curioso botín conquistado a la Muerte. No, ¡no es un mero hombre el que entra, sino el Mundo entero en la Persona del Redentor de todos!”

Sí: el mundo entero, anidado en el Costado inmenso de su Esposo y Señor, sube como incienso a Lo Abierto de la Inmensidad divina; a la majestuosa intemperie de un Dios desmesurado.

Geotropismo o heliotropismo: no hay mucho más en juego.

La Ascensión, dice Jean Corbón (ese gran liturgista greco-melquita), es el impulso divino que sostiene y orienta nuestro mundo. Es la Anámnesis Viviente del Único Sacerdote ante el Trono de su Padre. Ser el Cuerpo indesgajable de este Viviente constituye nuestra “posición”, nuestro lugar existencial, nuestra perspectiva y tropismo oracional. En algún sentido, ya no estamos “frente” a Cristo, sino que somos parte Suya, miembros Suyos, de cara al Padre. Como ataja y aclara san Agustín: “no es que queramos confundir la dignidad de la Cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su Cabeza.”

Cristo, filoso puntal de la Historia, rompiendo el eón, arrastrando tras de Sí toda cautividad intramundana, es una imagen tremendamente gráfica y patente del impulso efectivo del Hombre hacia Dios. Es el rompimiento definitivo, el quiebre punzante de todo eterno retorno, de toda concepción cíclica de la Historia, de todo Sísifo, recurrente en su patética reiteración.

Cristo en ascenso, es el contra-ouroboros frente a toda religión autoreligante.

Es la aguda Cruz sobre la limada esfera. Es la salida vertical de las ruinas circulares del laberinto cósmico.

La mano tullida por el derrame del pecado, logra dejar de señalarse a sí mismo y se abre en limpia y franca plegaria coram Deo. Es la definitiva aniquilación de toda atrofiante circularidad.

Es el triunfo del Sentido; la victoria de un “¡por-aquí!”.

Y todo esto, gracias a Él: nuestro Aleph y nuestro Omega; nuestra filosa punta de lanza; el Pionero y Mayoral de nuestra Fe; el Jefe y Caudillo de nuestras batallas; nuestro amado Adelantado que inaugura Cielo y Suelo nuevos.

La Ascensión omnipotente nos arranca del polvo y nos imanta a las cosas de Arriba.

Y no; no puedo dejar de pensar todo esto en categorías litúrgicas... y alentar al imaginario de la piedad colectiva a reconciliarse con esta alineación tras las espaldas del Cristo ascendente y orante, Quien, cual la filosa quilla de un rompehielos, avanza, rasga los mil velos de los mil templos que nos separan del Padre; y rompe la tela del dulce Encuentro.

La Fiesta de la Ascensión, mucho más que en sus conceptos, en su sola expresión icónica, hace de potente antídoto a todo el ouroborismo litúrgico que nos tiene tullido y tufido el Culto; y no menos, nuestra privada plegaria solipsista.

Ante el indisimulable tufillo, ventilar es la consigna. La alternativa: abrir alcantarillas o claraboyas. Y yo digo: ¡Sursum Corda! ¡Llévanos tras de Ti!


el Athonita

martes, 4 de mayo de 2010

La Justicia y la Paz se besan


Dice Cristo en el Evangelio de hoy: "Les dejo la Paz les doy mi Paz".

Dice el Salmo 84 (hablando de la llegada del Mesías):

"...la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la Paz se besan;"

Dice el Salmo 71:

"... que en sus días florezca la Justicia
y la Paz hasta que falte la luna...".

Dice la Oración por la Patria (que de nuevo nos hacen rezar):

"...aborreciendo el odio y construyendo la paz"

Como es sabido, los judíos utilizan la palabra "Shalom" para designar la paz. El concepto de Shalom se repite como bendición/saludo entre ellos constantemente. También es constante el encontrar frases del tipo "construir Shalom", "edificar Shalom", "hacer Shalom" (en nuestra oración construyendo Shalom....), etc.

Hace un par de años escuchaba a un rabino explicar el significado del término Shalom. No recuerdo muy bien los términos exactos pero sí recuerdo que destilaba un muy frecuente desprecio por el mundo occidental (y cristiano, claro, porque los judíos ortodoxos no son nada ecuménicos). Decía que "Shalom" no era lo que los occidentales, y en especial los cristianos, denominaban "Paz"; que para occidente paz era ausencia de guerra o, casi como una extensión, ausencia de odio; que los cristianos tenían una caricatura de la paz, algo hippidélico. Que nada de eso era Shalom.

Y a esta altura hay que reconocer que el Rabino es muy ignorante respecto del Cristianismo y la filosofía occidental aunque bastante certero con el pensar y el "sentir" de muchos cristianos que ven una línea directa Cristo-San Francisco-John Lennon-Gandhi-Greenpeace. Esta concepción de la paz es negativa "no guerra, no violencia, no agresión, no odio, resistencia pasiva, etc.".

Por el contrario, decía el Rabino, Shalom no es negativo, es positivo. Y siguió un discurso hermosísimo sobre el sentido del término Shalom en las Escrituras, en el Talmud, en los Sabios, etc. Para no hacérselo demasiado largo se los cuento en su versión condensada, agregada y mejorada: la Paz es la tranquilidad en el orden (dice el Cristiano San Agustín). Y con eso no les estoy resumiendo toda la tradición Judía sino que le estoy sumando varios tantos. Aunque seguramente al rabino, desconocedor de nuestra tradición, la frase le hubiera parecido portentosa de haberla encontrado en la Mishná.

Pero vamos ahora a la Justicia.

Si vemos la tradición romana encontraremos que la Justicia es la "constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo", es decir, es la virtud de dar a cada uno lo que le corresponde.

Si miramos la tradición judía (y de modo análogo la Platónica) la Justicia es virtud totalizante. No es tanto una virtud particular sino (dicho en charla de café) "la suma de las demás virtudes". El Justo es el santo y la Justicia se parece a la santidad.

Ahora bien, si la justicia consiste en dar a cada uno lo suyo podemos preguntarnos, con alguna lógica ¿y cómo sabemos qué es lo suyo de cada uno? Y la respuesta está en un lugar que ya comenzamos a explorar en este blog: la Naturaleza. Y por eso hablamos de un derecho natural como lo que corresponde de acuerdo con la naturaleza y de un orden (disposición de cosas iguales y diferentes en función de un fin) natural y de una ley natural, etc.

Y entonces si cada uno tiene lo suyo (Justicia) dispuesto en función del fin (Orden) nos encontramos con que existe "tranquilidad en el orden" (Paz) y entonces sí: "la justicia y la paz se besan".

Y entonces los judíos desde su propia tradición arriban a algo muy similar y dicen: cuando esto pase se cumple el Salmo y viene el Mesías. Con lo cual volvemos a una idea recurrente en el judaísmo que ya les conté: la construcción de Shalom es lo que hace que venga el Mesías, cuanto antes se construya el Shalom antes viene el Mesías, haciendo el bien llamo al Mesías.

Y por eso repiten y se repiten que hay que construir Shalom. Hay que construir la paz (y nuestra oración repite....).

Todo muy lindo pero les falta una parte de la película ¡El Mesías ya vino, nació, murió y resucitó! ¡Aleluya!

Y nos trajo la Paz que no viene del mundo sino de arriba. Los judíos construyen la paz de abajo nosotros difundimos la Paz de arriba porque la Paz de Cristo no es la que da el mundo. No hay que construir la Paz hay que difundirla.

¿Y lo de la naturaleza? Está todo muy bien y sigue siendo así. La Gracia (por la que nos llega la Paz) es también Naturaleza dice Santoto, es segunda Naturaleza.

¡La Paz contigo peregrino!

Natalio

Pd: Otro día volvemos sobre el "Buca la Paz y corre tras ella".