martes, 24 de noviembre de 2009

Ha muerto un grande: Francesco Gentile


Dios le permita ingresar al "Topos Uranos" que supo vislumbrar desde la tierra.

Pido a los amigos una oración por el alma de este gran Filósofo (en especial a los sacerdotes).
Para quienes no lo conozcan pueden ver su In Memoriam desde Via Dialéctica.

Natalio
Pd: un día de luto, mañana seguimos con la primera parte de la entrevista.

lunes, 9 de noviembre de 2009

La duda de Abrahám


Conversando sobre la Duda, Mary trajo un asunto que siempre me resultó delicado: es el de la suspensión ética de la que habla Kierkegaard en Temor y Temblor.

En algún momento lo estudié en filosofía, luego me apareció en el libro de Castellani, cada tanto en una y otra lectura y, por último (paradójicamente), lo encontré en el libro.

Sé que se podría armar todo un club de fans del Danés entre los amigos del blog y que, de algún modo, al cuestionarlo me estaré convirtiendo en blanco de críticas y cuestionamientos.

No obstante, y ya que apareció en las conversaciones del sótano (y me parece que viene muy a cuento de lo que se charlaba), me voy a animar a arrojar mi piedrita. Y para que se pueda apreciar lo ínfimo de la piedra debo comenzar aclarando que es poco (en especial con relación a semejante obra) lo que he leído de él (estoy en estos tiempos leyendo todo lo que cae en mis manos…).

Para quien no conozca el planteo los remito al comentario de Mary y se lo podemos reducir más o menos así:

Al llegar al plano religioso se produce una “suspensión de la ética”, donde sus reglas o normas dejan de tener la misma relevancia o aplicación.

Kierkegaard toma el ejemplo de Abrahám:

Desde el punto de vista ético Abrahám actúa mal para con él mismo, para con Isaac y para con Sara. Desde el punto de vista Ético él es más que un asesino, es un perverso en su peor expresión que mata (quiere o "está dispuesto a"), no sólo a su hijo, su único hijo, sino que mata el cumplimiento de la promesa divina.

Desde el punto de vista religioso Abrahám se arrojó en la obediencia divina sin guardarse absolutamente nada. Por eso es el modelo perfecto del hombre religioso, del hombre santo.

La pregunta que surge es ¿es posible que exista una "suspensión de la ética"?

Y esto puede implicar o bien que se considera que la ética "llega tan sólo hasta cierto punto" pasado el cual "ya no rige" o bien que se le asigna a la palabra "ética" un uso distinto y una significación diferente a la asignada por la tradición católica (desde las rocas "paganas" como Sócrates, Platón, Aristóteles hasta las perlas "católicas" como San Agustín y Santoto).

Porque si de verdad considero que existe una suspensión ética en el plano religioso "el salto a la Fe" del Danés se convierte en un salto al nominalismo voluntarista. Es decir, matar está mal porque Dios dice que matar está mal. Si Dios dijera que matar está bien entonces matar estaría bien. El bien y el mal dependen "directamente" de lo que Dios diga que es bueno o malo.

Todo esto destruye la noción de naturaleza y, consiguientemente, de ley natural, derecho natural, orden natural, etc. No hay conexión alguna entre el individuo y sus actos y la naturaleza y su orden.

Llegados a este punto se imponen dos aclaraciones:

Una es la casi-imposible concreción absoluta del juicio moral sobre la conducta individual y concreta. Es decir, la certeza que se obtiene del principio moral (grabado en nuestros corazones) se torna dialécticamente problemática en el caso concreto. El mandamiento no es "no matar" en abstracto sino no matar injustamente. Matar en legítima defensa no está mal, ergo matar no siempre está mal.... Esto hace que no existan dos pecados iguales: si yo robo el mismo paquete de arroz que mi vecino ambos cometemos pecados distintos.

Y eso nos lleva a un segundo punto donde podemos encontrar algo que nos lleve a una explicación "tradicional" de la "suspensión ética". Lo que sí podría ocurrir (y aún esto habría que limarlo con muchísimo cuidado) es una suspensión del "conocimiento ético" por parte de quien obra. Lo cual no implica que el acto éticamente malo deje de ser malo sino que siendo bueno el individuo no lo reconoce como bueno y "pega el salto" aferrado a la confianza en Dios que le dice que es bueno.

Pero en este último caso no me parece que se pueda hablar de una suspensión ética porque, sencillamente, no la hay. En todo caso puede existir una suspensión del "conocimiento ético".

Y justamente pensaba esto a partir del ejemplo práctico que trae Mary sobre la monja de la película. Bien podría considerar ella que su mentira, su juicio infundado, sus actos difamatorios, etc. no fueran malos porque hay una "suspensión ética" fundada en un mandato divino. Y tan así podría ser visto que su misma angustia del final puede ser vista como la angustia humana ante el salto irreflexivo hacia Dios. ¿O alguien puede dudar de lo angustiosa que debe haber sido la duda de Abrahám?


Como dice Milkus, siempre dejo los temas abiertos.....


Natalio

miércoles, 7 de octubre de 2009

Gregoriano en Buenos Aires


Mientras el Athos vuelve a hacer caer maná para el espíritu, Muret comenta el P. Elías de O'Brien (vamos a meter presión para que escriba), Santopoco elige la mejor salsa para su burrito, otros amigos se deciden a colaborar con el blog y yo termino mi cerveza....

Escuchamos un poco de Gregoriano en Baires (curioso que existan este tipo de cosas) aportado por un fiel amigo de la casa que prefiere mantenerse en reserva.

Natalio

martes, 29 de septiembre de 2009

Los judíos, Muret, el Coronel y el fin del mundo

Hace mucho que estaba sin aportar por el blog. Como cada tanto ocurre, la profesión me impone las tiras y me hace correr de aquí para allá durante un tiempo. Lo curioso de este caso es que ello no impidió que siguiera pensando en el blog.

En uno de los frentes me encontré, casi que como adversario, a un afamado comentarista de importantes blogs: Muret. Después de enterarnos que conocíamos infinidad de círculos, gente y otras tantas cosas en común, descubrimos también que compartíamos afinidades espirituales.

En uno de los recreos surgió el asunto que hoy traigo y utilizo para darle una cálida bienvenida al blog, rendirle un pequeños homenaje por su condición de "sesudo comentarista" e invitarlo a que escriba en este humilde espacio.

Comienzo por algunas cuestiones preliminares, indispensables para lo que sigue.

No es ningún secreto que el día de los judíos comienza con la aparición de la primera estrella de la noche, es decir, el sábado comienza con la primera estrella del viernes y así con todos los días. Es una tradición inveterada que otro día podemos ver, pensar y discutir como quedó en el Cristianismo (porque hay opiniones encontradas).

Ya les he contado que la tradición judía sostiene que "Dios crea al mundo mirando la Torá". Es decir, en la Torá están todas las explicaciones acerca de lo creado.

Todo el mundo sabe también que el relato de los días de la creación es fuente de inspiración de mil doctrinas en el judaísmo (en especial para las corrientes cabalísticas) y que, en particular, es lo que determina su "Shabbat" o descanso semanal. Así como Dios descansó el séptimo día, también los hombres descansan el séptimo día.

Por su parte el Salmista reza: "un día en tu presencia son como mil años......"

¿Y qué con todo esto?

Todo eso sirve para que se entienda una idea de la tradición jasídica.

El tiempo es histórico para nosotros pero no para Dios y tampoco para "todo" lo creado. Los siete días de la creación, por ejemplo, fueron, son y serán. Existieron en un momento determinado de la historia pero, de otro modo, están siendo....

Ellos entienden que en la Torá Dios revela las reglas y los secretos del mundo. En particular, en el relato de los días de la creación Dios revela la historia y la medida temporal del mundo.

¿Y cuál será la medida del "pasaje" de los días a las "jornadas" en la historia del mundo? Un día en tu presencia son como mil años......

Entonces hacen cuentas y empiezan: el primer día fueron los primeros 1.000 años, el segundo......., hasta el séptimo día que empieza con el año 6.000.

Pero como el día no comienza con el alba sino con la primera estrella, el séptimo día no comienza en el 6.000 sino con la primera estrella de la noche anterior. ¿Y cuál será? Hay varias teorías y se matan entre ellos pero básicamente están los que dicen que se produce con el primero después de la mitad (año 5.501) o los que dicen que es en realidad el primero después de la mitad de la mitad (año 5.751).

Es decir que estamos ingresando (o ya ingresamos) en el Shabbat de la historia de la humanidad. ¿Y qué significa esto? En resumidas cuentas puede decirse que implica la llegada del Mesías y, con él, el establecimiento de Shalom sobre la tierra (que es algo más que paz como suele entendérsela aunque es correlativo al verdadero sentido de paz como "tranquilidad en el orden"). La vida plena y feliz del mundo bajo el reinado del Mesías por un término de 1.000 años.

Los judíos acaban de celebrar el Rosh Hashana 5.770 y todas las corrientes jasídicas están alborotadas con la inminente llegada del Meshiaj con la que deben colaborar como ya charlamos (unos entienden que ya nació pero todavía no se manifestó, otros creen que fue "el Rebe" (el último de Lubavithch) que seguirá en espíritu, otros entienden que se manifestará con el nuevo templo, etc.).


Pasando al Cristianismo....

Este reinado del Mesías durante mil años tiene una vertiente herética conocida como milenarismo.

Sin embargo, el amigo Coronel (que en este juego de casualidades y causalidades quizás conozca a Muret) decía (cuando hablamos del Pueblo de Sacerdotes) que hay una posibilidad no herética de la cuestión. Nos recuerda que el catecismo ha introducido un costado de la cuestión al decir:

674 La Venida del Mesías glorioso, en un momento determinad o de la historia se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel" (Rm 11, 26; Mt 23, 39) del que "una parte está endurecida" (Rm 11, 25) en "la incredulidad" respecto a Jesús (Rm 11, 20). San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21). Y San Pablo le hace eco: "si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos?" (Rm 11, 5). La entrada de "la plenitud de los judíos" (Rm 11, 12) en la salvación mesiánica, a continuación de "la plenitud de los gentiles (Rm 11, 25; cf. Lc 21, 24), hará al Pueblo de Dios "llegar a la plenitud de Cristo" (Ef 4, 13) en la cual "Dios será todo en nosotros" (1 Co 15, 28).

Y la respuesta de San justino al judío Tifrón .

Por su parte, Muret mete bocado recomendando San Elías de Michael O'Brien.


Yo vuelvo a los ciclos de la historia en la Cristiandad. Y para que no me acusen de buscar citas "ad hoc" sólo traigo un par citadas en el artículo recomendado por el Coronel:

“La séptima edad será nuestro sábado, y que no tiene atardecer y concluirá en el día dominical, día octavo y eterno, consagrado por la resurrección de Cristo, y en el que se dará descanso eterno no sólo del espíritu sino también del cuerpo” (San Agustín)

“Así como Dios en seis días creó el mundo, y en el séptimo descansó, así el cuerpo místico de Cristo tiene seis edades, y una séptima que corre junto a la sexta” (San Buenaventura)

“Este octavo día -dice allí San Agustín- es la nueva vida al fín de los siglos. Y el séptimo es el futuro descanso de los Santos en esta tierra. Pues reinará el Señor en la Tierra con sus Santos, como dicen las Escrituras, y tendrá aquí la Iglesia en la que no entrará mal alguno, separada y limpia de todo contacto de perversidad” (San Agustín)

¿Y entonces? Entonces nada, hay mucho para pensar......


Natalio


martes, 22 de septiembre de 2009

Pan y Vino en el monte Athos




Pan de Vida

Lo he visto por dentro
En la rugosa cripta de mis húmedas entrañas
No menos que en la inmensidad ajena
Que se abre a mis pies cuando baja la marea.
Un populoso mundo de escombros y muñones
Huesos secos esparcidos
Desolada bruma densa
Y entre medio un grito
Solo, perdido
Sin fuerza, dolido
Agotado, desganado, malherido,
Clamando una gota de sentido.

Muere el niño inocente
Brama Camus desde su Peste;
Muere el noble, el indecente
Ideal, amor, proyecto, meta:
Todo cae y muere:
es ist in allen...aporta el Poeta
Esta misma mano cae y desvanece
En desoladas playas inertes
De insípidos salitres que no saben ya salar
La insoportable levedad de toda muerte.

— Alarga tu mano al alimento prohibido
Y serás divino.

La herrumbre del pecado aún no lo ha borrado:
En el fangoso fondo de las almas ciegas
Al tembloroso tacto
Memoria y nostalgia se repliegan
Y vuelven a leer -desdibujada-
La punzante razón de su condena:
Has querido comerte la Vida
Y terminaste sentado
Revolcado en la ponzoña
De un fúnebre banquete
De negros manteles, hedor y roña
Entre platos de muerte y copas de pecado.

Allí,
Debajo de aquel árbol
La muerte comí
Que como un eco abruma sobre el tiempo
Su pestilente y rancio hedor.
Y sobre el orbe entero
Alargan sus lúgubres sombras
Aquellos platos, aquellas copas
Repletos del más funesto desamor.

Pero aquella populosa marea
De escombros y muñones
Más aún retrocedió.
Y yo vi lo que ningún ojo vio:
El negro mar lleno de muerte se abrió en dos
Y un Camino Viviente lo surcó
Y desde Oriente la bruma levantó
Y aunque llanto y pasmo me atontaba
Yo estuve allí y Lo miraba:
Recortado entre medio de las ruinas circulares
Un inmenso árbol conocí,
Frondoso, tupido
De tronco añejo, más que el mundo,
De brotes tiernos, más nuevos que el día.
Y yo, temblando
Hincado entre escombros y muñones
Lo oí:

— Alarga tu mano al Pan Vivo
Y serás divino.


el Athonita

Vino de Melancolía

Je sais que nous buvons à la même coupe
Tous le deux.
Elle est cet horizon commun de notre exil.

P. Claudel

Sobre la intemperie interior
Llueve la más delgada de las lluvias
Minuciosa, obsesiva,
Sórdido lamento de un cosmos en parto y agonía.
Todo es bruma gris
Melancolía
Mojada tarde
Impregnada de olores añejos y primarios.
Y dentro de la nube: añoranza.
Nostalgia de un sol ido
Que aunque nunca hubiera estado
Siempre sería ido.

Y empino la Copa
Horizonte, Umbral, Seña y Roca
Y cuando paladeo
La prenda de la gloria futura
Llega lo que me da miedo:
Crece el deseo,
Fluye indomable la bruma
Y grito hacia la Fuente
Sin ver ni su figura:
si me olvido de Ti, mi Locura
que se me apague el paladar
y deponga todo gusto y todo hablar
!

Ante este Cáliz virginal
Madre ensangrentada
Dejo mi rasa sandalia
Huelo y bebo
Buscando sobre el rojo mar de sangre
El aroma o los rasgos oh Madre
Del que exiliado, me exilió
Del que estuvo y se marchó
Y en prenda me dejó
Este punzante deseo,
Que quiero y que no quiero
Dolor lacerante en el ser
Por unos ojos que no tolero no ver.

Huelo y bebo
El Sésamo que abre antiguas noches
De aromas que lastiman
De diálogos, de risas, de guiños, de silencios
Idos.

Y bebo en frenesí
El morado Río entero
Que barreno o remonto -ya ni eso veo-
Buscando esa piedra primaveral
Sobre la cual
Un día que ya fue y no así
Me bebiste y te comí.

Y bebo
Aspiro suspiro huelo
La furia del fuego
Taninos infinitos;
Canelas, robles y ciruelas
Grosellas, acacias, eucaliptos
Que activan la memoria
De cenas, de bosques, de viajes: ¡tu Cara!
Y yo atesoro la punzada,
Aunque arda
Como lo mejor de mi mismo
Como suspiro sincero de mi nada enamorada.


el Athonita

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Effatá, Shemmá

(Glosa a Mc 7,31-37)

— Temprano, bien temprano habrá que arrancar mañana, si queremos llegar a remontar el Leontes y dormir en las altas cumbres —avisó el Señor a los Doce.
— “Al que madruga, Dios lo ayuda” —aportó Bartolomé, con ingenuo candor, sin sospechar que el piadoso dicho popular no caía bien al Maestro.
— ¡Dios ayuda al que madruga y antes, y más, ayuda a madrugar! —fulminó Cristo con ojos encendidos.

Largo y sinuoso sería el viaje. Pero prometía belleza como pocos.
Harían más de cien kilómetros, y el plan del itinerario preveía consumir para ello dos jornadas, y tal vez algo más.
Aún estaba oscuro cuando salieron los trece, muy de madrugada, a paso firme, de la todavía dormida Sidón.
El camino bordeaba el Mar Mediterráneo, aunque —según los recovecos topográficos— se alejaba o acercaba a la costa. Inmensos cedros del Líbano escoltaban el minúsculo sendero, ofreciendo a los silenciosos caminantes una suerte de Guardia de Honor de mudos gigantes que secretamente se arqueaban ante el paso hidalgo del Verbo Eterno en Quien todo fuera hecho y en cuyo Decir todo conservaba consistencia en el ser.
El grueso alfombrado de pinocha hacía el andar más misterioso aún, casi mudo.
Sólo parecía atreverse a desafiar el Silencio del Cristo de camino, el impertinente rugir del Mar Grande, rompiendo con violencia contra los peñascos fenicios. Parecía el chirrear del averno iracundo y desesperado por el “hasta aquí llegaste” de la Voz de Dios, que con Carne palestina, camina el Mundo, muy de madrugada, bajando de Sidón hacia Tiro, a punto de decirle al sol: ¡amanece!

Y amanece en Palestina.
Desde atrás del Monte Hermón asoma con tímida sumisión la primera claridad.
Y el Maestro se detiene. Y con Él, todos... y todo.
La primavera, explosiva, despliega —modestamente primero; luego, desinhibida— uno por uno sus encantos: aromas, colores, trinar de pájaros, brisas meciendo cedros y sicómoros... y el Verbo, el Cristo, muy de pie, cual director de orquesta ante el ensayar desordenado de todos los músicos, sube a su tarima —un descuajado cedro— y entona Su prístino Shemmá Israel.
Como armónicos reverberantes, la orquesta entera responde: Tú eres nuestro Rey; Tú afirmaste el orbe, lo hiciste inconmovible. El Cielo se alegra, la tierra se regocija; retumba el mar y cuanto contiene; exulta el campo con todos sus frutos y gritan de júbilos los árboles del bosque...

Hacia el mediodía pasaron por Sarepta, aunque no entraron. El sol se había puesto fuerte. El Señor, que iba puntero, relojeó a Juan, el más chico, y al verlo empapado de calor, se detuvo. Comamos algo acá —avisó al grupo, apoyando la palma abierta de su mano sobre la cabeza del discípulo amado.
Entre la bruma del acaldado mezzogiorno, tras el candente polvaderal, se recortaba la antigua Sarepta de los cananeos.

— ¿Saben por qué Elías pudo hacer el milagro aquí y no en favor de las muchas viudas que habían en Israel?
— Porque nadie es profeta en su tierra —apuró Tomás.
— ¿Pero por qué? —insistió el Señor.
— Porque la familiaridad produce acostumbramiento —arremetió Andrés, esmerándose en mostrar que lo había atendido en la Sinagoga de Nazaret— y la costumbre impide el milagro, atonta la mente y la fe.
— Y atonta el amor —aportó Juan, tímidamente.
— Sí, sí. Han hablado bien —sentenció el Maestro—. La costumbre impide el milagro. Pero... ¿por qué?

Sólo se sentía el desganado chirrear de cigarras y chicharras y el afanoso mordisquear de los comensales. Y el sutil tremolar de polvo, nimbando la facalda siesta fenicia.

— Saben, —avanzó el Maestro— La costumbre impide el milagro porque obstruye la escucha. Ustedes, por ejemplo, no han sabido escuchar todo lo que se ha dicho desde que salimos de Sidón.
— ¡Pero si has andado la mañana entera taciturno y callado! —emprendió el flemático Pedro, experto en azuzar el avispero...
— La tierra entera ha cantado la Gloria de Dios y ustedes no supieron escuchar su voz. Y no escuchan, porque el acostumbramiento les ha pervertido el oído.
Ustedes oyen sin escuchar. Como miran sin ver.
Porque oyen y miran demasiado. Hasta el embotamiento.
Tienen atascado el oído de mil palabras y conceptos, que taponan el acceso de mi Voz a vuestro interior.

Un silencio señorial cubrió al puñado de harapientos amuchados bajo la sombra de unas añejas retamas en flor. Un par de tórtolas arrullaba lo suyo, mientras incansables abejorros disfrutaban del dorado dulzor de la retama.
Todos tenían los ojos fijos en Él. Y aunque poco Lo entendían (y cada vez menos), una curiosa habilidad o instinto habían logrado desarrollar en estos años: ante un timbre muy determinado del Maestro (que podía surgir en la coyuntura menos pensada) sólo cabía callar, mirarlo, y atenderlo.

—Sí; no hay mayor tragedia que esta: mi Voz no pudiendo llegar al interior del Hombre.
Esa Voz que Es desde antes de que el Mundo fuera.
Esa Voz que pensó este Cosmos y al decirlo le dio consistencia y lo dejó
impregnado de su timbre, de su fraseo, de su modo de decir las cosas...
Esa Voz que habló por los Patriarcas y Profetas...
Esa Voz que dijo Amén al Proyecto salvífico del Padre y dijo “Aquí estoy” ya en el seno de este Mundo y Madre.
Esa Voz que revestida de carne, timbre y dicción vino para decirles: amen, perdonen, oren, confíen en el Padre, desenfoquen la paja ajena, disfruten del Don, acojan toda
Noticia Buena, déjense salvar...
Esa Voz, que por divina es Omnipotente y Creadora; y por humana: pobre y humilde, débil y esclava.
Esa Voz mendiga al umbral de todo oído humano el “hágase en mí Tu Palabra” sin el cual queda a la puerta sin pasar. Y con el cual, sin más, hace lo que dice.
Esa Voz, cubierta del rocío de la espera, ha venido a salvarlos, pero ustedes no
quieren recibirla.

Sarepta seguía allí, minúscula, a las espaldas del Maestro, fulgurando al ardor de la siesta palestina. Jesús, levantando los ojos hacia las tórtolas que –cual flautas barrocas- en su arrullar habían acompasado el intenso discurso, remató:
— Sólo se trata de eso: de escuchar esta Voz, hoy. Sin resistencias.
—Hay que escuchar la Voz de Dios y poner en práctica lo escuchado —acotó Santiago, sacando agua del reservorio universal de la arrogancia humana.
— Ay, Jacob, Jacob —embistió la encarnada Voz de Dios— sigues luchando contra el Ángel. Por eso, también de ti amanecerá un “Fuerte-contra-Dios”, que luchará hasta mi Retorno en favor de las “acciones” humanas de esta empresa divina.—Y con enérgico ademán se incorporó para retomar la marcha.

No bajarían hasta Tiro. Pues por allí habían subido desde Galilea. El Señor quería volver por la Decápolis, para lo cual había que ir internándose por caminos escarpados hasta atravesar la Región montañosa, donde seguramente los sorprendería la noche.
Y así hicieron.
Puntero de nuevo, ágil como un cervatillo, avanzaba el Señor a paso franco y firme. Hasta que el sol se puso, sugiriendo plegaria, comida y descanso.

Majestuoso atardecer, en bronces y cobres, entre los agrestes y abruptos peñascos. Tras las oraciones, Tadeo se encargó del fuego y Leví de disponer la cena. Inmensa luna completa, emergió solemne y silenciosa. Sólo se escuchaba, cada tanto, ese grito entrañable y seco con que los zorros confiesan secretas añoranzas. Clima ideal para que el Rabbí retomara la charla:

—Qué creen ustedes: ¿gasta muchas, medianas, pocas o ninguna energía la luna para alumbrarnos? —Nadie atrevió la respuesta. Pues era cantado que el asunto venía con trampa. El Señor prosiguió:
—Ninguna. Ella tan sólo recibe y refracta la luz ajena. Así ustedes han de ser alumbrados y alumbrar. Tampoco un sarmiento se esfuerza por producir uvas: recibe la savia de la cepa.


Yo Soy la Vid, Yo Soy el Sol.
Yo Soy Palabra y vosotros, silencio.
Yo soy la Voz; vosotros, el oído atento.

A vosotros no les “sale” vivir la Palabra, porque no les “entra” el Evangelio.
Quien se abra a mi Palabra, se salvará. Quien se cierre, ya está condenado.
A esto he venido al Mundo: a pronunciar una Palabra Viva y eficaz; cortante como espada de doble filo.
—Dinos cuál es esa palabra y eso nos bastará —apuró Felipe.

Y el Señor los miró. Uno por uno los miró. Cada rostro, alumbrado por el centellear del fuego, expresaba con intensidad el cansancio y la pobreza, la dolencia y la impotencia humana. Todos percibieron que al Maestro le había gustado el “pie” de Felipe y redoblaba tambores con mirada y sonrisa, antes de derramar el logos salvífico en el corazón de sus íntimos.
—Effatá —dijo con inmenso gusto, demorando cada sílaba—. ¡Ábrete! Ábrete, Hombre, al Poder de un Dios que quiere salvarte por Sí mismo.
Ábrete y escucha, que lo demás vendrá por añadidura.

Pronto el frío de montaña apretó. Y bien acuevados, durmieron todos... menos el Señor, ocupado en asuntos Paternos.

El día siguiente ofrecía un itinerario más bello aún: la bajada hacia el Mar de Galilea, acompañando el descenso lúdico y risueño de arroyos cantores, por verdosas y mullidas riveras... De lejos divisaron Cesarea de Filipo, donde tiempo atrás Simón mutara en Pedro... El inolvidable “¿Y ustedes quién dicen que soy?” reverberó una vez más sobre el corazón de cada uno. Larga y silenciosa travesía les consumió el día, gravitándolos hacia el precioso Kinéret (el lago más bajo del mundo) que divisado desde los cerros delataba mudo la razón de su nombre, con su perfecta forma de lira.
—El fondo del orbe es un líquido salmo de alabanza al Padre —pensó el Logos, pero sólo para sus abisales adentros.
Ya casi de noche, lograron llegar a Betsaida, sobre la orilla del sereno Mar de Galilea.
Fue entonces, tras el rezo del Shemmá, que Jesús retomó su enseñanza:

—Quiero explicarles el auténtico sentido del “Shemmá Israel” que todos repetimos desde niños dos veces al día. “Escucha Israel”, manda Dios. ¿Para qué?; ¿para que prestando atención a la larga nómina de normas, preceptos y mandatos que el Señor tu Dios te impone, procures ponerlos en práctica?
No. Escúchalos: pues ellos hacen lo que dicen.
Si tú los escuchas, si tú amas esa Voz y la alojas, se cumplirá en ti todo lo que el Señor tu Dios manda que se realice en ti. Como la oveja: si reconoce la voz de su pastor, la sigue; pues esta voz la imanta, la encanta, la puede.

—Ahora entiendo —intentó reivindicarse Santiago—: Tu Palabra hace lo que dice, es eficaz. Nuestra es la tarea por abrirnos a ella.
—¿Que ahora entiendes? —increpó el Señor— Ay, Iacobus. Sólo Yo puedo abrirte a Mi Palabra. Sin Mí nada puedes. Sin Mí sólo puedes la Nada.
Yo Soy el Paso y la Pascua; Soy el Camino y la Vida, Soy el Decálogo y el Ábrete.
Y tras un silencio remató: —El que reciba mi Effatá, escuchará Mi Voz y cumplirá mis mandatos. En esto consiste el amor que me deben: en que alojen mi Palabra.
Y agregó luego: —Vayan hasta los confines del Mundo, y en mi Nombre, conjuren los oídos de todas las gentes, pronunciando con fuerza y poder el “Effatá” recibido. En esto consiste “enseñar a guardar todo lo que yo os he mandado” (Mt 28,20).

Y fue allí, a la mañana siguiente, a orillas del calmo Mar de Galilea, que el Señor completó con gesto elocuente, sus palabras de travesía. Ligándolas intrínsecamente.
Le llevaron para eso el Sordomudo que nos relata el evangelista. No son dos dolencias, como todos saben. Se es mudo porque se es sordo. Y eso no es más que parábola viviente de algo que no todos saben y muchos, aun sabiendo, olvidamos: se está impedido de vivir la Palabra como una rasa consecuencia de ser sordo, imposibilitado de una auténtica escucha.
Porque no nos entra, no nos sale.
La oímos, pero no la escuchamos.
Si la escucháramos, no haría falta más para ser canonizados y entrar limpios al Cielo. Fides ex áuditu. La fe procede de la escucha; de escuchar la Palabra de Cristo (Rom X,17). Y por la fe somos salvos (Ef II,8).

Y fue así que el Logos Eterno, en Carne, tomó con firmeza al enfermo, y lo apartó.
A solas con el sordo.
El Dedo divino —Llama de Fuego ardiente— avanza por el interior obstruido del miserable. Cerrazón —habrá pensado—: no hay técnicamente nombre más preciso para rotular el conflicto humano. Pétrea cerrazón. Punzada, estoqueada, horadada por el Fuego divino: Lanza, Flecha, Bastón que parte piedra para que emerja del prístino hondón el agua pura atascada.
Y las Aguas Eternas —¡Plasma divino, Vida trinitaria!— hechas saliva del Pantocrátor, tocan el interior del miserable, que recibe el exorcismo primordial: ¡Effatá! dijo el Señor en un estruendo que conmovió hasta los cimientos del orbe.

Bene omnia fecit, dijeron. Todo lo ha hecho bien. Y no tras hacer un racconto de todo cuanto había realizado, sino tras esta acción. Todo lo ha hecho bien pues este es el “Todo” en cuestión de la misión salvífica de Cristo: destrabar la sordera humana, para que el Hombre pueda irresistirse a la Palabra que salva. Y quedar salvo.
De ahí que el asombro hiciera cumbre.

Desde entonces, inclinar el oído sobre la Sagrada Escritura, y llevarse a la boca las Bienaventuranzas no es afrontar a un Dios que me desafía, sino a un Dios que me convida la Salvación. El Evangelio no es un manual promotor de propósitos. Él es Propósito. Divino e infalible. Performativo. Es Jesús mismo, en el ejercicio indefectible y continuo de su propio Nombre: Dios-está-salvando.
No hay Noticia más Buena que este gerundio horadando a las puertas de mi sordera.
Buena y promisoria, pues este gerundio es más poderoso que mi sordera.
Effatá mata cerrazón.

el Athonita

06-IX-09

viernes, 4 de septiembre de 2009

Wanderer está salvado


En lo de Wanderer se ha armado un despiporre fenomenal. La verdad es que, debo confesar, a veces la cuestión se pone divertida. Hay algo de morbo en los espectadores como uno porque, en definitiva, la cuestión se trata del armado de un ring donde se tira un tema para que todos se maten. Y es, en algún punto (con relación a ciertos temas), divertido. Porque se forman dos bandos más o menos definidos con algunos varios eclécticos que se dedican a repartir sopapos a unos y otros cual árbitros de la disputa. Y la lucha es a muerte. A veces uno ve resbalar un poquito a alguno y sólo resta ponerse a contar para que le caigan de a cinco para cimitarrearle la cabeza.

En algunos temas (en otros no tanto) la cuestión se convierte en un ejercicio interesante y entretenido, donde hay que saber pegar sin bajar nunca la propia guardia. En otros tiempos (con seudónimo o iniciales) participaba con frecuencia pero descubrí que no tengo el temperamento adecuado para ese deporte. Termino enojándome y tomando las cosas como algo personal cuando, en verdad, debería resultar un "cruce de guantes" entre "amigos" (en un sentido amplio de la palabra).

El asunto que hoy traigo comenzó con un comentario de Ludovicus a un post de J. Tollers. Luego el Wanderer, al ver la naciente batahola, recogió el guante y redobló la apuesta. Siguió Ludovicus agregando un poco más de pólvora al asunto y luego definió Wanderer mordaz, irónica y divertidamente.

La cuestión en términos simples puede plantearse así: unos dicen "ya estamos salvados" y otros dicen "mientras vivimos no estamos salvados".

En términos más complejos (requiere ya de más matices) la cuestión puede plantearse: "hay que trabajar para condenarse" o "hay que trabajar para salvarse".

Y lo curioso es que todos lo enunciados son verdaderos "secundum quid", en cierto sentido (no podrían ser ambos verdaderos en el mismo sentido por el principio de no contradicción), aunque algunos requieran más ajustes que otros (los enunciados mediante la palabra "trabajar" en un sentido o en el otro).

El tema es interesantísimo y apasionante, tan viejo como la historia de la Iglesia o, me atrevería a decir, tan viejo como la religión mosaica (por hablar sólo de nuestro ámbito porque creo que está en el centro de toda concepción religiosa).

Asimismo, es un tema siempre recurrente en las aguas protestantes particularmente sensibles a los diferentes enunciados de ellas. En este campo nuestra amiga protestante tenía escritas varias cosas (entre ellas una serie fenomenal, compartida o no, de la teología del pecado que creo no está todavía mudada a su nuevo hogar) o, ya desde el lado católico aunque con mucho diálogo con la teología protestante, el amigo Gabaon en sus Cánticos del Siervo.

Pero además de todo aquello la problemática nos conduce también a algo que habíamos dejado de lado al hablar sobre las reformas al nuevo misal (en el entender del Athos colamos el mosquito y nos comimos el camello). Hablamos del tomen por el tomad de la fórmula de la consagración y dejamos de lado el "por muchos" en lugar del "por todos". Y el problema allí es el mismo ¿se salvan todos o se salvan muchos? ¿Cristo derramó la Sangre por todos o por muchos?

Habiendo mostrado varios caminos que venían circunvalando el tema en forma paralela, vuelvo al eje.

¿Estamos salvados por la muerte (y su resurrección como dicen algunos, aunque es otro asunto) de Cristo?

Eso, así dicho, puede significar varias cosas, algunas de las cuales son (con infinitos de matices en los mismos enunciados):

- Estamos todos salvados. En este sentido se entiende toda una línea de pensamiento que ya mencionamos que entiende que "historia de la salvación" e "historia de la humanidad" son una misma cosa, toda la humanidad está salvada por la muerte de Cristo, el infierno (si existe) está (o quedará) vacío.

- Estamos salvados todos los bautizados en tanto recibimos la Gracia de Cristo. El Bautismo, además de ser causa, es signo de Predestinación. Hagamos lo que hagamos (según las versiones) terminaremos salvados por la Gracia de Cristo ya que "Él nos ha destinado en la Persona de Cristo, por pura iniciativa suya a ser sus hijos..." (Qui praedestinavit nos in adpotionem filiorum per Iesum Christum in ipsum).

- Estamos salvados todos los bautizados en tanto la Gracia de Cristo actúa en nosotros haciéndonos actuar de modo agradable a Dios y sólo nos condenaremos en la medida que la impidamos actuar en nosotros.

- Estamos salvados todos los bautizados sólo en potencia. Se nos abre la puerta para que nos salvemos pero el pecado original, aunque borrado por el bautismo, nos sigue llamando al perder la Gracia. La salvación, entonces, es un trofeo que nos será dado al final del combate si lo hacemos adecuadamente. Ergo, lo más adecuado para este enunciado sería decir "no estamos salvados hasta que estemos salvados".

- Estamos salvados en la medida que nos "ganamos" la gracia con nuestras propias obras.

Entre los enunciados 3 y 4 podemos encontrar caminos que no son incompatibles y por los que marcha la teología católica. Y el problema en estos temas es que el que desbarranca... desbarranca en serio, no hay grúa que lo salve.

En cambio, los enunciados que enuncian la cuestión con la palabra "trabajo", si bien pueden ser bien entendidos ambos, hay que aclararlos un poco más.

- Si digo "hay que trabajar para condenarse" no debo olvidar que el pecado original mantiene una tendencia natural (naturaleza caída) al pecado, por lo que puede resultar equívoca la palabra "trabajo". Quiero decir, pecar, aún estando en Gracia, no requiere de mucho esfuerzo (por eso hay que estar alertas ante el "león rugiente que anda buscando a quien devorar").

- Si digo "hay que trabajar para salvarse" no debo olvidar que nada de lo que hagamos nos salvará. Nos salvamos por acción de la Gracia. Nuestro "trabajo" consiste más bien en un "dejar hacer a la Gracia".

En fin, lo importante es que Wanderer está salvado.

Natalio
Pd: No sea amarrete, haga caridad y compre estampitas a los pobres monjes.

lunes, 31 de agosto de 2009

Pauper, Servus et Humilis






I.

Tu vocación por la abyección
Es más arcana
Que la tejida
En las blancas entrañas de María.
Desde siempre y por siempre
Tú eres de Otro.
Tu delicia es
Lavar sus pies
Y aún sin Carne para Cruz
Vivir absorto, anonadado
En esos ojos que en el Amor te dieron Luz.
Y haces lo que ves.
Dices -y Tú eres tal decir-
Lo que escuchas al Otro.
Oh Verbo entregado sin retorno al Amor trinitario.

Y cuando falta hizo
Te lanzaste en cascada al Abismo.
Del Cielo a Belén,
A Egipto y Nazaret.
Bajaste a la hondura negra del Jordán
Y hasta al cráneo atemporal del rancio Adán.
Y cuando Cielo y Tierra convinieron
Al verte atravesar las raíces del averno
En suplicarte ¡detente!
Tu salto en caída libre
Voraz y refulgente
Siguió en bajada jovial
Gustoso, enloquecido, decidido
A usurparle al mundo, o a quien fuere
Del Orbe, el último lugar.

Y se detuvo
Quieto y mudo
Sobre la roca firme de este Pan primordial.
Oh soberbia arrogante de Adán:
Mira la dulzura
De Aquel que en blanca muda
Sin tremolar su divina figura
Mira desde abajo tu averno
Socavando sus cimientos
Anegando sus incendios
Reinando mudo
Desde las entrañas de un ácimo mendrugo
Último
Sin gracia ni hermosura
Más que aquella que otorga la locura
De un Amor extremo, o mejor: de desmesura.

II.

A veces hay que decirle que se vaya,
Como a un mendigo...
Pero él se queda allí,
acostumbrado como está a los insultos

Julien Green


Si alguna vez dijera, aunque temblando
¡largo de aquí! Con ademán y mando
Lo sé, y me estremece verlo:
Con inmutable gesto
Con Rostro blando, de pedernal secreto
Tú seguirías allí, de mi mirar sediento,
Impertérrito.
Mendigo imperturbable
Amigo inagotable.
Y con genuina ingenuidad delatarías
Lo que no es retórico erotema
Sino enigma y desconcierto para Dios:
¿Por qué me pegas?, dirías a media voz.
Y con mirar muy quieto,
Sereno y quedo
Ajeno a toda sorna
A mi lado quedarías
Imperturbable, recto
Aguardando tu limosna:
La devaluada Dracma de mi inestable afecto.



III.

En un sentido muy auténtico
Cristo estuvo de incógnito.
Y así continúa.

S. Kierkegaard


Cuando en un rapto de sensatez y cordura
Te expreso con seriedad y mesura:
“Crece Tú, y que yo disminuya”
Mi verbo se estrella y pulveriza
Ante tu Pan tan quieto tan sin prisa
Que me mira y eriza
Y susurra en suave brisa:
Deja eso para prédicas y libros
Tú crece hasta plena estatura
Que es para ello mi pena, mi herida, mi locura
Que crezcas en vida, en luz, en gran holgura
Mientras Yo sigo bajando a la raíz de tu negrura.

Déjame a Mí la sombra
Y asume tú la claridad
Come y contempla mi Pan taciturno
Y déjame ser en medio de tu mundo
El Secreto y el Callar
Lámpara debajo del altar
Infinito revestido del cero
León que protege con piel de cordero.
Y sé tú, desde las terrazas del orbe
La Voz sonora
Del consumido Verbo imberbe y mudo.
No confundas más:
Crece tú, come mi Pan
Y deja en paz Mí desmesura.
Que crezca en mi el otoño -que es la siega-
Y asume tú la primavera
Que entre ambos a este mundo ganaremos
No por otro atajo
Que este sagaz y secreto
Plan de trabajo.


el Athonita

viernes, 21 de agosto de 2009

El traductor está con "ustedes"

El amigo Odysseus me pasó este texto de un traductor de Sagradas Escrituras sobre el asunto del ustedes y el vosotros.

Tiene un tiempo pero resulta actual...

Natalio

APUNTES DE UN TRADUCTOR DE SAGRADAS ESCRITURAS (27-7-1999)

Sobre los pronombres personales de segunda persona del plural "vosotros" y "ustedes", sus formas pronominales posesivas y la repercusión de su uso en las versiones castellanas de la Sagrada Escritura.

La lengua castellana -como toda lengua- tiene sus formas morfológicas oficiales y diversos usos regionales y niveles según los multiformes ambientes de la vida de los seres humanos. Nos concierne el tema gramatical de la segunda persona del plural.

En España la forma "vosotros" es familiar, mientras que el "ustedes" pone distancia. En Hispanoamérica "ustedes" se usa tanto en el trato familiar como para poner distancia. Depende del tono.

Pero eso no significa que "vosotros" nos sea ajena o extranjera: ocupa su lugar como forma oficial de la segunda persona del plural especialmente en la lengua escrita, en la poesía y a veces cuando la solemnidad de la ocasión lo requiere. Es un "nivel" del lenguaje que nos es familiar sobre todo por la escuela y la literatura. "Vosotros" es el único pronombre que tiene formas verbales y pronominales propias de la segunda persona del plural en cuanto tal, es decir, del "tú" plural (amáis, amad, vuestro, vuestras, etc.) mientras que "ustedes" ("vuestras mercedes") se usa con las formas verbales y pronominales de la tercera persona del plural (aman, amen, sus, etc.), con la consiguiente ambigüedad.

Las lenguas jóvenes y primarias conocen sólo el "tú" y el "vosotros". Así sucede en hebreo, arameo, griego, latín, gaélico, etc. La introducción de las formas de distancia o cortesanas ("vuestra merced", "vuesarced", "su Majestad", los originalmente femeninos "Lei" en italiano, significando "la sua Signoria" o algo parecido, análogo a "Sie" en alemán) es típica de épocas más tardías y envejecidas del idioma, marcada por la atmósfera cortesana o burguesa de la forma de vida: uno se dirige indirectamente al interlocutor o a los interlocutores con las consiguientes formas verbales y pronominales de tercera persona: "su Señoría quiere"; "ustedes vuelven a sus antiguas costumbres". Con la amplia difusión del pronombre "ustedes" en castellano latinoamericano resultó una notable ambiguedad no sólo en las formas verbales sino especialmente en el posesivo "su/sus", que puede significar "de usted varón", "de usted mujer", "de él", "de ella", "de ustedes varones", "de ustedes mujeres", "de ellos" o "de ellas".

La "segunda persona" gramatical tiene una inmensa importancia en la Teología, especialmente en la Sagrada Escritura y en la Liturgia. Dios es llamado "Tú" por la creatura en la Historia de Salvación, en los Salmos, en las oraciones de la Iglesia. De igual manera, frecuentísimamente Dios se dirige a una segunda persona singular o plural. Dios llama y trata de "Tú" a un patriarca, a un profeta, a su Ungido. Llama y trata de "vosotros" a su pueblo con especial solemnidad y énfasis, tanto en el Antiguo Testamento (es clave de la vocación y de la querella con el pueblo elegido), como en el Nuevo Testamento: especialmente en la relación Cristo-discípulos, Cristo-Iglesia.

El pronombre personal "vosotros", en consecuencia, adquiere una importancia inmensa, con todas las formas verbales y los pronombres posesivos correspondientes que se van hilvanando en el discurso divino. Así vemos, por ejemplo, la maravillosa frase de Isaías 55, 8: "Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos -oráculo de Yahveh-. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a vuestros caminos y mis pensamientos a vuestros pensamientos".

Dios se dirige a su pueblo en la segunda persona plural y el posesivo ''vuestro'' adquiere un énfasis insustituible. El posesivo "sus", que corresponde a "ustedes" ("sus caminos", "sus pensamientos") es ambiguo. Podría tratarse de una tercera persona del plural "ellos", y el discurso perdería su fuerza. Lo mismo puede verse en la célebre frase de Cristo a María Magdalena en Jn 20, 17: "Le dice Jesús: No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios".

La sustitución de "vuestro" por "su" introduciría una ambigüedad teológicamente inadmisible, mientras que el añadir "de ustedes" destruiría el versículo desde el punto de vista literario (el ritmo, la simetría, la proporción, en una palabra, la belleza del mismo).

Los ejemplos podrían multiplicarse indefinidamente: muchos de éstos son pasajes claves del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Viceversa, hay multitud de pasajes en que es muy deseable que se palpe, como en hebreo y en griego, que se está en presencia de formas verbales y pronominales de tercera persona. Se está hablando de un "ellos' que es una expresión prototípica de la Sagrada Escritura: Dios habla a su profeta de un "ellos" misterioso que camina a la perdición; el salmista pide auxilio a su Dios contra un "ellos" a veces innominado que son sus "perseguidores", o "los malvados", o "los idólatras, gentiles", etc. La tercera persona aleja de la intimidad divina sea para abandonar a la "Casa Rebelde" o los gentiles, o por el contrario pidiendo que desde la lejanía se conviertan al Señor.

Hay ejemplos copiosos:

Multiplican ["ellos' innominados] las estatuas de dioses extraños;
no derramaré sus Iibaciones con mis manos ni tomaré sus nombres en mis labios.
Salmo 15

Del mismo modo, en un pasaje central del Sermón de la Montaña (Mt 5, 14-16) leemos:
Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad puesta en lo alto de un monte. Ni encienden una lámpara y la ponen debajo de un recipiente sino sobre el candelabro, e ilumina a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

El juego entre el "vosotros" (el "tú" plural del Cuerpo de Cristo) y sus posesivos "vuestras" y "vuestro" contrastan admirablemente con el sujeto indeterminado "encienden" y "ponen" y con las terceras personas del plural "todos los que están e!1la casa" Y "los hombres", de los que se predica que "vean" y "glorifiquen". De las solas formas gramaticales surge todo un hilo para una profunda exégesis y reflexión teológica.

En cambio, si el pasaje es "traducido" al uso del pronombre "ustedes", resulta una total confusión. No se sabe quiénes encienden y ponen la lámpara, de quién es la luz, de quiénes son las buenas obras y de quiénes es el Padre que está en los cielos. Cuestiones no indiferentes, sin duda.

Apéndice sobre Sagrada Escritura y Liturgia.

La tesis de que el lenguaje de las traducciones de la Sagrada Escritura -o su lectura en la liturgia- debe acercarse lo más posible al lenguaje de la calle es lo que se llama propiamente un prejuicio. No se la somete al examen de la luz de la razón ni de las ciencias. Es, en verdad, la postura de una escuela litúrgica, que -como todas las escuelas sujetas a la moda- hoy están y mañana pasarán. Habrán envejecido. Todo lo que se aparta del sentir de la piedad tradicional de la Iglesia, se aparta de la fuente de la eterna juventud, pierde el contacto con aquello que es siempre nuevo porque es eterno. La Iglesia ama e incorpora lo nuevo, pero no incorpora el error, o la fealdad. Muchas de las modas litúrgicas de los clérigos de hoy ofenden a la piedad de los fieles, viejos y jóvenes, distinguidos o humildes.

1. Una vez más asistimos a un signo de división entre los clérigos, con el inevitable desconcierto de los laicos. Pues unos ministros se acomodan al uso nuevo, mientras que otros se atienen al tradicional.

2. Se da también la división dentro de la Acción Litúrgica, pues unas partes de la misma tendrán lugar con el tratamiento de "ustedes" con formas verbales y pronominales de la tercera persona del plural, mientras que otras partes (por ejemplo la Consagración) se hacen hasta ahora con la segunda persona del plural "vosotros" y las formas verbales correspondientes.

3. El deseo de expresarse "en el idioma exacto que habla la gente de la calle", con la pretensión de serles cercanos e inteligibles, desconoce principios elementales de la lingüística.

Toda lengua tiene diversos niveles: diferencias regionales, sociales, profesionales, literarias, etc. El creyente, consciente de que a Dios se debe un trato especial, siente la necesidad de una liturgia de singular belleza. "Decef". Corresponde. Es bello. Lo contrario sería vulgar, inadecuado, con una "sombra moral" en razón de las circunstancias, importante fuente de la moralidad.

Por ejemplo, en Suiza la Misa no se celebra en el dialecto que la gente habla todo el día, sino en alemán Hochdeutsch (o como dicen ellos: in der Hochsprache) que es el idioma de la escuela y de los libros. Alemania, Italia, los países escandinavos, etc., están poblados de infinidad de dialectos de gran pujanza en la vida cotidiana. Sin embargo, la Liturgia -incluso la homilía- en dialecto sería impensable, inimaginable a toda persona de criterio, culta o ruda. No hay misales ni leccionarios en alemannisch ni en suavo ni en napolitano ni en siciliano ni en romanesco, por nobles que sean estos dialectos, algunos de los cuales tuvieron y tienen sus poetas y sus folkloristas de renombre. Así también los gramáticos de la lengua castellana -extendida en vastísimos territorios y carente de dialectos- han acordado formas morfológicas donde los usos regionales deben encontrar su punto de convergencia. Las lenguas tienen sus niveles. No se habla el mismo nivel en la casa, en la calle, en la ·escuela, en los Tribunales, en los discursos cívicos, en la Acción Litúrgica. Esto es un patrimonio universal de la humanidad, del hombre que pronuncia su palabra en la variedad del cosmos que Dios le ha dado.

Se dice en Irlanda: "Tierra sin lengua, tierra sin alma".
27-7-1999.

lunes, 17 de agosto de 2009

Sangre derramada por muchos


El Evangelio de este Domingo habla de Sangre. De beber Sangre.
Sangre ajena. Sangre derramada. Sangre divina.
Derramada por mí, por cada uno, por aquellos dispuestos a recogerla.

Leído desde la intención del donante: por todos los hombres, claro.
Leído desde la inviolable libertad del donado: en beneficio de algunos, en favor de los dispuestos, por muchos.
Leído desde la Revelación —¿cabía al diminuto microbio humano leerlo desde otro ángulo?—: perí polón, pro multis, por muchos. “Lo dice Dios y punto”, como repite a cada tranco, cual un latiguillo, uno de esos personajes simples y geniales de Claudel...

Tras varias décadas de debate, volvió el pro multis. Y estamos de fiesta.
Si los que lo defendieron tanto no saben disfrutar y celebrar este paso y se empantanan en el ustedes reemplazando al vosotros, creo que yerran fiero en el arqueo de caja o recuento de soldados. Es más: no distinguen núcleos duros de periferias negociables...
Ha sido un triunfo de la Tradición y de la Verdad.

Pero para no enlodarnos en estos minúsculos conflictos de tradicionalismos más “ísmicos” que tradicionales, propongo dejar esto de lado y paladear el Misterio de la Sangre:



El Lagar
Yo solo he pisado el Lagar

(Isaías 63,3)

Inmensa cuba de la ira de Dios
Cargada hasta el borde
Con los violáceos racimos del odio humano
Pisoteada en un suburbio pestilente del mundo
Las afueras del hombre, las afueras de Dios
Reventando el hollejo de cada malicia nauseabunda
Con el peso aplastante del Amor fragante.
Y la Palabra se hizo Sangre
Ojos en llamas
Y tiñó sus vestidos de culpa y cargo.
¿Quién eres tú con rasgos de cordero
Niño ingenuo parado sobre el nido de cobra
Jinete erguido, con brío y decidido
a beber hasta las heces
la Copa de la Ira
el Cáliz de vértigo
el Vino de furia
la ignominia espumante del orbe?
Tú, ¿quién eres?

Y Él mira, calla y pisa el Lagar.
Y aunque Él calle, yo voy a hablar:
Es Bar-Abbá, el Hijo Amado,
Hecho bandido
Para que nuestro sea el vino
De los hijos.


Pie Pelícane


Si amar es dar
y soltar lo dado
Tu te has quedado, oh Ácimo amado
Sin sangre ni aliento, diezmado
Sin Fuerza sin Paz sin Reino ni Talar.
Entregado nos dices, y no entendemos;
Derramado insistes y distraemos.
Pero tu pálido Pan -mudo y desnudo-
Lo expone elocuente y patente.
Y aunque sin voz -pues hasta el Verbo cediste-
Con mudos ojos bajos lo dices:
Lo Mío no es ser, sino ser-dado.
Y si tu Rostro carece ya de brillo y hermosura,
Es por el colmo de locura
Con que no has retenido para Ti
Ni tan siquiera tu Forma y tu Figura.
Que para hacernos bellos y divinos,
Hijos bienamados
Reposas quieto sobre el altar del mundo
Y desde allí te asomas
Deformado, desfigurado
Sin aspecto ya ni humano ni divino
Por la ínfima ventana
Del pan y del vino.

Y sin dilación
Como Moisés ante la Roca del desierto
Abres por tu cuenta tus entrañas
Punzas en su centro tu henchido corazón
-Sangría del Verbo sin razón-
Y brota el Río secreto del rojo amor que salva
Y hombres y mujeres y niños y más gentes
-¡Tu prole!-
Corren, suben, se trepan y llegan.
Te comen y beben.
Y sobre el altar queda
Sin vida y con más vida
El comido idioma de tu Amor.


El Athonita


viernes, 14 de agosto de 2009

Cuando el modelo modela

Ars curandi recargado y con ícono made in Athos


La Iglesia celebra en agosto el día del santo Cura de Ars: san Juan María Vianney.

Este año ha tenido un cariz peculiar la fiesta pues nuestro amado y audaz Papa Benedicto ha innovado en el asunto con algunos aditamentos que no todos han sabido o querido reparar:

1. Estamos en el corazón, epicentro, del año sacerdotal, que inauguró el Papa el día del Corazón de Jesús, pero que tiene por centro fontal y motivo los 150 años que se cumplen ahora de la muerte del santo Cura de Ars, el 4 de agosto de 1859.

2. El Cura de Ars, desde la época de Pío XII, creo, era patrono de los curas párrocos, y de ahí que se festejara desde entonces el día del párroco en este día. Pero Benedicto ha querido proponer a san Juan María Vianney como modelo para todos los sacerdotes. Y para resaltar con doble subrayado esta intención ha querido modificar ese patronazgo para ampliarlo hacia todos los sacerdotes, más allá del cargo pastoral o carisma específico que ejerzan en la Iglesia.
El santo Cura es, desde este año, patrono universal de todos los sacerdotes.

3. Patrono significa varias cosas. La palabra sola ya ofrece una amplia grilla de alusiones. Patrón es jefe, es el que manda, el que dice qué hacer. Patrón es protector, guardián, defensor. Pero patrón también es medida, typo, “modelo que sirve de muestra para sacar otra cosa igual” dirá la RAE en su novena acepción.

4. Así las cosas, como el Mundo financiero tiene (o tenía) su “patrón oro”, nosotros tenemos a nuestro “patrón Vianney”, que no sólo es oro porque ora por nosotros, sino porque es indeleble su modelo. A eso apunta —creo yo— la audaz medida papal.

5. ¿Por qué audaz? Porque los últimos lustros han intentado desplazar al santo Cura no del patronazgo protector pero sí del patronazgo modelante para el sacerdote posconciliar del tercer milenio.
Vianney —según estos aires llamativos y extraños, pero extendidos— es un modelo perimido: el del sacerdocio tridentino. Ya fue. Ni su estilo de oración, ni su penitencia, ni sus horas de confesionario, ni sus opciones pastorales responden ya al sacerdote que necesitamos.
Y este dislate corrió. Con patas cortas, como toda mentira, pero corrió. Hasta que se topó con un Mago blanco que le dijo: ¡detente!
Y reinstaló en el epicentro de la visual a la santidad de este sencillísimo cura rural. Para que todos los curas del mundo volvamos nuestros ojos hacia Ars, y aprendamos qué significa ser cura y cómo se ejerce ayer, hoy y siempre este maravilloso Misterio-Ministerio.

6. ¿Significa esto que el Cura de Ars agota todo el modelo sacerdotal?
No, no significa eso. Empezando por el mismo Cristo, Único Sacerdote, son modelo de sacerdocio los Apóstoles, pasando por todos los Padres latinos y griegos, los pastores y doctores del Medioevo y los santos curas de la Modernidad también. Y claro que sí: los de nuestros días, cómo no, también.

¿Y entonces?...

Modelos pueden haber muchos. Pero Patrón —y Patrón universal— refiere a uno solo, como parámetro y criterio para todos.

Y a eso apunta —en mi humilde hermenéutica— la medida pontificia.

Los vietnamitas no perderán su devoción por sus santos curas Ngon, Van Xuyen, Ninh y demás; ni los austríacos por Jacobo Kern, ni los puertorricenses por el beato Rodríguez Santiago; ni los daneses por Stensen, ni los holandeses por Tito Brandsma, ni los de Uganda por Lwanga... pero la idea, el plan, el “logos” del año sacerdotal no es que cada región se vuelva provincianamente a sus oriundos, sino que podamos todos mirar de modo diáfano e inequívoco a un solo y mismo modelo para todos.

Y para eso: el santo Cura de Ars.

Su vida. Su ministerio sacerdotal. Su piedad. Sus opciones pastorales. Su pobreza. Su caridad. Sus acentos y opciones. Su devoción eucarística; sus horas y horas de confesionario; sus ayunos y sus desvelos; su ternura con los niños, su llanto por los pecados de su pueblo. Y su despojo y caridad exquisita e incansable por los más pobres.
Su “el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra sino en el Cielo”; como su “orar y amar”. Su “concédeme la conversión de mi parroquia; admito para ello sufrir lo que queráis durante toda mi vida”; como su “no es posible ofrecer una danza como expiación de las faltas”. Su “sólo la oración nos hace capaces de amar a Dios”, como tantas otras aguas vivas que nos bajan, cristalinas, frescas y puras, desde la fontana de Ars.

No tengo nada contra el cardenal Pironio ni contra el cura Brochero. Ni contra Brandsma ni Lwanga. Pero este año no, este año la propuesta es una y nítida: un año sacerdotal con los ojos muy fijos en el ejemplo de vida que nos llega y lega el santo Cura de Ars.

Ya no patrono sólo de los párrocos, sino patrono universal del sacerdocio católico. Ya no sólo modelo tridentino, sino modelo del sacerdote para el tercer milenio.
Ciertamente: un modelo intenso, picante, exigente, de un radicalismo evangélico que puede darnos vértigo. Pero es ese el genuino antídoto al masomenismo que todos padecemos como hijos de estos tiempos diluyentes...

Dios nos dé la gracia a todos los curas de no acobardarnos, de no echarle soda al vino fuerte, de no patear al corner... y cabecear el centro impecable que se nos regala en la puerta del área.

el Athonita


lunes, 20 de julio de 2009

Un libro aparecido


Pocos días antes de partir, un amigo me hizo llegar abundantes regalos. Entre ellos había un par de libros y otras varias cosas para leer que cambiaron por completo mis planes de lectura campestre.

No me gusta recomendar libros "masivamente", es más, considero que no es bueno. Tengo una idea medio "providencialista" de las lecturas, no creo que cualquier libro sea para cualquier persona en cualquier momento de su vida. En fin, tema largo.

No obstante, hoy quiero recomendar uno que me parece indispensable para los tiempos que corren y para la vida de la Iglesia. Me parece un libro que es necesario leer y debatir.

Tiene un título y varios subtítulos, se los pongo por orden de aparición: "El caso auténtico" del "vengan y vean" al "vayan y hagan" - Venir y ver - Apreciando el "Discípulos y misioneros" de Aparecida.

Como recomendación del libro se vienen a continuación: una confesión; una breve descripción temática (mi visión del problema, para la del autor o las propuestas de solución está el libro) y algunas propuestas para debatir y seguir calibrando (en el escaso límite de un post porque da para toda una vida de conversaciones a media luz...).

La confesión

A decir verdad cuando tomé el libro en mis manos sufrí un encontronazo de sentimientos. Por un lado, la alegría, admiración, ansia, etc. que el hecho de leer algo de ese autor me generaba, pero por otro el remate del subtítulo y su mención al documento de Aparecida me generaban un profundo rechazo.

Como se ve en el blog el tema religioso me apasiona, pero desde una suerte de "anticlericalismo galopante". Con la salvedad del presente Papa, los textos o documentos de encuentros, sínodos, asambleas, tertulias o lo que fuera me espantan por completo. En el caso concreto, Aparecida me importó un rábano (me confieso pecador y golpeo mi pecho mientras esto escribo).

Evidentemente las ganas de leer al monacal autor fue más fuerte y comencé a leerlo de inmediato.

Pero volvió el ataque anticlerical. En mi última asistencia a una actividad académica antes de la partida los que veían mi libro decían: ¿estás leyendo un libro sobre Aparecida? ¿estás bien? Y yo tenía que explicar que sí pero que no, que el autor tal cosa y tal otra....

Luego de leerlo puedo advertir a los que tienen sentimientos parecidos a los míos que el libro no habla del documento, lo usa (casi siempre sólo en las notas) como trampolín. Habla él sobre la temática tratada en el documento de Aparecida.

Termina siendo una propuesta apetitosa, sea para los anticlericales en tanto sólo aborda la temática y lo hace desde los padres, literatos, filósofos, librepensadores, etc., o para los clericales, en tanto sirve como una ayuda interpretativa del documento en cuestión.

Descripción temática

El tema del libro es lo que tiene una urgencia e importancia cruciales para la vida cotidiana de la Iglesia.

Es el viejo asunto de la misión y los misioneros ¿quién misiona? ¿qué misiona? ¿para qué misiona? ¿cómo misiona?

Muchas veces parece confundirse (la denuncia la hace el Papa) a la Iglesia con una suerte de ONG. Se considera que "misionar" es ir a ayudar a los pobres. Que la función de la Iglesia es que a nadie le falte nada.

Y la consecuencia de ello es que ya no importa el prepararse "para" misionar. ¿Qué hace falta para misionar? "Tener ganas de ayudar al otro...."

La "misión" se convierte en un hecho específico y los "misioneros" en jóvenes idealistas que quieren cambiar el mundo.

En esa instancia aparece la tensión entre "la acción" y "la contemplación"; Marta y María; los discípulos y los misioneros; vida activa y vida contemplativa, etc.

El punto de partida del libro vendría a ser: "nadie da lo que no tiene", ergo, hay que dar por desborde, por abundancia, etc. La tensión no es tal, todos debemos ser primero María y después Marta; primero discípulos y después misioneros; primero orantes y luego oradores; etc.

Pequeños apuntes (muy pequeños para no alargar más)

Al comienzo enumera el instrumental que usará para afrontar y explorar los extremos en tensión: acción-contemplación.

El primero es la paradoja. Varios en el blog son cultores de este instrumento y lo usan con altura y soltura. Los dejo a ellos pero, en el caso, es la verdadera clave del libro.

El segundo es el de la analogía y creo que se puede emplear mucho más (en especial en alguna cuestión que luego propondré como continuación para el diálogo). En particular, el uso de ella en el libro me hizo recordar otra tradición etimológica distinta a la usual. Generalmente se la describe como la diferencia (ana) en la unión (logos) pero existe otra que considera el "ana" como ascenso. En esta otra visión, lo diferente encuentra en lo alto lo común (el logos). La diferencia tiene en su altura un logos común.

La tercera es la Perijóresis o el Pericón Trinitario. El autor explica mediante citas como el dos exige el tres y así las Tres Personas divinas danzan entre ellas. Pero así como el 2 llama al tres, el tres llama al cuatro y la danza Trinitaria invita a una cuarta que es nuestra Madre Hermosa (todo un tema para charlar con literatura incluida). En cualquier caso, en el libro aparece siempre la Señora enseñando el paso de baile justo.

Saliendo ya del instrumental, y dado que ha quedado muy largo, marco dos cuestiones para charlar sobre los enunciados.

Aparece por allí una antinomia entre "tradicionalismo" y "novedosismo". Creo que no hay que dejar que los atunes, los jureles y demás "conservas" nos roben la palabra. La antinomia es "conservadurismo" y "novedosismo". La Tradición es, justamente, el equilibrio virtuoso donde lo viejo se hace nuevo, donde la misma tierra da frutos nuevos, etc.

Por último, una cuestión para afinar más (con el instrumento analogía por ej.). Es la cuestión del mandato a misionar: quién lo tiene, quién lo da, cómo lo da, etc. Y es que la Iglesia es "constitutivamente" jerárquica. Todas las lecturas del Domingo apuntaban a la figura del Pastor y la tendencia es a extender, sin más, lo mandado a los apóstoles a todo el resto, lo mandado a los pastores a las ovejas. Esta cuestión -que en algún modo excede el objeto del libro- me parece que puede ser el punto a afinar en conversaciones y debates.

En fin, demasiadas palabras para decir que es un sabroso y ameno libro que es más que conveniente leer.

Natalio

Pd: La similitud entre el estilo del autor y el de algún amigo o comentarista del blog es mera coincidencia...

sábado, 4 de julio de 2009

Un combate singular


Unos siglos antes de Cristo (cuando se abrían los portales de la “plenitud de los tiempos” como podemos charlar otro día) dos ideas se batieron a duelo en combate singular. Dicho duelo era un antecedente del que librarían la Vida y la muerte en el Viernes Santo y es, a la vez, otra manifestación de un duelo “casi” eterno, desde los primeros padres hasta la vuelta de Cristo.

En esta u otras formas el combate siempre es el mismo y tanto la Tradición, como la Revelación -e incluso la historia- nos muestran reediciones (cada una de ellas, en especial las bíblicas, dan para varios post que voy a intentar retomar) de lo mismo.

En la manifestación en la que me centraré hoy, las ideas usaron como armas dos hombres singulares que plantearon la cuestión en los siguientes términos:

“El hombre es la medida de todas las cosas” dijo uno.

“Dios es la medida de todas las cosas” le replicó el otro.

Si bien los enunciados aparecen como irreconciliables y antagónicos, la realidad es que, si no conoce el origen de una idea y, a pesar de ello, nos adentramos en el desarrollo de alguna de sus consecuencias, es muy complicado percibir una u otra cosmovisión.

Si atendemos al enunciado, vemos que, con sólo afinarlo un poco, la confusión entre el trigo y la cizaña se manifiesta:

“El hombre es la medida de todas las cosas, incluso de Dios”.

“Dios es la medida de todas las cosas, incluso del hombre”.

Así planteadas las cosas queda un espacio compartido de confusión entre las dos ideas antagónicas donde “hombre” y “Dios” comparten “algo” de la medida.

Si ahora tomamos los antropomorfismos de todas las culturas y tradiciones (con minúscula porque, propiamente o en sentido restringido, no hay Tradición si no hay Verdad) encontramos lo mismo. Sea que busquemos en la mitología griega, sea en el Popol Vuh, sea en las tradiciones védicas o en donde se quiera, se encuentra algún tipo de antropomorfismo divino.

Si tomamos el Antiguo Testamento la cuestión se reedita hasta límites “humanamente” casi irreverentes para con Dios.

Pero ahora volvamos al principio, las dos ideas se baten en un duelo a muerte, son incompatibles, una es divina la otra demoníaca, una nos salva la otra nos pierde…

Pero además de mandarnos al Salvador, Dios se encargó de que nos quedara bien clara la cuestión, mandando al Pontífice (puente) entre Dios y el hombre, la Piedra Angular, la Llave Decodificadora, el Hombre-Dios. Y para que nadie se confundiera Cristo nos dijo con todas las letras que Platón tenía razón: “sed perfectos como el Padre Celestial es perfecto” (Cristian escribió recientemente sobre esto), Dios es la medida del hombre y de todas las cosas.

Pero después de Cristo el combate continuó y continúa: la Vida sigue persiguiendo “divinizar al hombre” mientras que la muerte intenta “humanizar a Dios”, una sigue tirando al hombre para arriba la otra sigue tirando a Dios para abajo…

Y la mala hierba se arropó en elementos del gnosticismo cristiano, de herejías cristianas (desde el monofisismo hasta el arrianismo pasando por el pelagianismo), de la cábala judía, de religiones orientales occidentalizadas para la nueva era y otros engendros feos y peligrosos que volvieron entreverados en nuestro siglo como el cabalismo gnóstico esotérico, new age, progresismo ideológico (por ej. Rahner, y aclaro –para que no me acusen de nada- que esta crítica no la hago desde Fabro o Meinvielle sino desde su ex amigo y discípulo, el entonces Card. Ratzinger) o tradicionalismo místico.

Desde el “Hagamos al hombre a imagen nuestra, según nuestra semejanza” y el “se os abrirán los ojos y seréis como Dios”, el Padre nos quiere elevar y el diablo abajar a Dios.

Natalio

Pd: me salí del tema pero, como se darán cuenta tiene mucho que ver…

Pd1: Otra vez la introducción se comió el post y no llegué al punto que buscaba, otro día será…

lunes, 29 de junio de 2009

Blogroll comentado VII: El jardín de las paradojas


Asumo que debo dar algunas explicaciones relativas a mi ausencia. Algún improbable interesado en aquellas puede preguntar si, como insinúa Natalio, es el tema religioso el que me ha alejado del blog (y, por lo tanto, de mi supuesto deber con Mary).No me disgusta el tema religioso. De hecho, creo que es el más apasionante y central en la vida de cualquier persona, lo sepa o no (a partir de los 35 años, según Jung, la causa de la mayoría de las neurosis es la falta de respuesta a ese llamado, menos o más oculto, de Dios a todo nuestro ser). Sí creo que es un tema delicado. Un tópico al cual le debemos mucho respeto en la palabra escrita. No estoy de acuerdo, por ejemplo, en que cualquier hijo de vecino opine sobre la validez o no de una Misa por cuestiones litúrgicas; tampoco en que se juzgue a sacerdotes, congregaciones u órdenes religiosas livianamente (mucho menos al Papa). Entiendo que, indefectiblemente, nos erigimos en jueces, incluso al dar lo que creemos es nuestra opinión (que entendemos concordante con la doctrina de la Iglesia, por ejemplo). En este sentido, creo que Natalio es un ejemplo de moderación, respeto y prudencia. Pero también creo que juega con fuego (esto lo hemos conversado en incontables ocasiones). La cuestión es larga y ardua y prefiero solamente bordearla.

Ahora quiero saldar un tema pendiente y decir dos palabras de presentación al jardín de Mary.

Me costó mucho la primera experiencia de lectura. El título del blog, sus símbolos y sus formas tenían, para mí, una sola referencia: El jardín secreto de Frances Hodgson Burnett, la genial escritora norteamericana de origen británico. Esta obra (como, creo, todas las del último período de esa autora) respeta al dedillo el manual de la sociedad teosófica: una sociedad secreta fundada por Madame Blavastky que ha tenido y tiene gran influencia en la mutación de la crisis de nuestro siglo. Sus creencias (que forman, como es obvio en este tipo de sociedades, un cuerpo al que solo unos pocos han tenido acceso por medio de una revelación) son un remozamiento que incluye variados elementos de la gnosis, de la cábala y de las sociedades secretas norteamericanas de comienzos del siglo XIX. La meta es el conocimiento de la sabiduría divina. Al igual que Heráclito, creen que mediante la fe (en lo que transmiten los iluminados y los avanzados, en su caso) y el autoconocimiento, se llega a conocer la realidad toda, la verdad divina. El camino, entonces, es un camino de revelación personal y paulatina. Lo nefasto de la teosofía es que la simplificación doctrinal (que la aleja, por ejemplo, de la cábala) la convierte en un pasto tierno para gurúes, cienciólogos, pseudo místicos, referentes de la autoayuda, pseudo filósofos, psíquicos, etc. Su ámbito de influencia llega más allá de lo que podamos imaginar. Con un poco de disciplina y autoconocimiento Ud. puede ser feliz, liberar toda esa energía negativa que tiene escondida y convertirse en un ser luminoso. Dicho de otra forma, calman el apetito de lo divino que tiene todo nuestro ser con una religión a medida de la época y las circunstancias. Una religión del mundo.

La teosofía tiene, además, otras características y son su lenguaje de símbolos -casi infantil- y un ambiente de bruma y luces difuminadas que nos sitúan en un plano de fantasía. El jardín secreto es eso, el camino de autoconocimiento y revelación de un hombre (representado por la niña Mary Lennox) por donde llega a la verdad fundamental. Cada personaje, cada elemento narrativo, tiene una función. El clima de toda la obra, que nos sitúa en un lugar de fantasía, favorece el tipo de catarsis suave y luminosa que pretende aún hoy esa sociedad secreta.

Entienden ahora por qué me costaba entrar en el blog de nuestra amiga Mary. De hecho, le reprochaba a Natalio su lectura, hasta que entré y quedé maravillado...

Si bien es cierto que Mary, por usar de referencia esa obra (que, de hecho, entiendo como una gran creación literaria) adopta símbolos, reglas y formas que son propias de las creencias de Hodgson (es curioso, pero también se llamaba Hodgson el principal enemigo de esta doctrina en vida de Blavatsky), también es cierto que ha transfigurado todo. Ha dejado lo malo y ha transfigurado lo bueno con su Fe, su inocencia (que es obvia) y con su sólida formación filosófica y teológica.

Mary ha creado un mundo de fantasía. Un espacio que tiene sus reglas, su gente, su clima, su topografía. Un mundo que parece desgranarse en la palma de la mano. Es imposible no salir contagiado de su bruma luminosa (nubes que, aquí sí, dejan ver la verdadera Luz de todo hombre). Su estilo poético y británico exigen de este blog un poco de paciencia. No es un blog que se pueda leer en un descanso de diez minutos de la labor diaria. Hay que entrar a su mundo, estar, dejarse llevar y luego empezar a disfrutar.

Mary tiene sus autores de preferencia en materia teológica, filosófica y literaria (no las enunciaré aquí; si ud. quiere descubrirlas, entre en su jardín); también tiene sus tópicos favoritos. Esas preferencias de autores y tópicos (tan lejana a la teosofía, tan rica y delicada a diferencia de esa doctrina) no son una gran originalidad. Sí es original su combinación y puesta en escena con un estilo tan poético y tan esencial.

Kierkegaard (y con su mención develo, sin quererlo, una preferencia de Mary) es el primer pensador que analizó al detalle una peculiaridad de la tragedia que puede simplificarse así: toda obra trágica recurre a la historia porque de esa forma el lector/espectador logra una identificación mayor con el héroe, se siente vinculado a él y experimenta en su propia carne los sucesos que a éste le acaecen (una comprobación fácil y tosca es el recurso "hollywoodense" de incluir la frase: "basada en hechos reales" al comienzo o final de alguna película, lo que emociona mucho más al desprevenido espectador). Esta peculiaridad podría ampliarse a toda obra dramática en general y, por lo tanto, a cualquier relato profundo de vivencias humanas. Trasladado al ámbito "blogístico" (disculpen el sinfín de licencias de todo tipo que me tomo), entiendo que cuando el autor de un post escribe desde su experiencia personal o desde el ápice de su alma, el lector lo siente. Y no sólo eso; el lector sabe que puede salir transformado.

Mary transforma de muchas maneras, pero hay un tema en el cual hace pie que la pinta de cuerpo entero: la amistad. Mary (es curioso llamarla así pero no sabemos su nombre verdadero; es curioso, también, que parte de la obra de Kierkegaard se perdió debido a la multitud de seudónimos que usaba) tiene buenos amigos (concretamente, una buena amiga, según parece) y eso se nota. Es muy difícil encontrar el verdadero concepto de amistad vivido y transmitido como ella lo hace; una amistad bañada por el Amor Todopoderoso.

Y Mary busca que sus lectores sean sus amigos (en un grado distinto de relación), ese es su secreto. Por eso no agrede, no juzga, no ataca. Por eso es optimista, inocente y luminosa. Por eso tiene siempre abiertas las puertas de su jardín.


Gregorio Santopoco


miércoles, 24 de junio de 2009

Primer año del blog: balance, cambios y propuestas




Se cumple un año desde que comencé con este asuntejo del blog y muchas cosas han pasado desde entonces.

Es una buena ocasión, entonces, para intentar un balance, anunciar cambios y proponer algunas cosas.

Balances

Temática

Comienzo por lo más criticado. Desde que nació el blog hasta ahora hay un hecho que me llama muchísimo la atención: no logro que mis hermanos y amigos lean lo que escribo. Al comenzar el año pasado con esto, las pocas personas que sabían quién, cómo y por qué escribía comenzaron a leer el blog. Incluso comentaban y opinaban aquí mismo o personalmente. De modo progresivo mis amigos más cercanos y mis familiares fueron dejando de leer el blog hasta llegar al día de hoy donde casi nadie de mis círculos familiares lo lee.

¿La razón? No es una sola, son varias. Sin embargo se pueden resumir en una: la temática del blog.

Unos miran lo de los judíos o la liturgia y piensan: ¿cómo puede ser que estuviera tan desquiciado y yo no lo sabía? Otros directamente fueron a plantearle el problema a mi mujer, diciendo: "se volvió completamente loco, necesita ayuda". Mi mujer asiente con una sonrisa mientras piensa: "no puedo decir nada porque sabía con quién me metía..."

El asunto es que el blog se ha tornado demasiado religioso y, aún en este ámbito, demasiado "particular".

No quiero engañarlos. Dudo seriamente que se aparte de esa temática. Cada día me interesa más el tema religioso, el tema de Dios, el tema del hombre con relación a Dios, el Bien y el mal, las religiones, la liturgia, etc. Lo que no incluya en algún punto estas cuestiones me resulta "intelectualmente aburrido". Y el blog es el ámbito para charlar y plantear cosas que no puedo conversar con nadie más que mi paciente y dulce esposa y, ocasionalmente, con algún que otro amigo.

De todos modos, en el otro blog mantendré la amplitud temática y hay también en las propuestas algo para paliar esta situación.

Amigos

Así como les conté que no logro que mis más cercanos lean o se interesen por el blog, lo más lindo ha sido la cantidad y la calidad de amigos (la mayoría todavía a nivel virtual) que he cosechado.

No los voy a nombrar aquí porque son muchos y todos saben (lectores y amigos), quiénes son.

A todos ellos quiero decirles que, en lo personal, esto es lo que más me gusta de la experiencia blogística: el haber encontrado (porque, curiosamente, a algunos resultó que ya los conocía) amigos con quienes charlar de estas cuestiones con muchísimas afinidades y algunas disidencias constructivas.

Mis respetos agradecidos para ellos que han transformado un lugar insípido en algo agradable e interesante.

Positivo

Un punto saliente del blog es que ha cumplido su objetivo de ser un espacio de diálogo constructivo entre los diversos costados o aristas del mundo religioso: desde lefes a progres, modernistas y conservadores, religiosos a seculares, clericales y anticlericales pasando eventualmente por amigos no católicos todos pueden charlar y debatir en un clima de cordialidad y respeto sin por eso mezclar o "chirlear" la verdad.

Deudas

Me quedan como pendientes el retomar el "blogroll comentado" que opera como punto de partida de visiones y perspectivas para los diversos problemas.

También en el debe figura el retomar el uso de películas, obras musicales, obras literarias o cualquier otro disparador artístico para afrontar temas universales. Al comienzo esa era la tónica que se fue diluyendo al aproximarnos a estos días.

Desde lo estrictamente personal, lo mejor y lo peor del blog es lo mismo: me aparta de mis tareas (prácticas, teoréticas y académicas) cotidianas. Esto hace que me cueste darle continuidad y periodicidad a las entradas. Creo que anduve rondando el promedio de un post por semana (en los últimos tiempos con innumerables aportes agradecidos desde el Athos) que me parece una buena medida que intentaré mantener.

Cambios

Cabecera y colores

El primero es estético. Se cambia el encabezado por uno que, a su modo, refleja un poco el paso del tiempo y el crecimiento del blog. En la misma tónica intentaré darle un poco más de claridad a los colores en general.

Seguidores

El segundo tiene que ver con los "seguidores". Al comienzo no me gustaba ni interesaba esto de los "seguidores" y menos su anuncio: "presume las personas que siguen tu blog". Pero de la experiencia del otro y de otros blogs he comprendido que no se trata sólo de que los demás vean cuántos te leen. Se forma una suerte de comunidad virtual donde uno distingue sitios de interés por intereses comunes con amigos. Más de un blog lo he visitado "sólo" porque algún amigo lo seguía. Por ello, he decidido hacer públicos los pocos seguidores que tiene este humilde blog.

Propuestas

La vuelta de Gregorio

La primera tiene un destinatario con nombre y apellido: Gregorio Santopoco. El primer y único colaborador hasta el momento es uno de los que se ha apartado por la cuestión temática: la cuestión se ha tornado "demasiado religiosa para su gusto". La propuesta es: varíe usted la temática. Vuelva a escribir sobre literatura y moral, literatura y psicología, psicología y moral. A los lectores les digo: requieran su intervención, tiene mucho para dar... (además del ya esperadísimo comentario sobre el Jardín de Mary).

Participación activa

La segunda tiene un destinatario principal y varios secundarios. Dado que el blog ha traspasado el ámbito personal para convertirse en una comunidad de ideas e intereses propongo a los amigos que participen activamente en la publicación de post. A aquellos que ya tienen blogs pero que por la temática o el tono o el público no pueden expresar ciertas ideas los invito a utilizar este humilde espacio. Y a aquellos que no tienen blog les invito a crear una identidad (real o ficticia) y publicar directamente. El destinatario principal como podrán imaginar es el Athonita que lo hace de hecho, pero se extiende a todos los amigos con o sin blogs.

Salterio comentado

La tercera es otra idea personal que hago extensiva a la participación de los amigos. Tenía pensado comenzar una serie de post basada en comentarios, meditaciones, oraciones, etc. a partir de los salmos. Es decir, transmitir mis ideas y sensaciones al leer y rezar algo que tanto me gusta como los salmos. En este rubro también invito a tomar cualquier salmo (alguno que en particular les guste o ir siguiendo el orden) y a comentarlo, meditarlo, etc. en este blog.

Por último, aprovecho el aniversario para saludar a todos aquellos lectores anónimos, ocultos y silenciosos que leen el blog sin comentar nunca o haciéndolo en alguna esporádica ocasión.

Quien necesite invitación para hacer reclamos, sugerencias o acotaciones sobre el blog hable ahora o espere hasta el próximo aniversario.

Respetos

Natalio


martes, 9 de junio de 2009

San Roger


Sabrán disculpar los lectores pneumáticos, casi angelicales; los elevados; los culturosos y los intelectuales lo prosaico del post. Ya seguiremos con la secuencia del mal y la naturaleza pero vamos a hacer una parada deportiva. Como para que no quede tan llano, vamos a intentar utilizarlo como trampolín para acercanos un poco al Bien, como quería el Coronel (recomendando lo de Ens).

Roger es genial, definitivamente.

Generalmente cuando se busca lo mejor en alguna disciplina hay que tomar los libros de historia y husmear en épocas remotas. Roger nos da la posibilidad de decir: "yo viví en su época", "yo ví sus partidos en directo" y se lo podremos contar a nuestros nietos.

Porque es, a mi entender (que vale poco en razón de mi corta edad), el mejor de todos los tiempos.

Si uno analiza un poco la cuestión se encuentra con que Gaudio tiene mejor revés, Rodick saca mucho mejor, Nadal lo aventaja en estado físico, Djokovich tiene mejor derecha, etc. No obstante él es mejor. Porque todo lo que ellos tienen particularmente él lo tiene junto y a nivel de excelencia. Porque mientras los otros tienen días... el roza la perfección en cada partido. Y eso es también lo que lo distingue de los próceres de la antigüedad, juega con una justeza y perfección en cada una de las superficies propia del especialista.

Y esto me recordó también las discusiones en lo de Terzio sobre los santos y la santidad, que ya recomendé en el otro blog, a propósito del cómico y certero post sobre la presunta canonización de un banquero.

Campeaban en los comentarios (no en Terzio que, como en todo, siempre parece encontrar el equilibrio) los dos extremos: el santo es una cosa descomunal, tan inalcanzable que para que intentarlo, habitante de otras tierras y otros tiempos etc.; o el santo es (y tiene que ser) uno como vos y como yo, alguien normal, alguien que no escapa de las generales.

Y yo creo que no y no.

El Santo (me refiero al canonizable) o es extraordinario o no es Santo.

El Santo no es "alguien común" porque no sería imitable en ese caso. Si apunto al medio estoy condenado a pegarle bien abajo, mejor apunto alto para ver si me acerco al centro.

Tampoco el Santo es un extraterrestre que no tiene pasiones ni tentaciones. No es un angelito caído del Cielo que anda imperturbable en su camino a la santidad. Porque así tampoco sería imitable (además de que no tendría gracia ser santo si nació santo).

El Santo es el que, naciendo y viviendo en condiciones análogas a las nuestras (con temores, tentaciones, pasiones, etc.), supo encaminar todo a Dios en grado heróico o sublime. Supo hacer extraordinario lo ordinario (parafraseando a Santa Teresita y a San Francisco de Sales).

El Santo es un extraordinario, un fuera de serie, que vive entre ordinarios. Es el que se dejó modelar de tal modo que dejó de ser uno "como nosotros".

Y si me permiten mi pedestre analogía, es como Federer en comparación con el resto de los tenistas del circuito.

Juega a lo mismo que todos en las mismas superficies, pero mientras los otros lo hacen a veces mejor y otras peor, él roza siempre la perfección.

Por eso es el mejor. Por eso mi humilde homenaje.
Y antes de terminar, traigo a colación un párrafo de Borges, que siempre me ha taladrado la cabeza, relativo a la santidad y el martirio. Desde el comienzo sabía que esto no era así, pero nunca podía encontrar la tecla exacta del error. Un día me la hicieron entender y tiene mucho que ver con la naturaleza y esas cosas... pero ya llegaremos a eso.

Mientras tanto, los dejo con Deutsches Requiem:

"Al fin creí entender. Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre".

Natalio