lunes, 31 de agosto de 2009

Pauper, Servus et Humilis






I.

Tu vocación por la abyección
Es más arcana
Que la tejida
En las blancas entrañas de María.
Desde siempre y por siempre
Tú eres de Otro.
Tu delicia es
Lavar sus pies
Y aún sin Carne para Cruz
Vivir absorto, anonadado
En esos ojos que en el Amor te dieron Luz.
Y haces lo que ves.
Dices -y Tú eres tal decir-
Lo que escuchas al Otro.
Oh Verbo entregado sin retorno al Amor trinitario.

Y cuando falta hizo
Te lanzaste en cascada al Abismo.
Del Cielo a Belén,
A Egipto y Nazaret.
Bajaste a la hondura negra del Jordán
Y hasta al cráneo atemporal del rancio Adán.
Y cuando Cielo y Tierra convinieron
Al verte atravesar las raíces del averno
En suplicarte ¡detente!
Tu salto en caída libre
Voraz y refulgente
Siguió en bajada jovial
Gustoso, enloquecido, decidido
A usurparle al mundo, o a quien fuere
Del Orbe, el último lugar.

Y se detuvo
Quieto y mudo
Sobre la roca firme de este Pan primordial.
Oh soberbia arrogante de Adán:
Mira la dulzura
De Aquel que en blanca muda
Sin tremolar su divina figura
Mira desde abajo tu averno
Socavando sus cimientos
Anegando sus incendios
Reinando mudo
Desde las entrañas de un ácimo mendrugo
Último
Sin gracia ni hermosura
Más que aquella que otorga la locura
De un Amor extremo, o mejor: de desmesura.

II.

A veces hay que decirle que se vaya,
Como a un mendigo...
Pero él se queda allí,
acostumbrado como está a los insultos

Julien Green


Si alguna vez dijera, aunque temblando
¡largo de aquí! Con ademán y mando
Lo sé, y me estremece verlo:
Con inmutable gesto
Con Rostro blando, de pedernal secreto
Tú seguirías allí, de mi mirar sediento,
Impertérrito.
Mendigo imperturbable
Amigo inagotable.
Y con genuina ingenuidad delatarías
Lo que no es retórico erotema
Sino enigma y desconcierto para Dios:
¿Por qué me pegas?, dirías a media voz.
Y con mirar muy quieto,
Sereno y quedo
Ajeno a toda sorna
A mi lado quedarías
Imperturbable, recto
Aguardando tu limosna:
La devaluada Dracma de mi inestable afecto.



III.

En un sentido muy auténtico
Cristo estuvo de incógnito.
Y así continúa.

S. Kierkegaard


Cuando en un rapto de sensatez y cordura
Te expreso con seriedad y mesura:
“Crece Tú, y que yo disminuya”
Mi verbo se estrella y pulveriza
Ante tu Pan tan quieto tan sin prisa
Que me mira y eriza
Y susurra en suave brisa:
Deja eso para prédicas y libros
Tú crece hasta plena estatura
Que es para ello mi pena, mi herida, mi locura
Que crezcas en vida, en luz, en gran holgura
Mientras Yo sigo bajando a la raíz de tu negrura.

Déjame a Mí la sombra
Y asume tú la claridad
Come y contempla mi Pan taciturno
Y déjame ser en medio de tu mundo
El Secreto y el Callar
Lámpara debajo del altar
Infinito revestido del cero
León que protege con piel de cordero.
Y sé tú, desde las terrazas del orbe
La Voz sonora
Del consumido Verbo imberbe y mudo.
No confundas más:
Crece tú, come mi Pan
Y deja en paz Mí desmesura.
Que crezca en mi el otoño -que es la siega-
Y asume tú la primavera
Que entre ambos a este mundo ganaremos
No por otro atajo
Que este sagaz y secreto
Plan de trabajo.


el Athonita

viernes, 21 de agosto de 2009

El traductor está con "ustedes"

El amigo Odysseus me pasó este texto de un traductor de Sagradas Escrituras sobre el asunto del ustedes y el vosotros.

Tiene un tiempo pero resulta actual...

Natalio

APUNTES DE UN TRADUCTOR DE SAGRADAS ESCRITURAS (27-7-1999)

Sobre los pronombres personales de segunda persona del plural "vosotros" y "ustedes", sus formas pronominales posesivas y la repercusión de su uso en las versiones castellanas de la Sagrada Escritura.

La lengua castellana -como toda lengua- tiene sus formas morfológicas oficiales y diversos usos regionales y niveles según los multiformes ambientes de la vida de los seres humanos. Nos concierne el tema gramatical de la segunda persona del plural.

En España la forma "vosotros" es familiar, mientras que el "ustedes" pone distancia. En Hispanoamérica "ustedes" se usa tanto en el trato familiar como para poner distancia. Depende del tono.

Pero eso no significa que "vosotros" nos sea ajena o extranjera: ocupa su lugar como forma oficial de la segunda persona del plural especialmente en la lengua escrita, en la poesía y a veces cuando la solemnidad de la ocasión lo requiere. Es un "nivel" del lenguaje que nos es familiar sobre todo por la escuela y la literatura. "Vosotros" es el único pronombre que tiene formas verbales y pronominales propias de la segunda persona del plural en cuanto tal, es decir, del "tú" plural (amáis, amad, vuestro, vuestras, etc.) mientras que "ustedes" ("vuestras mercedes") se usa con las formas verbales y pronominales de la tercera persona del plural (aman, amen, sus, etc.), con la consiguiente ambigüedad.

Las lenguas jóvenes y primarias conocen sólo el "tú" y el "vosotros". Así sucede en hebreo, arameo, griego, latín, gaélico, etc. La introducción de las formas de distancia o cortesanas ("vuestra merced", "vuesarced", "su Majestad", los originalmente femeninos "Lei" en italiano, significando "la sua Signoria" o algo parecido, análogo a "Sie" en alemán) es típica de épocas más tardías y envejecidas del idioma, marcada por la atmósfera cortesana o burguesa de la forma de vida: uno se dirige indirectamente al interlocutor o a los interlocutores con las consiguientes formas verbales y pronominales de tercera persona: "su Señoría quiere"; "ustedes vuelven a sus antiguas costumbres". Con la amplia difusión del pronombre "ustedes" en castellano latinoamericano resultó una notable ambiguedad no sólo en las formas verbales sino especialmente en el posesivo "su/sus", que puede significar "de usted varón", "de usted mujer", "de él", "de ella", "de ustedes varones", "de ustedes mujeres", "de ellos" o "de ellas".

La "segunda persona" gramatical tiene una inmensa importancia en la Teología, especialmente en la Sagrada Escritura y en la Liturgia. Dios es llamado "Tú" por la creatura en la Historia de Salvación, en los Salmos, en las oraciones de la Iglesia. De igual manera, frecuentísimamente Dios se dirige a una segunda persona singular o plural. Dios llama y trata de "Tú" a un patriarca, a un profeta, a su Ungido. Llama y trata de "vosotros" a su pueblo con especial solemnidad y énfasis, tanto en el Antiguo Testamento (es clave de la vocación y de la querella con el pueblo elegido), como en el Nuevo Testamento: especialmente en la relación Cristo-discípulos, Cristo-Iglesia.

El pronombre personal "vosotros", en consecuencia, adquiere una importancia inmensa, con todas las formas verbales y los pronombres posesivos correspondientes que se van hilvanando en el discurso divino. Así vemos, por ejemplo, la maravillosa frase de Isaías 55, 8: "Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos -oráculo de Yahveh-. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a vuestros caminos y mis pensamientos a vuestros pensamientos".

Dios se dirige a su pueblo en la segunda persona plural y el posesivo ''vuestro'' adquiere un énfasis insustituible. El posesivo "sus", que corresponde a "ustedes" ("sus caminos", "sus pensamientos") es ambiguo. Podría tratarse de una tercera persona del plural "ellos", y el discurso perdería su fuerza. Lo mismo puede verse en la célebre frase de Cristo a María Magdalena en Jn 20, 17: "Le dice Jesús: No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios".

La sustitución de "vuestro" por "su" introduciría una ambigüedad teológicamente inadmisible, mientras que el añadir "de ustedes" destruiría el versículo desde el punto de vista literario (el ritmo, la simetría, la proporción, en una palabra, la belleza del mismo).

Los ejemplos podrían multiplicarse indefinidamente: muchos de éstos son pasajes claves del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Viceversa, hay multitud de pasajes en que es muy deseable que se palpe, como en hebreo y en griego, que se está en presencia de formas verbales y pronominales de tercera persona. Se está hablando de un "ellos' que es una expresión prototípica de la Sagrada Escritura: Dios habla a su profeta de un "ellos" misterioso que camina a la perdición; el salmista pide auxilio a su Dios contra un "ellos" a veces innominado que son sus "perseguidores", o "los malvados", o "los idólatras, gentiles", etc. La tercera persona aleja de la intimidad divina sea para abandonar a la "Casa Rebelde" o los gentiles, o por el contrario pidiendo que desde la lejanía se conviertan al Señor.

Hay ejemplos copiosos:

Multiplican ["ellos' innominados] las estatuas de dioses extraños;
no derramaré sus Iibaciones con mis manos ni tomaré sus nombres en mis labios.
Salmo 15

Del mismo modo, en un pasaje central del Sermón de la Montaña (Mt 5, 14-16) leemos:
Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad puesta en lo alto de un monte. Ni encienden una lámpara y la ponen debajo de un recipiente sino sobre el candelabro, e ilumina a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

El juego entre el "vosotros" (el "tú" plural del Cuerpo de Cristo) y sus posesivos "vuestras" y "vuestro" contrastan admirablemente con el sujeto indeterminado "encienden" y "ponen" y con las terceras personas del plural "todos los que están e!1la casa" Y "los hombres", de los que se predica que "vean" y "glorifiquen". De las solas formas gramaticales surge todo un hilo para una profunda exégesis y reflexión teológica.

En cambio, si el pasaje es "traducido" al uso del pronombre "ustedes", resulta una total confusión. No se sabe quiénes encienden y ponen la lámpara, de quién es la luz, de quiénes son las buenas obras y de quiénes es el Padre que está en los cielos. Cuestiones no indiferentes, sin duda.

Apéndice sobre Sagrada Escritura y Liturgia.

La tesis de que el lenguaje de las traducciones de la Sagrada Escritura -o su lectura en la liturgia- debe acercarse lo más posible al lenguaje de la calle es lo que se llama propiamente un prejuicio. No se la somete al examen de la luz de la razón ni de las ciencias. Es, en verdad, la postura de una escuela litúrgica, que -como todas las escuelas sujetas a la moda- hoy están y mañana pasarán. Habrán envejecido. Todo lo que se aparta del sentir de la piedad tradicional de la Iglesia, se aparta de la fuente de la eterna juventud, pierde el contacto con aquello que es siempre nuevo porque es eterno. La Iglesia ama e incorpora lo nuevo, pero no incorpora el error, o la fealdad. Muchas de las modas litúrgicas de los clérigos de hoy ofenden a la piedad de los fieles, viejos y jóvenes, distinguidos o humildes.

1. Una vez más asistimos a un signo de división entre los clérigos, con el inevitable desconcierto de los laicos. Pues unos ministros se acomodan al uso nuevo, mientras que otros se atienen al tradicional.

2. Se da también la división dentro de la Acción Litúrgica, pues unas partes de la misma tendrán lugar con el tratamiento de "ustedes" con formas verbales y pronominales de la tercera persona del plural, mientras que otras partes (por ejemplo la Consagración) se hacen hasta ahora con la segunda persona del plural "vosotros" y las formas verbales correspondientes.

3. El deseo de expresarse "en el idioma exacto que habla la gente de la calle", con la pretensión de serles cercanos e inteligibles, desconoce principios elementales de la lingüística.

Toda lengua tiene diversos niveles: diferencias regionales, sociales, profesionales, literarias, etc. El creyente, consciente de que a Dios se debe un trato especial, siente la necesidad de una liturgia de singular belleza. "Decef". Corresponde. Es bello. Lo contrario sería vulgar, inadecuado, con una "sombra moral" en razón de las circunstancias, importante fuente de la moralidad.

Por ejemplo, en Suiza la Misa no se celebra en el dialecto que la gente habla todo el día, sino en alemán Hochdeutsch (o como dicen ellos: in der Hochsprache) que es el idioma de la escuela y de los libros. Alemania, Italia, los países escandinavos, etc., están poblados de infinidad de dialectos de gran pujanza en la vida cotidiana. Sin embargo, la Liturgia -incluso la homilía- en dialecto sería impensable, inimaginable a toda persona de criterio, culta o ruda. No hay misales ni leccionarios en alemannisch ni en suavo ni en napolitano ni en siciliano ni en romanesco, por nobles que sean estos dialectos, algunos de los cuales tuvieron y tienen sus poetas y sus folkloristas de renombre. Así también los gramáticos de la lengua castellana -extendida en vastísimos territorios y carente de dialectos- han acordado formas morfológicas donde los usos regionales deben encontrar su punto de convergencia. Las lenguas tienen sus niveles. No se habla el mismo nivel en la casa, en la calle, en la ·escuela, en los Tribunales, en los discursos cívicos, en la Acción Litúrgica. Esto es un patrimonio universal de la humanidad, del hombre que pronuncia su palabra en la variedad del cosmos que Dios le ha dado.

Se dice en Irlanda: "Tierra sin lengua, tierra sin alma".
27-7-1999.

lunes, 17 de agosto de 2009

Sangre derramada por muchos


El Evangelio de este Domingo habla de Sangre. De beber Sangre.
Sangre ajena. Sangre derramada. Sangre divina.
Derramada por mí, por cada uno, por aquellos dispuestos a recogerla.

Leído desde la intención del donante: por todos los hombres, claro.
Leído desde la inviolable libertad del donado: en beneficio de algunos, en favor de los dispuestos, por muchos.
Leído desde la Revelación —¿cabía al diminuto microbio humano leerlo desde otro ángulo?—: perí polón, pro multis, por muchos. “Lo dice Dios y punto”, como repite a cada tranco, cual un latiguillo, uno de esos personajes simples y geniales de Claudel...

Tras varias décadas de debate, volvió el pro multis. Y estamos de fiesta.
Si los que lo defendieron tanto no saben disfrutar y celebrar este paso y se empantanan en el ustedes reemplazando al vosotros, creo que yerran fiero en el arqueo de caja o recuento de soldados. Es más: no distinguen núcleos duros de periferias negociables...
Ha sido un triunfo de la Tradición y de la Verdad.

Pero para no enlodarnos en estos minúsculos conflictos de tradicionalismos más “ísmicos” que tradicionales, propongo dejar esto de lado y paladear el Misterio de la Sangre:



El Lagar
Yo solo he pisado el Lagar

(Isaías 63,3)

Inmensa cuba de la ira de Dios
Cargada hasta el borde
Con los violáceos racimos del odio humano
Pisoteada en un suburbio pestilente del mundo
Las afueras del hombre, las afueras de Dios
Reventando el hollejo de cada malicia nauseabunda
Con el peso aplastante del Amor fragante.
Y la Palabra se hizo Sangre
Ojos en llamas
Y tiñó sus vestidos de culpa y cargo.
¿Quién eres tú con rasgos de cordero
Niño ingenuo parado sobre el nido de cobra
Jinete erguido, con brío y decidido
a beber hasta las heces
la Copa de la Ira
el Cáliz de vértigo
el Vino de furia
la ignominia espumante del orbe?
Tú, ¿quién eres?

Y Él mira, calla y pisa el Lagar.
Y aunque Él calle, yo voy a hablar:
Es Bar-Abbá, el Hijo Amado,
Hecho bandido
Para que nuestro sea el vino
De los hijos.


Pie Pelícane


Si amar es dar
y soltar lo dado
Tu te has quedado, oh Ácimo amado
Sin sangre ni aliento, diezmado
Sin Fuerza sin Paz sin Reino ni Talar.
Entregado nos dices, y no entendemos;
Derramado insistes y distraemos.
Pero tu pálido Pan -mudo y desnudo-
Lo expone elocuente y patente.
Y aunque sin voz -pues hasta el Verbo cediste-
Con mudos ojos bajos lo dices:
Lo Mío no es ser, sino ser-dado.
Y si tu Rostro carece ya de brillo y hermosura,
Es por el colmo de locura
Con que no has retenido para Ti
Ni tan siquiera tu Forma y tu Figura.
Que para hacernos bellos y divinos,
Hijos bienamados
Reposas quieto sobre el altar del mundo
Y desde allí te asomas
Deformado, desfigurado
Sin aspecto ya ni humano ni divino
Por la ínfima ventana
Del pan y del vino.

Y sin dilación
Como Moisés ante la Roca del desierto
Abres por tu cuenta tus entrañas
Punzas en su centro tu henchido corazón
-Sangría del Verbo sin razón-
Y brota el Río secreto del rojo amor que salva
Y hombres y mujeres y niños y más gentes
-¡Tu prole!-
Corren, suben, se trepan y llegan.
Te comen y beben.
Y sobre el altar queda
Sin vida y con más vida
El comido idioma de tu Amor.


El Athonita


viernes, 14 de agosto de 2009

Cuando el modelo modela

Ars curandi recargado y con ícono made in Athos


La Iglesia celebra en agosto el día del santo Cura de Ars: san Juan María Vianney.

Este año ha tenido un cariz peculiar la fiesta pues nuestro amado y audaz Papa Benedicto ha innovado en el asunto con algunos aditamentos que no todos han sabido o querido reparar:

1. Estamos en el corazón, epicentro, del año sacerdotal, que inauguró el Papa el día del Corazón de Jesús, pero que tiene por centro fontal y motivo los 150 años que se cumplen ahora de la muerte del santo Cura de Ars, el 4 de agosto de 1859.

2. El Cura de Ars, desde la época de Pío XII, creo, era patrono de los curas párrocos, y de ahí que se festejara desde entonces el día del párroco en este día. Pero Benedicto ha querido proponer a san Juan María Vianney como modelo para todos los sacerdotes. Y para resaltar con doble subrayado esta intención ha querido modificar ese patronazgo para ampliarlo hacia todos los sacerdotes, más allá del cargo pastoral o carisma específico que ejerzan en la Iglesia.
El santo Cura es, desde este año, patrono universal de todos los sacerdotes.

3. Patrono significa varias cosas. La palabra sola ya ofrece una amplia grilla de alusiones. Patrón es jefe, es el que manda, el que dice qué hacer. Patrón es protector, guardián, defensor. Pero patrón también es medida, typo, “modelo que sirve de muestra para sacar otra cosa igual” dirá la RAE en su novena acepción.

4. Así las cosas, como el Mundo financiero tiene (o tenía) su “patrón oro”, nosotros tenemos a nuestro “patrón Vianney”, que no sólo es oro porque ora por nosotros, sino porque es indeleble su modelo. A eso apunta —creo yo— la audaz medida papal.

5. ¿Por qué audaz? Porque los últimos lustros han intentado desplazar al santo Cura no del patronazgo protector pero sí del patronazgo modelante para el sacerdote posconciliar del tercer milenio.
Vianney —según estos aires llamativos y extraños, pero extendidos— es un modelo perimido: el del sacerdocio tridentino. Ya fue. Ni su estilo de oración, ni su penitencia, ni sus horas de confesionario, ni sus opciones pastorales responden ya al sacerdote que necesitamos.
Y este dislate corrió. Con patas cortas, como toda mentira, pero corrió. Hasta que se topó con un Mago blanco que le dijo: ¡detente!
Y reinstaló en el epicentro de la visual a la santidad de este sencillísimo cura rural. Para que todos los curas del mundo volvamos nuestros ojos hacia Ars, y aprendamos qué significa ser cura y cómo se ejerce ayer, hoy y siempre este maravilloso Misterio-Ministerio.

6. ¿Significa esto que el Cura de Ars agota todo el modelo sacerdotal?
No, no significa eso. Empezando por el mismo Cristo, Único Sacerdote, son modelo de sacerdocio los Apóstoles, pasando por todos los Padres latinos y griegos, los pastores y doctores del Medioevo y los santos curas de la Modernidad también. Y claro que sí: los de nuestros días, cómo no, también.

¿Y entonces?...

Modelos pueden haber muchos. Pero Patrón —y Patrón universal— refiere a uno solo, como parámetro y criterio para todos.

Y a eso apunta —en mi humilde hermenéutica— la medida pontificia.

Los vietnamitas no perderán su devoción por sus santos curas Ngon, Van Xuyen, Ninh y demás; ni los austríacos por Jacobo Kern, ni los puertorricenses por el beato Rodríguez Santiago; ni los daneses por Stensen, ni los holandeses por Tito Brandsma, ni los de Uganda por Lwanga... pero la idea, el plan, el “logos” del año sacerdotal no es que cada región se vuelva provincianamente a sus oriundos, sino que podamos todos mirar de modo diáfano e inequívoco a un solo y mismo modelo para todos.

Y para eso: el santo Cura de Ars.

Su vida. Su ministerio sacerdotal. Su piedad. Sus opciones pastorales. Su pobreza. Su caridad. Sus acentos y opciones. Su devoción eucarística; sus horas y horas de confesionario; sus ayunos y sus desvelos; su ternura con los niños, su llanto por los pecados de su pueblo. Y su despojo y caridad exquisita e incansable por los más pobres.
Su “el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra sino en el Cielo”; como su “orar y amar”. Su “concédeme la conversión de mi parroquia; admito para ello sufrir lo que queráis durante toda mi vida”; como su “no es posible ofrecer una danza como expiación de las faltas”. Su “sólo la oración nos hace capaces de amar a Dios”, como tantas otras aguas vivas que nos bajan, cristalinas, frescas y puras, desde la fontana de Ars.

No tengo nada contra el cardenal Pironio ni contra el cura Brochero. Ni contra Brandsma ni Lwanga. Pero este año no, este año la propuesta es una y nítida: un año sacerdotal con los ojos muy fijos en el ejemplo de vida que nos llega y lega el santo Cura de Ars.

Ya no patrono sólo de los párrocos, sino patrono universal del sacerdocio católico. Ya no sólo modelo tridentino, sino modelo del sacerdote para el tercer milenio.
Ciertamente: un modelo intenso, picante, exigente, de un radicalismo evangélico que puede darnos vértigo. Pero es ese el genuino antídoto al masomenismo que todos padecemos como hijos de estos tiempos diluyentes...

Dios nos dé la gracia a todos los curas de no acobardarnos, de no echarle soda al vino fuerte, de no patear al corner... y cabecear el centro impecable que se nos regala en la puerta del área.

el Athonita


jueves, 13 de agosto de 2009

Cuatro años

Mi mujer, cuando empiezo a hablar de algo que no le interesa, ha tomado la costumbre de ironizar diciendo: ¿por qué no te escribís un post?

Hoy cumplimos cuatro años de casados, como homenaje y castigo, vaya este post por 24 horas (mañana seguimos transmitendo desde el Athos con Ars curandi).

Natalio


Hacen ya cuatro años del momento en el que Dios decidió dejar de atender al mundo para ser Testigo de la mutua entrega de dos amantes frente al altar en el que su Hijo eleva las pobres cosas humanas y hace caer como rocío las incomensurables Cosas Divinas.

Desde allí en adelante nos han sido regalados dos capullos que afirmaron lo inestable del amor humano, que hicieron cumplir en nosotros la promesa del "ya no serán dos sino una sola carne" (en dos pequeños cuerpitos), que nos hicieron cantar "la bendición que da el Señor son los hijos", que nos hicieron entender a qué se refería eso de "ser como niños", que nos enseñó a amar y ser amados. En fin, nos hicieron comprender un rasgo más de la "imago Dei".

En esa vida de ensueños regalados de lo alto quise, a modo de balance, encontrar la palabra que pintara con mayor nitidez la multitud de maravillas que esconde la reina de este humilde pueblito.

La primera palabra que asomó fue Bella. Sin dudas ella es hermosa. Y quizás alguno me acuse de frívolo y me espete cuestiones tales como "los esencial es invisible a los ojos" o (en una versión más grasita) "lo que importa es lo de adentro". Y sí y no, porque el hombre es una unidad substancial donde el cuerpo refleja los desbordes del alma, porque si Dios mismo consideró necesario al soplar su existencia inclinar el firmamento entero para arrastrar todas las luces del cielo es un pecado no admirarlo, porque como tantas veces decimos lo bello en cuanto bello es uno, verdadero y bueno, porque el contemplar tamaña delicadeza y amonía nos obliga a creer en la Existencia del Sumo Atista...

Casi como consecuencia me vino entonces la más usada por las gentes para definirla: es Buena. Y aquí la cuestión se complica un poco porque lo Bueno implica, de un modo u otro, la suma de las demás virtudes. Y ella es eso, es buena pero uno al decir buena pareciera acotar el sentido, pareciera que se desgarrara lo simple y complejo de la bondad en una mínima caricatura de "bonachón". Así como lo hizo con la palabra Dios, esta civilización ha enlodado también la palabra Bueno.

Entonces me encontré con la palabra Madre. Y allí la cuestión empezó a gustarme más, porque todo lo anterior se engloba y aplica en su maternidad. Algunos dicen que las pequeñas tienen "mamitis aguda" porque lloran al separarlas de su madre y es que no la han conocido bien. Nadie que sienta su amor y sus cuidados quiere nunca separarse de ella, nadie que haya estado en la seguridad de sus brazos puede pretender arrojarse al vértigo de su ausencia, si yo mismo no puedo alejarme de ella sin llorar... Madre, efectivamente es Madre.

Pero entonces reparé en la palabra Esposa y en la dulzura de sentirme siempre sostenido desde lo profundo. Y comprobé que en su función de esposa direccionaba también su función de madre al enseñar a las hijas a amar a su papá, que así como el Espíritu nos hace decir Abba ella les enseña a decir "papá", que siendo esposa era madre y siendo madre era esposa. Esposa, sin dudas es Esposa.

En eso andaba cuando tropocé con la palabra Fiel. Y descubrí allí la integración de todo lo anterior. Como un diamante de mil facetas en la palabra fiel se la descubre radiante. Como una roca que ve pasar tormentas, vientos y tempestades, ella se mantiene en su lugar de madre y esposa. Como aquellas palabras que se resisten a las grandes deformaciones por el tiempo o las lenguas, ella sigue siempre en la verdad y profundidad del sentido de las palabras bella, buena, madre y esposa.


Natalio

jueves, 6 de agosto de 2009

Sedienta excomunión



Hay un tema que no pensaba enfrentar. Es de esos que implican demasiados riesgos y responsabilidades que exceden el ámbito del blog. No es la idea crear polémicas estériles sino mostrar, buscar, compartir, discutir diversos caminos que nos lleven a lo alto.

No obstante aquello, en la lectura de un pequeño libro encontré expuestas de un modo brillante (y por alquien con peso y autoridad) las ideas que, muy confusas e inseguras, se me asomaban. El libro es otro de los regalos de mi amigo (además del libro y los cd con los cursos de espiritualidad): "Miremos al Traspasado" de Joseph Ratzinger - Benedicto XVI, Fundación San Juan, San Rafael, 2007 (la cita corresponde a las págs. 124, 125, 126 y 127).

Antes de la cita una pequeña introducción al problema.

Es sabido que con el asunto de la gripe porcina se armó un desbarajuste importante con la comunión en la mano o en la boca.

Sin pretender agotar el tema -y al sólo efecto de explicar la perspectiva de lo que sigue- marco con cuatro puntos cómo veo el asunto:

- Considero que se está olvidando que la regla es la comunión en la boca, mientras que la excepción (en forma de concesión) es la comunión en la mano;

- Me parece inaceptable la prohibición de la comunión en la boca (en todo caso, la solución podría pasar por algunos de los caminos de la cita);

- El asunto de la comunión en la mano tiene un aspecto cubierto por el permiso dado (que es de orden, si se quiere, teológico) y otro no resuelto que es el práctico (la falta de purificación posterior de las manos del comulgante);

- Entiendo que los temas de salud generan miedos y "corridas psicológicas" muy complicadas de manejar y entender.

En lo personal opté por no comulgar si no puedo hacerlo -sin escándalo- en la boca (en el Narek se puede comulgar en la boca sin problemas). Esto último, es decir, el no comulgar al estar entre la espada y la pared de "comulgar en la mano o no comulgar", es lo que me generó reproches y cuestionamientos por parte de amigos personales, amigos del blog, etc.

Mi intuición tiene mucho que ver con mi propuesta para empezar la cuaresma sobre la "necesidad de Sed" (que tanta polémica generó allí) y con el último bello texto del Athos: es bueno (y a veces necesario) recobrar la necesidad de la Eucaristía y la inmensidad perdida en la rutina mediante el "ayuno de Dios".

Por el mismo camino va la cita (subrayo las partes que más me dejan pensando):

En este contexto, me urge una reflexión de carácter más general y pastoral. Cuando Agustín presentía cercan a su muerte, se "excomunicó" a él mismo, asumiendo sobre sí la penitencia eclesial. En sus últimos días, se puso en solidaridad con los pecadores públicos, que buscan el perdón y la gracia padeciendo la renuncia a la comunión. El quería encontrar a su Señor en la humildad de aquellos que tienen hambre y sed de justicia, sed y hambre de Él, el Justo y Misericordioso. Visto sobre el trasfondo de sus prédicas y escritos -que describen de un modo maravilloso el misterio de la Iglesia como comunión con el Cuerpo de Cristo y como Cuerpo de Cristo a partir de la eucaristía-, ese gesto último es conmovedor. Y cuanto más reflexiono sobre ese gesto, más justo y más inquietante lo siento. ¿No nos resulta hoy a menudo demasiado fácil recibir el santísimo sacramento? ¿No sería a veces más útil, o incluso necesario, un ayuno espiritual semejante para profundizar y renovar nuestra relación con el Cuerpo de Cristo?

La Iglesia antigua conocía una práctica altamente expresiva en ese sentido. Ya desde el tiempo apostólico era parte de la espiritualidad de la comunión de la Iglesia el ayuno eucarístico durante el Viernes Santo. Precisamente, la renuncia a la comunión en uno de los días más santos del año litúrgico, que era celebrado sin misa y sin comunión de los fieles, era un modo de participar en la pasión del Señor: en el luto de la Esposa, a la que le fue quitado el Esposo (cf. Mc 2,20). Yo pienso que también hoy ese ayuno eucarístico, cuando es meditado y también sufrido, sería conveniente, en ocasiones determinadas y cuidadosamente consideradas, por ejemplo en días de penitencia (¿por qué no nuevamente el Viernes Santo?) o de un modo especial en las grandes celebraciones litúrgicas públicas, en las que le número de los participantes no permiten a menudo un a digna administración del sacramento, de modo que la renuncia a él podría expresar un amor y una reverencia mayores al sacramento que una práctica que se contrapone a la majestad del acontecimiento. Un tal ayuno -que por supuesto no puede ser arbitrario, sino que ha de estar ordenado según la guía espiritual de la Iglesia- podría contribuir a profundizar la relación personal con el Señor en el sacramento. Podría ser, también, un acto de solidaridad con todos aquellos que están animados por el deseo del sacramento, pero que no pueden recibirlo. Me parece que el problema de los divorciados en segundas nupcias y también el problema de la intercomunión (por ejemplo: los matrimonios mixtos) serían mucho menos pesados y gravosos, si tales ayunos espirituales voluntarios visiblemente reconocieran y a la vez expresaran que todos nosotros dependemos de aquella "salvación y curación del amor" que el Señor ha cumplido en la extrema soledad de la cruz. Naturalmente, yo no quisiera recomendar un regreso a una especie de jansenismo: el ayuno presupone la situación normal del comer en la vida espiritual como en la vida biológica. Pero, de vez en cuando, nosotros necesitamos una medicina contra la caída en la mera costumbre y en su trivialidad espiritual. A veces necesitamos padecer hambre -físico y espiritual- para comprender de un modo nuevo los dones del Señor y para entender el sufrimiento de nuestros hermanos que padecen hambre. El hambre espiritual y el físico pueden ser vehículo del amor.

Natalio




martes, 4 de agosto de 2009

Asombro

everything ist spoiled by use
J. Keats
The wonder has a positive element of praise

G.K. Chesterton


Rutina y costumbre
Desdichas del pálido tiempo
Que en su roce deshoja
Y hace sombra al asombro.
Sólo impacta lo que no estando
Llega
Y llegando se estrella y despegado pega
Contra la diminuta superficie de la Cena
Siempre otra, siempre ajena.

Quien me librara de esta costra inerte
Y revistiera
Mis huesos secos de carne roja.
De esa
Que al sólo roce del misterio
Vibrara, latiera, gimiera
Y en atónita caída
Supiera
Las delicias de ser herida.
Quien me incautará las gélidas palabras
Vencidas
De anorexia rancias,
De inerte inercia consumidas.
Y me devolviera ese azoro fresco y puro
Grácil, infante, maduro.
Y que ya limpio de palabras,
Arrasado por Aquella de otro mundo
En límpido desierto arrojado
Hallara la Vertiente de otro río
Muy otro, muy río.
Y viera yo manar de mis desérticas entrañas
Callada tinta blanca
De amor sublime que es solo y mudo.

Devuélveme Pan Vivo el estupor primero
El quedarme sin palabras, quedo
De asombro eucarístico herido
Que cree por increíble,
Espera lo imposible,
Y ama en suaves llamas
Al rozar con la mirada
La orla del que impacta novedoso entre mi nada.

el Athonita