
En estos días culmina, para los judíos, la fiesta de Sucot, también llamada fiesta de los tabernáculos.
Se trata de una fiesta prescripta en el capítulo 23 del Levítico donde se la describe a lo largo de diferentes versículos (34-36, 39-43). Se denomina fiesta de los tabernáculos (sucá) o tiendas de campaña "para que aprendan vuestros descendientes cómo hice yo habitar en tiendas de campaña a los hijos de Israel al sacarlos de la tierra de Egipto" (vs. 43).
Es decir, se trata de una gran fiesta de agradecimiento (donde se rememora la salida de Egipto) y manifestación de confianza en la Providencia Divina.
Esta fiesta aparece mencionada en el Evangelio de San Juan (cap. 7) donde los "parientes" de Jesús le insisten en que concurra a la festividad a fin de que todos comprueben que, efectivamente, Él es el Mesías. Según se entiende generalmente hay aquí una especie de ofrecimiento o tentación a Cristo en cuanto a una suerte de mesianismo temporal (una de las tentaciones del desierto según toda una tradición que recoge el Papa en su libro sobre Jesús).
Cristo responde diciendo que suban ellos a la fiesta. Él sube luego "como oculto" según el evangelio.
San Agustín al explicar estas palabras enseña que ese es el modo en el que Cristo aparece en todas las prescripciones y fiestas judías ordenadas en la Torá. Cristo viene a plenificarlas y cambiarles el sentido, y por eso se dice que Cristo es la plenitud de la Ley (Torá).
Es por eso que en general resulta interesante buscar a Cristo "como oculto" en todas aquellas fiestas y preceptos ordenados en la "Ley" para luego redimensionarlos con la figura y la presencia de Cristo como Mesías.
En particular, me resulta ésta una fiesta curiosa.
El precepto consiste en ponerse en un estado de precariedad (hacer de la tienda la morada permanente mientras que la casa se torna en lugar de paso). Los sucá se construyen con cuatro (o tres) paredes hechas de cualquier material y se forma una suerte de techo con ramas de diversos árboles (en el Levítico se especifica). La idea es que el techo opere como resguardo del sol pero que no sea lo suficientemente conciso como para impedir el ingreso del viento, la lluvia o la visión de las estrellas.
La otra parte del mandato o su complemento es puramente espiritual; consiste en alegrarse ("..y os regocijaréis delante del Señor Dios vuestro,").
Son millones los caminos de meditación, estudio u oración que, a través del evangelio nos puede brindar esta fiesta que ordena el ponerse en estado de indigencia mientras que el corazón se regocija. Simplemente quiero marcar dos caminos que surgen de los distintos evangelios correspondientes a esta semana correspondiente a la fiesta sucot para los judíos.
El primero tiene que ver con el mandato evangélico de buscar el Reino de Dios y considerar todo lo demás como añadidura que nos será dado. Son millones las citas del evangelio en este sentido (los lirios del campo, las aves del cielo, las parábolas sobre los ricos, etc.) como también de los salmos (como un niño en brazos de su madre, abre la boca para que la llene, etc.). Tiene que ver con la alegría resultante de la confianza plena en la Providencia. Para estos tiempos tan preocupados por la añadidura, los títulos, el dinero, las comodidades, los lujos, los placeres, etc. el evangelio nos dice que de nada sirven y nos invita a despojarnos de todas las preocupaciones mundanas para gozar (regocijarnos) de la ternura de la Providencia.
Y el segundo tiene que ver con el evangelio de hoy (Lucas 12, 35-38) que, al caer justo sobre el final de la fiesta de Sucot, me dio la idea del post. Es la idea de vivir preparados, en tiendas de campaña, aguardando la segunda venida. Este mundo, esta vida, este trabajo, estas preocupaciones, etc. son un mero tránsito, una tienda de campaña mientras aguardamos la llegada a la tienda prometida. No nos dejemos confundir por un mundo que nos invita a acomodarnos como si esta tierra fuera nuestra morada definitiva.
Despojemos nuestro corazón de las ambiciones terrenas y llenémoslo con la alegría del amor esperanzado (tan bellamente descrito en Spe Salvi).
Se trata de una fiesta prescripta en el capítulo 23 del Levítico donde se la describe a lo largo de diferentes versículos (34-36, 39-43). Se denomina fiesta de los tabernáculos (sucá) o tiendas de campaña "para que aprendan vuestros descendientes cómo hice yo habitar en tiendas de campaña a los hijos de Israel al sacarlos de la tierra de Egipto" (vs. 43).
Es decir, se trata de una gran fiesta de agradecimiento (donde se rememora la salida de Egipto) y manifestación de confianza en la Providencia Divina.
Esta fiesta aparece mencionada en el Evangelio de San Juan (cap. 7) donde los "parientes" de Jesús le insisten en que concurra a la festividad a fin de que todos comprueben que, efectivamente, Él es el Mesías. Según se entiende generalmente hay aquí una especie de ofrecimiento o tentación a Cristo en cuanto a una suerte de mesianismo temporal (una de las tentaciones del desierto según toda una tradición que recoge el Papa en su libro sobre Jesús).
Cristo responde diciendo que suban ellos a la fiesta. Él sube luego "como oculto" según el evangelio.
San Agustín al explicar estas palabras enseña que ese es el modo en el que Cristo aparece en todas las prescripciones y fiestas judías ordenadas en la Torá. Cristo viene a plenificarlas y cambiarles el sentido, y por eso se dice que Cristo es la plenitud de la Ley (Torá).
Es por eso que en general resulta interesante buscar a Cristo "como oculto" en todas aquellas fiestas y preceptos ordenados en la "Ley" para luego redimensionarlos con la figura y la presencia de Cristo como Mesías.
En particular, me resulta ésta una fiesta curiosa.
El precepto consiste en ponerse en un estado de precariedad (hacer de la tienda la morada permanente mientras que la casa se torna en lugar de paso). Los sucá se construyen con cuatro (o tres) paredes hechas de cualquier material y se forma una suerte de techo con ramas de diversos árboles (en el Levítico se especifica). La idea es que el techo opere como resguardo del sol pero que no sea lo suficientemente conciso como para impedir el ingreso del viento, la lluvia o la visión de las estrellas.
La otra parte del mandato o su complemento es puramente espiritual; consiste en alegrarse ("..y os regocijaréis delante del Señor Dios vuestro,").
Son millones los caminos de meditación, estudio u oración que, a través del evangelio nos puede brindar esta fiesta que ordena el ponerse en estado de indigencia mientras que el corazón se regocija. Simplemente quiero marcar dos caminos que surgen de los distintos evangelios correspondientes a esta semana correspondiente a la fiesta sucot para los judíos.
El primero tiene que ver con el mandato evangélico de buscar el Reino de Dios y considerar todo lo demás como añadidura que nos será dado. Son millones las citas del evangelio en este sentido (los lirios del campo, las aves del cielo, las parábolas sobre los ricos, etc.) como también de los salmos (como un niño en brazos de su madre, abre la boca para que la llene, etc.). Tiene que ver con la alegría resultante de la confianza plena en la Providencia. Para estos tiempos tan preocupados por la añadidura, los títulos, el dinero, las comodidades, los lujos, los placeres, etc. el evangelio nos dice que de nada sirven y nos invita a despojarnos de todas las preocupaciones mundanas para gozar (regocijarnos) de la ternura de la Providencia.
Y el segundo tiene que ver con el evangelio de hoy (Lucas 12, 35-38) que, al caer justo sobre el final de la fiesta de Sucot, me dio la idea del post. Es la idea de vivir preparados, en tiendas de campaña, aguardando la segunda venida. Este mundo, esta vida, este trabajo, estas preocupaciones, etc. son un mero tránsito, una tienda de campaña mientras aguardamos la llegada a la tienda prometida. No nos dejemos confundir por un mundo que nos invita a acomodarnos como si esta tierra fuera nuestra morada definitiva.
Despojemos nuestro corazón de las ambiciones terrenas y llenémoslo con la alegría del amor esperanzado (tan bellamente descrito en Spe Salvi).
Natalio