"Todo lo debido antes fue gratuito" (en el sentido de don o
gracia, no sólo en sentido económico) me espetó el cardenal.
Varias semanas después la frase me sigue taladrando la cabeza. Estábamos
charlando de la meritocracia y la niñez (la publicación de hace un tiempo) y la
frase recorrió el ambiente como cerrando el tema para siempre. Supe en el
momento que me descolocaba, que era una suerte de piedra angular, que movería
para siempre toda la estantería. Da en el centro del aporético equilibrio entre
misericordia y justicia.
Si la Justicia es dar a cada uno lo suyo y lo justo es que cada uno tenga lo
suyo… entonces cualquier exceso o cualquier defecto es injusto. Y esto incluye,
en algún modo, también a lo que nazca de la misericordia o de la caridad. En mi
cuadrada cabeza existía una nunca admitida “doble verdad” entre el acto visto a
la luz de la justicia y el acto visto a la luz de la caridad donde de algún
modo, siguiendo el silogismo para arriba, se negaba el principio de no
contradicción.
A esa visión juridicista se le añadió con el tiempo y mi acercamiento a
diversos textos del judaísmo, una visión pseudo-cabalista. Si Dios crea al
mundo mirando la Torá (el Logos) cualquier falla contra la justicia implica un
desorden del Plan divino. Las faltas a la justicia no alteran sólo la realidad
individual de uno o dos sujetos sino que, de algún modo, afecta al orden
cósmico en su totalidad. Un acto de injusticia, como el aleteo de la mariposa,
afecta la realidad del mundo todo. Y ello aún cuando es en más… nunca me cerró
la cuestión.
En este odre viejo fue derramado el “todo lo debido antes fue gratuito” y a
ello le agregó: “quiero que trabajes esto mismo desde la idea de la creación y
la gratuidad de la creación”.
Y allí es cuando todo cobra sentido como en el reverso de un bordado. Si la
creación fue gratuita todo lo debido lo será siempre “secundum way” (en un
neologismo medioeval contemporáneo). Lo debido, sin dejar de ser debido, en
algún modo y en algún momento (lógico y temporal) fue gratuito y su retribución
gratuita es también una forma de igualdad, quizás incluso su forma perfecta… Y
allí de nuevola Misericordia y la Verdad se encuentran y la Justicia y la Paz
se besan.
Esto que suena quizás muy teológico y poco jurídico aparece también cuando
uno se acerca a la estructura del derecho. Todo derecho fundante (comenzando
por la vida -como hecho y como derecho- y siguiendo con la libertad, el nombre,
más millones de etcéteras entre los derechos personalísimos y los
constitucionales) es gratuito. La “entrada” al derecho es siempre gratis y su
igualdad reclama en algún momento de la “salida” la gratuidad…
Es así como llegamos de nuevo al principio. Todo lo debido antes fue
gratuito.
Y ello nos lleva al segundo título del último (y exquisito) libro del
Cardenal: Todo es Gracia.
Gracias Cardenal.
Natalio
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