
Volvemos de la pausa con renovados ánimos por lo fructífera que se puso la charla en los comentarios anteriores.
Para alguno que caiga de colgado en este post hay que aclarar que nada se entenderá si no se leen, por lo menos, el de Pueblo de Sacerdotes, el del Acolitado Ministerial y el Banquete del Athonita todos con sus comentarios (aunque, de nuevo, lo ideal es ver cómo viene el tema respecto de la liturgia y del sacerdocio).
Para continuar con la idea que venía intentando expresar debemos hacer un alto descriptivo para que se vea, en cuestiones puntuales, las diferencias de fondo apuntadas. Esto tiene como única finalidad el describir un poco, desde la óptica de un fiel, como se vive este tipo de liturgia. No estoy capacitado para explicar la corrección o no de cada cuestión litúrgica.
Con tal fin voy a tomar como parámetro de uno de los criterios a la misa Solemne del rito Tridentino tal cual la conocí (es decir con modificaciones hasta Juan XXIII) y la misa según el novus ordo tal cual la percibimos habitualmente.
Aclaro que no tomo como ejemplo las liturgias orientales (que quizás sean más representativas de lo que quiero mostrar como dimensión cultual casi exclusiva) porque puede llevar a alguna confusión sobre el fondo del asunto. Tampoco tomo como ejemplo la misa tridentina rezada porque, como veremos al final y ya adelantamos, desde esta perspectiva se encuentra más cerca del novus ordo que de la otra.
Durante todo el inicio de la Misa el celebrante y sus ministros rezan las oraciones al pie del altar mientras que los fieles cantan otras cosas (el introito, el Kyrie y el Gloria) existiendo un mínimo diálogo entre el celebrante y los fieles (los demás son sólo entre el sacerdote y los ministros). Lo mismo ocurrirá en el ofertorio (que mientras el celebrante reza en silencio los fieles cantan la antífona) y el Canon (precedido por un pequeño diálogo entre el celebrante y el pueblo que se queda cantando el Sanctus mientras el cura sigue). Todo seguirá en silencio hasta el Padre Nuestro que genera un poco de diálogo que se mantiene hasta el Agnus Dei donde los fieles vuelven a cantar mientras el cura sigue con lo suyo. Luego viene la Comunión, la bendición y la despedida.
Es decir, la tónica de esta liturgia está dada por el hecho de que el sacerdote y sus ministros "celebran" mientras los fieles "presencian" con cantos o silencios pero muy pocas veces "acompañando" al celebrante en sus oraciones. Piénsese que antes la única Misa era la solemne dominical, los fieles ni siquiera tenían acceso al misal (en latín) y mucho menos a las traducciones (ya de la época de Pío XII). Es decir, el fiel "asistía" a una celebración de otro (que ocurría lejos, en latín y con gestos que no se veían).
En la misa según el novus ordo toda la liturgia (salvo algunas partes donde se recomienda hacerla en silencio o mientras los fieles cantan) está ordenada a que el fiel "participe" en todos los diálogos y oraciones. Por la misma razón es que la misa "dialogada" o rezada según el rito tridentino con las traducciones de los textos y misales para todos los fieles, fue un gran logro del ala "pastoral" en tanto hacía participar al fiel de "toda" la liturgia. Algo similar ocurre en las actuales misas solemnes donde, a diferencia de las tridentinas donde el cura comienza el canto y lo sigue rezado, todos cantan juntos y nadie reza nada hasta que las partes cantadas se terminaron de cantar.
Lo que quiero remarcar es que existen dos concepciones litúrgicas completamente diferentes en la cual; a una los fieles "asisten" mientras los ministros "celebran" en tanto que en la otra es toda la comunidad la que, unida, celebra presidida por el sacerdote.
¿Y cuál es la válvula de paso entre una liturgia y otra? Pueden ser varias pero la que veo más nítida es la del "sacerdocio universal de los fieles". Dependiendo qué sentido se le atribuye a esta expresión, que consecuencias litúrgicas se desprenderán (aclaro, como lo dije en el post específico, que los propulsores de la idea en la "nueva teología" se horrorizarían al ver las derivaciones que le han dado a sus ideas).
Y ahora retomamos al vuelo varias de las cuestiones que se dejaron dispersas en el post sobre el sacerdocio universal señalando algunos marcados abusos que surgen de una y otra postura.
Si es la comunidad la que celebra el sacerdote simplemente "preside" la celebración (con una diferencia sólo jerárquica).
Si la comunidad celebra debe entender cabalmente lo que celebra y habrá que hacerlo en su propio idioma, carece de sentido una "lengua litúrgica".
Si la comunidad es la que celebra carece de sentido que un cura celebre una misa solo, sin comunidad.
Si la comunidad es la que celebra se entiende que el sacerdote la mire a ella y no para otro lado.
Si la comunidad es la que celebra el cura tiene una función, como tantas otras y debe promover las funciones de los miembros (por ej. dejar que ellos administren la Eucaristía).
Si la comunidad es la que celebra "todos" deben levantar las manos, "todos" deben tener una función, etc.
O, para el otro lado:
Si los que celebran son los ministros y yo sólo "asisto" es lo mismo que cante o que rece el Rosario durante la Misa.
Si los que celebran son los ministros y yo sólo asisto la Misa es sólo "cosa de curas".
Si los que celebran son los ministros y yo sólo asisto para qué interiorizarme en el Misterio.
Si los que celebran son los ministros y yo sólo asisto no es tan grave que no "asista" (mando a las mujeres y los niños).
Y podemos seguir largo y tendido de un extremo al otro del péndulo. Dom Guéranger; San Pío X y otros advirtieron que existía una crisis grande entre la Liturgia y los fieles. De allí hasta aquí ha pasado mucha agua bajo el puente y las cosas no parecen estar todavía claras.
Una correcta y tradicional comprensión de lo que significa el "sacerdocio universal de los fieles" puede ayudar a encontrar el equilibrio y a eso apuntaba.
Pero quedan muchas cuestiones en el centro.
Y entonces volvemos ¿La Liturgia se hace o se recibe (o un poco y un poco como dice el Concilio)? ¿Hay que llevar a Dios a los hombres o a los hombres a Dios? ¿Hay que encerrar el Misterio o domesticarlo?
Y algunas otras que ni me atrevo a formularlas...
Natalio
Para alguno que caiga de colgado en este post hay que aclarar que nada se entenderá si no se leen, por lo menos, el de Pueblo de Sacerdotes, el del Acolitado Ministerial y el Banquete del Athonita todos con sus comentarios (aunque, de nuevo, lo ideal es ver cómo viene el tema respecto de la liturgia y del sacerdocio).
Para continuar con la idea que venía intentando expresar debemos hacer un alto descriptivo para que se vea, en cuestiones puntuales, las diferencias de fondo apuntadas. Esto tiene como única finalidad el describir un poco, desde la óptica de un fiel, como se vive este tipo de liturgia. No estoy capacitado para explicar la corrección o no de cada cuestión litúrgica.
Con tal fin voy a tomar como parámetro de uno de los criterios a la misa Solemne del rito Tridentino tal cual la conocí (es decir con modificaciones hasta Juan XXIII) y la misa según el novus ordo tal cual la percibimos habitualmente.
Aclaro que no tomo como ejemplo las liturgias orientales (que quizás sean más representativas de lo que quiero mostrar como dimensión cultual casi exclusiva) porque puede llevar a alguna confusión sobre el fondo del asunto. Tampoco tomo como ejemplo la misa tridentina rezada porque, como veremos al final y ya adelantamos, desde esta perspectiva se encuentra más cerca del novus ordo que de la otra.
Durante todo el inicio de la Misa el celebrante y sus ministros rezan las oraciones al pie del altar mientras que los fieles cantan otras cosas (el introito, el Kyrie y el Gloria) existiendo un mínimo diálogo entre el celebrante y los fieles (los demás son sólo entre el sacerdote y los ministros). Lo mismo ocurrirá en el ofertorio (que mientras el celebrante reza en silencio los fieles cantan la antífona) y el Canon (precedido por un pequeño diálogo entre el celebrante y el pueblo que se queda cantando el Sanctus mientras el cura sigue). Todo seguirá en silencio hasta el Padre Nuestro que genera un poco de diálogo que se mantiene hasta el Agnus Dei donde los fieles vuelven a cantar mientras el cura sigue con lo suyo. Luego viene la Comunión, la bendición y la despedida.
Es decir, la tónica de esta liturgia está dada por el hecho de que el sacerdote y sus ministros "celebran" mientras los fieles "presencian" con cantos o silencios pero muy pocas veces "acompañando" al celebrante en sus oraciones. Piénsese que antes la única Misa era la solemne dominical, los fieles ni siquiera tenían acceso al misal (en latín) y mucho menos a las traducciones (ya de la época de Pío XII). Es decir, el fiel "asistía" a una celebración de otro (que ocurría lejos, en latín y con gestos que no se veían).
En la misa según el novus ordo toda la liturgia (salvo algunas partes donde se recomienda hacerla en silencio o mientras los fieles cantan) está ordenada a que el fiel "participe" en todos los diálogos y oraciones. Por la misma razón es que la misa "dialogada" o rezada según el rito tridentino con las traducciones de los textos y misales para todos los fieles, fue un gran logro del ala "pastoral" en tanto hacía participar al fiel de "toda" la liturgia. Algo similar ocurre en las actuales misas solemnes donde, a diferencia de las tridentinas donde el cura comienza el canto y lo sigue rezado, todos cantan juntos y nadie reza nada hasta que las partes cantadas se terminaron de cantar.
Lo que quiero remarcar es que existen dos concepciones litúrgicas completamente diferentes en la cual; a una los fieles "asisten" mientras los ministros "celebran" en tanto que en la otra es toda la comunidad la que, unida, celebra presidida por el sacerdote.
¿Y cuál es la válvula de paso entre una liturgia y otra? Pueden ser varias pero la que veo más nítida es la del "sacerdocio universal de los fieles". Dependiendo qué sentido se le atribuye a esta expresión, que consecuencias litúrgicas se desprenderán (aclaro, como lo dije en el post específico, que los propulsores de la idea en la "nueva teología" se horrorizarían al ver las derivaciones que le han dado a sus ideas).
Y ahora retomamos al vuelo varias de las cuestiones que se dejaron dispersas en el post sobre el sacerdocio universal señalando algunos marcados abusos que surgen de una y otra postura.
Si es la comunidad la que celebra el sacerdote simplemente "preside" la celebración (con una diferencia sólo jerárquica).
Si la comunidad celebra debe entender cabalmente lo que celebra y habrá que hacerlo en su propio idioma, carece de sentido una "lengua litúrgica".
Si la comunidad es la que celebra carece de sentido que un cura celebre una misa solo, sin comunidad.
Si la comunidad es la que celebra se entiende que el sacerdote la mire a ella y no para otro lado.
Si la comunidad es la que celebra el cura tiene una función, como tantas otras y debe promover las funciones de los miembros (por ej. dejar que ellos administren la Eucaristía).
Si la comunidad es la que celebra "todos" deben levantar las manos, "todos" deben tener una función, etc.
O, para el otro lado:
Si los que celebran son los ministros y yo sólo "asisto" es lo mismo que cante o que rece el Rosario durante la Misa.
Si los que celebran son los ministros y yo sólo asisto la Misa es sólo "cosa de curas".
Si los que celebran son los ministros y yo sólo asisto para qué interiorizarme en el Misterio.
Si los que celebran son los ministros y yo sólo asisto no es tan grave que no "asista" (mando a las mujeres y los niños).
Y podemos seguir largo y tendido de un extremo al otro del péndulo. Dom Guéranger; San Pío X y otros advirtieron que existía una crisis grande entre la Liturgia y los fieles. De allí hasta aquí ha pasado mucha agua bajo el puente y las cosas no parecen estar todavía claras.
Una correcta y tradicional comprensión de lo que significa el "sacerdocio universal de los fieles" puede ayudar a encontrar el equilibrio y a eso apuntaba.
Pero quedan muchas cuestiones en el centro.
Y entonces volvemos ¿La Liturgia se hace o se recibe (o un poco y un poco como dice el Concilio)? ¿Hay que llevar a Dios a los hombres o a los hombres a Dios? ¿Hay que encerrar el Misterio o domesticarlo?
Y algunas otras que ni me atrevo a formularlas...
Natalio